Recomiendo:
1

Trece años desde la primavera árabe

Fuentes: Rebelión

​Trece años han transcurrido desde el estallido de las protestas populares que se iniciaron en el Norte de África y alcanzaron a Oriente Medio. Desde Túnez y el Sáhara Occidental, donde comenzaron las movilizaciones, extendiéndose hasta Egipto, Yemen, Bahréin, Libia y Siria, y afectando, en mayor o menor medida, a Irán, Irak, Argelia y Sudán.

​Lo que se replanteó durante las revueltas fue el ciclo poscolonial que se abrió al finalizar la Segunda Guerra Mundial caracterizado por la dominación de Estados autoritarios con sistemas políticos cerrados que preconizaban la dirección de la sociedad desde arriba por las clases privilegiadas que detentaban el poder y que derivaron en una profunda crisis política, económica, social e institucional.

​Las revueltas se produjeron en sociedades profundamente desiguales, formadas por clases dirigentes que defendían sus intereses frente a clases obreras empobrecidas, especialmente en Marruecos, Egipto y Yemen, países con sistemas políticos, a su vez, basados en la corrupción y el clientelismo.

​El empobrecimiento de la población que afectaba a las clases populares se extendió a las clases medias debilitadas y se radicalizó en las capas rurales más marginadas.

​La llegada de nuevas generaciones de jóvenes, educados y formados en una cultura globalizada, pero desencantados con sus regímenes políticos y con un mercado laboral con elevadas tasas de desempleo, junto con la irrupción de las telecomunicaciones- Internet y los teléfonos móviles- permitieron facilitar las movilizaciones que se aprovecharon del recurso a las nuevas tecnologías y a las redes sociales, y que permitiría organizar las revueltas populares.

Esta situación de extrema pobreza, junto con la corrupción de las clases dirigentes y la represión, se tornó insoportable para la mayor parte de la población, derivando en sucesos trágicos como las inmolaciones de jóvenes en Túnez, Marruecos, Argelia y Siria.

La inmolación del joven Mohamed Bouazizi en la ciudad tunecina de Sidi Bouzi el 17 de diciembre de 2010,en protesta ante el hostigamiento policial, marcó el inicio de la Primavera Árabe, tras confiscarle las fuerzas de seguridad su puesto de frutas y verduras con el que se ganaba la vida pese a tener una diplomatura en informática. Esta tragedia fue catalizadora de las protestas que se extendieron por toda la región clamando por la libertad, la dignidad y la justicia social.

No obstante, según el filósofo y activista estadounidense Noam Chomsky, las protestas de octubre y noviembre de 2010 en el Sáhara Occidental iniciadas en el campamento saharaui de Gdeim Izik y extendidas a El Aaiún y Smara y a otras localidades saharauis contra la ocupación marroquí, que se saldó con un centenar de fallecidos, más de cuatro mil quinientos heridos y más dos mil desaparecidos, supuso el punto de partida de las revueltas que se extendieron por todo el norte de África y que alcanzaron Oriente Medio.

​Después del Sáhara Occidental, Marruecos y Túnez, las revueltas continuaron en otros países como Libia, Egipto o Siria, con reivindicaciones en las que pugnaban fuerzas democráticas laicas minoritarias frente a partidos políticos conservadores con una visión teocrática del mundo y en las que se reclamaba por las masas el desarrollo económico de toda la sociedad, la igualdad entre el hombre y la mujer, la separación entre lo público y lo privado y, por ende, entre la religión y el Estado.

​Treces años después, las rebeliones populares se han saldado con la caída de varios regímenes autoritarios, el desencadenamiento de varias guerras civiles y una oleada contrarrevolucionaria.

Caída de regímenes en Túnez y Egipto

​En Túnez, las revueltas y manifestaciones conocidas como la “Revolución de los Jazmínes” dieron lugar a la huida del país del presidente Zine el Abidine Ben Alí, en el poder desde 1987, con destino a Arabia Saudí. Se exigía por la población una mayor democratización del país y avances a nivel de derechos. El 23 de octubre de 2011 se celebraron elecciones libres a una Asamblea Constituyente que alumbró finalmente la Constitución de 2014, estableciendo una república con un sistema semipresidencial basado en la democracia representativa y que consagró la protección de derechos humanos básicos como la libertad de expresión, de reunión o la prohibición de la tortura. Todo ello supuso un éxito que propició la elección de un nuevo parlamento y de un nuevo gobierno.

En Egipto, las revueltas que estallaron en la “Revolución del 25 de enero” de 2011 provocaron la dimisión en febrero del presidente Hosni Mubarak, tras una represión que dejó ochocientos cuarenta muertos y más de seis mil heridos. En 2013, el ejercito respaldó el derrocamiento del presidente electo, Mohamed Morsi, con una campaña de represión de los simpatizantes del mismo y de la organización de los “Hermanos Musulmanes”, cuyos miembros habían ganado las elecciones parlamentarias en 2011 y 2012. En 2014, fue elegido presidente el general Abdel Fatah al Sisi quién ha renovado su mandato.

Guerras civiles en Libia, Siria y Yemen

​En Libia, las protestas populares y revueltas, junto con la posterior intervención armada de la OTAN tras la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que motivó el ataque por parte de varios países, encabezados por EEUU y el Reino Unido, se saldó con la captura y posterior ejecución del coronel Muammaral-Gaddafi en octubre de 2011. El vacío de poder ocasionado generó una lucha por el control del mismo entre grupos rivales, uno sostenido por la ONU en Trípoli con el apoyo de milicias, y otro en el este bajo el comandante Jalifa Haftar, desencadenándose en 2014 laguerra civil. Esta situación de vacío de poder fue aprovechada por las mafias de la inmigración. Desde la caída del régimen libio cientos de embarcaciones han zarpado desde las costas de Libia con destino a Europa cargadas con miles de migrantes que se juegan la vida en la llamada ruta migratoria del Mediterráneo Central.

En Siria, tras la represión por parte de Bachar al Asad de las protestas multitudinarias que comenzaron el 15 de marzo de 2011, estalló la guerra civil que enfrenta al gobierno con las fuerzas de la oposición, conflicto internacionalizado que sigue activo y recrudecido en 2014 al irrumpir el avance del Estado Islámico (Dáesh) desde Irak. Este conflicto con cientos de miles de muertos y millones de desplazados sirios ha generado la mayor crisis de refugiados del siglo XXI, con más de doce millones de sirios obligados a abandonar su hogar desde 2011.

En Yemen, decenas de miles de yemeníes salieron a protestar contra el desempleo y exigir la dimisión del presidente, Alí Abdulá Salé. Tras los acontecimientos del 18 de marzo de 2011 en Saná, el conocido como “Viernes de la Dignidad”, unas cincuenta personas murieron y cientos más resultaron heridas cuando hombres armados dispararon contra manifestantes pacíficos. En febrero de 2012 el presidente se vio obligado a dimitir en favor de Abdo Rabbu Mansur Hadi generando en 2014 la guerra civil, agravada por la alarmante crisis humanitaria en la que se encuentra sumido el país y por los combates contra las fuerzas hutíes, apoyadas por Irán, y la coalición liderada por Arabia Saudí, que respaldaba al presidente Hadi. Según datos de Amnistía Internacional, los ataques aéreos de la coalición árabe, apoyada por EEUU, así como los bombardeos hutíes, han causado la muerte de más de 2500 civiles. El debilitamiento del país y la rebelión propiciaron la entrada de Al-Qaeda que tomó varias ciudades en el sur en las que se han declarado emiratos islámicos en los que rige la sharia y contra los que también combate el ejército.

Baréin, la represión de la dinastía Al Jaifa

La Primavera Árabe también alcanzó al reino de Baréin, donde la dinastía Al Jaifa detenta el poder. Las revuelas populares que reclamaban mayor libertad política y respeto a los derechos dieron paso a la campaña de detenciones arbitrarias de los líderes opositores, en su mayoría chiíes, y de activistas defensores de los derechos humanos. Se atacó por parte del gobierno la libertad de expresión y el pluralismo político propiciando la disolución de la oposición al régimen con la condena de cientos de personas bajo la defensa de la lucha contra el terrorismo.

Lo que queda de la Primavera Árabe

​Una de las lecciones de la Primavera Árabe fue que las movilizaciones ciudadanas podían provocar cambios en sus gobiernos, lo que ha tenido su réplica en otros países como en Argelia y Sudán, donde sus respectivos presidentes cayeron en 2019 ante la presión de las masas populares.

​Líbano también ha sido epicentro de protestas que provocaron la dimisión de Saad Hariri en octubre de 2019 debido a la crisis económica, social y política. Las explosiones del 4 de agosto de 2020 en el puerto de Beirut con más de ciento treinta y cinco muertos y cinco mil heridos, provocaron nuevas protestas por la precaria situación económica del país, motivada por la corrupción, que se saldó con la dimisión de Hasán Diab. El actual presidente Nayib Mikati, se vio obligado a negociar ayudas económicas con el Fondo Monetario Internacional para salir de la grave crisis.

​Irán ha sido escenario de manifestaciones por la mala situación económica, empeorada por las sanciones y el bloqueo económico de EEUU, protestas reprimidas por el gobierno de Teherán.

​En Irak también se han alzado protestas desde octubre de 2019, centradas en la mala situación económica y la corrupción. Las movilizaciones con cientos de muertos, se saldaron con la dimisión del primer ministro Adel Abdul Mahdi y el ascenso de Mustafá al Kazemi.

Marruecos, con una crisis latente desde finales de los noventa, desembocó en las manifestaciones y protestas de 2011 que, desde la capital Rabat, se extendieron a Casablanca, Tánger y Marrakech. Las clases populares pedían la dimisión del gobierno de la monarquía alauí de Mohamed VI y avances en reformas democráticas, sociales y económicas, revueltas que propiciaron el referéndum de reforma de la constitución con una reducción de los poderes regios.

Como resultado de la ola de manifestaciones y revueltas que se produjeron durante la Primavera Árabe sólo en Túnez hubo un cambio político de régimen y se desarrolló un proceso democrático duradero. Una llama de luz entre tantas sombras. En la mayoría de los países, en cambio, la población no obtuvo progresos reales.

​A pesar de ello, la caída de hasta cuatro dictadores acabó con el muro del miedo de la población ante los regímenes autocráticos y con la equivocada idea occidental de que la democracia era incompatible con el mundo árabe.

Supuso el triunfo de las protestas populares tras varios años de silencio e injusticias sociales, de las masas que se alzaron para reclamar trabajo y pan, libertad y dignidad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.