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Una lección de economía para estúpidos con humor

Valores en crisis

Fuentes: Rebelión

Creo que los estúpidos debemos iniciar un Plan de Salvamento basado en el humor. A los pobres, puede que sea tal vez la única arma que nos quede para tratar de detener la osadía de nuestros gobernantes, justo antes de la cumbre financiera que proponen Bush y Sarkozy con el loable objeto de refundar el […]

Creo que los estúpidos debemos iniciar un Plan de Salvamento basado en el humor. A los pobres, puede que sea tal vez la única arma que nos quede para tratar de detener la osadía de nuestros gobernantes, justo antes de la cumbre financiera que proponen Bush y Sarkozy con el loable objeto de refundar el capitalismo.
Porque la osadía está llegando tan lejos que sólo algunos comentarios gráficos y humorísticos están retratando la situación debidamente.

Por ejemplo, la revista El Jueves actualiza con rigor el concepto global de terrorismo; puesto que los ricos del mundo entero (muy unidos) son los nuevos terroristas. Esto lo han entendido muy bien una pareja de cómicos ingleses, John Bird y John Fortune (Juan Pájaro y Juan Fortuna) al explicar la actual crisis financiera: la solución pasa por devolver a los especuladores el dinero que han dejado de ganar (¡ojo, no perdido!) o nos amenazan con un crack como el del 29, donde lo que saldrá por la ventana serán nuestros fondos de pensiones.

Hay algunos comunistas recalcitrantes como I. Wallerstein que por un reflejo aún no gastado quieren ver sin embargo la fase terminal del capitalismo (!) en lugar de sucesivas crisis o ciclos. Parecen ignorar que no deben estar muy preocupados, cuando algunos de ellos se van de farra y se gastan 440.000 dólares en un fin de semana en tratamientos faciales, pedicura y golf, para celebrar que el gobierno ha salvado su empresa.

En especial, la mendicidad de los bancos (!) está saturando de imágenes los medios por su inevitable comparación con la hasta ahora común semblanza que teníamos del mendigo: La visión de Tasio nos retrotrae a la feliz infancia, aquella en que las huchas del Domund (Domingo mundial contra la pobreza o algo así) tenían forma de cabeza de «negrito» porque iban destinadas presuntamente (cuando no terminaban en los futbolines…o en más altas ocupaciones) a los negros del África o a los «chinitos» de China. Tasio nos sugiere una remodelación de aquellos bustos reconvertidos ex nova causa mundi en las cabezas, con o sin chistera, en todo caso, con grueso puro de los gestores del BBVA y Santander (síc).

De todas formas es imprescindible para el éxito de la lección de economía que debemos aprender tener en cuenta los fundamentos teo-económicos que el pontífice Botín acaba de pronunciar en la Conferencia de Banca Internacional, esto es urbi et orbi, desde su Ciudad Finabciera de Madrid. A saber.

1. Los ciclos existen.
2. El crédito no puede crecer indefinidamente.
3. La liquidez no siempre es abundante y barata.
4. La innovación financiera no puede hacerse a espaldas del riesgo que conlleva.

1. Vayamos, pues, con los ciclos. No sin antes advertir que el buen funcionamiento del sistema se basa en un presupuesto teológico anterior, primorosamente imprimido en los billetes de dólares USA «In God we trust». Algo así como que el crédito y con ello todas las operaciones comerciales se fundan en última instancia en la divina providencia.

Con lo cual la cadena benefactora es posible porque los bancos confían en sus clientes, sobre todo cuando se trata de grandes empresas solventes. Los créditos que les fían son por tanto very good. También es bueno que se fíen de los muchos particulares empeñados (nunca mejor dicho) en ser dueños de las casas que les cobijan, aunque cada vez necesiten más tiempo para desempeñarse. Con mucho gusto lo hacen siempre que la casa sea buena y su morador mejor, dado que así evitan el desagradable proceso de demostrar al dueño de quién es la casa y a quien protege.

Estas buenas prácticas consiguen que la economía funcione, de modo que las empresas pueden crecer en su actividad y beneficios, emplear a más trabajadores que a su vez pueden pagar sus hipotecas y gastar el resto en los productos que ellos mismo fabrican para las empresas y que éstas con la generosidad de sus sueldos permiten que disfruten. Eso sí, normalmente también con la ayuda de los bancos que muy previsores les prestan su dinero (créditos al consumo) hasta donde no les alcanza a cambio de unos interés un poquito más altos. Las entidades financieras están encantadas de proporcionar tanta felicidad por lo que todo crece. De esta pose, todos juntos de la mano, llegamos al orgasmo. (Ciclo espiritualmente alto de la economía).

2. El problema como señala el profesor Botín, aunque un poco tarde, es que el crédito no puede crecer indefinidamente. Se trata de otro principio teologal, pues a pesar de que la caridad de estos nuestros benefactores es grande, no es infinita. Además ocurre que el circuito se recalienta por exceso de sobeo del verde papel de ida y vuelta.. La intervención del Estado a menudo también contribuye, formando un guirigay muy confuso donde todos acuden a todas partes. Los gestores públicos invierten sus excesos de tesorería en Bolsa, cuando no los mismos superávits de la caja de la Seguridad Social. Incluso los obispos franceses se dejan altruistamente 600.000 euros en esos místicos mercados. Aquí no por supuesto, a no ser por un degenerado como ése de Gescartera.

Así que los bancos ya no saben de dónde sacar tanto dinero para tanta gente que parece necesitarlo. Pero no pasa nada: sobra liquidez. Y muy barata. Los bancos se prestan el dinero entre ellos como buenos amigos, y aunque no se conozcan, ya esté uno en Hawai y el otro en Madagascar. La deuda pública es obsoleta, salvo para algunos mayores. No pasa nada, el Estado rasca también del festín vía impuestos, tasas, licencias (a veces cobradas por ediles muy licenciosos), etc. por todos los lados. Galbraith debió contar algo de esto en su «Breve historia de la euforia financiera».

3. La liquidez no siempre es abundante y barata. Palabra de Botín. Efectivamente, a veces el grifo se cierra que diría un simple fontanero. O de lo contrario, si el preciado líquido es tan barato se malgasta y revienta. Venga a pedir el dinero en cualquier parte, vender, comprar, yo que sé, es la globalización. Hasta los beneficios no siguen creciendo infinitamente, siendo eso lo que no se puede permitir, por lo que ha llegado el momento de los más listos.

La hora de la alta ingeniería financiera. La pareja del show «The last laugh» (la última sonrisa) antes citada, John Bird y John Fortune, lo explican muy bien a cerca de los Hedge Funds, en particular, las tristemente célebres hipotecas subprime. Resumidamente se basan en la búsqueda de activos buenos (cubiertos) allí donde metafísicamente no los hay. No pasa nada. Para eso están los SIV (leyendo de atrás para adelante, como debe hacerse, «vehículos de inversión estructurada»), capaces de incluir en el sistema a población desestructurada como los negros de Alabama y sus ruinosas mansiones. Esta audaz operación sin complejos y transgresora de todas las barreras sociales es posible porque al otro lado del hilo telefónico se encuentra un joven idealista de Tokyo que compra al amigo americano lo que le ofrece sin más preguntas y sin regatear, puesto que es de mala educación. Tan exitosas acciones cotizan muy alto en Wall Street bajo el bien hallado nombre de «Fondos Estratégicos de Crédito Estructurado de Alta Gama». ¿Qué ocurre cuando a algún estúpido le da por simplicarlo en Fondo del Negro Desempleado? A estos artistas nada, puesto que ya se han forrado. Tampoco a los finos analistas que cobraron una buena pasta por sus rigurosos informes. Será Papá Estado quien inyecte liquidez, 3, 2 billones por ejemplo a Bear Stearns y tal vez sea poco. Como dicen Mr. Pájaro y Mr. Fortuna hay que pagar rápidamente a estos honrados especuladores para recompensar «el ingenio del mercado»en palabras del primer ministro británico, o traducido más paladinamente, si no queremos que nuestros fondos de pensiones se vayan a la m. ¿Y quién fue el majadero que habló de terrorismo?

4. La innovación financiera no puede hacerse a espaldas del riesgo que conlleva. Cuánta razón llevas querido Botín, con mayúsculas. De esta terrible manera hemos llegado al final del ciclo. Los activos antaño tan buenos ahora son tóxicos, qué digo tóxicos, radioactivos, peor aún, caca (y de negro). Resulta que en cosa de nada los bancos se espantan por el olor (no importan los miles de kilómetros). No están acostumbrados a aromas naturales, incluso entre ellos se huelen mal, no hay disimulo ni eau de Dior, por lo que no se juntan y menos se prestan de nada. Vamos, como que no se fían. Entonces, qué va a ser de las grandes y pobres empresas que se sienten ahogadas financieramente, que es la peor de las axfisias. Sus ventas caen, Zapatero aún no te has «enterao», es la crisis! (Por favor deja de leer a Jeffrey, «El fin de la pobreza», qué sarcasmo, cómo nos vamos a acordar ahora de los pobres cuando más aumentan y lo están pasando mucho peor los más ricos).
A todo esto, los particulares ven bajar el valor tan querido de su vivienda, no tienen ya quien les preste y lo peor de todo, dado que la actividad decrece, el paro aumenta y envenena el sano activo de su banco. Un crimen que merece castigo. La riqueza se ha esfumado debido a lo que los entendidos llaman volatilidad. Es el «sentimiento del mercado» ofendido. Es posible que Merrill Lynch, lejos de ser linchado por las subprime, se haya comido ya 117 millones de euros.
Qué poderosa razón tiene el señor Botín: no se debe premiar a los irresponsables, a los incompetentes y sobre todo a los ladrones que lo han bien trincado. Él no, sus bolsillos ligeros….claro para afanar más, no te jode!

Entonces, nos damos cuenta de que la solvencia no es suficiente, ya que de de la noche a la mañana puede intoxicarse. Los depósitos bancarios deben aumentar. Toda capitalización es poca. Más madera, digo inyectemos más liquidez, eso es, se trata de liquidez. Pero hemos devastado nuestros acuíferos. Emitamos más deuda pública para que nuestro Tesoro abastezca el sistema. ¿Y dónde están los bancos centrales? Muy lejos, amigos, ahora el centro es Frankfurt, Berlin y quieren hacernos pagar nuestros pecados de nuevos ricos. ¿Y a qué precio les vendemos la deuda a nuestras axfisiadas empresas? Si los humoristas callan, no será muy alto. Además, no debemos joderlos por insensatos que hallan sido o acabarán comprando mejor la propia deuda con la que nosotros queremos pagarlos. Sí, esta economía anda muy mezclada. Para eso Bush y Sarko van a refundar el capitalismo. Mientras, ya venderemos las letras de nuestro Tesoro al pardillo extranjero. In Spain we trust. Eso es, o de lo contrario, será we crash! Bueno, nosotros no. Ah, ya, gracias, por ese pequeño matiz.

En fin, no se preocupen por la salud del capitalista, quiero decir, del capitalismo. Para el presidente de la CEOE no es más que «un paréntesis en la economía de mercado». La voracidad del sistema sigue intacta, el hambre mundial que se eliminaría con unas pocas de esas inyecciones también.

Ayudemos a refundar el capitalismo a los ricos de la tierra. Acudid por favor todos los humoristas de la tierra. Hasta el espectro de Manuel Vázquez Montalbán ha dicho: «the last laugh (la última risa) es queridos, Bird y Fortune, que los que roban a media Humanidad vengan ahora a pedir ayuda a papá Estado».

Estos jerarcas subordinados a más altos intereses están invirtiendo, pues, todas las palabras, todos los valores. Todo aquello que tanta lucha costó alcanzar lo están poniendo a su servicio. No les dejemos solos.