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¿Y si Alemania abandonara el euro?

Fuentes: Mediapart

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR

¿Y si la primera economía europea decidiera salir del euro, provocando el estallido de la moneda única? Mientras el euro se hunde cada día un poco más en el marasmo (ha retrocedido aún el lunes frente al dólar, y las deudas portuguesa, española, belga e italiana están en el punto de mira de los mercados), ¿porqué Alemania no se escaparía del caos volviendo al Deutsche Mark, su querida moneda, milagro de los años de esplendor económico?

Hace algunos meses aún, esta hipótesis parecía totalmente estrafalaria. Pero con la crisis irlandesa, la tentación del repliegue encuentra un cierto eco en las franjas más conservadoras de la opinión alemana, hostiles a la idea de tener que poner a flote a Irlanda y quizá mañana a Portugal, España, Bélgica o Italia.

Con el rescate de Irlanda, que ha mostrado para numerosos expertos que Alemania sostenía el euro, este escenario parece improbable. Pero animados por la gestión errática de la crisis irlandesa por la canciller Merkel, los antieuro pierden sus complejos. Este fin de semana, cuando los dirigentes europeos intentaban ponerse de acuerdo en una ayuda de 85 millardos de euros a Irlanda trufada de medidas de austeridad draconianas (leer nuestro artículo : «Du FMI ou de Bruxelles, qui est le plus sévère avec l´Irlande?»), el muy derechista periódico Die Welt se dedicaba a desmontar el «mito de las ventajas del euro», afirmando que los países (Suecia, Suiza…) que no lo adoptaron funcionan mejor. El influyente tabloide Bild preguntaba si «el proyecto del euro no ha fracasado».

Por su parte, el antiguo patrón de los patronos, Hans-Olaf Henkel, desea claramente una escisión de la zona euro: de un lado los estados «del Norte», virtuosos en materia presupuestaria (Alemania, Benelux, Austria, Finlandia). Del otro, los malos alumnos, esos países del «Sur» como Francia, España, Italia o Portugal. Una propuesta amplia de altivez «nórdica» hacia tierras meridionales juzgadas irremediablemente miserables: no estamos lejos de las pasadas señaladas en Alemania cuando la crisis griega … (leer nuestro artículo: «Grecia: porqué Alemania ha dudado tanto»).

Más allá del Rhin, este tipo de discursos encuentra un verdadero eco. «Los irlandeses están hartos de tener que pagar por equivocaciones de los bancos y de sus acreedores internacionales», cuenta el enviado especial en Dublin del Frankfurter Allgemeine Zeitung. Que añade: «¿No son un poco responsables de su miseria?», en un país en el que «la especulación inmobiliaria se había convertido en un deporte nacional»…

Hay que decir que para Berlín, el país financieramente más solicitado en los rescates de Grecia y de Irlanda, la estabilidad presupuestaria y el respeto de las reglas comunes constituyen un dogma: a los ojos de numerosos alemanes, la crisis actual del euro es exactamente la pesadilla de la que no querían ni oír hablar.

«Este escenario haría volver a Europa 50 años atrás».

Los partidarios de un abandono del euro ponen de relieve la extraordinaria buena salud de la economía alemana: el país parece haber salido ya de la crisis, mientras sus vecinos se arrastran aún en la recesión o muestran (como Francia) un crecimiento muy flojo. La recuperación es incluso espectacular, señala en su blog el economista Arnaud Lechevalier, profesor en la universidad Viadrina de Francfort-sur-l´Oder.

Explica que, animada por la demanda de los países emergentes, Alemania, cuya economía se ha girado hacia la exportación «conoce una fase de euforia con un crecimiento económico sin equivalente en los demás países de la OCDE y un paro que está en su nivel más bajo desde 1992».

A partir de 2011, Alemania volverá a estar por debajo del umbral «maastrichtiano» del 3% de déficit público, del que su vecinos, empezando por Francia, están bien lejos. Mejor aún, volvería a consumir el próximo año, debido a la subida de los salarios y la bajada del paro, saliendo así de un largo período de estancamiento, prosigue Arnaud Lechevalier. Alemania, a menudo criticada por el desequilibrio de su modelo económico (exportaciones, moderación salarial y consumo deprimido), parecería pues a punto de «reequilibrar los motores de su crecimiento…» ¡Una verdadera ruptura!

A priori, esta avalancha de buenas noticias en un contexto europeo depresivo da la razón a quienes piensan que Alemania, competitiva y conquistadora en los mercados mundiales, puede a partir de ahora volar con sus propias alas, y abandonar la vieja Europa amenazada por la deflación.

Para la mayor parte de los especialistas, tales afirmaciones son sin embargo totalmente fantasiosas. Por otra parte, los dirigentes alemanes no tienen ninguna intención de abandonar el euro -sería una «catástrofe», en opinión del ministro de economía en una entrevista a Bild. En respuesta a los Casandra del «Apocalipsis», la Frankfurter Allgemeine Zeitung recuerda, por ejemplo, la extrema dependencia de la economía alemana respecto a Europa: ha absorbido el 63% de las exportaciones alemanas en 2009 (el 40% solo para la zona euro), mientras que el 71% de los productos importados en Alemania proviene de Europa…

Aunque no guste a los alemanes, recuerda el economista americano Barry Eichengreen (siempre en la FAZ), «el éxito económico de Alemania es también una consecuencia de la debilidad del euro», mientras que una vuelta al marco podría encarecer drásticamente las exportaciones. En definitiva, romper el principal motor del crecimiento.

De paso, Alemania (como Francia) podría perder mucho empujando a un país en dificultades tipo Portugal o España fuera de la zona euro: según un estudio de la Deutsche Bank, los establecimientos bancarios alemanes y franceses están expuestos en los «pequeños países» periféricos de la zona euro por un montante, respectivamente, de 213 y 142 millardos de euros (fuente: Le Monde). Si la zona euro estallase, la deflagración bancaria sería sin duda importante. Los grandes países estiman, pues, que no tienen interés en ver estallar el euro.

Sobre todo, prosigue Eichengreen, un escenario así es «inimaginable» porque «mandaría a Europa cincuenta años atrás, y toda la unificación europea sería puesta en cuestión». Una evidencia: históricamente, el proyecto de integración europea y la creación de una moneda única han estado siempre muy ligados -lo que se puede por otra parte deplorar, pues la unificación política no ha estado a la altura.

Sin embargo, en este período de crisis aguda, los dirigentes europeos omiten a menudo recordarlo. Comenzando por la canciller Ángela Merkel, que teme sin duda despertar el populismo de sus conciudadanos proclamando con demasiada efusión su apego a la moneda única -de todas formas, la lírica no es ciertamente su estilo. Resultado: la canciller ofrece el espectáculo de una dirigente irresuelta que no toma verdaderamente el toro por los cuernos de la crisis europea, cuando precisamente la supervivencia del euro está en juego.

Ciertamente, en nombre de la defensa del euro, Alemania ha aceptado poner dinero para ayudar a Irlanda, ahorrando esta vez a Europa el largo psicodrama que había precedido al rescate griego.

Pero en el fondo, Alemania no varía su doctrina: la austeridad sigue siendo su receta preferida para los países que no respetan los sacrosantos criterios de la moneda única (es decir, todos salvo ella). Francamente, nada con qué reanimar el proyecto europeo…

«Canciller de Teflón».

En varias ocasiones este mes, el mensaje de la canciller ha aparecido confuso. Un día, habla de «crisis existencial» del euro, luego relativiza sus declaraciones del día anterior. ¡Como para desconcertar a unos mercados muy sensibles a la menor frase!

A mediados de noviembre, Ángela Merkel creó el pánico evocando una posible participación de los bancos e institutos financieros en futuros planes de rescate, después de 2013, conforme al acuerdo realizado con Nicolas Sarkozy en Deauville el 18 de octubre. La idea no es evidentemente mala, pues determinados establecimientos financieros se han beneficiado ampliamente de la subida de las tasas sobre las obligaciones del estado. Pero el momento no ha sido oportuno: la declaración ha provocado en el acto una subida de las tasas de interés sobre la deuda de Irlanda (pero también de Grecia, España y Portugal), lo que evidentemente ha acelerado la crisis.

¿Son debidas las contradicciones de la dirigente alemana a la ecuación personal de una canciller «de Teflón», según los cables diplomáticos americanos interceptados por Wikileaks, que evocan una Merkel «que evita el riesgo» y es «poco creativa»? Quizá. Pero bastante más a la extraordinaria complejidad de su situación política.

De hecho, Ángela Merkel parece cogida en una pinza entre intereses opuestos, que intenta curiosamente reconciliar a golpe de declaraciones contradictorias y por tanto desconcertantes:

– su mayoría (los conservadores de su partido, pero también sus aliados liberales).
– su opinión pública (habrá siete escrutinios regionales en 2011, y se anuncian difíciles para la mayoría en el poder).
– sus bancos (estaban expuestos por 118 millardos en Irlanda, lo que indica que había que actuar rápidamente)
– el Tribunal Constitucional de Karlsruhe, guardián del templo de las reglas presupuestarias de Maastricht, que no prevén (por el momento) mecanismo de ayuda a los países en dificultades, esperando una revisión de los tratados europeos.
– finalmente, sus socios europeos.

En el extranjero, Ángela Merkel pasa así por ser una «madre dura» de Europa. Se han visto no pocas pancartas hostiles a Merkel en Dublín este fin de semana: con razones, pues Alemania, que ha inspirado la ortodoxia presupuestaria del Banco Central europeo, parece haber convencido a los dirigentes europeos de las virtudes de la austeridad…

A domicilio, pasa en cambio por ser una dirigente demasiado blanda, recuerda el Wall Street Journal. Así, en mayo, «vende» a los alemanes, en su mayoría hostiles a una ayuda a Grecia, el fondo de ayuda de 750 millardos de euros a los países en dificultades, indicándoles que solo será temporal, y que habrá sanciones automáticas contra los malos alumnos.

En el mes de octubre, renuncia finalmente a las sanciones, contra la promesa de Nicolas Sarkozy de apoyar su idea de hacer pagar a los establecimientos financieros en caso de rescate financiero tras 2013.

Una propuesta finalmente edulcorada este fin de semana con el «realismo» de quienes rechazan hacer contribuir a los bancos -comenzando por Jean-Claude Trichet, el patrón del BCE y… Nicolas Sarkozy, firmemente opuesto al proyecto de la canciller, según cuenta esta semana el semanario Der Spiegel.

¿Retrocesos tácticos, destinados a hacer comprender poco a poco a sus conciudadanos que van a tener que resolverse a ayudar a todos los países en dificultades en el futuro si quieren salvar su moneda? Quizás. Pero consagrando tanta energía a esta tarea, Merkel «continúa subestimando esta crisis y el papel que incumbe a Alemania» a nivel europeo, deplora la Süddeutsche Zeitung, el periódico de Munich (centro-izquierda).

Pues para salvar al euro, habría primero que tener ideas firmemente defendidas, un liderazgo político asumido por Alemania, primera potencia de la eurozona, y sin duda ideas nuevas en materia de solidaridad financiera europea. Francamente, se está muy lejos de ello. Hay que decir que en este asunto, Merkel no está ayudada por la fuerza de proposición de sus colegas europeos, tan ortodoxos unos como otros, y poco más inspirados.

http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/?x=3436