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Tinieblas golpistas en la revolución socialista de Venezuela

Fuentes: Rebelión

Dicen que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Andaba yo ayer (re) viendo el magnífico documental de Patricio Guzmán «La batalla de Chile» cuando, al hacer una pausa entre parte y parte, rebuscando un poco entre los archivos virtuales del rey de la falsimedia en España (El Pais), encontré una […]

Dicen que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Andaba yo ayer (re) viendo el magnífico documental de Patricio Guzmán «La batalla de Chile» cuando, al hacer una pausa entre parte y parte, rebuscando un poco entre los archivos virtuales del rey de la falsimedia en España (El Pais), encontré una entrevista que el nuevo líder de la oposición venezolana (o eso cree él que va a ser) concedió recientemente al mencionado diario. En dicha entrevista, publicada a finales de abril, decía el señor Baduel que «Nuestro país está en una etapa previa a la insurrección propiciada por el propio presidente Chávez», a la par que dejaba entrever, como ya hiciera días antes del referéndum del 2 de Diciembre en las páginas de algún diario norteamericano, una cierta situación de inestabilidad en el interior de las fuerzas armadas venezolanas, que estarían empezando a barajar la posibilidad de tomar cartas en el asunto y levantarse contra el gobierno por la vía que tantos otros gobiernos tuvieron que sufrir ya en el pasado reciente de América Latina: el golpe de estado militar puro y duro. Todo, eso sí, mediante un lenguaje de intenciones muy democráticas, sabiendo trazar con meridiana claridad la línea que separa hoy en día a los luchadores por la libertad y la democracia (la oposición) de los que están en el bando de la dictadura, la tiranía y el irrespeto de la ley (Chávez y sus colaboradores y seguidores).

Me acordé entonces del inicio del documental que estaba viendo, de cómo una masa enfervorecida de opositores a Allende celebraban una supuesta victoria en las elecciones legislativas al grito de «Chile es y será un país en Libertad». Todo ello seis meses antes del golpe de estado llevado a cabo contra el presidente electo por un genocida militar que él mismo había puesto al mando de las fuerzas armadas, en un signo de absoluta confianza del presidente sobre la persona de Pinochet. Pinochet se había ganado la confianza de Allende por haber sabido ponerse al frente de la defensa del régimen constitucional vigente en pos del derrocamiento de un intento de asonada golpista llevado a cabo en las mismas puertas del palacio de la moneda chileno. Cuando ya era claro que el golpe de estado había fracasado, Pinochet supo mover los hilos en la sombra para aparecer ante el país entero como un militar afecto al gobierno y comprometido con la defensa de la constitución chilena vigente en la época. Y ese fue el gran error de Allende, la confianza que otorgó a un fascista disfrazado de demócrata y luchador por la libertad del pueblo. No pude evitar pensar entonces que también el señor Baduel había sido en su momento un héroe constitucional para el pueblo venezolano, que también por ello se ganó la confianza del presidente Chávez y pasó a ocupar un puesto de máxima responsabilidad en el entramado de defensa de la república bolivariana de Venezuela.

A continuación seguí pensando cómo era posible que en Chile aquellos mismos que meses atrás gritaban como posesos en nombre de la libertad y de la democracia, que supuestamente eran verdaderos demócratas frente a los liberticidas marxistas, una vez se dio el golpe militar cambiaran tan rápidamente de parecer, tanto que por más de 20 años se dedicaron a callar silenciosamente ante las atrocidades de la dictadura genocida, cuando no directamente a apoyarla con su colaboración, acción popular o presencia directa en las instituciones del estado; y entonces entendí todo lo que estaba pasando allí y de rebote todo lo que ahora está pasando también en Venezuela: Lo que eran supuestos gritos en defensa de la democracia y la libertad en realidad no eran más que eufemismos, gritos que tan sólo tenían como intención ir contra el socialismo, pero que para nada estaban preocupados ni por la libertad ni mucho menos por la democracia.

El único motivo de protesta de la oposición en el Chile de 1973 era el avance del socialismo que se estaba dando en el país, y si para luchar contra ello el pueblo chileno debía pasar varias décadas de su historia en la más absoluta de las tinieblas para la libertad y la democracia, bienvenido fuera. Es decir, el enemigo de la oposición chilena era, tal y como proclamaban, el socialismo, pero lo que se defendía como alternativa no era, tal y como decían, la democracia (puesta por el pueblo del lado de Allende) sino el fascismo.

En Venezuela también durante los sucesos de abril de 2002 lo que en principio eran gritos por la libertad y la democracia, se tornaron rápidamente en aplausos descarnados mientras el gobierno de facto de Pedro El Breve hacía leer al pueblo su primer decreto legislativo en el cual, al más puro estilo pinochetista, se acababa de un plumazo con todo el orden constitucional vigente y se dotaba de derechos absolutos para gobernar por decreto al nuevo presidente de la república autoritaria. Aunque había sobre la mesa la promesa de convocar nuevas elecciones en menos de un año, el régimen fascista ya estaba instaurado, y el tiempo que tuviera que durar, ya fuese un año o tres décadas, por fortuna, será para siempre una incógnita.

Lo que les quiero decir con esto es, como no podía ser de otra manera, que la derecha, sea civil o militar, política, empresarial o sindical, grita en nombre de la libertad y la democracia en tanto que piensan estos conceptos como opuestos a la revolución socialista y por ello capaces de movilizar a las masas en su contra, pero en el momento en que el socialismo les gana la batalla de la democracia y la libertad en las calles, las urnas y los movimientos populares, cuando ya no pueden seguir haciendo uso de estos conceptos para atraer a las masas, si no que es, precisamente, por ellos y sobre ellos que las masas están cada día más volcadas con el proceso revolucionario (como pasó en Chile donde con cada nueva elección aumentaba el número de apoyos a la Unidad Popular) el fascismo es el único camino que les queda para tomar el poder, aun cuando eso tenga que suponer pasar por encima de todo derecho, de toda libertad y de toda democracia. Cuando la burguesía pierde el control de la democracia, la lucha por la defensa de sus intereses de clase se torna en una lucha por el advenimiento del fascismo.

Las palabras de Baduel, desgraciadamente, nos hacen ver que en Venezuela hemos llegado ya a ese límite. La democracia y la libertad por la que claman los escuálidos en sus medios de comunicación y sus convocatorios populares de escaso alcance, la misma que predica Baduel en su entrevista en Falsimedia, en realidad no es más que un llamamiento sonoro al derrocamiento de Chávez mediante un golpe de estado, al advenimiento del fascismo. La oposición ha tomado meridiana claridad sobre la imposibilidad de derrocar a Chávez a través de los mecanismos democráticos vigentes, y ya, en su odio profundo al socialismo, la única salida que les queda es una huida hacia adelante, es el camino del golpe de estado.

Los últimos sucesos acaecidos a partir del primero de mayo, con la subida del salario mínimo interprofesional en un 30%, la nacionalización plena de Sidor, la firma de un nuevo convenio colectivo sin parangón en toda América Latina y todas las propuestas consecuentes que Chávez anunció para los trabajadores terciarizados de la empresa, el anuncio de la construcción de todo un complejo industrial de carácter estatal capaz de sacar el máximo partido a toda la potencialidad productiva de la siderurgia venezolana, el anuncio de nuevos convenios de colaboración mutua entre el sector petrolero y el siderúrgico, en definitiva, el rumbo cada vez más claro y decidido de Chávez hacia el socialismo, no hacen sino precipitar el rumbo de los acontecimientos. A la par que Chávez va ganando en popularidad, a la vez que su gobierno va ganando en credibilidad entre el pueblo venezolano (como han demostrado recientemente las encuestas del IVAD) el peligro del golpe de estado y de un advenimiento del fascismo se incrementa.

Las palabras de Baduel llamando a filas a los militares que puedan estar de su lado, sumadas a la campaña de cierto sector de la oposición que está tratando de acusar al presidente de estar gobernando fuera del marco constitucional, son el condimento perfecto, la mezcla ideal entre lo civil y lo militar, para que pueda suceder el golpe con la complacencia de lo gobiernos neoliberales del mundo. La estrategia separatista que Chávez denunció hace pocos días seguramente no tenga la fuerza suficiente como para suponer una preocupación al gobierno del estado, pero al mezclarse con el plan golpista, puede servir de cortina de humo para mantener a los defensores de la revolución con la guardia baja y mirando para otro lado mientras el plan fascista cívico-militar va atando cabos y sumando adhesiones a la causa. Habrá que estar atentos.

La fecha límite tal vez sean las próximas elecciones de noviembre, si entonces la oposición no consigue los resultados necesarios como para plantar cara desde el interior del sistema democrático al gobierno de la nación, la suerte estará echada. Sólo será cuestión de tiempo saber cuando se produce la asonada y con que fuerzas reales cuentan esta vez los opositores. De seguro habrán aprendido de sus propios errores tras el 11 de abril, y esta vez no serán tan «blandos» a la hora de reprimir a los manifestantes en apoyo del gobierno. Eso de que todo 11 tiene su 13, no es necesariamente una máxima absoluta.

Por eso los revolucionarios tienen que estar más atentos que nunca a todo lo que sucede en las tinieblas golpistas del país, preocuparse menos por fuegos artificiales sacados a bombo y platillo por los medios golpistas, y más por los asuntos turbios que se van gestando en las zonas más oscuras de la política venezolana, desde los cuarteles a las reuniones privadas de las élites venezolanas con los representantes, oficiales o no, del gobierno norteamericano. Y el primero de todos en estar atento debe ser el compañero Chávez, al cual no debe temblarle la mano a la hora de salir al paso de los planes sediciosos, pues ha de entender que en democracia no todo vale y menos cuando lo que se está planeando es un golpe para entregar al país a manos de los fascistas.

Democracia, socialismo, humanismo, cristianismo, amor fraternal y todo lo que usted quiera para el pueblo, señor Chávez, pero al golpismo, con el señor Baduel a la cabeza, no se le puede dejar pasar ni una, y si hace falta aplicar mano dura, que no le tiemble el pulso presidente, o ellos se lo harán pagar caro en cuanto tengan la mínima oportunidad. Y con usted se lo harán pagar también a todo aquel venezolano que le haya apoyado de manera decidida en el proceso, como ya hicieran en Chile con los partidarios de Allende y como intentaran hacer, sin ir más lejos, con sus más cercanos colaboradores y con parte del pueblo que salió a apoyarle durante el 11 y 12 de abril de 2002. El fascimo golpista, como demuestra la historia, no entiende de derechos humanos ni de respeto por el enemigo político.

Es triste decir esto, pero si tiene que correr la sangre (Dios no lo quiera) que no sea la de aquellos que respetan la constitución, la libertad, la democracia y el socialismo. Que no sea de aquellos que creen en la capacidad del pueblo para auto-gestionarse. Que no sea de aquellos que sueñan despiertos y luchan por un mundo más justo, sin exclusión social ni pobreza, sin clases sociales ni relaciones de explotación. Que no sea de aquellos que aman la paz y la justicia social. Que sea, en todo caso, la de los golpistas y fascistas que no dudarían en aplaudir mientras un régimen asesino tritura sin piedad a todo lo que huela a izquierda revolucionaria.

Ha pasado ya demasiadas veces en el mundo como para que usted, señor Chávez, que tanto conoce la historia de su continente y otras latitudes, no haya aprendido la lección de una vez y para siempre. Que no le tiemble el pulso para reprimir al fascismo mientras sea sólo un proyecto golpista, luego ya será demasiado tarde y usted y todos los demás tendrán que pagar las consecuencias de su dejadez cuando la amenaza fascista era tan solo eso, una amenaza. Acabe con ella antes de que se haga poderosa y ya no haya manera de pararla.

«Nadie nos montará encima si no doblamos la espalda». (Martin Luther King)