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Venceremos [ We Shall Overcome]: Una hora con Pete Seeger

Fuentes: Democracy Now!

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

 

Hoy pasaremos esta hora con el legendario cantante «folk», tocador de banjo, narrador de historias y activista Pete Seeger. Durante más de 60 años, Pete Seeger ha sido un icono estadounidense. En los años se presentó en los Almanac Singers con Woody Guthrie así como con los Weavers. En los años cincuenta, se opuso a la caza de brujas del senador Joseph McCarthy y casi fue encarcelado por negarse a responder a preguntas ante el Comité de Actividades Anti-[US] americanas de la Cámara. Ayudó a popularizar el himno del movimiento por los derechos civiles «»We Shall Overcome» [Venceremos]. En los años sesenta, fue un crítico elocuente de la Guerra de Vietnam e inspiró a una generación de cantantes de protesta. Más adelante estuvo al centro de los movimientos ecologistas y antinucleares. A la edad de 87, Pete Seeger sigue cantando y en actividad política.

 

En 2004 grabó una canción sobre la guerra de Iraq llamada «Bring Them Home» [Traedlos a casa]. En la canción se le sumaron Ani DiFranco, Steve Earle y Billy Bragg.

 

Y su música sigue emocionando a los oyentes. Bruce Springsteen rindió tributo a Pete Seeger al estrenar «We Shall Overcome: The Seeger Sessions.» El álbum incluye una colección de canciones que fueron cantadas por Seeger.

 

En 2004, Pete Seeger se juntó con nosotros en nuestro estudio Firehouse para hablar de su vida y cantar algunas canciones. Comencé por preguntarle sobre su infancia.

 

TRANSCRIPCIÓN SIN EDITAR

 

 

CANCIÓN: Si amáis a este país de los libres,

traedlos a casa, traedlos a casa.

Traed a todos los soldados de vuelta de ultramar,

traedlos a casa, traedlos a casa.

Los generales sufrirán, lo sé,

traedlos a casa, traedlos a casa.

Quieren liarse con el enemigo,

traedlos a casa, traedlos a casa.

 

PETE SEEGER: Mi padre fue profesor de musicología. Mi madre fue una excelente violinista. Su madre quisiera que saliera de gira y diera conciertos, pero ella dijo: «No tengo el físico para hacerlo, viajar todo el tiempo y vivir en hoteles; Voy a criar una familia.» Tuve dos hermanos mayores y nací en 1919, aquí en Nueva York. Pero mis abuelos tenían una granja en la parte norte del Estado, y eso es lo que recuerdo, acampando afuera en el granero y nadando en el arroyo local. Y puse de una carpa de cuero en el apacentadero de las vacas. Tuve que colocar una valla alrededor para que las vacas no la aplastaran. Fui un gran admirador de los estadounidenses nativos.

 

¿Oíste hablar alguna vez de Ernest Thompson Seton? Escribió libros sobre los estadounidenses nativos. Dijo: «Si buscas ejemplos, no vayas a Europa. Aquí mismo hubo hombres que fueron fuertes y mujeres que fueron fuertes, y cooperaban. Si había comida, todos la compartían; si no había comida, todos, incluyendo al jefe y a su familia, pasaban hambre.» Y ésa debía ser la manera como hay que vivir.

 

AMY GOODMAN: ¿Tus dos padres enseñaron en Juilliard?

 

PETE SEEGER: Sí.

 

AMY GOODMAN: ¿Y tu padre también enseñó en la Universidad de California, Berkeley?

 

PETE SEEGER: Bueno, originalmente estuvo a cargo del departamento de música a la joven edad de 24, el titular de cátedra más joven de la universidad. Pero llegó la Primera Guerra Mundial, y se había radicalizado, como tiende a hacer la gente cuando va a Berkeley, e hizo discursos contra la guerra imperialista. Mi madre dijo: «¿No te puedes callar la boca? Y él dijo: «Pero algo está mal, hay que pronunciarse al respecto.» La antigua idea de Nueva Inglaterra, se origina en Sam Adams, y antes de eso, supongo. Bueno, lo despidieron. Más tarde, cuando vino la crisis del 29 – el matrimonio se había roto – se casó con una joven, extraordinaria, compositora llamada Ruth Crawford y tuvo cuadro hijos más.

 

Pero él, en esos tempranos días, se vinculó al movimiento comunista. Él y Aaron Copland y Henry Cowell y Marc Blitzstein. Tuvieron un asunto que llamaron el Colectivo de Compositores. Después de todo, en Rusia tenían colectivos de esto y aquello. Y allí, decidieron, como músicos experimentados, que compondrían la nueva música para la nueva sociedad. Bueno, sus intentos fueron ridículos. Aaron Copland puso en música un poema de Alfred Hayes, el mismo que escribió «Joe Hill» — «Into the Streets May 1st» [A las calles el Primero de Mayo]. Pero sólo un cantante muy experto podía cantarlo, un tremendo registro, y sólo un pianista muy experto podía acompañarlo adecuadamente. Desde luego, ningún proletario llegó a cantarlo.

 

AMY GOODMAN: Así que tuvieron una filosofía interesante al educarte. ¿Tu madre quería enseñarte música formalmente, y tu papá dijo: «No, se la arruinarás.»?

 

PETE SEEGER: Bueno, mi padre dijo: «Deja que Peter se divierta. Veremos qué pasa.» Y creo que sentía curiosidad porque sabía que me gustaba la música. Mi madre simplemente abandonaba instrumentos por toda la casa. Así que yo podía darle a un piano o a un órgano o a una marimba, a un acordeón o a un flautín o a un arpa automática. Y a los siete me dieron un ukulele, y desde entonces me han gustado los instrumentos trasteados. En el colegio secundario entré a la banda de jazz. Y luego, unos pocos años después, mi padre me llevó a un festival de square dance en las Southern Mountains, y de repente me di cuenta de que en mi país existía por todas partes una riqueza musical que nunca se escuchaba en la radio: música de los viejos tiempos, la llamaba mi hermano – y pienso que es un nombre mejor que música «folk». Según dónde se está, se escuchan diferentes tipos de música de los viejos tiempos. Y todavía siento que me gustaría que a la gente no olvidara las antiguas canciones al mismo tiempo que se crean nuevas canciones.

 

AMY GOODMAN: ¿Recuerdas algunas de las canciones que escuchaste entonces?

 

PETE SEEGER: ¡Oh! Dios mío, claro que sí.

AMY GOODMAN: ¿Que te gustaría tocar ahora?

 

PETE SEEGER: No puedo tocarlas. Mis dedos están congelados, y en realidad mi voz, lo oyes, ya no puede cantar. Lo que hago estos días, es conseguir que el público cante contigo. Si canto para niños, sobra decirlo, digo: «Chicos, todos conocéis esta canción. Si no es así, la conoceréis en un minuto. «Llegará de la montaña, cuando llegue. ¡Tut! ¡Tut!» Diría: ¿No podéis entender el tut? ¡tut! ¡tut!» Bueno, bastante rápido todos lo harán. «Llegará de la montaña, cuando llegue. ¡Tut! ¡Tut!» Y el último verso es cumulativo, así que repites todo lo anterior. ¡Llevará pijamas rojos, cuando llegue! ¡Ara! ¡Ara! ¡Llevará pijamas rojos, cuando llegue! ¡Ara! ¡Ara! Llevará pijamas rojos, llevará pijamas rojos. llevará pijamas rojos, cuando llegue. ¡Ara! ¡Ara! ¡Hoink-shu! ¡Yum! ¡Yum! ¡Hola, Baby! ¡Pobre, atrás! ¡Tut! ¡Tut!» E incluso si los chicos nunca hubieran oído la canción antes, la harían conmigo.

 

AMY GOODMAN: No ibas a ser siempre músico, incluso si tenías instrumentos por tu casa y los tocabas.

 

PETE SEEGER: Oh, dirigí periódicos escolares durante seis años. A los 12, recuerdo que los vendía por un centavo. En la escuela siguiente descubrí que tenían un mimeógrafo. Y traté de lustrar zapatos para ganar un poco de dinero extra, porque mis padres no me daban prácticamente ninguna mesada, pero eso fue algo lento. Y cuando descubrí que podía usar el mimeógrafo de la escuela, comencé a juntar noticias, a mecanografiar los esténciles, vendía la copia por cinco centavos y me guardaba el dinero. Libre empresa. Descubrí años más tarde que por eso me permitían que me quedara en la escuela, porque la señora que pagaba las cuentas gustaba de mi pequeño periódico, le pasaba toda la suciedad, todos los rumores. E incluso en el colegio, Arthur Kinoy y yo fuimos coeditores del Harvard Progressive.

 

AMY GOODMAN: Pero no te quedaste en Harvard. No te graduaste allí.

 

PETE SEEGER: No, me desilusionó la universidad. Fui a ver a uno de los profesores. Le dije: «¿Tiene que usar palabras tan largas?» Y como que se sonrió con suficiencia y dijo: «Bueno, tienes que impresionar a la gente.» Bueno, él pensó que era un chiste. Pero yo no pensé que era un chiste, no lo sentí cuando me fui. A mis padres se les había acabado el dinero Me interesó demasiado la política y dejé que mis notas bajaran, así que perdí mi beca. Sin una beca, no me podía quedar.

 

AMY GOODMAN: Pete, viajaste por el sur con Alan Lomax, y con un montón de gente cuyos nombres pueden no ser conocidos.

 

PETE SEEGER: Alan Lomax era hijo de un tipo de Texas que coleccionó canciones de vaqueros hace cien años. Y por eso conocemos «Home on the Range» y otras canciones parecidas, «Whoopee Ti Yi Yo.» Y en 1908, consiguió que el presidente Roosevelt, Theodore Roosevelt, escribiera un breve prólogo para su libro de canciones vaqueras.

 

Treinta años después, tuvo un hijo, y Alan tenía sólo 22 años, su padre lo hizo instalar como curador del Archivo de la Canción «Folk» Estadounidense en la Biblioteca del Congreso, y Alan hizo en unos pocos años lo a que otros les costaría una vida. Con extrema seguridad en sí mismo llamó al jefe de Columbia Radio y le dijo: Ustedes tienen una escuela en el aire, ¿por qué no pasan un año aprendiendo de la música «folk» estadounidense? Y la sinfónica de Columbia puede tocar la música, después de escuchar a algún viejo carraspeando la vieja balada. Y si no pudiera encontrar a un viejo, me tenía a mí, joven de 19 y 20. Y todavía canto algunas de las canciones que aprendí entonces.

 

«Está anunciado en Boston, Nueva York y Buffalo,

quinientos estadounidenses valientes, buscando acción,

cantando: soplad vientos matutinos, soplad vientos, ¡hey, ho!

Sácate los zapatos para correr, y sopla, sopla, sopla.

 

Entrevistó a la mujer que coleccionó esa canción cuando era una adolescente que navegaba en el barco ballenero de su padre en el Siglo XIX. Ahora, anciana, publicó un hermoso libro: «Canciones de marinos estadounidenses.» Su nombre era Joanna Colcord era su nombre, así que la entrevista, hace que yo cante una canción, y luego la orquesta sinfónica la toca.

 

Bueno, Alan me inició, y a muchos otros. Es el hombre que dijo a Woody Guthrie: «Woody Guthrie, tu misión en la vida es escribir canciones. No dejes que nada te distraiga. Eres como la gente que escribió las baladas de Robin Hood y la balada de Jesse James. Escribe baladas siempre que puedas.» Y Woody lo tomó en serio. No fue un buen esposo. Siempre se escapaba, pero escribió canciones, como sabes.

 

AMY GOODMAN: ¿Recuerdas cuando encontraste por primera vez a Woody Guthrie?

 

PETE SEEGER: ¡Oh sí! Nunca lo olvidaré. Fue un concierto de beneficio para trabajadores agrícolas de California en Broadway a medianoche. Estaba Burl Ives, el Golden Gate Quartet, Josh White, Leadbelly, Margo Mayo Square Dance Group, y mi mujer bailaba con ellos. Yo canté una canción en forma muy aficionada y me retiré confundido en medio de unos pocos aplausos corteses.

 

Pero Woody se hizo cargo y durante 20 minutos extasió a todos, no sólo con canciones, sino con historias. «Vengo de Oklahoma, ¿sabéis? Es un Estado rico. ¿Queréis algo de petróleo? Id al campo. Buscad un agujero. Buscad más petróleo. Si queréis plomo, tenemos plomo en Oklahoma. Bajad por un agujero y conseguid algo de plomo. ¿Queréis carbón? Tenemos carbón en Oklahoma. Bajad por un agujero, y conseguid algo de carbón. Si queréis alimento, ropa o dulces, bajad al agujero y quedaos allí.» Y luego cantaba una canción.

 

AMY GOODMAN: ¿Cuando formaste los Weavers?

 

PETE SEEGER: Fue después de la Segunda Guerra Mundial. Lee Hays de Arkansas y su compañero de pieza Millard Lampell y yo comenzamos un grupo llamado los Almanacs. Y yo escribí a Woody, y dije: «Woody estamos cantando para sindicatos por todas partes. Ven y únete a nosotros. Estamos en Madison Square Garden cantando para los trabajadores del transporte en huelga.» Y así Woody, una vez más, abandonó a su mujer, vino y se unió a nosotros. Pero Woody solía decir: «Los Almanacs son el único grupo que yo conozca que ensaya en el escenario.» Estábamos muy mal organizados. Y después de la Segunda Guerra Mundial, Lee me dice: «Pete, ¿crees que podríamos comenzar un grupo que realmente ensaye?»

 

Y tuvimos la suerte de encontrar a una de los mejores cantantes del mundo: Ronnie Gilbert. Tenía poco más de veinte años, una hermosa voz de contralto. Yo tenía que acercarme a 5 centímetros del micrófono. Ella podía estar a medio metro del micrófono, y ahogaba mi voz. Ella enfrentaba a tres hombres de fuertes voces, los cuatro, sin embargo, estuvimos a punto de desintegrarnos cuando hicimos lo impensable. Conseguimos trabajo en un club nocturno.

 

Bueno, un pequeño sitio en Greenwich Village, todavía está ahí el Village Vanguard. Y el propietario nos pagó – primero no me quería. Dijo: «No puedo pagar un cuarteto. Te pagaré a ti. Te pagaré 200 dólares, como lo hice hace dos años.» Yo dije: «Bueno, ¿y si todos los cuatro estuviéramos dispuestos a aceptar 200 dólares?» Era poco, incluso entonces, Y él se rió, y dijo: «Bueno, si queréis.» Y conseguimos 200 dólares y hamburguesas gratis, hasta que un mes más tarde llegó y vio el tamaño de las hamburguesas que yo estaba preparando. Dijo: «Aumentémoslo a 250 dólares y no hay más hamburguesas gratis.»

 

Y nos quedamos seis meses. Cerca del fin, encontramos a un extraordinario jefe de banda, Gordon Jenkins, al que le encantaba nuestra música y que nos hizo firmar con Decca, y tuvimos un disco llamado «Tzena, Tzena, Tzena,» y al otro lado, el lado B – había un disco – «Irene,» buenas noches, que subió al número uno, y durante tres meses permaneció arriba en la escala de éxitos. Fue la canción más vendida desde la Segunda Guerra Mundial, y –

 

AMY GOODMAN: ¿Puedes contarnos más sobre «Irene»?

 

PETE SEEGER: Bueno, era la canción, el tema musical del gran cantante negro, Leadbelly. Murió en 1949, y si sólo hubiera vivido otros 6 meses, habría visto su canción por todo EE.UU. Era una canción vieja, vieja. Simplemente la había cambiado y modificado, agregado algunos versos y cambiado la melodía, lo que mi padre llamaba el «proceso folk» pero que sucede con todos los tipos de música. En realidad, con toda la cultura, se podría decir. Los abogados adaptan leyes antiguas para ajustarlas a ciudadanos nuevos. Los cocineros adaptan recetas antiguas para que gusten a estómagos nuevos.

 

En todo caso, aprendí esa guitarra de 12 cuerdas de Leadbelly. Una cuerda alta y una cuerda baja juntas, pero tocadas juntas para dar un nuevo tono. Y la canción que realmente quisiera cantarte – siempre vuelvo a ella – ya no la canto. Doy las palabras al público y ellos la cantan. Dice: «Conocéis esta canción. Para todo: gira, gira, gira, hay una estación. Cantadla.» Y todo el público canta: «Gira, gira, gira. Hay una estación. Y un tiempo. Un tiempo para todo bajo el sol. Un tiempo para nacer, un tiempo para morir. Cantadlo. Y un tiempo para todo bajo el sol. Un tiempo para nacer, un tiempo para morir. Cantadlo. Un tiempo para nacer, un tiempo para plantar, para cosechar. Un tiempo para plantar, un tiempo para matar, para curar. Un tiempo para matar, un tiempo para reír, para llorar. Un tiempo para reír, un tiempo para.» –

 

Sabes, esas palabras tienen 2.256 años. No sabía que en aquel entonces, Julius Lester, un viejo amigo mío, es un – no sé si lo conoces – es un hombre negro que es oficialmente judío. Lo fascinó la Biblia. Le pregunté: «¿Cuándo escribieron esas palabras?» Él dice: «Bueno, el nombre del hombre fue Kohelet, lo que quiere decir «convocador,» alguien que llama a la gente para que se junte y poder hablarle. En la traducción griega, lo llamaron Eclesiastés, y todavía está en la Biblia del Rey Jaime. Y es un tipo de poesía, que es griega. Los griegos tenían una palabra para ella, anáfora, y significa que comienzas una línea con una palabra o una frase. No tiene que tener rima al final de la línea, pero tienes – se convierte en poesía por la forma en la que está organizada.

 

Bueno, no me di cuenta de que me gustaron las palabras, pero me doy cuenta ahora. Son tal vez algunas de las palabras de importancia más fundamental que alguien pudiera aprender. Ves, tú y yo, descendemos todos de asesinos, buenos asesinos. Los que no fueron buenos asesinos no tuvieron descendientes. Pero descendemos de buenos asesinos. Durante millones de años nuestros antepasados fueron buenos asesinos. Dicen que si no lo hubieran sido, no estaríamos aquí hoy. Ahora es un nuevo período. En otras palabras, es hora, se podría decir, la raza humana necesitaba buenos asesinos. Ahora, si no cambiamos nuestra manera de pensar, no habrá raza humana, porque la ciencia actúa de modo muy irresponsable – oh, toda información es buena. Ja, ja, ja,. No se dan cuenta de que alguna información es muy importante, alguna, francamente, olvídala hasta que solucionemos algunos otros problemas. Einstein fue la primera persona que lo dijo; todo ha cambiado, excepto nuestra manera de pensar. Y tenemos que encontrar la manera de cambiar nuestro modo de pensar.

 

El deporte puede lograrlo. Las artes pueden lograrlo. La cocina puede lograrlo. Toda clase de buenas obras pueden lograrlo. Las sonrisas pueden lograrlo. Y tengo la opinión ahora de que si la raza humana lo logra – digo que tenemos una posibilidad de 50-50 – si la raza humana lo logra, habrá mujeres trabajando con niños, las dos inmensas clases oprimidas en la raza humana. Niños, haciendo lo que los adultos dicen que deben hacer, y a pesar de eso son ellos los que van a tener que pagar por nuestros errores. Van a tener que limpiar el entorno, que había sido llenado de productos químicos, el aire lleno de productos químicos, el agua repleta de productos químicos, el océano repleto de productos químicos. Y van a tener que limpiarlo. Y pienso que serán mujeres trabajando con niños los que harán ese trabajo. En millones de maneras, tal vez en tu ciudad natal. En mi ciudad estamos iniciando un proyecto para colocar una piscina flotante en el Hudson, porque ahora el Hudson está suficientemente limpio como para nadar. Vamos a nadar en él. Y si funciona en nuestra pequeña ciudad, tal vez otras ciudades harán lo mismo. En realidad esta idea de la piscina – es como una gran red en el agua.

 

Así que, confieso que ahora me siento más optimista que hace 58 años, 59 años, cuando fue lanzada la bomba atómica.

 

AMY GOODMAN: Pete Seeger aquí en Democracy Now! Vuelvo en un minuto.

 

[pausa]

 

AMY GOODMANL: Pete Seeger aquí en Democracy Now!, democracynow.org, el Informe de Guerra y Paz- Soy Amy Goodman. También se nos suma en nuestro estudio Jim Musselman, fundador de Appleseed Records.

 

AMY GOODMAN: Justo antes de que fuera lanzada la bomba atómica, serviste en la Segunda Guerra Mundial. ¿Fuiste soldado?

 

PETE SEEGER: Primero quise ser mecánico en la Fuerza Aérea. Pensé que sería algo interesante. Pero entonces la Inteligencia Militar se interesó por mi posición política. Mi equipo se fue a la gloria y la muerte, y yo me quedé ahí en Kiesler Field, Mississippi, recogiendo colillas de cigarrillos durante seis meses. Finalmente me lo dijeron, sí, me habían estado investigando, abriendo todo mi correo.

 

Finalmente me dieron permiso para ir a ultramar, en lo que llaman un «Equipo de Servicio Especial.» Y mi pequeña compañía fue a la isla de Saipán en el Pacífico Occidental. Vic Wertz, el jugador en campo abierto de Detroit, su tarea era establecer equipos de softball en toda la isla. Y había algunos buenos reporteros. Su trabajo era establecer periódicos mimeografiados en los batallones en toda la isla. Teníamos proyectores de cine, y establecieron cines de 16 mm. en toda la isla, isla pequeña, de 20 kilómetros de largo.

 

Y me dieron el trabajo de animador de hospitales, y me metí en un jeep y fui dando tumbos por toda la isla y coloqué un aviso en los carteles de anuncios. «Si puedes entretener de alguna manera, música o chistes, lo que sea, llama este número. Hay miles de hombres de vuelta de Iwo Jima y Okinawa, y necesitan que los diviertan un poco.» E inscribí cuartetos de gospel y bandas de instrumentos de cuerdas y combos de jazz y magos, y a veces me unía a ellos. Recuerdo que había trabajadores forzados coreanos en la isla, y obtuve permiso de uno de sus maestros para llevarlos por los pabellones. Iban repiqueteando con sus sandalias de madera. Y usualmente después de las primeras notas, aparecían sonrisas sobre las caras de los soldados. Los chicos cantaban todos himnos protestantes en coreano.

 

AMY GOODMAN: Pete Seeger, cuando volviste, te siguieron investigando.

 

PETE SEEGER: Bueno, he supuesto durante la mayor parte de mi vida que si no había un micrófono bajo la cama, estaban interviniendo el teléfono de vez en cuando y abriendo mi correo de vez en cuando. ¿Quién sabe?

 

AMY GOODMAN: Pero hubo más que eso, ¿no es así?

 

PETE SEEGER: Bueno, a veces piqueteaban, pero, sabes, era una locura porque todo lo que lograban era vender más entradas. Recuerdo que no se vendió por completo un concierto. Mi manager dijo: «Pete, deberíamos haber conseguido que los de la Sociedad Birch te piqueteen. Entonces se habrían agotado las entradas.»

 

AMY GOODMAN: Estoy mirando una transcripción del Comité de Actividad anti-[US]americanas de la Cámara, del 18 de agosto de 1955, cuando comenzaron por decir, Mr. Taverner dijo: «¿Cuándo y dónde nació usted, señor Seeger?» Realmente respondiste esa pregunta.

 

PETE SEEGER: Bueno, desearía que hubiera sido más – que hubiese dicho más. Sólo hice lo que me dijo mi abogado, un tipo muy bueno: «No trate de contrariarlos. Simplemente no responda a esas preguntas, porque si usted responde a este tipo de preguntas, va a tener que responder más preguntas. Simplemente diga que no piensa que sea legal.» Bueno, dije: «Pienso que tengo derecho a mi opinión, y que usted tiene derecho a su opinión. Punto final.»

 

Y así, terminaron por sentenciarme a un año en la cárcel, pero mi abogado me sacó bajo fianza. Estuve en la cárcel sólo cuatro horas, y aprendí una canción «folk». Nos sirvieron almuerzo, una tajada de pan y una tajada de mortadela, y una manzana, y el hombre a mi lado cantaba: «Si ese juez cree lo que digo, me voy hoy a casa.» El hombre a su lado dijo: «No así si ve tu historial, no te irás.» Pero ésa es una antigua melodía africana, sabes. Está en muchas, muchas canciones «folk» afro-[US]americanas.

 

AMY GOODMAN: Jim Musselman, antiguo amigo y productor de discos de Pete Seeger, este –

 

JIM MUSSELMAN: Correcto. Sólo quería invocar una cosa que tiene que ver con la era McCarthy y Pete. Básicamente fue uno de los pocos que invocó la Primera Enmienda ante el Comité McCarthy. Todos los demás eligieron la Quinta Enmienda, la correcta sobre la auto-incriminación, y luego fueron despedidos. Lo que Pete, hizo, junto con otra gente muy fuerte fue que tuvo el valor y la fortaleza interna para enfrentarse al comité y decir: «Voy a invocar la Primera Enmienda, el derecho a la libertad de asociación.»

 

Y en realidad yo estaba en la escuela de derecho cuando leí el caso de Seeger contra EE.UU., y realmente cambió mi vida, porque vi el coraje de lo que había hecho y lo que otros habían hecho al invocar la Primera Enmienda, diciendo: «Somos todos estadounidenses. Podemos asociarnos con quienquiera queramos, y no importa con quién nos asociamos.» Es lo que los fundadores de la nación querían que fuera la democracia. Así que realmente sólo pensé que es una parte importante de la historia que la gente debe recordar.

 

AMY GOODMAN: Ahora bien, ¿te sentenciaron a un año de cárcel?

 

PETE SEEGER: Y un año después la corte de apelaciones me absolvió. Irónicamente – las contradicciones de la vida siguen sorprendiéndome – el juez que me absolvió, el juez jefe – había tres jueces – había sido Irving Kaufman, el hombre que sentenció a los Rosenberg a la silla eléctrica diez años antes. Pero me absolvió. Dijo: «No nos sentimos inclinados a desechar a la ligera acusaciones de inconstitucionalidad, aunque puedan ser hechas por gente indigna de nuestro respeto.»

 

Sin embargo, pienso que – tanto mi mujer y yo pensamos que tenemos la suerte de estar vivos y la suerte de tener buenas relaciones con nuestros vecinos, y en la pequeña ciudad en la que vivimos, la gente grita: «¡Hola Pete! ¡Hola Toshi!» – quisiera – quisiera poder vivir otros veinte años sólo para ver las cosas que están sucediendo porque creo que mujeres trabajando con niños harán que los hombres se den cuenta de lo demencial que es buscar el poder y la gloria y el dinero en tu vida. ¡Qué locura! Estamos aquí –

 

Hay un político en mi ciudad, un tipo muy agradable. Solía ser representante sindical en la fábrica local, pero durante veinte años representó a nuestra ciudad en la legislatura del distrito. Y dijo: «Pete, si no creces, te mueres.» A la una de la mañana, me senté en mi cama y pensé en la pregunta siguiente. Si eso es verdad, si no creces te mueres, ¿no significa que mientras más rápido creces, más rápido te mueres? Nadie encara esa pregunta, pero es definitivamente verdad. Ahora, el primer paso para solucionar un problema es admitir que existe. Luego podemos discutir sobre los caminos para resolverlo.

 

Supongo que una persona dirá. «Bueno, dejen que unos pocos tengan billones de dólares y que el resto de la gente haga obedientemente el trabajo, y los que están a cargo se ocuparán de que todo se haga bien.» Por otra parte, creo que lo que decía la Declaración de Independencia vale ahora, igual que entonces. Esas grandes líneas, fueron escritas por Ben Franklin, sabes, no Jefferson: «Nosotros mantenemos que las siguientes Verdades son evidentes en sí mismas, que Todos los Hombres fueron creados iguales, que ellos están dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, que entre esos está la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad -que para asegurar esos derechos, se instituyen Gobiernos entre los hombres, que derivan sus poderes del Consentimiento de los Gobernados- que cuando quiera que cualquier Forma de Gobierno se haga destructiva de estos Fines, es el Derecho del Pueblo, de alterarla o abolirla, e instituir un nuevo Gobierno…»

 

AMY GOODMAN: Pete Seeger, ¿puedes hablarnos de «We Shall Overcome»?

 

PETE SEEGER: Pensé, en 1946, cuando la aprendí de una mujer blanca que enseñaba en una escuela sindical, la Highlander Folk School en Tennessee, que la canción había sido compuesta en 1946 por trabajadores tabacaleros, porque la cantaron allí en una huelga durante el invierno de 1946 en Charleston, Carolina del Sur, y le enseñaron la canción a Zilphia Horton, la maestra en la escuela sindical, y ella dijo: «Oh, era mi canción favorita.» Y yo la imprimí en nuestra pequeña revista en Nueva York People’s Songs, como «We Will Overcome» en 1947.

 

Fue un amigo mío, Guy Carawan, el que la hizo famosa. Escogió mi manera de cantarla, «We Shall Overcome,» aunque había otra maestra, Septima Clark, una mujer negra. Ella pensó que «shall» – como yo, ella pensó que abría mejor la boca que «will,» así que ésa es la manera como la cantó. En todo caso, Guy Carawan la enseñó en 1960 a los jóvenes en la convención fundadora de SNCC, Student Non-Violent Coordinating Committee [Comité de Coordinación Estudiantil No-Violento]. Y un mes después, ya no era una canción, era la canción, en todo el sur.

 

Hace sólo dos años, recibí una carta de un profesor en Pensilvania, que descubrió una edición del United Mine Workers Journal [Diario de los Trabajadores Mineros Unidos] de febrero de 1909, y una carta en su primera plana dice: «El año pasado en una huelga, abrimos cada reunión con una oración, y el canto de esa buena canción antigua: ‘We Will Overcome.'» Así que es probablemente una versión sindical de fines del Siglo XIX de una canción gospel bien conocida. «I’ll overcome, I’ll overcome, I’ll overcome some day.» Venceré, venceré, venceré algún día.

 

AMY GOODMAN: ¿La cantaste para Martin Luther King?

 

PETE SEEGER: En 1957, Fui a Highlander. Zilphia había muerto, y Miles Horton, su esposo, dijo: «No podemos celebrar 25 años en esta escuela sin música. ¿No podrías venir y ayudar a dirigir algunas canciones?» Así que fui, y el doctor King y el reverendo Abernathy llegaron desde Alabama para decir unas pocas palabras, y canté unas pocas canciones, y era una de ellas. Ann Braden condujo a King a hacer un discurso en Kentucky el día siguiente; y recuerda que iba sentado en el asiento trasero y dijo: «‘We Shall Overcome.’ Esa canción de verdad se te pega, ¿no es cierto?» Pero no fue el que dirigió la canción. Recién tres años después Guy Carawan la hizo famosa.

 

AMY GOODMAN: Jim Musselman, ¿quiere agregar algo?

 

JIM MUSSELMAN: Sí, sólo quería interponer una cosa. Pete ha dicho siempre que la belleza de una canción es cómo puede ser utilizada y reutilizada y cambiada para diferentes movimientos y todo, y la canción «We Shall Overcome,» que fue utilizada en el Movimiento por los Derechos Civiles fue luego usada en la Plaza Tiananmen y utilizada en tantos movimientos en todo el mundo; y cuando sacamos el primer volumen de «The Songs of Pete Seeger,» yo hice la canción «We Shall Overcome» con Bruce Springsteen. Y Bruce dijo: «Quisiera hacer una versión totalmente diferente de la canción,» y la personalizó y la cantó a un nivel personal, como si se la estuviera cantando a una persona.

Y todos comenzaron por criticarnos, diciendo: «¿Por qué tomaron esa canción y la personalizaron para un individuo?» Y entonces comencé a recibir cartas de padres cuyos niños tenían leucemia y dijeron que cantaban la versión de Bruce de la canción a su hijo, que vencerían esa enfermedad. Y luego, después de la matanza de Columbine, uno de los estudiantes de allá tocó la canción «We Shall Overcome» que Bruce Springsteen había presentado en los funerales de Columbine. Y luego, después del 11 de septiembre, recibimos un llamado de NBC News el 12 de septiembre, y querían hacer un montaje en vídeo de los trabajadores del rescate, y utilizar la canción de Bruce «We Shall Overcome,» y la canción fue tocada hora tras hora por NBC News, y dio a la gente un sentido de esperanza y confortador, no sólo por la voz de Bruce, sino también por la canción que habían conocido, que había sido utilizada para superar tanta adversidad durante toda nuestra historia.

 

Y eso es lo maravilloso respecto a las canciones encontradas por Pete, que son utilizadas una y otra vez, continuamente, por diferentes movimientos. Y es lo lindo no sólo de las canciones, sino de la naturaleza eterna de cómo siempre van a ser utilizadas para diferentes cosas. Y es simplemente hermoso ver cómo «We Shall Overcome» ha sido empleada en tantas batallas y en tantos movimientos populares en todo el mundo.

 

AMY GOODMAN: Incluso cuando cantas canciones semejantes, también ha sido visto a menudo como una tremenda amenaza por los círculos dominantes. En 1963, la Asociación de Investigación de Incendios y Policía de Los Ángeles advirtió ante de una de tus presentaciones, Pete Seeger, que la música «folk» en reuniones juveniles estaba siendo utilizada para lavar cerebros y subvertir a vastos segmentos de grupos de gente joven.

 

PETE SEEGER: Oh, los pobres – Espero que hayan aprendido algo un poco diferente ahora. Eso fue hace 40, 41 años, pero los círculos dominantes siempre han estado preocupados por la música. He citado a Platón durante años, quien escribió: «Es muy importante que no se permita en la República el tipo equivocado de música.» También he oído que hay un antiguo proverbio árabe: «Cuando el rey pone al poeta en su nómina, le corta la lengua al poeta.»

 

Durante los años treinta, fui muy consciente de que las estaciones tocaban lindas canciones de amor, y canciones divertidas, pero sólo por accidente pasaban una canción como «Brother, Can You Spare a Dime?» [Hermano, ¿puedes darme unos centavos?]. Las otras canciones tendían a ser como el éxito de Bing Crosby de 1933, creo: «Wrap your troubles in dreams. Dream your troubles away.» [Envuelve tus problemas en sueños. Sueña hasta que desaparezcan.» ¿Es el camino para derrotar a la Depresión?

 

AMY GOODMAN: ¿Conociste a Yip Harburg, el que escribió «Brother, Can You Spare a Dime»?

 

PETE SEEGER: Lo conocí. Lo conocí muy bien. Era un tipo maravilloso. Y aprendí de – su hijo escribió una preciosa biografía: «The Man Who Put the Rainbow in the Wizard of Oz» [El hombre que puso el arco iris en el Mago de Oz] . ¿Hay tiempo para contar esa historia?

 

AMY GOODMAN: Sí la hemos contado en Democracy Now!

 

PETE SEEGER: Oh, bueno, si ya la contaste…

 

AMY GOODMAN: No, no, no. Hay muchos que no la han oído.

 

PETE SEEGER: Yip y Harold Arlen, el músico, elaboraron ese trabajo fantástico de escribir canciones para una versión musical de «El Mago de Oz,» y tenían esa canción, y luego el productor iba a cortarla del show, dijo que retarda la apertura. Y lucharon como tigres: «Esta película no se va a hacer sin esta canción.» Finalmente, propio Louis B. Mayer, tuvo que decir: «Estamos desperdiciando un montón de dinero sentados aquí, discutiendo. Comencemos. Deja que los chicos tengan su canción.» Y, por cierto, esa canción lleva a que la cinta reaparezca todo el tiempo. Es una gran canción.

 

La canté el 15 de febrero pasado, hace un año. ¡Caray! Fue en la Primera Avenida. Debe haber habido cientos de miles de personas. Y dije: «Conocéis esta canción. Os daré las palabras.» Y lo hice, como lo hice con «Turn, Turn, Turn.» dije: «Somewhere over the rainbow» [En algún sitio sobre el arco iris]. Y cantaron: «Somewhere over the rainbow.» «Way up high.» «Way up high.» «There’s a land I heard of once in a lullaby.» «There’s a –» [[En algún sitio sobre el arco iris. Ahí arriba. Ahí arriba. Hay un país del que oí en una canción de cuna. Hay un -] Y así, toda la canción, cientos de miles la cantaron.

 

Pero cerca del final – lo hago cada vez que canto la canción – digo: «Esta canción lleva dos breves líneas más, pero tengo que cambiar dos palabras.» Y miro hacia el cielo y digo: «En algún sitio allá arriba oigo a Yip diciendo: ‘Pete, puedes hacer lo que te de la gana con tus viejas canciones folk, pero no toques «Over the Rainbow,» por favor.’ Yip, dondequiera estés, tengo que cambiar dos palabras porque si yo hubiera estado presente cuando la pequeña Dorothy dijo: ‘¿Por qué no puedo?’ Yo le habría dicho: ‘¿Sabes por qué no puedes, Dorothy? Porque sólo lo pides para ti. Tienes que pedirlo para todos, porque o llegamos todos más allá del arco iris, o no llega nadie. Y por ello, cantadlo: «Si valientes azulejos vuelan más allá del arco iris ¿por qué no podemos tú y yo?'» Y toda la multitud cantó esas palabras ligeramente diferentes. Es hermoso. Y, desde luego, es la historia del Arca de Noé y del arco iris. Estoy seguro que Yip estaba pensando en eso.

Este mundo sobrevivirá cuando aprendamos a coexistir. Bueno, no estoy de acuerdo. Te gusta comer de esta manera, y a mí me gusta comer de otra manera. A ti te gusta bailar de esa manera. A mí me gusta bailar de esta otra manera. Tú piensas que esta palabra es esto y lo otro. Yo uso la misma palabra, pero pienso en algo diferente. Pero si aprendemos la lección del arco iris, habremos avanzado cien años.

 

AMY GOODMAN: Hablamos con Pete Seeger, y de esta biografía suya de allmusic.com que dice: «La adhesión de Pete Seeger a la santidad de la música «folk» llegó al punto de ebullición con la llegada del folk rock, y hace tiempo se ha rumoreado que trató de cancelar el grupo muy electrificado de Bob Dylan con Paul Butterfield Blues Band en 1965. ¿Es verdad?

 

PETE SEEGER: No. Es verdad que no toco instrumentos electrificados. No sé cómo hacerlo. Por otra parte, he tocado con gente que los toca maravillosamente, y admiro a algunos de ellos. Howling Wolf usó instrumentos electrificados en Newport precisamente el día en el que lo hizo Bob. Pero yo estaba furioso porque el sonido estaba tan distorsionado que no se entendía una palabra de lo que cantaba. Estaba cantando una gran canción: «Maggie’s Farm,» una gran canción, pero era imposible entenderla. Y corrí donde el técnico de sonido y le dije: «Arregla el sonido para que se le pueda entender.» Y me gritaron: «¡No, así lo quieren!» No sé quienes eran, pero estaba tan furioso que dije: «¡Maldita sea! Si tuviera un hacha cortaría el cable ahora mismo.» Realmente estaba tan furioso. Pero no era contra el uso de instrumentos eléctricos por Bob.

 

En realidad, algunas de las canciones de Bob siguen siendo mis favoritas. ¡Qué artista! Qué gran – Yo diría que tal vez él y Woody y Buffy Sainte-Marie y Joni Mitchell y Malvina Reynolds son los principales autores de canciones del Siglo XX, a pesar de que Irving Berlin haya sido el que ganó más dinero. Escribieron canciones que trataban de ayudarnos a comprender donde estamos, lo que debemos hacer. Siguen escribiéndolas.

 

AMY GOODMAN: En 1967, dejaste en claro tu posición contra la Guerra de Vietnam en Smothers Brothers Comedy Hour. ¿Puedes hablar de eso?

 

PETE SEEGER: Bueno, Smothers Brothers fue un gran éxito en CBS televisión. Y mucho antes, creo que en la primavera del 67, CBS dice: «¿Hay algo que podamos hacer por ustedes? Estáis en la cima misma. ¿Qué podemos hacer para que estéis más contentos?» Y dijeron: «Dejad que presentemos a Seeger.» Y CBS dijo: «Bueno, lo pensaremos.» Finalmente, en octubre, dijeron: «Está bien, podéis presentarlo.» Y canté esa canción: «Waste deep in the big muddy, the big fool says to push on» [Hasta la cintura en el gran cenagal, y el gran imbécil dice que sigamos avanzando].

 

La cinta fue hecha en California, llevada en avión a Nueva York. Y en Nueva York cortaron la canción. Y entonces, los Smothers Brothers fueron a los medios impresos y dijeron: «CBS está censurando nuestros mejores chistes. Censuraron la mejor canción de Seeger.» Y obtuvieron alguna publicidad, y durante noviembre, diciembre y enero, continuaron las discusiones. Finalmente, en febrero – no, perdona, a fines de enero, fines de enero del 68, CBS dijo: «Bueno, bueno, puede cantar la canción.» Con un aviso de seis horas, volé a California.

 

Recuerdo que canté una serie de canciones de la historia estadounidense, canciones de la Revolución como «Come ye hither, redcoats, you mind what madness fills. In our forest there is danger, there’s danger in our hills. Fall the rifles, the rifles in our hands shall prove no trifle.» [Venid acá, casacas rojas, atención a lo que llena la locura. En nuestro bosque hay peligro, hay peligro en nuestros montes. Tomad los rifles, los rifles en nuestras manos no serán una bagatela.]

 

Creo que mencioné la canción de moda en 1814. Fue «Oh, say can you see» [Oh, dime si puedes ver… Himno de EE.UU.] Y la canción de la Guerra Mexicana: «Green grow the lilacs all sparking with dew.» [Verdes crecen las lilas todas brillantes de rocío.] Una canción de amor. Por eso a los yanquis les dicen «gringos» en México, por esa canción. Y, desde luego, la Guerra Civil, varias canciones buenas, no sólo «Battle Hymn of the Republic» [Himno de batalla de la república,] sino toda una serie. La Guerra Hispano-[US]americana, Oscar Brown me enseñó esa canción. Los soldados estadounidenses en las Filipinas cantaban: «Malditos, malditos, malditos los filipinos. Ladrones kakiack bizcos. Y bajo la bandera estrellada, civilizadlos con un peñasco, y volvamos a nuestros propios hogares amados.» No canté eso, pero vienen tiempos modernos.

 

Canté «Waste Deep in the Big Muddy,» y esa vez sólo una emisora en Detroit la eliminó. Pero el resto del país la oyó, así que siete millones de personas la oyeron. ¿Quién sabe? Más adelante en ese mes, a fines de febrero, Lyndon Johnson decidió no presentarse a la reelección. La canción probablemente fue sólo un detalle más. Honestamente pienso que el futuro será que millones de detalles pequeños nos salvarán. Me imagino, un gran columpio, y un lado de ese columpio está en el suelo con un canastro repleto de grandes piedras. El otro extremo del columpio está en el aire. Lleva un canasto lleno hasta un cuarto de arena. Y algunos de nosotros tenemos cucharitas de

té y tratamos de llenarlo de arena.

 

Mucha gente se ríe de nosotros y dice: «Ah, gente como vosotros ha tratado de hacerlo durante miles de años, y la arena se filtra más rápido que la velocidad con la que la ponéis adentro.» Pero decimos: «Cada vez llega más gente con cucharitas.» Y pensamos: «Uno de estos años, verán que todo el columpio hace ¡zup! en la otra dirección.» Y la gente dirá: «¡Vaya» ¿Cómo sucedió tan de repente?» Fuimos nosotros y todas nuestras cucharitas. Ahora, de acuerdo, tenemos que seguir echándole arena, porque si no seguimos colocando cucharaditas, se filtrará, y las piedras volverán a descender. ¿Quién sabe?

 

AMY GOODMAN: ¿Ves esas grietas, esos sitios, actualmente en los medios de masas? Sé que no ves televisión y todo eso, pero, por ejemplo, te presentas en Smothers Brothers. ¿Piensas que está igual de restringido actualmente?

 

PETE SEEGER: No tan restringido, no. Están ocurriendo toda clase de cosas pequeñas. Creo saber que este programa podrá pasar en algunas estaciones de televisión. Tenemos que descubrir dónde, cuándo, para poder verlo. Tienes razón no miro mucho la televisión, excepto para ver el tiempo para mi pista de patinaje. Soy adicto a la lectura y adicto a las revistas, recibo 40 o 50 revistas por mes. Y leo revistas de música, revistas ecológicas, revistas sindicales, revistas de derechos civiles. ¿Quién sabe?

 

AMY GOODMAN: Puedes contarnos de «Where Have All the Flowers Gone?» [¿Dónde han ido todas las flores?]

PETE SEEGER: Bueno, yo iba sentado en un avión en camino para cantar en Oberlin College. Estaba sobre Ohio, y –

 

AMY GOODMAN: ¿Qué año?

 

PETE SEEGER: — medio dormido. Año, 1955. Y de repente, tres líneas que había leído en un libro, tomaron forma. En el libro, decía simplemente «¿Dónde están las flores? Las muchachas las cortaron. ¿Dónde están las muchachas? Están todas casadas. ¿Dónde están los hombres? Están todos en el ejército.» Es una antigua canción folklórica rusa. Y los Cosacos del Don – tal vez sea una canción folklórica ucraniana. «Kolo [inaudible] es el nombre original, pero no lo sabía. Todo lo que sabía es que había leído esas tres líneas en el libro «El Don apacible» de un novelista soviético. Y de repente, tuve tres versos. En el momento no me di cuenta, de que había afanado parte del verso de una vieja canción irlandesa. Yo había estado grabando una canción de leñadores de los Adirondacks: «Johnson dice que cargará más heno, dice que cargará diez veces al día.» Realmente puedes ver, la hice más lenta, y esa noche prendí las palabras al micrófono y las canté.

 

Y unas pocas semanas más adelante iba caminando por la Calle 48 en Manhattan, me detuve en Folkways Records, y dije: «Hice una nueva canción.» Y entonces, Moe Asch me puso un micrófono por delante y la grabó. Y unos pocos meses después había aparecido en otro LP. Un estudiante de Oberlin College consiguió el LP en un campo de verano, y los chicos estuvieron divirtiéndose con los versos: «Dónde han ido todos los orientadores, todos han roto el toque de queda.» Pero al fin del verano, había hecho los dos versos adicionales que conocemos: «Dónde han ido los soldados, se han ido a los cementerios. Dónde han ido los cementerios, cubiertos de flores.»

 

Y los chicos llevaron la canción de vuelta a Nueva York. Peter, Paul and Mary estaban cantando en el Village, Greenwich Village, y la tomaron, y comenzaron a cantarla. El Trío Kingston la aprendió de ellos. Unos tres años después, mi manager dice: «Pete, ¿No escribiste una canción llamada ‘Where have all the Flowers Gone’?» Dije: «Sí, hace unos tres años.» Dijo: «¿Obtuviste el copyright?» «No, supongo que nunca lo hice.» Dijo: «Bueno, deberías hacerlo. El Kingston Trio la ha grabado.»

 

Bueno, llamé por teléfono a Dave Guard. Era un viejo amigo. Había comenzado a tocar el banjo porque recibió mi libro, mi bestseller. Primero lo mimeografié, pero después lo imprimí. Apareció en 100.000 copias. «Cómo tocar el banjo de cinco cuerdas.» Me escribió un año después. Me dice: «He estado usando a fondo ese libro. Y con los dos otros tenemos un grupo que llamamos el Kingston Trio.» Así que lo llamé. «Oh, Pete, no sabíamos que era tu canción. Le sacaremos nuestro nombre.» Fue muy gentil de su parte, porque técnicamente, legalmente, yo había, como dicen, «abandonado el copyright.» Pero sacaron su nombre, y mi manager obtuvo el copyright. Paga mis impuestos en estos días, esa canción. Ha sido traducida a docenas de otros idiomas.

 

AMY GOODMAN: Pete, podrías tocas «Where Have All the Flowers Gone?»

 

PETE SEEGER: La cantaré más bien como la escribía, no tenía ritmo. Es como un aire lento irlandés.

 

 

Where have all the flowers gone

Long time passing.

 

Así la cantó Dominic Behan. Es el hermano de Brendan Behan, el escritor. Y le gustó la forma lenta, como un aire lento irlandés. Pensándolo bien, el presidente Kennedy encontró una vez a Dominic Behan cuando volvió a Irlanda, y dijo: «¿Usted es Behan, el cantante?» Y Dominic dijo: «Sí.» Dijo: «Conoce a ese tipo, Seeger?» Y Dominic dijo: «Oh, lo conozco bien.» «Buen hombre,» dijo Kennedy. Y eso fue cuando yo todavía estaba acusado.

 

Pero Kennedy, yo le había escrito una carta. Nunca tuve respuesta, pero le había recordado que uno de sus poemas favoritos fue escrito por mi tío en tiempos de la Primera Guerra Mundial. Mi tío Alan fue acribillado por ametralladoras alemanas, unos seis meses después de haber escrito un poema:

 

I have a rendezvous with death,

At some disputed barricade,

When the spring comes back

with rustling shade and apple blossoms fill the air.

I have a rendezvous with death,

When spring brings back blue days and fair.

Maybe he shall take my hand and lead me into his dark land,

And close my eyes and quench my breath,

But maybe I shall pass him still.

I have a rendezvous with death

On some scarred slope of battered hill,

When the spring comes north again next year,

And the first meadow flowers appear.

 

God knows ‘twere better to be deep,

pillowed in silk and scented down,

Where the love throbs out in blissful sleep.

And hushed awakenings are dear,

 

But I have a rendezvous with death at midnight in some flaming town.

And I to my pledged word I am true,

I shall not fail my rendezvous.

 

 

Tengo cita con la muerte,

En alguna barricada en disputa,

Cuando vuelve la primavera,

Con una sombra susurrante y flores en el aire

Tengo cita con la muerte,

Cuando la primavera nos vuelve a traer días azules y hermosos.

Tal vez tomará mi mano y me llevará a su tierra oscura.

Y cerrará mis ojos y sofocará mi aliento,

Pero tal vez lo pasaré serenamente.

Tengo cita con la muerte

En alguna ladera desgarrada en un monte estropeado,

Cuando la primavera retorne al norte el año que viene,

Y aparezcan las primeras flores en la pradera.

 

 

Dios sabe que sería mejor estar en lo profundo.

Recostado en seda y perfumado,

Donde el amor vibra en un sueño dichoso.

Y los despertares silenciosos nos son caros,

 

Pero tengo cita con la muerte a medianoche en alguna aldea en llamas

Y cumplo con mi palabra,

No faltaré a mi cita.

 

 

 

AMY GOODMAN: Pete, pero en realidad no cantaste completa «Where Have All the Flowers Gone?» ¿Quieres ofrecernos un poco más?

 

PETE SEEGER: Donde – ah, tal vez cantaré sólo el último verso, porque las contradicciones de la vida siguen sorprendiéndome. Tienes que reír, si no lloras.

 

 

 

 

 

Where have all the graveyards gone?

Long time passing.

Where have all the graveyards gone?

Long time ago.

Where have all the graveyards gone?

Covered with flowers every one.

When will we ever learn?

When will we ever learn?

 

 

¿Dónde se fueron todos los cementerios?

Con el pasar de tanto tiempo.

¿Dónde se fueron todos los cementerios?

Hace tanto tiempo-

¿Dónde se fueron todos los cementerios?

Todos cubiertos de flores.

¿Cuándo vamos a aprender?

¿Cuándo vamos a aprender?

 

 

AMY GOODMAN: Todavía conservas tu voz.

 

PETE SEEGER: Está arruinada.

 

AMY GOODMAN: ¿Puedes hablar del envejecimiento?

 

PETE SEEGER: Oh, no es divertido perder la memoria, o el oído o la vista, pero de mis espaldas para abajo estoy en mejor condición que la mayoría de los hombres de mi edad. Puedo ir a esquiar con la familia, aunque me limito a las laderas intermedias. No pruebo el doble diamante.

 

AMY GOODMAN: Pete, estás sentado ahí con los auriculares puestos. Eres un cantante. El sonido es muy importante. Ya no te es tan fácil escuchar cosas con la misma claridad. ¿Cómo te ha afectado?

 

PETE SEEGER: Bueno, me canto todo el tiempo, sólo canturreando, o sólo en mi cerebro. No hago ningún ruido. Pero reconozco que no puedo – a menos que tenga puestos los auriculares, no puedo realmente – ni siquiera con lo que llaman prótesis auditivas, no puedo realmente escuchar música. No escucho los CD. No escucho la radio. No escucho la televisión. Y ocasionalmente, cuando vienen amigos, me sumo a ellos, pero mis dedos se están desacelerando. Oigo discos que hice hace años y digo: «¿Cómo logré tocar tan rápido alguna vez?»

 

Por otra parte, vivimos tiempos excitantes. Nunca ha habido tiempos tan excitantes. Y ganar, perder o empatar, va a ser muy, muy excitante. Y aplaudo lo que estás haciendo. Pienso que lo que Democracy Now! está haciendo es simplemente fantástico. No podría haber sido hecho hace medio siglo, no podría haber sido hecho.

 

AMY GOODMAN: ¿Por qué?

 

PETE SEEGER: Bueno, no tenían la tecnología para hacerlo, supongo. De modo que, como digo, la tecnología nos salvará si no nos extermina antes.

 

AMY GOODMAN: Bueno, para terminar, Pete Seeger, mientras damos fin a esta conversación – el papel de la música, la cultura y la política.

 

PETE SEEGER: Están todas enredadas. ¡Viva el enredo!

 

AMY GOODMAN: Bueno, quiero agradecerte de todo corazón que hayas estado con nosotros. Y para alguien que no sea tan esperanzado y que esté escuchándonos ahora mismo, tratando de encontrar su camino, ¿qué le dirías?

 

PETE SEEGER: Date cuenta que las cosas pequeñas llevan a cosas mayores. De eso tratan Seeds [semillas]. Y esa maravillosa parábola en el Nuevo Testamente: el sembrador esparce semillas. Algunas semillas caen en el sendero y son aplastadas, y no crecen. Algunas caen sobre las rocas, y no crecen. Pero algunas semillas caen sobre el suelo sin cultivar y crecen y se multiplican de por miles. ¿Quién sabe dónde alguna pequeña cosa que has hecho pueda producir resultados años más tarde, con las que nunca soñaste?

 

AMY GOODMAN: El legendario cantante «folk» y activista, Pete Seeger, aquí en Democracy Now!

 

*Referencias [N. del T.]

http://www.nodo50.org/tortuga/article.php3?id_article=3813

http://www.ladinamo.org/ldnm/articulo.php?numero=22&id=557

 

 

http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/07/04/144232

 

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