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Wolfowitz y Rato contra los subsidios agrícolas

Fuentes: IPS

El Banco Mundial y el FMI unieron fuerzas en favor de un recorte mundial de subsidios agrícolas, con el fin de mejorar las perspectivas de éxito en diciembre de la conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Los máximos funcionarios del FMI (Fondo Monetario Internacional), Rodrigo Rato, y el Banco Mundial, Paul Wolfowitz, aseguraron que un avance en la conferencia de Hong Kong podría sacar a millones de personas de la pobreza y acelerar el crecimiento económico en el Sur.

En una declaración conjunta sobre la Ronda de Desarrollo de Doha de negociaciones multilaterales de comercio, abierta en 2001, Rato y Wolfowitz llamaron a los negociadores a ignorar presiones de «grupos de interés» que se beneficiarían del eventual fracaso de la conferencia.

«Esta oportunidad puede perderse en los próximos días, a menos que gobiernos clave se resistan con firmeza a los grupos que procuran perpetuar las altas barreras comerciales que benefician a relativamente pocos a costillas de muchos», afirmaron los funcionarios.

«El fracaso podría arrojar una sombra sobre el sistema multilateral de comercio y envalentonar aun más a los proteccionistas, en momentos en que el mundo necesita cooperación más que conflicto», agregaron.

El FMI y el Banco Mundial indicaron que la agricultura, la clave de esta ronda de negociaciones de la OMC, sigue siendo un gran obstáculo para la plena liberalización del comercio, principio defendido por ambas instituciones.

Naciones en desarrollo como Brasil e India se quejan de que los países del Norte industrializado entregan enormes subsidios a sus agricultores, cuyos productos logran así un precio artificialmente más barato y perjudicial para los del Sur pobre.

Unos 2.500 millones de personas dependen de la agricultura para vivir. Las estadísticas de las instituciones financieras internacionales muestran que la pobreza del planeta se concentra fundamentalmente en las áreas rurales.

Por su parte, las naciones ricas afirman que pretende una mayor liberalización de los mercados del mundo en desarrollo, y que un significativo recorte en sus subsidios y aranceles agrícolas debería integrarse en un acuerdo más completo.

La contrapartida, según estos países, es una mayor apertura de los mercados del Sur a los bienes y servicios del Norte.

Los gobiernos de la Unión Europea, Japón y Estados Unidos aportan más de 250.000 millones de dólares en subsidios a su agricultura cada año.

Según la organización humanitaria Oxfam Internacional, 78 por ciento de los subsidios de Estados Unidos se dirigen al ocho por ciento de los agricultores de mayores dimensiones.

Las lagunas de las normas estadounidense permiten que las denominadas «megagranjas» reciban pagos de más de un millón de dólares.

Mientras, las haciendas agrícolas de menor porte, tanto las de ese país como las del extranjero, se arrastran hacia la bancarrota por los bajos precios de los productos básicos y los altos costos de la tierra.

El FMI y el Banco Mundial consideran que el sector agrícola mundial está sumido en la confusión por las distorsiones comerciales, que castigan a los consumidores de todos los países y a los muchos pobres del Sur en desarrollo que se ganan la vida con esa actividad.

«Una completa y radical reducción de aranceles en los países más grandes resultará en un mayor desarrollo. Los subsidios distorsionantes del comercio también deben ser recortados, y no simplemente a través de maniobras técnicas», sostuvieron las dos instituciones.

Para el FMI y el Banco Mundial, dos de los principales arquitectos del actual sistema económico mundial, solucionar el problema de la agricultura abrirá paso a la liberalización de otros sectores de productos y servicios, en especial los provistos por el Norte al Sur.

«Pedimos a todos los participantes en la Ronda de Doha a recordar que la reforma comercial es un juego de suma cero», indica la declaración firmada por Wolfowitz y Rato. «Es un paso hacia una mejora de las oportunidades y de la productividad que beneficie a todos, y que puede hacer una contribución duradera a la reducción de la pobreza en todo el mundo.»

Estados Unidos logró un leve avance de las negociaciones a comienzos de mes, cuando elevó en las negociaciones de la OMC una propuesta para recortar sus subsidios y aranceles.

De todos modos, Washington condicionó su aplicación a reformas agresivas en otros países. Reclamó, por ejemplo, a la Unión Europea y a Japón un recorte de 80 por ciento a sus subsidios, que son mayores a los de Estados Unidos.

Pero la Unión Europea advirtió que no puede realizar un recorte mayor de 47 por ciento.

De cualquier manera, la exhortación de instituciones multilaterales como el FMI y el Banco Mudnial afronta fuertes resistencias dentro del Congreso legislativo estadounidense, que debe aprobar la mayor parte de las reformas agrícolas.

El Congreso discute mecanismos para cumplir con un fallo de la OMC, que en marzo declaró ilegales todos los subsidios estadounidenses al algodón, a demanda de Brasil y países de África occidental.

Washington es objeto de otras varias demandas ante la OMC por sus prácticas de protección a sus agricultores.