Como una especie de marca conceptual registrada se ha ido asimilando en análisis económicos el dominio de los señores tecnofeudales, amos del avance tecnológico informático en la era digital.
Se le encuadra en un ámbito emparentado con el de capitalismo cognitivo y fenómenos relacionados, teorizados como trabajo inmaterial. Un mismo árbol con varias ramas, sembrado con una semilla diferente a la ley del valor bajo la concepción marxiana expuesta en El capital. Al desvirtuar esa premisa carece de racionalidad una economía política que reconoce la plusvalía, pero no la determinación del valor trabajo como base del intercambio capitalista y, por ende, de esta lógica subyacente a la producción de mercancías.
Sobre esos rieles corre tanto el trabajo inmaterial (Hardt-Negri) como el capital en la nube/tecnofeudalismo (Varoufakis). El binomio autoral parte de un excedente (plusvalía) disociado en un nivel de análisis del valor y del trabajo vivo en, y el ex ministro de Finanzas griego reconoce un excedente (renta) pero fuera del circuito de producción de valor por el trabajo humano subordinado al capital.
Negri ha desplegado la categoría de intelecto general desde su interpretación de los Grundrisse [1]. Como apuntó en una conferencia en esta década:
“El trabajo inmediato desaparece, pues, como ‘principio determinado’ de producción, porque se reduce a una ‘pequeña’ y ‘subordinada proporción, en relación con el trabajo científico general, con la aplicación tecnológica de las ciencias naturales, por un lado, y en relación con la fuerza productiva general resultante de la articulación social en la producción global, por otro —una fuerza productiva general que aparece como un don natural del trabajo social (aunque sea un proceso histórico)’ ( Ibid ., pp. 587-588). He aquí, pues, al Intelecto General como fuerza de subsunción en el centro del desarrollo del capital”.[2]
Se ha definido en esa obra de Marx al intelecto general en correspondencia con el desarrollo del capital fijo, es decir, con el conocimiento convertido en fuerza productiva inmediata [3]. Desde esa posición filosófica, Negri ha erigido la desvinculación de la plusvalía con relación al valor determinado por la acción fundamental del trabajo vivo. Sus correligionarios teóricos han llevado esta postura al límite de indicar una “crisis de la ley del valor fundada en el tiempo de trabajo, poniendo este fenómeno en relación con la hegemonía del trabajo cognitivo”[4]. Este plano de análisis cimenta nociones como el capital inmaterial cuyo valor “no puede ser sino la expresión subjetiva de la anticipación de los beneficios futuros efectuada por los mercados financieros, que de tal forma garantizan una renta” [5].
Compaginan en lo esencial con ello para analizar el capitalismo cuestiones como capital en la nube hasta consumarse en la caracterización de un modo de producción distinto, el tecnofeudalismo, que recala en relaciones sociales precapitalistas y en una actualización cibernética de las clases sociales. Sin negar Varoufakis la producción de plusvalía como el aspecto neurálgico del capitalismo, sostiene:
“Piensa en qué consiste el capital en la nube: software inteligente, granjas de servidores, torres de telefonía móvil, miles de kilómetros de fibra óptica. Y, sin embargo, todo eso carecería de valor sin ‘contenidos’”[6].
Negri/Vercellone y Varoufakis se emparentan en la subjetivación del trabajo (bajo distintas rúbricas propias) para descartar la materialidad del valor como relación social que posibilita el intercambio en un régimen dominado por productores capitalistas independientes de mercancías. El economista heleno ha postulado que en realidad en la producción se infunde valor experiencial a objetos y servicios (mercancías) para su disfrute en el consumo; además el trabajo experiencial al ser incuantificable también resulta “en ocasiones mágico”[7]. Desde luego, en su descargo él sólo se considera un economista influido por sus lecturas marxistas, a diferencia de Negri que fuera prominente teórico del operaísmo italiano.
En una obra anterior Negri[8] había establecido esta línea similar de sesgo biopolítico con relación al trabajo inmaterial datado a partir de los últimos veinte años del siglo anterior. Lo sitúa en dos facetas: trabajo primordialmente intelectual o lingüístico productor entre otros elementos de ideas, códigos, textos; y trabajo afectivo generador de sensaciones gratas, excitación o pasión. Preveía al momento de su análisis (2004) que se habría convertido en hegemónico el trabajo inmaterial con el desarrollo en ciernes de las redes tecnológicas (información y comunicación).
Formalmente la más elaborada visión de Negri/Hardt/Vercellone, sintoniza la misma frecuencia localizada en la producción de subjetividad tal como la más alivianada posición de Varoufakis. En ambas se volatiliza la materialidad social e histórica del trabajo socialmente necesario. No obstante, en ambos análisis se sostiene a la acumulación, con ella a la plusvalía, históricamente como leit motiv de la producción capitalista actual.
Sin valor-trabajo como eje fundamental del plusvalor en el capitalismo (la plusvalía) se vuelve evanescente toda racionalidad para el movimiento del capital dentro de leyes históricamente determinadas. Cobra sentido el recurso en sendos análisis de la categoría renta, clave para explicar tanto la inmaterialidad en la producción y la especulación financiera en Negri, para quien el capitalismo actual se sustenta en la renta, reciclada por los capitalistas industriales, pues no reinvierten ganancias, sino las reciclan en los mecanismos de la renta.
No se diga para Varoufakis. Después de reconocer producción de plusvalía por parte de los trabajadores en beneficio de los capitalistas, estos alimentan el capital en la nube perteneciente a señores tecnofeudales. Su apropiación rentista se completa con el trabajo no remunerado que realizan miles de millones de siervos de la misma nube análogos al trabajo servil de los vasallos medievales en la gleba, contrario al pago de la fuerza de trabajo. Así, todos los usuarios de internet a través de sus interacciones en plataformas y redes sociodigitales enriquecen a estos terratenientes digitales.
Estas posturas han obtenido una cobertura influyente y no es el objetivo reiterar un azoro ante sus tesis fundamentales. La cuestión es reivindicar el logro científico de la ley del valor descubierta por Marx para desde esa piedra de toque levantar todo edificio de análisis de los fenómenos del capitalismo actual como una necesidad metodológica y conceptual, no como una adscripción sectaria al “verdadero Marx, más allá de Marx y a pesar del propio Marx”. La marxología poco puede auxiliar a reconstruir la totalidad concreta en que actúan las leyes de funcionamiento del modo de producción capitalista.
Desde luego, hay consecuencias políticas en la definición del sujeto histórico transformador y revolucionario. Por un lado, se tendría a la multitud que para Negri está conformada por un contingente desbordante de la clase obrera en términos clásicos, es decir, por “la totalidad de los que trabajan bajo el dictado del capital”[9]. Después, acertando en su crítica a la insuficiente socialdemocracia para subvertir el orden de cosas, el economista griego apunta a la democratización de las empresas como salida liberadora, toda vez que (sin denostar a Marx) declara como fracasado al socialismo, pero su solución equivale a salvar de los capitalistas al mercado, a la formación de precios en la competencia y a las empresas. Un paraíso terrenal de capitalismo sin capital.
Es más crudo y palpable a la dinámica capitalista en tiempos de inteligencia artificial, la prospectiva de sus propios representantes mediáticos, no tan sólo por la elocuencia de sus llamados desesperados como por la puntualidad de sus tangibles preocupaciones en la zona de sus inversiones. Toman nota utilitariamente del descenso de la cuota de ganancia en el sector de las siete magníficas con respecto a la rentabilidad frente a las ingentes necesidades de inversión en capital, sobre todo constante:
“Pero si la próxima década exige una inversión en infraestructura mucho mayor, más depreciación, mayores necesidades de computación y menores rendimientos incrementales, el viejo esquema de valuación podría no sobrevivir intacto. El mercado no puede valorar indefinidamente a una empresa como si fuera liviana en capital si empieza a comportarse como una compañía intensiva en capital. Ese es el verdadero problema en el contexto del auge de la IA”[10].
Y no es para menos. La producción de valor, por consiguiente, de plusvalía está intrínsecamente vinculada al trabajo incorporado en la gigantesca infraestructura invertida por el costado de los contratistas: fábricas de chips (AMD, Nvidia), semiconductores (TSMC, Qualcomm, entre otros), ensambladores de servidores (Supermicro, Inventec) y propietarios de centros de datos[11]. Alibaba Cloud y Tencent Cloud en China se apalancan en cuantiosos recursos para su expansión asiática y mundial. Además de corresponder a instalaciones industriales de diversa envergadura, se asienta en territorios apropiados para esta colosal infraestructura, verdadera base de la producción de plusvalía en la rama de IA.
Además, por ser aun los hidrocarburos la principal matriz energética de la economía mundial en sus cadenas de producción global se recrudece la lucha por la hegemonía del dinero mundial mediante el control del petróleo y gas natural tanto en lo concerniente a yacimientos, como al resto de las fases involucradas (perforación, extracción, procesamiento) como en el transporte por ductos y marítimo. Al finiquitarse el patrón de precios oro-dólar, se conformó el marco monetario del petrodólar, pues lejos de estar suspendido en el éter el dinero mundial siempre se sostiene a través de producción de valor, con amplios márgenes en el capital ficticio (sostenido por el endeudamiento con la banca de Estados Unidos).
De ahí la mira puesta, sobre todo en los análisis geopolíticos en el control del Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico, por el consabido traslado del 20 por ciento del petróleo a nivel mundial. La dupla petróleo-yuan va minando desde el valor (y la valorización en la industria energética) a la hegemonía del dólar. Bajo los conceptos de tecnofeudalismo o trabajo inmaterial, la competencia por el desarrollo de infraestructura para IA y de la lucha por el territorio marítimo serían mera escenografía y no el núcleo de la disputa por la plusvalía entre los grandes capitales, asentados nacionalmente y desplegados mundialmente.
Sin asideros firmes como el valor-trabajo, sería insostenible la vuelta a un feudalismo tecnológico al ahorcar en su presunto talante rentista a la valorización del excedente: en forma de renta implica apropiación sin reinversión creciente a lo largo de sucesivos ciclos.
En lugar de funcionar como circuitos de D – M – D’ su desarrollo se interrumpiría al actuar como D – M – R (R, renta). Abultaría estratosféricamente o el gasto de consumo opulento o el atesoramiento puro o una parte de la renta regresaría a la acumulación capitalista (para alimentar las rentas en la nube). Sin la continua reconversión en dinero de las mercancías valorizadas, y de estas en dinero se estrangula toda fluidez de la dinámica capitalista en las sucesivas metamorfosis del valor-trabajo indispensable para la acumulación. Toda audaz explicación hacia los fenómenos del capitalismo es necesaria, pero siempre y cuando se avoque a dar cuenta certera de estos sobre bases científicas y racionales.
Semejante suerte a la del intelecto general de los Grundrisse, corrió el pasaje sobre la mano invisible en la Riqueza de las naciones de Smith, al proyectar todo un edificio teórico desde el aspecto fragmentario de una obra. Cabe retomar el hilo del valor-trabajo con rigor, sin ceder a la originalidad seducida por desafiar la ortodoxia sin preservar el método.
Notas:
[1] Marx, Karl. Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (“Grundrisse”). Eds. Akal, Madrid, 2024; p. 583.
[2] Negri, Toni. Intelecto general e individuo social en los Grundrisse marxistas; EuroNomade; en https://www.euronomade.info/general-intellect-e-individuo-sociale-nei-grundrisse-marxiani/
[3] Id, p. 589.
[4] Vercellone, Carlo. En: Sierra Caballero, F. Teoría del valor, comunicación y territorio. Ed. Siglo XXI, Madrid, 2019; p. 221
[5] Id. pp. 220-221.
[6] Varoufakis, Yanis. “Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo”; Deusto, Barcelona, p. 75.
[7] Id, p. 185.
[8] Hardt, M. y Negri A. “Multitud”; Debate, Barcelona, 2004; pp. 136-137.
[9] Id. p. 134.
[10] Osman, Jim. El trade más popular de Wall Street se desarma: qué cambia para los inversores con las Siete Magníficas. Forbes, 26 May 2026. https://www.forbesargentina.com/money/el-trade-mas-popular-wall-street-desarma-cambia-inversores-siete-magnificas-n91420
[11] Ferrari, Fabian. Redes neuronales de producción: geografías infraestructurales de la IA. Filosofía, Teoría, Modelos, Métodos y práctica; p. 463. DOI: 10.1177/26349825231193226.

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