Hace unos 20 años publiqué una serie de artículos que abordaban la cuestión de la crítica y la deconstrucción del discurso imperialista, en particular el discurso sionista. En esos artículos me centré en un tema sumamente importante: la fabricación de imágenes mentales y estereotipos, y cómo estas imágenes se promueven repetidamente hasta que poco a poco son aceptadas como si fueran verdades objetivas, cuando en realidad suponen una profunda distorsión de la realidad.
Hacer frente a tales discursos no es un ejercicio intelectual marginal, es una forma de lucha cultural y epistemológica que requiere paciencia, rigor intelectual y un constante esfuerzo académico. La lucha aquí no es meramente política o militar; es también una lucha por el conocimiento, el discurso y la producción de significado.
El desafío es aún más apremiante en un momento en que ciertas figuras de nuestras propias sociedades han comenzado a comportarse como lo que el difunto pensador egipcio Anouar Abdel-Malek describió una vez como «agentes culturales». Estas personas reproducen y difunden elementos del discurso sionista, a menudo bajo etiquetas aparentemente benignas o neutrales como el lenguaje del «diálogo abrahámico» u otros marcos similares que ocultan alineaciones ideológicas más profundas.
Gran parte de lo que hoy sabemos acerca de los mecanismos intelectuales que hay detrás de estos discursos se debe en gran medida al trabajo del académico palestino Edward Said. Gracias a su innovadora crítica del orientalismo, Said demostró que Occidente construía un conjunto sistemático de representaciones sobre Oriente. Este proceso nunca se limitó a la dominación militar,sino que estuvo apoyado por un vasto cuerpo de producción académica en campos como la antropología, la sociología y los estudios orientales.
Cualquier persona familiarizada con el discurso sionista reconoce rápidamente lo profundamente inspirado que eso está en este marco orientalista. En ocasiones el parecido entre ambos discursos es tan sorprendente que el relato sionista a menudo parece una extensión moderna, o incluso una reproducción directa, de supuestos orientalistas anteriores.
Ese es el motivo por el que hacer frente esos discursos requiere una lucha académica y cultural a largo plazo. No se requiere simplemente refutar argumentos aislados, sino desconstruir sistemáticamente los fundamentos intelectuales del propio discurso orientalista, así como continuar y ampliar el camino crítico abierto por Edward Said.
Un proyecto de este tipo implica necesariamente revisar y examinar críticamente una serie de nociones clave que estructuran conceptos del discurso político contemporáneo, como terrorismo, derechos humanos y derecho a la autodeterminación. Estos términos se utilizan con frecuencia de una manera muy selectiva que refleja los intereses de las potencias dominantes en vez de principios universales.
Tomemos, por ejemplo, el concepto de terrorismo. No se puede tratar como una etiqueta que se aplica selectivamente a actores particulares, mientras que se ignoran actos de violencia comparables o incluso mayores cometidos por Estados poderosos. Una definición coherente de terrorismo debe abarcar todas las formas de violencia sistemática y los asesinatos en masa, tanto en el pasado como en el presente, de lo contrario, seguimos atrapados dentro de un marco en el que el terrorismo se asocia exclusivamente a figuras como Osama Bin Laden, mientras que acciones como la invasión de Irak, la destrucción de todo un Estado y el asesinato de un gran cantidad de personas se excluyen de esa misma categoría moral y conceptual.
Esto también requiere volver a examinar de manera crítica los discursos históricos dominantes. Se sigue elogiando a muchas figuras políticas de Europa como símbolos heroicos, y hay calles y monumentos que llevan sus nombres, a pesar de haber participado en actos que hoy serían considerados sin lugar a dudas crímenes contra la humanidad.
Por ejemplo, a menudo se ensalza a Napoleon Bonaparte como un gran líder europeo, a pesar de que durante su campaña en el Mediterráneo Oriental ordenó la ejecución de miles de prisioneros en Gaza.
De manera similar, lo que comúnmente se conoce como el «descubrimiento de América» se elogia como un momento fundamental de la historia occidental, mientras que a menudo se quita importancia o se ignoran las consecuencias catastróficas que tuvo para las poblaciones originarias, que perdieron a decenas de millones de personas.
Incluso figuras ampliamente elogiadas por su papel en la derrota del fascismo, como Winston Churchill, continúan vinculadas a políticas que contribuyeron a la devastadora hambruna de Bengala de 1943, durante la cual murieron millones de indios.
De la misma manera, el gobierno de Leopoldo II en Congo fue uno de los sistemas más brutales de explotación colonial y muerte masiva de la historia moderna.
Volver a examinar esas realidades históricas no es un ejercicio de condena retrospectiva por sí mismo, sino que forma parte de la tarea más amplia de deconstrucción del discurso colonial surgido en el siglo XIX, que justificaba la conquista, la dominación y la violencia masiva bajo las banderas de «civilización» y «progreso».
Este trabajo exige una lucha académica persistente y rigurosa, porque en última instancia forma parte de una lucha humana más amplia destinada a afirmar dos principios fundamentales:
En primer lugar, que el terrorismo no es una especificidad cultural o religiosa; es una forma de violencia que puede adoptar muchas formas y ser cometida por muchos actores. Por consiguiente, el intento de confinar el concepto de terrorismo a una sola cultura o región es una construcción ideológica.
Segundo, que la justicia, la igualdad y la dignidad humana son derechos universales que pertenecen a todos los seres humanos sin excepción.
Solo podemos esperar cuestionar los discursos que siguen conformando las percepciones globales y las realidades políticas mediante un compromiso intelectual constante y una investigación crítica.
Salim Nazzal es un investigador, profesor, dramaturgo y poeta palestino-noruego autor de más de 26 libros, como Perspectives on thought, Culture and political sociology,y The road to Baghdad
Texto original: https://countercurrents.org/2026/03/on-critiquing-and-deconstructing- imperialist-discourse/
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