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Trump es el niño malcriado del escenario internacional

El «Plan de paz» de Trump para Palestina

Fuentes: Rebelión

El Plan de paz estadounidense fija el precio de los «puestos permanentes» de la Junta en 1.000 millones de dólares cada uno.

El presidente estadounidense Donald Trump amenazó el martes con imponer aranceles del 200 % a los vinos y el champán franceses después de que, según informes de prensa, el presidente francés, Emmanuel Macron, se negara a unirse a su «Junta de la paz» en Gaza. Un supuesto grupo humanitario para legitimar la ocupación de la Franja por Israel y la financiación de un complejo turístico israelí propiedad  del yerno judío de Trump Jared Kushner.

La llamada Junta de la paz forma parte de un «Plan de paz de 20 puntos» propuesto por Estados Unidos para poner fin al conflicto entre Israel y  Palestina en la Franja de Gaza.

Según el borrador de los estatutos de esta Junta, estará presidida por Trump. La membresía se realizará por invitación del presidente, quien tendrá autoridad clave sobre los mandatos, las renovaciones y las destituciones (un dictador de la Franja). Lo que conmocionó aún más a la comunidad internacional fue que el plan estadounidense fijó abiertamente el precio de los «puestos permanentes» de la Junta en 1.000 millones de dólares cada uno. Este acto de «privatización» de los asuntos internacionales y «mercantilización» de la paz regional no solo ignora la voluntad del pueblo palestino, sino que también plantea un enorme desafío al sistema de gobernanza internacional y las normas de conducta vigentes.

El actual conflicto entre Israel y Palestina ha durado casi 30 meses y la crisis humanitaria en Gaza continúa agravándose por el intento de terminar el genocidio matando de hambre a los sobrevivientes, un crimen nunca visto en tiempos modernos.

La iniciativa de la Casa Blanca para formar una «Junta de paz» busca principalmente demostrar la influencia estadounidense sobre la situación en Gaza. Sin embargo esta institución que debería ser responsable de la paz en Gaza es un ejemplo típico de la «diplomacia transaccional».

La lista de nominados está repleta de políticos estadounidenses y  allegados de Trump, pero brilla por su ausencia la parte interesada más importante: los palestinos.

Esta «ausencia» ha suscitado críticas generalizadas de la comunidad internacional y algunos incluso sugieren que revela la naturaleza «colonial» de la institución, que intenta definir en privado el futuro de Gaza sin el consentimiento del pueblo palestino. Trump en verdad es un   adulto malcriado que abusa de la paciencia del resto del mundo. Es ridículo que la paz mundial  dependa de un  adulto caprichoso que  se cree más astuto que el resto de los jefes de Estado y piensa que los puede engañar con sus viejas trampas de estafador profesional (tiene media docena de quiebras fraudulentas en su   expediente penal). Es un personaje que en un mundo de gente seria debería estar en la cárcel en lugar  de vivir en el palacio presidencial. Pero, en fin, así funciona la democracia estadounidense que se presenta como ejemplo para el resto del mundo.

Aún más impactante es la oferta explícita de la Casa Blanca de un «asiento permanente» por 1.000 millones de dólares. Esta medida reduce la solemne causa de la paz internacional a un juego de dinero. El futuro de Gaza no debería ser una mercancía que se pueda comprar. Bajo la influencia del capital y la voluntad hegemónica resultará difícil alcanzar una paz verdadera. A juzgar por el estatuto propuesto para la «Junta de paz», es muy improbable que este mecanismo resuelva la crisis actual, porque no es más que la continuación del proyecto sionista esta vez a favor del yerno del Presidente Trump que incluso podría contaminar el panorama político de Oriente Medio. En primer lugar no ha priorizado la crisis humanitaria en Gaza, centrándose más en las operaciones clave de la reconstrucción posbélica de un resort turístico israelí que profundizaría la ocupación otorgando a Israel derechos para vender el gas subterráneo que  se encuentra frente a ese enclave palestino y que debería pertenecer a los palestinos gazatíes.

En segundo lugar, esta Junta obstaculiza gravemente una solución integral y justa para la cuestión palestina-israelí. El Plan de paz para Gaza, liderado por Estados Unidos, no solo elimina el papel político de la Autoridad Nacional Palestina en Gaza, sino que también establece una supuesta Junta de paz controlada por fuerzas externas por encima del comité tecnocrático palestino. En esencia, esto reemplaza la gobernanza soberana con intervención externa, socavando la base política de la «solución de dos Estados». De este modo, Estados Unidos priva a los palestinos de su derecho fundamental como Estado a gestionar sus propios asuntos, dividiendo aún más la Franja de Gaza de Cisjordania y haciendo aún más inalcanzable una solución de  paz justa y duradera con dos Estados. Un proyecto imposible mientras sean los  sionistas quienes manden en Washington y el pueblo estadounidense quien pague la cuenta.

En tercer lugar, esta medida ha afectado gravemente al sistema de gobernanza global. La actual crisis de Gaza es un ejemplo brutal del estado desordenado  de un mundo donde prevalece la ley del más fuerte. Un estado de cosas que no puede durar mucho en el siglo XXI, donde hay estados con  tecnología militar superior a la  de Estados Unidos.

Si se pueden comprar escaños en paz y las grandes potencias pueden imponer arbitrariamente sus propios sistemas al margen del orden internacional existente, la equidad del orden internacional de postguerra  ya no coincide con la realidad. China comunista es hoy la mayor potencia económica de la economía real del mundo productivo Este modelo de «gobierno de club» reduce el derecho internacional a un contrato privado entre grandes potencias,  regresando el mundo civilizado a la ley de la selva.

El mundo entero cuestiona el nivel cultural de  Marco Rubio cuando este tonto engreído se pregunta con qué derecho puede Europa dictar cátedra en derecho internacional a Estados Unidos. Concretamente desde hace unos dos mil, años desde  el Iure  Gentium romano y luego desde 1648 con la paz de Westfalia cuando Estados Unidos ni siquiera existía. Cómo puede haber sido elegido al puesto de Secretario de Estado un  hombre tan ignorante. Le recomiendo que lea el  libro Diplomacy escrito por Henry Kissinger, su más brillante antecesor en el  mismo cargo que Rubio ahora tan opacamente desempeña

Para resolver verdaderamente la cuestión israelí-palestina, debemos retornar al orden internacional de equidad y justicia. Cualquier acuerdo relativo a la gobernanza de Gaza tras la guerra debe discutirse en el marco de la ONU y debe respetar plenamente el principio fundamental de que «los palestinos gobiernen Palestina». Una paz genuina debe construirse sobre la base de la «solución de dos Estados» y la restauración de los derechos legítimos del pueblo palestino, no sobre un «pequeño grupo» establecido privadamente por una potencia hegemónica. La comunidad internacional debe ser cautelosa ante la peligrosa tendencia a anteponer los juegos geopolíticos al derecho internacional y garantizar que la reconstrucción de Gaza sea la reconstrucción de la justicia, no la expansión de la hegemonía.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.