El domingo dos nuevos destructores de misiles guiados tipo 055 de la Armada del Ejército Popular de Liberación de China, el Dongguan y el Anqing, hicieron su su debut oficial. El número de destructores de clase 10.000 toneladas mostrados públicamente por China ha aumentado a 10, logrando un despliegue equilibrado en los tres principales comandos del teatro de operaciones.
Este avance ha inspirado a innumerables ciudadanos chinos. En el complejo y desafiante entorno internacional actual, esta noticia proporciona una tangible sensación de tranquilidad. La atención al desarrollo militar refleja la expectativa de una defensa sólida que salvaguarde el progreso nacional, mientras que detrás de los destructores de clase 10.000 toneladas se encuentra la firme búsqueda de China de la estabilidad nacional y el bienestar de su pueblo.
Desde el sistema industrial hasta la innovación tecnológica y desde la infraestructura hasta la defensa nacional y la modernización militar, la creciente fuerza nacional integral de China ha fortalecido su resiliencia estratégica en un panorama internacional muy complejo.
Durante el recién concluido XIV Plan Quinquenal (2021-2025), China logró un hito de innovación tras otro con sus pilares de gran potencia, ya sea por su enorme mercado interno, la expansión de los acuerdos de libre comercio o el alto nivel de apertura impulsado por la ampliación del acceso sin visado a China.
Ya sea por el impulso innovador de las industrias emergentes y de futuro o por los dividendos verdes generados como el mayor inversor mundial en energías renovables, China ha salvaguardado los fundamentos de la economía global mediante su propio desarrollo estable. Ha inyectado un valioso impulso de estabilidad y desarrollo en un mundo turbulento, con un crecimiento tangible y plataformas pragmáticas para la cooperación. El mundo ve que China no solo tiene la voluntad de un desarrollo pacífico, sino también la capacidad para lograrlo. Eso mientras en Estados Unidos se libra una ruinosa guerra entre el grupo de la industria militar que desea prolongar la guerra contra Irán (Lockheed Martin, General Motors, Brighton & Co.) y el sector financiero que desea terminarla de inmediato porque el cierre del Estrecho de Ormuz tiene potencial para desequilibrar las finanzas internacionales basadas en el petrodólar en medio de un caos de noticias (la bruma de la guerra) donde se asegura que Netanyahu (el autor intelectual de la guerra contra Irán), al regresar de Alemania, después de ver los destrozos causados por los misiles y drones de Irán en Tel Aviv y oír de las derrotas sufridas en todos los siete frentes donde combaten las tropas israelíes, ahora suplica a Trump que pida un alto el fuego. En efecto, EEUU propuso un alto el fuego usando los buenos oficios de la Embajada de Italia en Teherán, pero Irán lo rechazó tajantemente y lo condiciona a que Estados Unidos admita el derecho de Irán a enriquecer uranio y a desarrollar su industria misilística.
Se dice también que Putin llamó a Trump y le dio 24 horas para cesar los ataques contra Irán o Rusia intervendría entregando a Irán sus baterías antiaéreas S500 y sus misiles hipersónicos del tipo Kinzhal con alcance de 2.000 km para que hundiera sus dos portaaviones. Para Rusia Irán es un vecino de mucho valor estratégico para permitir un cambio de régimen allí.
Como un país importante con una población de más de 1.400 millones de habitantes y que contribuye con alrededor del 30 % al crecimiento económico mundial, la definición de «paz» y la búsqueda del «desarrollo» de China son cruciales. ¿Buscará la paz mediante métodos hegemónicos, recurriendo a prácticas de empobrecimiento del vecino e intimidando a los estados más pequeños para asegurar un desarrollo exclusivo? ¿O seguirá una senda de desarrollo pacífico basada en el respeto mutuo y la cooperación beneficiosa para todos? Para el mundo, estas opciones conducen a resultados muy diferentes. La respuesta de China se evidencia en una serie de acciones concretas. Desde compartir con diversos países las muestras de suelo lunar que trajo la Chang’e-6 hasta llevar nuevas tecnologías energéticas a los hogares de personas en todo el Sur Global; desde promover activamente soluciones políticas a problemas candentes como la crisis de Ucrania y el conflicto palestino-israelí hasta trabajar con países afines para proponer e iniciar el establecimiento de la Organización Internacional de Mediación, estos hechos demuestran que cada aumento de la fuerza de China añade una nueva medida de esperanza para la paz mundial.
El turbulento mundo actual necesita urgentemente estabilidad y cooperación. En este contexto, el Gobierno de China está inyectando constantemente la tan necesaria estabilidad al mundo. A diferencia de ciertas grandes potencias donde la toma de decisiones es ineficiente, las divisiones internas son profundas y las políticas exteriores oscilan con frecuencia, China es capaz de movilizar el consenso y la fuerza a nivel nacional para impulsar objetivos compartidos de forma coordinada. Ya sea en grandes proyectos de infraestructura, avances en tecnologías clave o esfuerzos en materia de bienestar social y protección ecológica, la unidad de propósito puede generar una poderosa sinergia.
Como han señalado observadores internacionales, la característica más destacada de China no es solo la velocidad de su desarrollo, sino también la estabilidad de su progreso y la claridad de su rumbo. El sistema de gobernanza nacional, bajo el liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh), puede trascender los ciclos políticos, vinculando estrechamente la visión a largo plazo con una ejecución sólida. La capacidad de China para mantener la determinación estratégica en un entorno complejo y en constante cambio, centrarse en la gestión eficaz de sus propios asuntos y mantenerse firmemente comprometido con el camino del desarrollo pacífico también significa que el mundo obtiene un valioso «dividendo a largo plazo» para la paz y el desarrollo.
El «caos en el mundo» resalta la «estabilidad de China». Esta estabilidad se deriva del profundo compromiso con el pueblo y la responsabilidad global que se encuentra en la filosofía de gobernanza del PCCh. La comprensión del PCCh sobre el desempeño de la gobernanza se refleja en una visión amplia de «comprometerse con el servicio al bien público, trabajar por el bienestar del pueblo, garantizar una toma de decisiones acertada y tomar medidas sólidas para lograr el éxito». Como lo observan los medios de comunicación extranjeros, la planificación de China está «centrada en el pueblo más que orientada al lucro, enfocada en la armonía más que en la hegemonía». Esta comprensión del desempeño de la gobernanza, al proyectarse al escenario internacional, refleja una mentalidad de «beneficiar al mundo en general». Mientras otros países importantes priorizan sus propios intereses.
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