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Tío Sam, ayuda ahí…

Fuentes: Rebelión [Imagen: Comitiva brasileña del WBO en Wáshington. Créditos: Maria Magdalena Arréllaga/conectas.org]

Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez

En este artículo la autora insiste en su tesis ya formulada en otras ocasiones: las luchas parciales nunca destruirán al capitalismo si atacan la estructura del sistema; razón por la que sostiene, es inútil acudir a Wáshington en busca de apoyo a la democracia brasileña.


Necesitamos hablar de nuestras derrotas. Estamos en el suelo. La izquierda brasileña se deshace en el aire, aunque nunca haya sido tan sólida. Al parecer venció la ilusoria idea de que es posible domesticar y amansar el capitalismo. Escenas como la de una comisión de brasileños notables yendo a pedir “ayuda” a Joe Biden para que se convierta en el defensor de la democracia brasileña roza lo patético. El viaje, organizado por un denominada Washington Brazil Office (WBO), trasladó a representantes de varias ONGs y movimientos sociales brasileños a una reunión con representantes del Departamento de Estado estadounidense y con varios congresistas. La petición unánime fue que los EEUU reconozcan el resultado de las elecciones brasileñas.

Ese tipo de cosa realmente nos deja tocados. ¿Qué pasa por la cabeza de alguien que cree poder encontrar en los EEUU un aliado para la libertad, autonomía y soberanía? Es como si una cebra creyera que se puede sentar a la mesa con el león, después de haberle pedido inocentemente que no se la comiese. Ahora bien, como todo el mundo sabe, está en la naturaleza del león comer a la cebra.

Esa triste escena que ha cautivado a importantes movimientos y organizaciones en el país, revela la flaqueza de esos mismos movimientos y su incapacidad para encontrar entre la propia gente de Brasil a los aliados que necesita. ¿Quién entonces debería defender esta pretendida democracia? ¿Los Estados Unidos? El mismo país que, arropado en el discurso de quién dice “defender la democracia”, ha invadido países y destruido pueblos enteros: Afganistán, Irak, Haití, Siria…; ¿no es eso muestra suficiente de la verdadera naturaleza de ese país “demócrata”? Esas personas que representan movimientos y organizaciones sociales y políticas brasileñas, ¿creen realmente que Bernie Sanders actuaría de otra forma en relación con América Latina o el mundo árabe?

Tengan en cuenta que Bernie Sanders destacó en el Partido Demócrata por adherirse a las pautas particularistas que tanto han encantado a los movimientos sociales. Temas sobre el racismo, la mujer, el movimiento LGBTQI+, género…, están en el top de la lista de peticiones. No hay un cuestionamiento radical al capitalismo. Lo que está en juego es domesticarlo cediendo en alguna parcela aquí o allá dentro de estas particularidades.

Esa propuesta de fragmentar la lucha de los trabajadores nació allí mismo, en los Estados Unidos…, y no lo hizo por casualidad. El centro del poder sabe cuando la lucha está avanzando y trata de encontrar formas para hacerla retroceder. El teórico ecuatoriano Agustín Cueva ya apuntaba, en los años 1980, sobre la manera en que los Estados Unidos comenzaban el desmantelamiento de la izquierda latinoamericana con la financiación de los institutos sociales demócratas y organizaciones no-gubernamentales. Fue un plan. El concepto de lucha de clases fue aplastado por la oposición Estado/Sociedad Civil. Las demandas sociales pasaron a ser banderas de los movimientos y no de las instituciones políticas, rompiéndose el vínculo que hacía cada lucha particular una parte de la lucha general de los trabajadores. Agustín Cueva alertaba ya que la tal “sociedad civil” dentro del capitalismo es ilusoria porque no toca las estructuras del sistema. La idea de quitar el Estado del poder vale solo para los movimientos y organizaciones sociales, la burguesía sigue en su sitio, sigue ahí, mandando y decidiendo e inclusive financiando la ilusión.

Con esa idea de “empoderar” los movimientos, la lucha de clases se desvanece. Allá por los años 1970/1980 el argumento para fortalecer a los grupos de luchas particulares era que las organizaciones políticas -partidos- no se preocupaban por las subjetividades, sino que solo se dedicaban a hacer política. Ya Frantz Fanon señaló, en su relato sobre la revolución argelina, que la lucha política lleva al enfrentamiento de los temas particulares y subjetivos y que la sociedad cambia –incluso en lo tocante a las costumbres y a la cultura–, cuando vive una revolución. No obstante, a pesar de que Fanon es habitualmente leído por la izquierda, parece que no es entendido.

Agustín Cueva es categórico, en su libro “Las democracias restringidas en América Latina”, al decir que lo que hace que los países del sur del mundo no tengan democracia no es una supuesta vocación autoritaria de sus gobernantes, sino el hecho de ser países dependientes. Eso significa que independientemente de cuánto sea de demócrata un país de América Latina, no tendrá una democracia participativa real mientras sea dependiente. Y si son dependientes por cuenta del imperio, ¿cómo vamos a pedir ayuda al imperio para fortalecer nuestra democracia?

Nuestra advertencia a todos esos movimientos ahora organizados en la Washington Brazil Office (WBO) es que lean a Álvaro Vieira Pinto. Él también da en la diana cuando dice que nuestra primera tarea es entender por qué vivimos en un “valle de lágrimas”. Ese valle de lágrimas es creación del capitalismo y solo llegará a su fin cuando se destruya la estructura que lo hace posible. Los problemas que vivimos no son individuales o particulares, sino que tienen mucho que ver con las relaciones sociales que se establecen en este modo de vida. Y Álvaro Vieira Pinto también argumentaba que las luchas de grupos específicos tan solo enmascaran la sociedad de clase. Los pequeños avances de la lucha de esos grupos dan la impresión de que hay movilidad en el sistema, que puede haber cambio, pero no es más que una ilusión. El centro del capital no permitirá jamás que se avance en dirección hacia un cambio del sistema, la sociedad de clases permanecerá intacta aunque haya “más” derechos para las mujeres, los negros, los indígenas y los miembros del colectivo LGBTQI+. Esas son luchas importantes, que tienen que estar íntimamente vinculadas a la destrucción del sistema. Pero, esa parece ser una batalla perdida, por lo menos en ese momento. Cualquier discusión sobre el tema garantiza inmediatamente un chorreo de insultos a quienes osan criticar a esos movimientos. Recuerdo que cuando comenzaron los Foros Sociales Mundiales, allá por el inicio de los años 2000, esa era una cuestión central del debate: ¿capitalismo humanitario o socialismo? Ya en ese momento se percibía el riesgo que supondría ceder ante esos cantos de sirena. Finalmente, la propuesta de humanización del capitalismo traía recursos ingentes para las instituciones que aceptaran esa lógica. Fue una trampa bien urdida y es ahora cuando empieza a mostrar sus resultados.

Ver a los más importantes movimientos de lucha brasileños yendo a los Estados Unidos a pedir su reconocimiento para las elecciones brasileñas podría ser el fin de la picadura, pero me temo que no sea más que el comienzo de una picadura trágica hacia el desastre.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora y el traductor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.