Un exdiplomático venezolano le cuenta a Jacobin cómo están respondiendo el Estado, las Fuerzas Armadas y las fuerzas populares frente a la agresión militar de Estados Unidos, y qué puede venir después.
Este sábado Estados Unidos llevó a cabo un ataque militar directo contra Venezuela, secuestrando al presidente Nicolás Maduro y realizando bombardeos en las inmediaciones de Caracas, una grave violación del derecho internacional, que amenaza con arrastrar a la región a un conflicto de mayor escala.
Para comprender cómo interpretan estos acontecimientos los funcionarios venezolanos y los partidarios del proyecto bolivariano, y qué creen que vendrá a continuación, el editor fundador de Jacobin, Bhaskar Sunkara, habló anoche con Carlos Ron, exdiplomático venezolano que se desempeñó como uno de los principales interlocutores del gobierno con Estados Unidos, durante años de sanciones y confrontación diplomática.
BS: Carlos, ¿podrías presentarte ante los lectores?
CR: Actualmente soy investigador y analista independiente en geopolítica, pero anteriormente integré el servicio exterior venezolano. Representé a Venezuela en Brasil y en Estados Unidos, y me desempeñé entre mayo de 2018 y enero de 2025 como viceministro de Relaciones Exteriores para América del Norte.
BS: Antes de eso, pasaste un período significativo viviendo y estudiando en Estados Unidos. ¿Cómo llegaste a identificarte e involucrarte con la Revolución Bolivariana bajo Hugo Chávez y qué representó personalmente eso?
CR: La vida migrante en Estados Unidos ayuda a construir conciencia de clase, a comprender la desigualdad y a aspirar a la justicia social. Estados Unidos tiene una rica historia de luchas y procesos sociales que pueden resultar muy inspiradores y moldear una ideología política progresista. La Revolución Bolivariana irrumpió mientras yo estudiaba esas ideas políticas, por lo que resultó muy lógico que un proyecto que llamaba a redactar una nueva Constitución y a radicalizar la democracia fuera también un llamado para que yo formara parte y me sumara a los esfuerzos colectivos por transformar la sociedad.
Mi abuelo se enfrentó a la dictadura fascista de Marcos Pérez Jiménez, respaldada por Estados Unidos. Así que el llamado de Chávez resonó con mi historia personal y también con la tradición radical estadounidense, con las ideas de Martin Luther King Jr. y Malcolm X, y con la convicción de que el sufrimiento de los pobres debe ser superado, ya sea en Appalachia, en el South Bronx o en el Barlovento venezolano.
BS: ¿Qué podrías confirmar sobre el estado actual del Poder Ejecutivo en Venezuela y cómo se están tomando las decisiones en medio de la presión militar imperialista?
CR: En la noche del 3 de enero de 2026, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela determinó que, a la luz del secuestro del presidente Nicolás Maduro por fuerzas militares estadounidenses, la vicepresidenta Delcy Rodríguez debía jurar de manera temporal como presidenta para garantizar la continuidad administrativa y la defensa de la nación. Todos los miembros del gabinete, todos los comandantes de las Fuerzas Armadas y todas las autoridades de los gobiernos estadales permanecen en sus cargos. Venezuela tiene un presidente constitucional, Nicolás Maduro, que fue secuestrado, pero no se produjo ningún cambio de régimen.
BS: ¿Qué está funcionando con normalidad en este momento dentro de Venezuela y qué se vio claramente afectado, como las comunicaciones, la energía, el transporte o la gobernabilidad?
CR: La mayor parte del país funciona con normalidad: las comunicaciones siguen activas y los medios públicos, privados y comunitarios operan normalmente. En las zonas impactadas por los ataques se registraron cortes de energía. Los aeropuertos de La Carlota y Charallave sufrieron ataques. Está previsto que se reanuden los vuelos comerciales en los principales aeropuertos del país. Diría que, más allá del secuestro del presidente, la gobernabilidad se mantiene en gran medida y no se vio afectada.
BS: ¿Cómo están posicionadas políticamente las Fuerzas Armadas venezolanas en este momento?
CR: Tal como expresó el ministro de Defensa durante la noche del ataque, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se movilizó en defensa de la nación, en rechazo a la agresión militar estadounidense y al secuestro del presidente. Las Fuerzas Armadas mostraron una notable unidad y cohesión frente a la agresión externa. El país, en general, se encuentra en un estado de calma y normalidad.
BS: Los críticos sostienen que hoy el proyecto bolivariano se apoya más en la coerción que en la soberanía popular. ¿Qué podrías señalar para demostrar que existe un apoyo real al gobierno?
CR: Esa narrativa fue impulsada por quienes, a lo largo de los años, no lograron obtener apoyo popular para su proyecto político neoliberal y conservador. Esto se debe al enorme impacto que tuvo la Revolución Bolivariana en cuanto a la superación de la pobreza, la exclusión política y la privación de derechos. Si hiciéramos una comparación, el proyecto bolivariano para las masas excluidas de Venezuela tuvo un impacto equivalente al que tuvieron el New Deal y el movimiento por los derechos civiles sobre la población estadounidense privada de derechos en el siglo XX.
La oposición extremista intentó muchas veces ocultar sus fracasos políticos con acusaciones de coerción, pero en realidad el proceso bolivariano sigue siendo ampliamente popular entre los sectores mayoritarios por su carácter directo y participativo. La gente siente que tiene un espacio directo para expresar su voluntad, priorizar políticas públicas que la afectan e incidir en la toma de decisiones. Mientras tanto, la oposición mostró reiteradamente su falta de capacidad de movilización. Es muy revelador que, en un momento en el que el presidente fue secuestrado, todavía no tenga fuerza para convocar ninguna movilización significativa. En cambio, hoy las calles de Venezuela estuvieron llenas de simpatizantes del gobierno y de personas que rechazaron la intervención extranjera.
BS:¿Cómo le responderías a quienes, incluidos venezolanos, se oponen a la intervención estadounidense pero también son críticos del desempeño democrático del gobierno y de su gestión económica?
CR: Celebro su patriotismo al oponerse al intervencionismo estadounidense. Nadie puede amar a su país y al mismo tiempo pedir una intervención extranjera; es una contradicción fundamental. Las demás diferencias que podamos tener en materia de política económica u otros temas políticos deben resolverse de manera pacífica e interna entre los venezolanos, no por medio de actores externos.
BS: Hablemos de la situación económica del país. ¿Está mejorando pese a la presión de Estados Unidos? Y, en una mirada de largo plazo sobre la última década y más allá, ¿la atribuís enteramente al prolongado período de sanciones y asedio económico, o creés que también hubo errores económicos reales cometidos por el gobierno?
CR: El mayor problema económico de Venezuela fueron las sanciones de Estados Unidos desde 2015, en particular las vinculadas a la industria petrolera. En un momento, las pérdidas del sector fueron enormes: por ejemplo, los ingresos en 2020 fueron un 90 por ciento más bajos que en 2014. Sin embargo, el gobierno del presidente Maduro implementó medidas de recuperación que, hacia fines de 2025, mostraron un crecimiento económico del 9 por ciento, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL). Esto significa que la economía venezolana registró crecimiento durante veinte trimestres consecutivos.
Venezuela logró esto mediante la creación de catorce motores o sectores productivos, que se desarrollaron rápidamente por necesidad debido al régimen de sanciones. La producción de alimentos, por ejemplo, que históricamente dependía en gran medida de las importaciones, se expandió hasta el punto de que hoy Venezuela produce más del 80 por ciento de sus necesidades alimentarias.
BS:¿En qué aspectos el proceso bolivariano logró construir un poder popular duradero y en cuáles se quedó corto?
CR: Creo que las comunas, con su participación democrática directa en espacios territoriales específicos, fueron el logro más grande y más duradero de la revolución. Ese es, a mi entender, el mayor avance. Sin embargo, no todo el territorio nacional contó con las mismas condiciones para desarrollar procesos comunales de manera equitativa. Las condiciones geográficas, culturales y productivas dificultaron la construcción de proyectos comunales exitosos en algunas zonas del país. Pienso que esas condiciones todavía pueden construirse, pero es una cuestión de tiempo.
BS: Si esta crisis fuerza una renovación del proyecto en lugar de su derrota, ¿cuáles podrían ser las fuentes de esa renovación dentro de Venezuela?
CR: Creo que esta crisis va a poner de relieve la necesidad de profundizar el proceso comunal y de garantizar que, como nación, seamos capaces de defendernos frente a la agresión y la dependencia externas. El proceso comunal venía avanzando de manera sostenida en la superación del burocratismo y en garantizar su interconectividad. Sin duda, esto va a recibir un nuevo impulso como resultado de esta crisis. Cuanto más consolidado esté el proceso comunal, mejor podremos garantizar su irreversibilidad.
BS: Mirando al conjunto de América Latina, ¿ves este ataque como una señal de que terminó la tolerancia de Estados Unidos hacia la soberanía de gobiernos de izquierda en la región? ¿Cuáles son las consecuencias para gobiernos socialdemócratas como el de de Brasil y para la Revolución Cubana?
CR: Veo un proyecto de Estados Unidos orientado a reafirmar su dominio sobre lo que históricamente consideró su esfera de influencia. El Proyecto 2025 de MAGA planteó la «rehemisferización» como una necesidad para garantizar las cadenas de suministro y el dominio económico estadounidense. La Estrategia de Seguridad Nacional publicada recientemente también contempló un relanzamiento de la Doctrina Monroe para asegurar el control de Estados Unidos sobre los recursos estratégicos de la región. En este escenario, parece que Washington va a intentar aplastar los proyectos independientes que no estén alineados con sus objetivos. Vimos intervencionismo en procesos electorales como los de Argentina u Honduras. Vimos amenazas y coerción incluso contra proyectos progresistas no radicales, como en Colombia, Brasil o México. Proyectos más revolucionarios como Venezuela y Cuba son blancos directos de la agresión.
BS: ¿Cuáles son los mecanismos de coordinación regional entre los partidos de izquierda, los sindicatos y los movimientos sociales de América Latina?
CR: Creo que las organizaciones sociales y populares de la región necesitan abrir una amplia conversación sobre cuál debería ser una agenda colectiva mínima. En Venezuela existió una iniciativa llamada Alternativa Social Mundial en 2023 y 2024, que fue un intento de construir una agenda de ese tipo. Hubo otras experiencias también. Parte de esa conversación debe superar las divisiones sectarias e incluir soluciones prácticas a los problemas cotidianos de nuestros pueblos; debe expresar solidaridad y defensa de los proyectos transformadores y revolucionarios en Cuba, Nicaragua y Venezuela; y debe sentar las bases de una identidad cultural común de la izquierda.
BS: ¿Qué deberían estar haciendo ahora mismo las fuerzas antibélicas en Estados Unidos?
CR: Creo que el movimiento antibélico estadounidense hizo mucho para denunciar la agresión contra Venezuela. Tal vez necesite mejorar la construcción de puentes entre organizaciones políticas y reforzar sus demostraciones de fuerza.
BS: Dentro de cinco años, ¿cómo se vería una renovación de la Revolución Bolivariana y cómo se vería una derrota?
CR: Dentro de cinco años, la renovación sería la consolidación de comunas más fuertes, una mejor interacción entre las organizaciones populares y las instituciones del Estado, y un país más soberano e independiente. La derrota sería el regreso al neoliberalismo y a la influencia de Estados Unidos.
BS: En un momento como este, ¿qué te mantiene políticamente comprometido e incluso esperanzado?
CR: Tengo la esperanza de que este momento impulse a la izquierda latinoamericana hacia una mayor cohesión y articulación. No es un momento fácil; muchos en la izquierda están frustrados por el avance de la extrema derecha, pero confío en que la necesidad va a ser una fuerza motriz poderosa.
Creo que los revolucionarios deben ejercer coherencia política. Si se combate a la injusticia cuando las condiciones son favorables, también hay que estar dispuesto a hacerlo cuando son extremadamente adversas.
Creo en la diplomacia; pienso que hablar con franqueza y respeto puede lograr éxitos inimaginables, y por eso siempre voy a optar por la diplomacia antes que por cualquier tipo de confrontación. Estoy comprometido con la revolución porque sé que un mundo mejor es posible. Lo vi suceder en la Venezuela de Chávez y vi cómo el país fue atacado después de la elección de Maduro.
El socialismo no es una utopía para mí; fue algo real, difícil de construir, pero real. Viví en el marco de la lucha por construir el socialismo y quiero verlo triunfar. La mayor amenaza mundial para ese horizonte socialista es el imperialismo estadounidense, en particular ahora, en una fase más desesperada y peligrosa. La única posibilidad de salvar el planeta y construir justicia social es derrotar al imperio.
Traducción: Natalia López
Fuente: https://jacobinlat.com/2026/01/la-respuesta-de-venezuela-al-ataque-de-donald-trump/


