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Trapecios

Fuentes: Rebelión

Me han asegurado que no debo soltar un trapecio si no tengo asegurado otro. Sobre todo si no tengo red. Así está la Revolución Bolivariana. No tiene partido sólido y popular, aún en proceso de construcción y consolidación. Si bien marcha con una velocidad vertiginosa, todavía le falta responder de modo inédito a la viejísima […]

Me han asegurado que no debo soltar un trapecio si no tengo asegurado otro. Sobre todo si no tengo red.

Así está la Revolución Bolivariana. No tiene partido sólido y popular, aún en proceso de construcción y consolidación. Si bien marcha con una velocidad vertiginosa, todavía le falta responder de modo inédito a la viejísima pregunta de quién manda y con qué derecho. Manda el pueblo, se dice, pero es mentira. Mandan pocos, incluso en la actual Venezuela. Y, claro, cuando se tiene un poder sin contraloría social inevitablemente hay corrupción. Más bien me sorprendería que no hubiese corrupción en un Estado como el venezolano, fabricado durante siglos para enriquecer a una élite, que fue lo que siempre hizo, con una eficiencia pasmosa. No se puede dejar atrás las élites y apoyarse en el pueblo si este aún es genérico y sin forma.

¿Qué es corrupción? No es solo el robo de fondos públicos, pues, si vamos a la definición etimológica, el verbo latino corrumpere significa ‘alterar y trastrocar la forma de algo’. Como los cadáveres, que devienen abono, en el mejor de los casos. Equivale, pues, a descomposición, a pudrición.

Es también desmoralizar, distraerse de las tareas legítimas y aplicar una privatización perversa y vandálica del Estado. Los griegos lo llamaban hybris, no aceptar o no conocer alguien los límites de sus derechos, lo que suele conducir a la tragedia, griega, precisamente.

¿Qué hacer? Resistir mientras tanto los abusos, lo que no es fácil, porque la ultraderecha está siempre acechando y acechando para intrigar, distorsionar, es decir, corromper. Además de las dificultades o la imposibilidad de enfrentar el poder. Por ahora en las recientes primarias del PSUV logramos sacar del camino a algunos que lo merecían. Los que se vuelven sospechosos al afear el territorio con su foto, por ejemplo, modo eficacísimo de perder elecciones en la Venezuela de hoy.

Alberto Müller Rojas declaró ese domingo 1º de junio que toda su vida había esperado ese día magnífico. Igual digo, pues ese domingo gocé el lujo de anotar un nombre que me sugirieron tramposamente, para no votar por esa persona. Dejaremos de ser un país con un presidente apoyado por su pueblo, sin mucha gente que valga la pena en el medio.

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