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Un caballo de Troya hecho de chatarra

Fuentes: Rebelión

El neoliberalismo es una no-doctrina, es lo contrario de una doctrina política, pues su idea central, la privatización del estado, conduce a la inutilidad de la clase política, algo así como una religión que profese la subasta de los bienes religiosos, sus edificios y sus instituciones, conducirá a la muerte de dios, según Nietzsche, un hecho consumado.

Este es el tipo de nihilismo en que nos encontramos luego de apenas cuatro décadas de neoliberalismo, donde las prioridades de cada país son gestionadas por tecnócratas que, semejantes a fontaneros de dudosa reputación, se rigen por dos principios fundamentales, Primero, ofrecer siempre una solución utópica para luego irla ajustando conforme a las circunstancias reales, igual que un fontanero, ante todo hay que mostrarse capaz de destapar cualquier gotera y sellar cualquier desagüe, o viceversa según sea el caso.

Una vez adquirido el puesto de elección popular de su preferencia, el tecnócrata debe informase sobre la naturaleza del problema que prometió resolver, ya sea consultando un chat de inteligencia artificial o, en el peor escenario, contratando un asesor.

Un aspecto importante para la gestión de toda utopía es saber manejar el presupuesto, un buen fontanero iniciará la puja con un número redondo, digamos, cien dólares. Esta cifra por supuesto varía dependiendo de la naturaleza del problema, por ejemplo, si la cuestión a resolver es la defensa militar del país, habrá que iniciar con cualquier número que termine en “…milmillonesdedólares”. Los números reales se irán aclarando con el tiempo, no hay porque preocuparse, en todo caso este primer pago se justificará más adelante con asesorías, maquetación, presentación, congresos, enlaces diplomáticos y por supuesto, honorarios personales.

Luego de establecido el contrato de la utopía el costo puede aumentar de manera infinita y el cliente se verá obligado a pagarlo si no quiere que lo abandonen con el baño inundado y los caños a medio construir. La negociación tal vez pueda acabar con la luna de miel entre el tecnócrata y el electorado, pero a cambio obtendrá un matrimonio basado en la manipulación.

De ahí en adelante todo será cuestión de administrar el problema. Si las cosas se resuelven rápidamente el fontanero cobrará igual que si hubiera sido una faena agotadora y además recibirá buenas referencias y recomendaciones por su labor puntual y efectiva. Si, por el contrario, el asunto se complica, el tecnócrata podrá enfrentar la situación con patriotismo, valor, compromiso, decisión y aumentar sus honorarios de forma considerable.

En caso de que todo salga mal, todavía queda el, Segundo principio fundamental, «A largo plazo todos estaremos muertos», una fórmula aportada por el economista ingles, John Maynard Keynes, y que en términos prácticos se traduciría a, pasar el trapeador, afirmar que el problema ha sido solucionado, alejarse sin voltear atrás y confiar en que el próximo fontanero pueda hallar un modo de repararlo.

Una vez entendidos éstos principios fundamentales, hagamos un viaje en portaaviones hasta la República islámica de Irán, estacionemos la nave cerca del estrecho de Ormuz y comencemos a proferir exigencias y amenazas groseras a los habitantes de ese país. Se siente bien ¿no es cierto? Luego de andar haciendo la paz por medio mundo sin obtener a cambio aunque sea un miserable premio nobel, uno se cansa y decide hacer la guerra, la paciencia tiene sus límites. Aunque no siempre es tan sencillo como hacer volar un ducto en el fondo del mar, y no siempre se puede mandar a un ejército extranjero por delante y dictar los objetivos desde el teléfono. Bueno, Netanyahu no opina lo mismo, él viejo zorro ha colocado a la armada norteamericana en la misma posición que los norteamericanos colocaron al ejército ucranio, no voy a describir dicha posición, baste con decir que Irán, además de poseer misiles hipersónicos que la armada norteamericana no posee, cuenta con le apoyo logístico del gigante tecnológico chino y el paraguas nuclear de la potencia nuclear rusa. Solamente un desquiciado se metería en un lío como este. No se preocupen, tenemos al hombre, Donald Trump. Hay que poner las cartas sobre la mesa, cuando ya no se tienen ases bajo la manga es necesario ver todas las opciones disponibles:

-Bombardear lanchas de pescadores.

-Imponer un 500% de aranceles.

-Lanzar la madre de todas las bombas.

-Decapitar a la cúpula.

-Adelantar la primavera…

Da igual, todas las cartas ya están destapadas, el caño está lleno de mierda y empieza a desbordar.

Veamos.

¿Cuál era el objetivo real detrás de todo el blofeo? ¿El eje de la resistencia, los misiles supersónicos, el programa atómico? ¡Pamplinas! Lo importante aquí es la junta de paz, o sea, acabar el trabajo sucio, esto pone las cosas en orden, Israel sigue siendo el proxi, EEUU controla desde la retaguardia y la armada norteamericana estaciona sus barcos frente a Irán, pues, por si acaso. ¿No pueden hacer nada ahí? ¡No hagan nada! Ese es el plan, tal vez no desde el principio, pero a partir de ahora lo es. Estamos aquí, no para comenzar una guerra, es decir, sí, para eso, pero no queremos, vamos a negociar, convocar a negociaciones bajo condiciones imposibles, amenazar con ataques y todo tipo de cosas imposibles de realizar, cubriéndolas con un poco de misterio para dejar correr la imaginación, no sé ¿Qué más? Apretar el botón rojo de vez en cuando sólo para ver si todavía prende la lucecita. No es que importe demasiado, por ahora no se muevan de ahí muchachos, estamos pensando, y ya sabes, puede que no se nos ocurra nada, da igual, mientras la flota de hojalata represente una amenaza, las exigencias del loco Donald se cumplen de facto, no habrá misiles supersónicos ni drones que estropeen la labor de limpieza sionista, todos están en standby menos Netanyahu, él sigue ensuciándose las manos. ¿Luego? Ya vendrá alguien que tenga una maldita idea.

Blog del autor: https://modernidadespeculativa.wordpress.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.