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Tres graves problemas para los pobres

Fuentes: Rebelión

Para las personas pobres, que son la inmensa mayoría de los 6 000 millones de habitantes en este mundo globalizado, cada despertar representa una nueva pesadilla porque tres graves peligros económicos atacan la casi inexistente supervivencia familiar: aumento del precio del petróleo, baja del dólar e incremento de los alimentos básicos. Desde marzo de 2003 […]

Para las personas pobres, que son la inmensa mayoría de los 6 000 millones de habitantes en este mundo globalizado, cada despertar representa una nueva pesadilla porque tres graves peligros económicos atacan la casi inexistente supervivencia familiar: aumento del precio del petróleo, baja del dólar e incremento de los alimentos básicos.

Desde marzo de 2003 cuando Estados Unidos y Gran Bretaña atacaron y ocuparon Iraq con el propósito de adueñarse de las reservas petrolíferas de esa nación y controlar otras de la región, los precios del crudo comenzaron una espiral indetenible que lo ha llevado de 30 dólares el barril de 159 litros, en aquella época, hasta 115 dólares en la actualidad

Resulta habitual en estos tiempos que por cualquier motivo suban los precios: bajas en las reservas del crudo en Estados Unidos, altos consumos del combustible en China, Estados Unidos e India, huracanes en el Caribe, pequeños problemas en países productores como Noruega o Nigeria, acaparamiento de los intermediarios para venderlo con mejores dividendos. Cualquier excusa es permitida.

Solo una pequeñísima suma de naciones cuenta con el preciado combustible en sus territorios o con posibilidades para su extracción, mientras cerca de 160 naciones del orbe son dependientes de las importaciones del crudo.

La depreciación del dólar que se ha cotizado esta semana a 1,5979 por euro, también apoyó la escalada del crudo, bajó el poder adquisitivo de las naciones que negocian con esa moneda y ocasionó subida en los precios de los alimentos.

Analistas consideran que el alto nivel del euro frente al dólar se debe, sobre todo, a la inquietud por la salud de la economía norteamericana y la debilidad de sus mercados

Los sectores exportadores y hasta algunos gobiernos europeos han mostrado preocupación por la apreciación del euro pues consideran que encarece sus exportaciones.

El estallido de la burbuja financiera en el sector inmobiliario de Estados Unidos mostró la fragilidad del crecimiento económico de ese país. La burbuja financiera de la informática que reventó en 2001 fue sustituida por la inmobiliaria en una demostración de que el sistema no tiene otro recurso para lograr dinamismo a corto plazo que la especulación financiera y hoy ya se habla de una recesión en la primera potencia económica mundial lo cual repercute negativamente en la mayoría de las naciones.

Las alzas en los precios del petróleo y las bajas en el poder adquisitivo del dólar, son factores que inciden negativamente en la adquisición de alimentos.

Para el economista de la FAO, José Luis Cordeu, la devaluación del dólar también influye en el encarecimiento de los alimentos pues en los últimos años, muchos inversionistas han compensado la pérdida de valor de la divisa estadounidense colocando sus capitales en el oro, los cereales, granos y aceites.

Estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) indican que el precio de los alimentos se ha encarecido 45% en los últimos nueve meses y en diciembre pasado se registró el alza de precios mensual más alta en casi 20 años.

Tres productos fundamentales experimentan a finales de 2007, incrementos exorbitantes: lácteos, 83%; aceites vegetales 60% y cereales 41% y en los tres primeros meses han continuado su camino ascendente.

Técnicos de la FAO, indican que el encarecimiento de los alimentos en el mundo se debe a varios factores como son el alza en el precio del combustible y fertilizantes; los costos de producción y transporte de los bienes agrícolas; los cambios climáticos; la creciente demanda de materias primas proveniente de Asia y la expansión del mercado de biocombustibles, (etanol) que se basa en la cosecha de maíz, trigo, cebada o caña de azúcar para producir energía en vez de alimentos.

Un estudio del Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria de Estados Unidos, señala que de mantenerse la expansión actual de biocombustibles el valor del maíz ascendería al menos 26% para el 2020, y de duplicarse la expansión de cultivos para generar energía, el alza sería de 72%.

Por citar solo dos ejemplos, en Nicaragua el costo del maíz, un producto básico de la dieta popular, se disparó 54% entre enero de 2007 y enero de 2008. Este mismo alimento fue motivo de grandes protestas en México que obligó al gobierno a intervenir para controlar el valor de venta del producto.

En El Salvador, el encarecimiento de los alimentos han motivado la caída del 50% del poder adquisitivo de los pobladores para adquirir comida, en un país donde la pobreza afecta a más del 70% de los habitantes.

Según la FAO, en América Latina más de 55 millones de personas sufren de desnutrición, mientras los pobres sobrepasan los 240 millones.

En este mundo globalizado donde impera el libre comercio y un neoliberalismo desquiciante, los altos precios de los alimentos afectan primordialmente a los países pobres que no tienen capital para adquirir los necesarios productos.

Hoy más que nunca son más reales el vaticinio que hizo el ex presidente del Banco Mundial James Wolfensohn cuando planteó en una reunión del Grupo de los 8 efectuada en el 2004 en Alemania, que «si no se resuelve el problema de la pobreza, nadie tendrá paz pues 5 000 millones de los 6 000 millones de habitantes del planeta viven en países del Tercer Mundo».