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Nada es imposible

Fuentes: www.tinku.org

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. El círculo falaz del pensamiento que desemboca siempre donde empieza, la saliva que es polvo, que es ceniza, los labios mentirosos, la mentira, el mal sabor del mundo, el impasible, abstracto abismo del espejo a solas, todo lo que al morir quedó en espera, todo lo que […]

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El círculo falaz del pensamiento
que desemboca siempre donde empieza,
la saliva que es polvo, que es ceniza,
los labios mentirosos, la mentira,
el mal sabor del mundo, el impasible,
abstracto abismo del espejo a solas,
todo lo que al morir quedó en espera,
todo lo que no fue – y lo que fue
y ya no será más, en mí se alza,
pide vivir, comer el pan, la fruta,
beber el agua que le fue negada.
Octavio Paz (Elegía interrumpida)

Alguien dijo que el escribir es recordar aquello que nunca ocurrió, ello no obstante, es así que la novela llega a su propio núcleo en la ficción como tal. La ficción es indispensable para la vida, no sólo en forma de libros, también como sueños, un tipo de sueños que le da a la vida su contorno y su significado. Hace más de veinte años que yo no vivo en Bolivia, sin embargo, el lenguaje sigue existiendo no sólo como una muestra del tiempo pasado en Bolivia, si no, como una señal de mi niñez y mi vivencia en ese país. Mi vida es como la escenificación (en miniatura), de la dialéctica del exilio entre el «aquí» y el «allá», una lucha que es definida por el recuerdo.
El lenguaje es mezclado de la misma forma que «aquí» y «allá». Los resultados son paradójicos. Cuando escribo estas líneas, inspiradas en los últimos segundos de vida de mi padre es para mí, como retornar a Bolivia: el país, el lenguaje y mis raíces familiares. En la dialéctica entre el aquí y el allá nacen los recuerdos. Me veo afectado por este hecho histórico, por este sufrir por la partida de mi padre. Es como si estos acontecimientos existenciales le dieran perspectiva a mi vida, y trajesen consigo además una capacidad de ver la vida en muchas dimensiones al mismo tiempo- pasado presente y futuro.

» El tiempo nunca es inactivo, su corriente no deja jamás nuestros pensamientos y sentimientos descansar, si no, ejecuta maravillosas obras en nuestro espíritu. Los días venían y se iban y en sus alternaciones sedimentaba nuevos recuerdos y nuevas esperanzas en mí».

Quizá alguien pueda creer que es un escritor moderno quién escribió esto sobre el tiempo, el recuerdo y el paraíso perdido, pero no, las palabras son de Augustinus escritas en 397 en «Confessiones». Una de las primeras autobiografías de la literatura occidental que, en partes es autobiográfica, y en partes tiene un significado teológico- filosófico general. Esas frases sobre la corriente afectiva y los recuerdos sedimentados, fueron escritas a fines del 300 y aún suenan aturdidoramente modernas.

El recuerdo como portador de un mundo de vivencias de una persona, no sólo fue central en la creación de Augustinus y Proust. También una aparentemente «insignificante» muerte de una vida «cualquiera» puede despertar en nosotros, nítidos paralelos con el intento en la literatura, de parar el tiempo para echar por tierra la aniquilación del yo.

2004, imagínense un hombre en pleno invierno de su vida, cansado y enfermo, tumbado en la cama de un hospital de Cochabamba. Es una madrugada del 14 de mayo, la posición de él evoca la metáfora de Proust sobre la creación- La catedral- cuya creación arquitectónica hace posible que la vista acaricie el cielo? En este caso, la deconstrucción arquitectónica de una vida hace que el anciano acaricie el cielo y converse con Dios. Él recuerda y reflexiona sobre el tiempo, su propio tiempo. Dios mío dice, « Nada, es más de lo que yo soporto cargar» .

¿Qué quiere decir él? Es acaso una frase de alieneación, de la ausencia de dolor o tormento? Que, la nada es imposible, significa eso lo que acostumbramos a decir hoy por hoy que, todo es posible? Por lo tanto, afirmar esto significaría admitir la perfección como ideal. Es el querer ese «todo», todo lo posible. Todo eso que nosotros aprendemos a querer.
Más, si uno quiere lo imposible?

El hombre que reflexiona sobre esto es mi padre. Su vida, así como millones de otras (aparentemente) nunca significó nada. Será por eso que él no quiere otra cosa que no sea eso? Romper, atravesar «el todo»; hacerse imposible, crear un acto poético de su existencia para escapar de los sedimentos de vida, hacia lo que hay al otro lado del todo, eso que es el núcleo duro de la poesía, su esencia, es decir: la nada. Resumir una vida a la nada debe ser uno de los ejercicios más difíciles que hay, primero, porque es imposible aunque es precisamente por eso que se constituye en una seducción. Esto me recuerda las frases de John Cages, de su famosa «Lecture on nothing»: «I have nothing to say/ And I am saying it/ And that is poetry». Mi padre reflexiona: La vida así como la poesía tiene que ser dura, consecuente y tiene que terminar con que ella se disuelve a sí misma. Octavio Paz decía, la poesía no salva al yo del poeta: lo disuelve en la realidad más vasta y poderosa del habla. El ejercicio de la poesía exige el abandono, la renuncia al yo. Pero, lo que mi padre no se daba cuenta es que, estaba pensando su propia biografía.

A pesar de su Nada, es más de lo que yo soporto cargar , después de 85 años. Èl siempre ocupó un lugar central en la familia, como siempre, impecablemente vestido de café, con la camisa siempre abrochada, con la boca escarpada, como una herida debajo de esos ojos con una mirada de quién lo vio todo. Cuando él nació, lo único que poseía era tiempo. Después tuvo un montón de casi nada, que como el tiempo se ascienden, como si dijéramos se d-e-s-v-a-n-e-c-e-n. Así se perdieron las cosas para él y ahora, lo único que le resta es un poco, unos segundos para vivir. El proyecto existencial de mi padre es por lo tanto (como la de John Cages, desaparecer de su propio poema), de alejarse de su propia vida. Por cada frase que él piensa/ inicialmente, él pierde el correspondiente/ finalmente. Expresado de esa forma, la reflexión de él nos recuerda lo que Borges formulaba en su novela «El libro de arena»- cuando el narrador recibe la visita de un hombre melancólico que, vende un libro con una cantidad infinita de páginas: «Como si las páginas brotasen del libro». Ante el desconfiado asombro de él. «Eso no es posible» responde el vendedor- después de un galicismo «a pesar de ello, es así», con una reflexión filosófica:

«Si el espacio es infinito, nosotros nos encontramos en cualquier lugar del espacio. Si el tiempo es infinito, nosotros nos encontramos en cualquier lugar del tiempo.»

Es decir, aguzando un poco, en ninguna parte.

Aquí nos encontramos ante una ecuación lingüística según la cual, la nada y el infinito serían igual de imposibles? Significa esto que la nada y el infinito son la misma cosa?

No necesariamente! Mucho en su vida, hizo mi padre al contrario, resistencia pacífica contra ese tipo de volteretas lógicas. La nada de él debe ser (digno de merecer) un «espacio», una experiencia, una posibilidad de escudriñar los tres tiempos existenciales: pasado, presente y futuro. Aunque no se puede (según Augustinus) decir que, existen tres tiempos. Siendo más preciso, debería decirse que: Hay la presencia del tiempo pasado, la presencia del presente y la presencia del futuro. Augustinus no encontraba esos tiempos en ninguna otra parte que no sea en el espíritu. La presencia del pasado es la memoria, la presencia del presente es la observación, la presencia del futuro es la expectación decía. El tiempo no es, el tiempo no tiene un estar, ya que el futuro aún no lo es y el pasado ya no es y el presente no tiene duración.

Si vamos a comprender a Augustinus, pero, también a mi padre, quizá deberíamos atrevernos a la suposición de que, la existencia de un humano no sólo abarca sus vivencias y experiencias reales, sino, también sus sueños, deseos y anhelos. Ellos constituyen «El mundo de su vida», en donde él no es uno, si no, muchos y donde el tiempo no es uno, si no, muchos.

Proust decía al final de la serie de sus novelas: es un lugar en el tiempo- no en el espacio- lo que constituye toda la vida de un hombre y lo llena de sentido . ¿Cómo puede esto ser posible? Ya que el ser es una corriente de tiempo y no esta sujeto en el espacio, el ser es una existencia mental. El tiempo existe sólo en una dimensión lineal y como tal, conduce inexorablemente hacia la muerte. Es allá donde mi padre voltea su mirada, hacia ese lugar donde el tiempo se pierde abajo > en el v e r t i g i n o s o abismo que, constituye no sólo la historia del mundo, sino, también la historia del yo. Y es en la agonía, y la auto entrega final ante Dios de este anciano que, todo lo dicho adquiere una forma concreta. En sus últimos segundos de vida se siente solo, desconsolado y cree vislumbrar la presencia de un niño desarraigado buscando amparo en la noche, él le dice lo siguiente: También tú entrarás a través de la pesada puerta que es la poesía, para ti habrá finalmente un lugar. Lo que significa que él mismo deberá dejar ese lugar. Y con esta ilusión da él por terminada su vida.
Más firme a sus principios que este desistimiento no puede haber. La única razón de ser de la poesía es su humanidad, decía él, y allá estaba él con tales consecuencias. Dado de alta se podría decir, como una página en blanco. Así termina la generosa e inspirante vida de este hombre. Ya podemos imaginar, otra página que se hojea, un nuevo capítulo. Nada, es imposible.

II

DEJAR EL TIEMPO

Túneles, galerías de la historia
Sólo la muerte es puerta de salida?
El escape, quizás, es hacia adentro.
Purgación del lenguaje, la historia
se consume
en la disolución de los pronombres:
ni yo soy ni yo más sino más ser sin yo.
En el centro del tiempo ya no hay tiempo,
es movimiento hecho fijeza, círculo
anulado en sus giros.
Octavio Paz ( Pasado en claro)

Dejar el tiempo como lo hace mi padre, pone a la fantasía en movimiento. El viraje «dejar» el tiempo, hace suponer una especie de voluntariedad, el que «deja» el tiempo es activo, no pasivo. Esto recuerda la cantata de Bach «Ich habe genung», con lo que se entiende, no se quiere decir «estar harto» si no, que uno ha vivido su vida al máximo, y que ahora está dispuesto a despedirse.

Es así, en el mundo caben millones de antimundos. Los físicos han logrado producir antimateria (1) Incomprensible para los simples mortales, sin embargo, sabemos que muchos mundos desconocidos se ocultan en el mundo que conocemos. De pronto ellos alcanzan la superficie y nos hacen dudar si el tiempo va adelante o atrás: en la sociedad del conocimiento crece la ignorancia, en el progreso aumenta el terrorismo. Y la «seguridad» que en la actualidad se coloca antes de cualquier cosa, es ilusoria: La muerte es la antimateria de lo que la vida esta constituida.

Nadie de nosotros simples mortales comprendemos lo que esto significa, y aunque no se pueda sacar conclusión alguna del micro planeta al planeta de los humanos, continuarán las conversaciones en los Tinkus humanos. Se puede leer en el ciberespacio que, estamos ante la posibilidad de que, el tiempo no necesariamente se mueve adelante, también el se mueve hacia atrás, sí, quizá el tiempo ni siquiera existe. O quizás el mundo visible, aquel que lo percibimos como real- si me permiten una parábola poética- es sólo un reflejo de otro mundo que no podemos ver, algo así como la imagen de la caverna en Platón. La noticia sobre la antimateria del universo del cual somos una parte, igual que el antiterrorismo es parte del terrorismo, nos demuestra cuán difícil es hablar de que el mundo progresa, o va hacia atrás. Él sabía, sabía que el mundo que le toco habitar ocultaba otros mundos, una antimateria. Él sabía que occidente sigue gozando de la explotación del Sur, pariendo «democraturas» neoliberales, y que los consumidores de dichos sistemas están conformados por gente con capacidad adquisitiva. Mientras los descalzos están detrás de las estacas con alambres de púas, esperando a un Palenque, un Evo, un Quispe o cualquiera que les pueda devolver la sensación de dignidad de la que fueron despojados. La revolución burguesa como sabemos, nunca se dio en Bolivia. Contaba mi padre que, cuando él junto a mi madre abandonaba Cochabamba en busca de mejores destinos, atormentado de mil problemas e intentando dar perspectiva a sus preocupaciones, él invocó a Dios preguntando:

– Dios, cuanto es un millón para ti?
– Un segundo, respondía Dios.
– Entonces, cuánto es un millón de dólares?
– Para mí es un céntimo.
– Mi padre después de pensar un rato preguntó,
– Dios, me puedes dar un céntimo?
– Claro que si, espera un segundo respondió Dios.

Desde entonces, él comprendió la relatividad y subjetividad del concepto tiempo, bien conocido por gente pobre como él. Y de qué trata todo esto? Acaso tiene alguna importancia?…

… Quizá sobre la muerte, la antimateria, el amor, el tiempo, o una persona a quién uno pertenece. En fin, Octavio Paz creía que, por la palabra podemos acceder al reino perdido y recobrar los antiguos poderes . De ahí, la importancia para mí de ayudarme con el lenguaje para poder expresar viejos mundos invisibles, sacar al niño nocturno de la oscuridad, aunque esos poderes no son míos. El inspirado, el hombre que de verdad habla, no dice nada que sea suyo: por su boca habla el lenguaje ( decía O. Paz .) Por eso, yo sólo intento descifrar las huellas digitales que este anciano está dejando en el mundo. Y claro, como yo tengo tendencias a animar las cosas (animista dicen los antropólogos), experimento a momentos una anticipación de la despedida final. ¿Qué es el escribir? ¿Para qué contar? No es esto, también dejar el tiempo?

Es en la Edad Media, hace menos de mil años atrás que empezaron a existir relojes mecánicos en monasterios, catedrales y juzgados. Así aprendió el pueblo que también el tiempo se puede repartir como el pan y el vino. Igual que cualquier otra cosa indispensable para vivir. El tiempo se puede despilfarrar, se puede ser cuidadoso con el, se puede excitar y estresar con el. Las estaciones del año corren, nadie sabe a dónde? Los años vienen y se van. El tiempo es algo cotidiano, evidente y al mismo tiempo uno de los enigmas más extraños. ¿Qué es en realidad el tiempo? ¿Qué es lo que pasa cuando los segundos se escurren poco a poco?

Schopenhauer, el viejo filósofo daba una simple e inteligente explicación de que el tiempo existe. El tiempo es lo que evita que todo suceda al mismo tiempo, afirmaba él. Claro, tú puedes leer estas notas página a página, leer las p-a-l-a-b-r-a-s u-n-a a u-n-a, gracias al tiempo. Es imposible pensar de una existencia sin tiempo aunque no logremos comprender lo que es.

El universo es un ingenioso reloj, escribía Nicole dOresme en el siglo 1300. Dios es el gran relojero que, construyó una enorme máquina de planetas y estrellas. Todo, sólo para medir el fluir del tiempo desde la creación hasta el juicio final. Setecientos años después, intuimos que él estaba errado. El universo no es un reloj, más bien, se parece a una computadora, un enorme sistema de procesamiento de información. Dios (si existe), resulta ser el gran programador, las leyes naturales son sólo fragmentos de su programa. Nuestros genes y nuestras bibliotecas son pequeñas unidades de memoria en la supercomputadora cósmica. Talvez incluso esto este errado. El universo, quizá se parezca más a una computadora cuántica, un complicado y fantástico aparato que la humanidad aún no logró construir aquí en la Tierra. Un investigador llamado David Deutch especuló como éste podría funcionar. La computadora cuántica es una especie de reloj pero, que mide una cantidad infinita de «corrientes de tiempo» de manera simultánea, no sólo en nuestro universo, si no, en todos los otros mundos que hay o que pudieron haber existido. No crean que es ciencia-ficción, es pura ciencia en la línea de la vanguardia contra lo desconocido.

Los segundos pestañean hacia delante en el reloj astrológico, y el mundo se movió un poco, un poco desde que empecé a escribir esta nota. Ya es de madrugada, los primeros rayos solares centellean sobre mi casa y pronto, Venus estará interponiéndose entre el sol y la tierra. El tiempo pasa, y yo aún sin comprender lo que es.

El punto de partida para estas reflexiones, así como las «Confessiones» de Augustinus, y «En busca del tiempo perdido» de Proust es la percepción, de echar de menos algo, algo que se ha perdido. Algo que estos tres presienten que les hizo felices. La pregunta implícita que recorre en los tres, es por supuesto: Cómo recuperar esos paraísos perdidos, aquellos momentos agradables. El deseo de conciliar este dolor, esta distancia, este lapso de tiempo y el deseo de convocar a la presencia y la vida, les satisface a los tres. La amenaza de una pérdida irrevocable de toda una vida y su contenido es inminente.

La esencia de nuestras vidas en este mundo diría Proust, está en buscar en las palabras, en las imágenes, en los tonos que el dolor a cristalizado en el alma, en el flujo de lágrimas, y en las huellas de la angustia, pero también, en los momentos felices de intimidad, amor y euforia. En las «confesiones» de mi padre podemos ver un rápido centello, casi como una sucesión fílmica, acompañar esos segundos eufóricos, cuando la presencia del tiempo pasado invade la presencia del presente y se desvanece en la presencia de un futuro inexistente. Como Augustinus escribió, hacer renacer y desaparecer el tiempo en un solo movimiento .

Desde luego que es insignificante si es el lazo familiar, mi país, o mi padre lo que revela la presencia del pasado en el presente. Lo importante es que ello se dio, sin que el tiempo que ha pasado haya destrozado esos momentos. Tiempo- el destructor, pero también Tiempo- el creador han estado activos aunque con distintas intenciones.

Más, qué es lo que salva esos momentos del olvido?
… Paradójicamente, el mismo olvido! Esos momentos estuvieron protegidos y encerrados en el capullo del olvido, esperando el momento, el estallido, la reEncarnación de un hombre en el tiempo. Quizá fue así que toda la obra de Proust haya confirmado las palabras de Augustinus: «La corriente del tiempo no deja nunca nuestros pensamientos y sentimientos descansar, si no, ejecuta maravillosas obras en nuestro espíritu. Nada? Es imposible!.

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(1)Los físicos del C.E.R.N. (Counseil Europeén pour la Recherche Nucléarie, creado en 1954) realizaron un viejo sueño de 1930 esto es, demostrar que el universo no está constituido sólo por materia sino, también de antimateria- por fin se ha logrado producir los «antiátomos fríos».