Recomiendo:
3

[La Fábrica de Sueños] Carmen (1993), de Carlos Saura

Teatro filmado: El amor, la libertad y la muerte en clave de tragedia

Fuentes: Rebelión

El intelecto nos dice lo que debemos evitar, el corazón nos dice lo que debemos hacer.

ALEJANDRO JODOROWSKY

No hay mayor desgraciado que el que cambia su forma de pensar para complacer al resto.

MARQUÉS DE SADE

Objetividad es el nombre que se da en la sociedad patriarcal a la subjetividad masculina.

ADRIENNE RICH

El silencio es el único amigo que jamás traiciona.

CONFUCIO

La cultura de un pueblo no se aprende, se comparte, se experimenta, se golpea uno con ella.

Los pueblos que cantan y que danzan no se mueren en la vida.

ANTONIO GADES

El Ciclo Tributo a Carlos Saura del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, termina con Carmen (1983), filme hecho en modo tragedia contemporánea/teatro filmado, basado en la novela homónima de Prosper Mérimée (1) y en la ópera del también galo Georges Bizet (2). La obra de Saura se distancia en algunos detalles de tales obras, para centrarse en el aspecto musical, en el flamenco, forma degenerada del canto gitano al decir del poeta García Lorca. Justo, el personaje interpretado por Laura del Sol (en un papel al que aspiraron también Ángela Molina y María José Cantudo), Carmen, la heroína/gitana, ha cobrado estatuto de mito al encarnar tres valores universales claves: el amor, la libertad y la muerte, el eterno nexo eros/tánatos, temas que tienen no pocos vínculos con la obra de Schopenhauer El amor, las mujeres y la muerte, (3) en tanto el amor ha sido un tema abandonado por la filosofía, pero no puede serlo por la vida.

Tampoco, por la política en lo que tiene que ver con egoísmo, falta de compasión y lo más execrable de la condición humana. En contra de esta idea política se alza Carmen, en representación de lo femenino, la mujer, la Madre Tierra, para clamar por la libertad absoluta en tanto figura de deseo y al margen de la misoginia. Como la del propio Mérimée, quien en la primera de muchas notas que la traducción suprime, cita como epígrafe al griego Páladas: ‘Toda mujer es hiel, pero tiene dos momentos buenos: uno, en el tálamo (4); el otro, en la muerte’; o del mismo Schopenhauer, quien también tenía mañas misóginas mientras se hacía el gay, al señalar que la mujer tiene una inteligencia menor comparada con la del hombre, una cierta ‘miopía intelectual’; que las mujeres no pueden analizar de forma amplia un tema, hecho o situación, sino de modo breve y en presente, es decir, son dueñas apenas de dicha ‘miopía intelectual’; que son menos capaces en el arte y, además, son mentirosas y traidoras.

Por tanto, para Schopenhauer, las mujeres no están hechas para ni destinadas a las profesiones más nobles ni a las grandes labores o a los mejores trabajos del mundo y por ello, primero, fueron excluidas por el Imperio romano, luego, por el europeo y ahora por el gringo, del arte, de la filosofía, de la ciencia, en fin, del Poder, para estigmatizarlas con un único propósito de vida, como ya lo hacía Schopenhauer: el de la reproducción de la especie. Así, decía: ‘No debería haber en el mundo más que mujeres de interior, aplicadas a los quehaceres domésticos, y jóvenes solteras que se formasen, no en la arrogancia sino en el trabajo y en la sumisión’. (5) Por fortuna, en contravía de esto van Carlos Saura y Antonio Gades, en guion y coreografía, con la producción, esta vez, de Emiliano Piedra: ya no iba más el exjugador del Real Sociedad, Elías Querejeta. Para Saura, en especial, Carmen es una mujer tan libre como para saber con qué hombre quiere estar al margen de querer sólo al coreógrafo Antonio.

Máxime, cuando ya ha dejado a su marido traficante, José Fernández, quien en la ópera es el Sgto. Don José, es decir, el tenor italiano Enrico Caruso, quien al asesinar a Carmen tiró el puñal en la escena y quedó clavado de punta, lo que produjo escalofrío entre el público del Metropolitan de NY, en 1909. Carmen es una gitana cachonda, o arrecha, dicen en Santander, con poder en la mirada, voluptuosidad en el andar, decisión en su carácter. Ello lleva de a poco a inflamar el pecho del Sgto en la ópera y del bailarín y coreógrafo Antonio en el filme: a ellos deviene imposible resistir a la sensualidad de su cuerpo, la gracia de sus movimientos, la (des)gracia de su libertad: porque sí, la gracia de su figura es la desgracia de los otros, por los celos, o la inseguridad, en fin, por los amores, hijos de lo terrible, por los celos, padres de la traición. Incluso a la peor de ellas: la traición a sí mismo. Como, al descubrir en el vestier la libertad sexual de Carmen, pasará con Antonio, para él un atavismo que lo llevará a matar.

Y es que Antonio es, como él mismo le dice a Carmen, celoso y posesivo, pero ‘qué le vamos a hacer’, porque al fin y al cabo el filme de Saura es un musical, un drama, en clave de teatro filmado en el que la realidad y el arte se mezclan y se irrigan de manera recíproca para generar una tensión que se mantiene de principio a fin; en el que abundan los celos y las traiciones y que parecen ir en relación directamente proporcional a la cantidad de relaciones que se dan al interior del gran espacio coreográfico. En ese sentido, otra historia de celos y rivalidad, por lograr el papel de Carmen en la obra, se da entre Cristina Hoyos y la propia Carmen. Ahí interviene Antonio en favor de Carmen, con lo que de paso se gana la enemistad de Cristina. La relación coreógrafo/bailaora deja surgir la pasión: de ahí pasan al amor y luego van al tálamo/lecho, sin necesidad de casorio alguno, pese eso sí a que Antonio es tradición, mientras que Carmen es rebeldía pura, como le deja claro cada vez que busca tomar su brazo.

Carmen (1847), es una nouvelle o novela breve de Mérimée y en ella se inspiró la ópera de Bizet. Una carta suya a María Manuela Kirkpatrick, condesa de Montijo, deja ver que surgió a partir de un relato que ella misma le hizo con ocasión de una visita del escritor francés a España, en 1830. Escribe Mérimée, en dicha carta: “Trata sobre aquél valentón de Málaga que había matado a su querida, [la] que se debía [en exclusiva] a su ‘público’. Como yo había estudiado a los gitanos durante un tiempo, he convertido a mi heroína en gitana”. Durante un viaje por Andalucía, un arqueólogo francés, que a la vez es el narrador, conoce a DonJosé Lizarrabengoa, exmilitar navarro, y quien le cuenta la historia de sus amores con la gitana Carmen, nativa de Echalar, la que lo sacó del Ejército, lo arrastró al delito y convirtió en bandido. Ciego de amor, Don José soportó que estuviera casada con el bandolero El Tuerto, a cuya banda se unió y cometió emboscadas y crímenes hasta que por celos lo mató a cuchillo.

Más tarde, Carmen se une al torero Lucas, lo que hace insoportable la vida para Don José, quien llevado por la mano traicionera de los celos la acuchilla y entierra. Al filo del tiempo, Don José se arrepiente, se entrega a las autoridades y es condenado a la pena capital. En la primer parte de la novela, el arqueólogo revela cómo conoció a Don José; en la segunda, éste narra sus experiencias como persona y soldado; y en la tercera hace un ensayo sobre la cultura en general y el lenguaje de los gitanos en particular, basado ante todo en el propio ejercicio de Mérimée, quien para ello se apoyó en el poema Los gitanos (1824), de A. Pushkin y en el libro de G. Borrow, The Zincali (1841) o La gitanía (en italiano, gitanos es zingari). Mientras la novela no cita a Micaela, la amante de Don José, ni a la familia de éste ni el rol del torero Lucas es clave como el de Escamillo, incluso en el filme, en la ópera el papel de Micaela es crucial para el destino de Don José, cuya familia cobra peso, y Escamillo lleva al desenlace.

Carmen es una novela exótica según una crónica de viajes. Por su brevedad, no es romántica ni sus personajes tienen desarrollo pues busca es liberar y representar las pasiones humanas; el carácter fatalista de Carmen confiere una atmósfera especial al relato que deriva en una tragedia lograda, sin lío de matices ni desarrollo. La tensión dramática surge a partir de dos polos de magnetismo opuestos: Don José, antihéroe más bien superficial y Carmen, heroína de exotismo extremo asociado a una animalidad que radica en el vigor de su poder y en la fuerza de turbación, como lo evidencia su libertad para tomar o dejar a uno u otro hombre, sin que medie acto de contrición alguno o se deje llevar por un arrebato de celos o por un prurito de traición. En los años posteriores a la GC, el franquismo adoptó a su antojo a la obra de Mérimée ‘con bata de cola, pero cristiana y decente’ en modo pasodoble ‘bailao’ por C. Sevilla o R. Jurado, para volver a la cigarrera ‘la Carmen de España y no la de Mérimée’.

Finalmente, en 1983, Saura y Gades hacen un tándem cine/flamenco, sin olvidar del todo el canto gitano, más bien reivindicándolo quizás en memoria del buen García Lorca, y ofrecen lo mejor de sí mismos para traducir a lo contemporáneo una obra ya convertida en mito y en el que, de acuerdo con Marcel Oms, biógrafo de Buster Keaton, se dice de aquéllos ‘logramos una Carmen muy española y recuperamos nuestros ritmos populares, nuestra danza’. (6) No se olvide que Carmen es parte de una trilogía musical que se inicia con Bodas de sangre (1981) y termina con El amor brujo (1986). Sin embargo, al margen de las nobles intenciones de Saura y Gades por recuperar el folclor español hay que decir que el canto gitano se fue ocultando al mismo ritmo en que los gitanos fueron perseguidos/estigmatizados y desaparecidos, como se evidencia por vía del cine con la obra de Michel Dahmani, alias Toni Gatlif, cineasta, músico, guionista, actor y productor francés de ascendencia gitana y argelina.

Basta ver su filme Latcho Drom (1993), (7) documental que narra el peregrinaje gitano, a la vez un poema de amor al pueblo ROM, a su folclor, música y/o danza, y que pasa de una generación a otra desde el NO de India hasta Andalucía, tras pasar por Egipto, Turquía, Rumania, Hungría, Eslovaquia, Francia, con el protagonismo absoluto del pueblo gitano o romaní. El filme, cuyo título significa ‘¡Que tengas un buen viaje! o el adiós habitual entre los gitanos del pueblo romaní en cada ocasión para desearse una mutua buena suerte, se inicia con el canto a capella de un niño gitano y poco a poco la cámara hace un Zoom Out para mostrar a sus cada vez más numerosos acompañantes que se desplazan en una carroza tirada por novillos, mientras se ven/oyen tobilleras metálicas de chicas y jóvenes y las mujeres llevan sus odres/vasijas con agua para dar de beber a sus niños. Hace más de un milenio, dicho pueblo partió de la India y desde entonces se escucha por caminos, pueblos y ciudades.

Toni Gatlif elabora un retrato macro de un folclor que, en cada asentamiento, de los que lograron asentarse y no deambulan aún por ahí, se transforma en el único lenguaje universal: la música. Sus letras son las de la inquietud, sinónimos de movimiento/nomadismo. En esos más de mil años de desplazamiento del pueblo ROM, hacia el XVI ya había logrado asentarse en la mayor parte de Europa. En la actualidad, la mayor población se ubica en el Este, justo, en Rumania: de los 12 millones que hay en el mundo, diez millones viven en Europa. Gatlif expresa que en ningún momento buscó hacer pornomiseria, sino un filme del que el pueblo ROM se sintiera orgulloso y que para que huya el prejuicio basta el conocimiento: ‘Yo quise hacer una película [de la] que los romaníes pudieran estar orgullosos, una película que no hiciera de ellos un circo sobre su miseria. Quise hacer un homenaje a estas personas que amo. Siento que, si la gente realmente conociera a los gitanos, perdería sus prejuicios sobre ellos’.

Latcho Drom es un viaje musical de gitanos, sin carga peyorativa de trucos ni magia (8), por cada sitio que van y se dejan estar, sienten y dejan sentir su milenaria alegría, la que, es justo decirlo, les han querido arrebatar sin contemplación alguna. Esa alegría, la forma más acendrada de sabiduría, que tanta tristeza y sobre todo bronca les causa a los detentadores del Poder por carecer de ella. La armonía de sus cuerpos, cantos y bailes y la melodía, armonía y ritmo de sus diversos instrumentos, mediante los cuales interpretan y/o producen todo tipo de sonidos y ruidos, conforman un paisaje primero humano y luego musical con una fuerza expresiva y emocional pocas veces vista en el mapa sonoro de los pueblos. Gatlif se limita a seguir cantantes, intérpretes e instrumentos, con sus pitos, silbidos, gritos, tonalidad y atonalidad, ritmos lentos y pausados, rápidos e incluso frenéticos, producto de la pasión del pueblo gitano, el que jamás ha cejado en su empeño por seguir siendo/sintiendo y amando…

Carmen (1875), la ópera de Georges Bizet es la historia de esa gitana dueña de una sensualidad desbordada que conquista el corazón del joven y galante sargento de dragones, Don José, quien arrastrado por aquel órgano que le dice lo que debe hacer, mientras la cabeza lo que debe evitar, decide seguir a Carmen, quien a su vez hace parte de una banda de gitanos, lo cual no es malo, y contrabandistas, lo cual de por sí lo es, que han depositado sus reales a las afueras de Sevilla. Don José no sólo renuncia a Micaela, la amante que vive en su pueblo, sino que abandona las obligaciones impuestas por su profesión de militar: ignorando la razón y el deber, Don José asume el riesgo de poner su destino en manos, cabeza y corazón de la veleidad/voluptuosidad de la gitana. Tan pronto hace el sacrificio en nombre del amor, es decir, de la libertad, como la llama Tarkovski, que lo lleva a un accionar sin freno, Carmen busca la forma de deshacerse de Don José y se labra en il cuore la figura del torero Escamillo.

Éste aparece ante la gitana, como en el filme, para rendirse a sus encantos metafísicos y a la potencia concreta de su cuerpo. Sin embargo, Don José no tiene otra salida que seguir ligado a la banda de contrabandistas, como en el filme a la de traficantes, la cual ha ‘capturado’ a Carmen para la función de una nueva y arriesgada empresa, pero esa vida que tanto la cautiva, pronto hastía al joven soldado. Carmen le ordena con desdén que se vuelva a la casa materna, dada la influencia de una triste perspectiva que le anuncian las cartas del naipe: según ellas se vislumbra el presagio de una muerte trágica para ambos amantes. Don José intenta luego matar a Escamillo, por lo ya dicho, pero fracasa en su intento, mientras va al pueblo a visitar a su moribunda madre: aun así, promete regresar luego para llevar a cabo su plan de revancha. Carmen acude a la plaza de Sevilla a cerciorarse de los triunfos de su nuevo amante, Escamillo, y se entera de que Don José lo busca movido por los celos y el deseo de venganza.

La ópera se divide en cuatro actos: Acto Primero. Una plaza pública en Sevilla: Micaela, la joven campesina se dirige al oficial de guardia, Morales, y le pregunta por el Sgto. Don José. Acto Segundo. Taberna de Lillias Pastia: una banda de gitanos toca sus guitarras, mientras dos beldades de ojos negros, Mercedes y Frasquita, bailan y son objeto de los piropos de los asistentes. Acto Tercero. Un Campamento en las Montañas: en un desfiladero solitario y pedregoso, que serpentea entre las montañas, se detienen los contrabandistas antes de entrar en la parte más peligrosa del camino, el paso a la frontera. José permanece solo y en silencio. Carmen se burla de la actitud meditabunda del joven y en sus palabras se nota el hastío de su último amante. Aquél la amenaza de muerte. Acto Cuarto. Exterior de la Plaza de Toros de Sevilla: el juramento de venganza hecho en las montañas por José no se cumple aún. Se presiente la tragedia: el ambiente, el solo de oboe, todo, en suma, presagia el fin que ocurrirá.

Una vez esbozado el panorama general de la novela y la ópera, bien vale volver sobre el filme en el que Antonio y Carmen se van acercando y antes de que avance la relación le explica a ella la importancia de mirar a los ojos, de separar los tiempos en los pasos, de si se va por bulerías o por palos de flamenco y por eso se detiene en La Farruca, expresión de dicho tipo de flamenco que se originó en Galicia y se popularizó en la primera mitad del XX, pero que fue llevada a Andalucía a mediados del XIX por los emigrantes que iban allí y la adoptaron los músicos andaluces, dándole el punto flamenco. (9) También, le recuerda el episodio de La Tabacalera, que Mérimée ubica en Sevilla, en la Fábrica de Tabaco, por allá en 1830. José es quien ‘captura’ a Carmen para ser usada en un nuevo ‘encargo’. Poco a poco, Antonio se entera de que Carmen está casada con José Fernández, a quien pillaron con droga y está en la cárcel de Carabanchel, en la que por lo mismo ha caído más de un traficante colombiano…

Dentro de esta visión general, se destaca la presencia del capote, el toreo, la coreografía, los naipes, el pasodoble, actividades todas mezcladas como se mezclan la vida y el arte y los estados de hombres y mujeres, para dejar ver los celos y la posesividad de los que es objeto Antonio y la rivalidad entre éste y José puesta de manifiesto por un baile común en el que al final va a terciar el torero Escamillo, el mismo que se deslumbra con la belleza de Carmen y lleva al epílogo trágico, a causa de esos amores terribles y de esos celos traicioneros que tan poco saben armonizar/equilibrar los que se creen dueños de las pasiones humanas, pero son más bien víctimas de ellas a causa del continuo ir y venir entre el corazón y la cabeza, en el que ésta cree mandar sobre aquel, pero el corazón es el que dicta la última palabra puesto que nadie manda sobre él ya que apenas es su esclavo. Por eso, Antonio, después de ir al vestier y hallar a Carmen con otro, termina por clavarle el cuchillo una y otra vez hasta la muerte…

Muerte que, ya en un plano ajeno al filme, también afectó a quien va dedicado, Alberto S. Larios, muerto en Argentina en un accidente de tráfico el 10.feb.2013 y representante de los intereses artísticos de Antonio Gades. Aquí cobra presencia la figura de Josefa ‘Pepa’ Flores, Marisol, quien en el filme pasa un poco desapercibida. Larios iba hacia Mar del Plata con otras cuatro personas, entre ellas el bailarín llamado El Güito, cuando a la altura de Maipú el argentino que guiaba el carro tuvo que hacer un brusco viraje para evitar chocar al que venía en dirección contraria. Al hacerlo, el conductor de Larios no pudo controlar el vehículo que fue a dar contra un puente de hierro, en el que se incrustó con todos sus ocupantes. Larios y el argentino murieron en el acto. El Güito y los otros dos quedaron bastante heridos y fueron hospitalizados en Mar del Plata. A Marisol, quien estuvo casada con A. Gades, entre 1982 y 86, los afectó sensiblemente la trágica muerte y sin previo aviso, por ello, de su gran amigo…

Carmen supuso el debut de Laura del Sol como actriz de cine. La obra fue nominada en los Globo de Oro y en el Oscar como Mejor Filme Internacional, premio que sí logró en los BAFTA. Obtuvo otros dos premios en Cannes y fue nominada a la Palma de Oro. Hace parte de esa orgánica mezcla entre vida y baile, cine y flamenco, en el que la actuación de Laura, al lado de Antonio, es descollante. Tanto, que el crítico Rob Stone, al hablar de Sevillanas y Flamenco, dice que, sobre todo éste, son un collage de disensión que rechaza las formas clásicas, el contenido y la comprensión del tiempo del intelecto para celebrar la intuición y la imagen-tiempo. En consecuencia, tal tentativa de unificar los elementos del sistema de performances o actuaciones del flamenco con las técnicas de producción del cine, puede ser vista como la apoteosis de gran parte de su obra, máxime si Saura admitió más de una vez: ‘Todas mis películas son musicales. Lo que pasa es que unas tienen baile y otras, no’… (10)

La otra apoteosis fue la personal, que le llegó al cineasta en 1986, cuando Saura recibió el tributo del British Film Institute, y a quien el National Film Theatre le dedicó su cuarto ciclo sobre cine español, bajo el mote genérico ‘Sol y sombra’. Una vez proyectados sus filmes claves, su organizador, John Hopewell, lo presentó así: ‘Carlos Saura siempre ha tenido una gran personalidad, inaugurando en la década del 60 [del XX] un realismo cinematográfico. [Luego] se convirtió en un naturalista, utilizando alegorías y símbolos para reírse del franquismo. Después de 1975, a pesar de haber hecho una comedia y de sentirse un romántico, ha seguido dominado por el miedo, el fatalismo, el deseo de armonizar elementos opuestos, en un rompecabezas mental heredado de la guerra civil’. Enseguida, el 28.jul.1986, Hollywood le reconocía como uno de los maestros del 7º Arte en una ceremonia que sólo se ha hecho en honor de otros dos cineastas no gringos: el italiano F. Fellini y el galo F. Truffaut.

A propósito de ello, el crítico Angel Sánchez-Harguindey escribió: ‘Que el prepotente cine [estadounidense] rinda un homenaje a quien en ningún momento renunció a sus orígenes, a sus obsesiones y costumbres explica, o puede explicar, cómo lo autóctono, cuando está realizado con talento y sensibilidad, supera las fronteras nacionales para [entrar a] formar parte del acervo cultural mundial. Llanto por un bandido; La caza; Peppermint [frappé]; La prima Angélica; Elisa, vida mía; Cría cuervos; Los ojos vendados, o la trilogía con Antonio Gades, por citar tan sólo una parte de su filmografía, justifican cualquier tipo de homenaje. Si éste se produce en el epicentro de la cinematografía, allá donde el imperio tiene su sede, el reconocimiento trasciende también los límites de lo propio para proyectarse por todo el mundo. En definitiva, el coloso reconoce la valía de quien no le pertenece’. (11) Asimismo, el Cine-Club Al Filo del Tiempo, dentro de sus modestas posibilidades le ha rendido tributo.

Tributo a su vida y a su obra, una caracterizada por la belleza aun basada en el horror, horror como el de la GC, el del franquismo, el de Primo de Rivera y su retorcida falange, el fanático anticomunismo de todos ellos, con su selectivo daltonismo que todo lo veía rojo, salvo el cine… y la pornografía social. Aquí, cómo no recordar a Marcuse, para quien la belleza es la expresión sensual de la libertad y ella está presente a cada tramo en Carmen: en la sensualidad de la protagonista femenina, Laura del Sol; en los movimientos corporales y en la coreografía de Antonio Gades; en las diversas reuniones de un grupo tan heterogéneo dedicado al oficio tan homogéneo del baile como arte hecho con el cuerpo y de la vida elevada a la condición de arte; en las distintas expresiones vitales, sensitivas y artísticas de quienes a diario entregan su existencia a cambio de muy poco o, peor, de casi nada, en la idea de que, como creía Miguel de Unamuno, ‘el rico no es el que posee oro y plata, sino el que se contenta con poco’.

Antes del final, cómo no traer a colación la música tanto la compuesta para el filme, por Paco de Lucía, como la que es banda/base sonora, la ópera Carmen, de Bizet, dirigida por Thomas Schippers, cantada por Regina Resnik, en la voz de ‘Carmen’, con Mario del Mónaco (1915-1982), a quien se considera el mejor tenor dramático del XX, y Tom Gunnar Krause (1934-2013), cantante bajo barítono y maestro del canto finlandés, así como la incidental: el reconocido pasodoble taurino que suena en cada Feria de Manizales, El gato montés, de Manuel Penella (1880-1939) que es también el título de su ópera en tres actos (12), y Deja de llorar, de Paco Cepero, el notable guitarrista flamenco nacido en el barrio de San Miguel en Jerez de la Frontera, el 6.mar.1942, de quien se presenta su recital para TVE (13). Fuera de E. Piedra, A. Gades y C. Saura, el trío musical/fílmico de Bodas de sangre, Carmen y El amor brujo, cuenta también, claro, con el valioso aporte del cameraman Teodoro Escamilla.

El rasgo distintivo más relevante de esta primera fase creativa, con el paso del cine sobre la GC al abordaje del flamenco, esa forma degenerada del canto gitano que, por contraste, Saura rescata con saludable dignidad, así no lo haga a la manera directa, descarnada y, a veces, con brutal honestidad pero no menos con bella estética, del gitano/argelino Toni Gatlif, es el hallazgo de formatos discursivos que no sólo permitan sino que posibiliten usar lo peculiar enunciativo del citado flamenco, basado en su inherente carácter trágico para contar historias en modo cinematográfico y/o para hacer filmes. (14) De esa forma, Saura plantea su estilo personal de narrar al incluir el universo sonoro del flamenco en el cine, lo que puede extrapolarse en absoluto al tango en tanto ambas formas artísticas, el flamenco y el tango, son presas frágiles de un inherente carácter trágico. Eso es algo palpable en Carmen, así como en el tratamiento escenográfico/musical y coreográfico del trío fílmico de Saura arriba citado.

El drama trágico de Antonio y Carmen permite ir bajando la cortina para señalar que así el corazón diga lo que se debe hacer y el intelecto lo que debe evitarse, no siempre funciona, y a veces hay que buscar la ecuanimidad entre mente y corazón para no darnos contra el piso o golpear a alguien física o emocionalmente hasta matarlo. En tal sentido, para contradecir aquí al Marqués, no hay mayor desgraciado que quien no cambia su forma de actuar por no pensar ni siquiera en complacer al resto. La presunta objetividad de Antonio, en su trato con Carmen, no es más que la manera socarrona y bellaca y ancestral del Sistema para implantar el modelo de subjetividad patriarcal/machista y falo/céntrica, sin riesgo de pena alguna o de compasión, mucho menos de arrepentimiento. Si los amores terribles o los celos traicioneros ocurrieran en silencio, tal vez podría contarse con otros dos amigos que jamás serían capaces de traicionar. Por último, sin duda alguna, los pueblos que cantan y danzan no mueren jamás.

En conclusión, así como Schopenhauer les asigna a las mujeres una supuesta ‘miopía intelectual’, pero Carmen en el filme de Saura da muestras de todo lo contrario, puede decirse con total licitud que Antonio es víctima real de una sólida ‘miopía del corazón’, por dejarse de paso arrastrar por la ira, ese ácido que, según Séneca, puede hacer más daño al recipiente en el que se almacena, que a cualquier persona o cosa sobre la que se vierta. (15) Ira producto de los celos que no logra aplacar, sino que lo consumen de tramo en tramo mientras trata de conseguir lo inalcanzable: el amor. Porque el amor ni se busca, ni se persigue ni se logra sino que quien lo ansía es buscado, perseguido, logrado por él, en tanto, claro, el amor es un alter ego natural de la mujer y un alter ego indirecto/artificial del hombre pues es la mujer la que lo provoca y decide a quién busca y con quién permanece: al hombre no le queda más que esperar el momento en que el amor/mujer acuda a encontrarlo sin ayuda de ningún mediador.

A Santiago y Carito, a quienes les deseo que tengan la mejor vista de corazón y no se dejen tentar por los repentinos ataques de potenciales celos ni que sean arrastrados por los desmadres de la ira: más bien, que puedan resistir a la furia de los amores inadvertidos por terribles y conserven el actual.

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) https://www.mendoza.edu.ar/wp-content/uploads/2022/04/CARMEN-PROSPER-MERIMEE.pdf

(2) https://www.youtube.com/watch?v=f5SO49x4Exw

(3) SCHOPENHAUER, Arthur. El amor, las mujeres y la muerte. Porrúa, México, D. F., 1991, 336 pp.

(4) La palabra tálamo viene del griego θάλαμος (thalamos) y de ahí pasó al latin, thalămus. La voz griega θάλαμος significa: habitación. Tálamo va en el sentido del lugar donde los novios celebraban sus bodas y recibían sus obsequios, aunque, sobre todo, como cama de los desposados y lecho conyugal.

(5) https://www.larazon.es/sociedad/20211203/gwvg76yjz5hs5inzndzs6pzpte.html

(6) OMS, Marcel. 1974: 76.

(7) https://www.youtube.com/watch?v=lxTqTo6z9JA

(8) https://www.ancient-origins.es/historia-personajes-famosos/pueblo-romani-gitanos-006772

(9) https://www.youtube.com/watch?v=fFYAlpHg3io

(10) Carlos Saura – Una trayectoria ejemplar. Visor Libros, Robin Lefere (editor), pdf, 301 pp.: 108-109.

(11) http://www.unizar.es/artigrama/pdf/03/2articulos/18.pdf

(12) https://www.youtube.com/watch?v=vfl8gUb59H4

(13) Por ningún lado fue posible encontrar el tema Deja de llorar. Aquí, el recital de Cepero para TVE: https://www.youtube.com/watch?v=KeNyaQD3qik

(14) Íbidem, pdf, 301 pp.: 118.

(15) https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-de-seneca

FICHA TÉCNICA: Título original: Carmen. País: España. Año: 1983. For.: 35 mm; color; 103 min. Gén.: Musical / Drama / Tragedia. Dir.: Carlos Saura. Guion y coreografía: Carlos Saura / Antonio Gades. Fot.: Teo Escamilla. Mús.: Paco de Lucía. Int.: Carmen (Laura del Sol); Antonio (Antonio Gades); Paco (Paco de Lucía); Pepa (Josefa ‘Pepa’ Flores, Marisol). Dist.: FlixOlé. Premios: BAFTA a la Mejor Película Internacional. 39ª Edición de las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos: Mejor Película; Mejor Director: Carlos Saura; Mejor Actriz de Reparto: Cristina Hoyos. Estreno: 2.may.1983. Enlace del filme:

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine, de jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín Cultural de EE, desde 2012; columnista, 23/mar/2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, en coautoría con Luís E. Soares, fue publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre Manuel Zapata Olivella y su novela Changó, el gran putas, fue lanzado por UFES, el 20/feb/2021. Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en portal Rebelión, EE y Las2Orillas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.