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8 pescadores desaparecidos desde enero en el ataque a la embarcación la Fiorella

Desaparición forzada de pescadores por militares de Estados Unidos

Fuentes: Comité por los Derechos Humanos de Ecuador - Fotos: Billy Navarrete

El 15 y 16 de abril del 2026 una delegación del CDH realizó la Misión de verificación sobre hundimientos de embarcaciones en Manabí. Esta Misión permitió la documentación de casos y reuniones para el fomento de la organización de los sobrevivientes y las familias de pescadores desaparecidos en alta mar. Además el CDH se reunió con funcionarios públicos relacionados con esta problemática.

Según testimonios documentados, en marzo del 2026 ocurrieron los hundimientos de las embarcaciones Don Maca y La Negra Francisca de la comunidad de pescadores artesanales San Mateo en Manta. Estos ataques fueron perpetrados por patrullas militares de Estados Unidos dentro de aguas territoriales del Ecuador, cerca de las Islas Galápagos, mientras la tripulación de las embarcaciones desarrollaban el usual trabajo de pesca. Además, el ataque a las embarcaciones Don Maca y La Negra Francisca, incluyó el uso de drones artillados y embarcaciones con militares estadounidenses.

Identificamos un patrón de conducta en estos ataques en alta mar que dejaron varios heridos graves, así como la detención arbitraria y torturas a más de 20 de pescadores en total, que incluyó largos períodos de incomunicación hasta ser entregados días después a patrulla de la marina de El Salvador, sin cargos en su contra. Posteriormente ambos grupos fueron repatriados a Ecuador.

Un caso similar pero agravado es el hundimiento de la embarcación Fiorella de la comuna Jaramijó ocurrido en enero del 2026. En este caso, 8 pescadores aún se encuentran desaparecidos. Dos sobrevivientes de este ataque narraron que, al momento de estar en una lancha pescando, lejos de la embarcación “Fiorella”, lograron observar humo y a partir de allí se desconoce el paradero de esa nave y de su tripulación.

De acuerdo a la información recabada, desde el CDH consideramos que la tripulación de las tres embarcaciones sufrió desaparición forzada por parte de fuerza militar extranjera.

Además es altamente preocupante el total hermetismo, inacción y silencio de las autoridades del Gobierno Nacional frente a este fenómeno de grave vulneración de Derechos Humanos de pescadores artesanales de Manabí.

Testimonios:

EMBARCACIÓN NEGRA FRANCISCA DUARTE

Hernán Flores, capitán de la embarcación Negra Francisca, tomado prisionero después del ataque estadounidense en aguas territoriales ecuatorianas.

Mi nombre es Hernán Flores. Soy el capitán de la embarcación Negra Francisca Duarte. He desempeñado este rol por unos veinte años. Soy habitante de San Mateo y la embarcación pertenece a mi padre. Salimos a faenas el 2 de marzo.

La revisión de rutina

El martes 17 de marzo, a las cinco de la mañana, nos abordó la guardacosta LG-30 de Galápagos para una inspección de rutina, estábamos a unas 170 millas de las islas, todavía en aguas ecuatorianas, territorio donde nosotros podemos trabajar. Ese tipo de controles los hemos tenido antes; es algo normal. Cuando la guardacosta encuentra un barco, revisan la pesca y verifican que no haya nada ilegal. Gracias a Dios, todo estaba bien. A las ocho de la mañana ellos se retiraron y nosotros continuamos nuestro rumbo 110 hacia el puerto de Manta.

Los drones

Cerca de la una y media de la tarde, mientras yo estaba en la cabina de mando, los muchachos que estaban en la cubierta me alertaron: «Capitán, ahí viene un dron». Vieron dos drones que traían unos tubitos colgando. Yo les respondí que no podíamos hacer nada y que siguiéramos el rumbo, pensando que eran solo drones de filmación y que no sabíamos que podían traer bombas.

En ese momento ocurrió el impacto: una explosión tan fuerte que nos dejó los oídos zumbando. Los drones impactaron atrás, en la popa y en la cabina. Un dron incluso pasó por la ventana y cayó en la cubierta; era un aparato de cuatro alitas y un tubo en medio. En total fueron dos drones y un mini avión de observación con dos aletas que nos siguió mientras nos dirigíamos al barco azul.

Mi sobrino Jordi

Bajé la marcha del barco y salí. Vi que a Jordi le había caído el techo encima; el dron había pasado justo a su lado. Como él es alto, el impacto le cortó profundamente; se le veía el hueso y tenía la cara partida, además de las quemaduras. No dejaba de gritar por su pie destrozado.

Los muchachos agarraron los extinguidores, pero las llamas se extendían rápido. Algunos se lanzaron al agua por el susto. Llevábamos cuatro fibras de pesca, de las cuales logramos jalar dos para recoger a todos, tanto a los que estaban en el mar como a los que seguían en el barco. En una fibra íbamos ocho personas y en la otra los ocho restantes. Quise agarrar el dron cuando la lancha nos fue a rescatar, porque quería tener la prueba, pero me dio miedo que explotara. Además, estoy seguro de que, si lo hubiéramos tomado, los gringos nos lo habrían quitado.

Una vez a salvo, procedimos a buscar aquel barco azul. Mientras navegábamos, un mini-avión de observación nos seguía desde el cielo; manteníamos la mirada fija en él por temor a que nos lanzara otra bomba. Cuando finalmente alcanzamos el barco, notamos que nunca nos auxilió ni mostró intención de ayudarnos; al contrario, parecía cambiar de rumbo para alejarse. Tardamos unos cuarenta minutos en alcanzarlos.

El barco gringo

Al acercarnos con el herido, vimos a varios gringos apuntándonos con armas. Nos gritaban «manos arriba» en español, pues utilizaban traductores. Yo fui el primero en subir; me esposaron con las manos atrás, me pusieron una funda en la cabeza y me llevaron a la parte superior del barco. Nos fueron sentando uno por uno en la cubierta. Como los muchachos iban descalzos y el piso era de puro fierro caliente por el sol, nos tiraban agua en los pies. Alrededor de las tres de la tarde nos dieron una botella de agua y el barco comenzó a navegar.

Al amanecer del miércoles, nos bajaron a todos. Nunca nos preguntaron qué había pasado ni qué accidente hubo, solo nuestros nombres. Recuerdo que uno de los compañeros lloraba y se quejaba; cuando intenté hablarle, nos ordenaron hacer silencio. A mi sobrino Jordi lo dejaron abajo para atenderlo, pero a otro compañero que estaba quemado no lo asistieron; él durmió con nosotros en el piso y al día siguiente su camisa estaba pegada a las ampollas de las quemaduras. Yo también tenía un golpe en la cabeza con sangre y solo me echaron agua. Andaba con muchos mareos por los golpes que tenía.

Durante la navegación pasamos mucho frío; nos caía agua en el barco y nos tenían a todos amontonados en un solo sitio en la proa. Los muchachos solamente iban en pantaloneta. Había compañeros con lesiones en la cabeza, otros con quemaduras, y uno que estaba todo morado por los golpes. Otro compañero, al momento de jalar una fibra, se cayó y se lastimó tanto que no podía dormir; tenía que hacerlo de lado o sentado. Dormíamos en el piso, en una zona que tenía como piedritas; estábamos con las esposas puestas y nos virábamos de lado por el frío.

El error que no reconocieron

Jordi nos contó después que, mientras lo atendían abajo, vio a los gringos discutiendo frente a un pizarrón donde tenían dibujado un barquito y dos drones. Cuando él les dijo que la guardacosta ecuatoriana ya nos había revisado esa misma mañana, los gringos se rascaron la cabeza y empezaron a insultarse entre ellos, echándole la culpa a uno de ellos que era gordito. Se dieron cuenta del error porque ellos no nos investigaron antes de atacar; simplemente nos detuvieron y nos obligaron a guardar silencio. Pero aun así nos mantuvieron encapuchados y sin comida.

A las seis de la tarde de esa misma tarde, pasó cerca de nosotros el barco Solavis, donde andaba un sobrino mío. Él logró tomar fotos del barco incendiándose y de las lanchas. Había una lancha que parecía haber sido bombardeada y lograron recuperar un motor. En ese video están las coordenadas exactas del incendio. Esa noche mi sobrino envió los videos por internet y la gente comenzó a especular. Nuestros familiares estaban desesperados porque pensaban que no había sobrevivientes.

Los que se lavaron las manos

En la mañana nos trasladaron a una lancha grande de la guardacosta salvadoreña. Los salvadoreños se sorprendieron porque no les entregaron evidencias; solo nos entregaron como náufragos. El nombre del barco gringo era Atlantis, algo como Atlantis Ocean o Splin, no estoy seguro. Pero la guardacosta salvadoreña lo sabe bien porque ellos mismos nos entregaron a ellos. Eran militares gringos; usaban uniformes como de color café y tenían armas.

Los salvadoreños sí nos preguntaron qué había pasado y nos dieron comida y agua durante los ocho días que duró el trayecto hasta El Salvador. Llegamos a El Salvador el lunes a las diez y media de la noche. Fue entonces cuando informaron que éramos náufragos y mi familia en San Mateo se enteró por las noticias a la madrugada. Llegamos a un lugar llamado Puerto Unión, en El Salvador. Desde allí, la policía nos llevó en un viaje de cuatro horas en bus hasta la ciudad de San Salvador.

Nos investigaron para ver si teníamos antecedentes y comprobaron que somos ecuatorianos de San Mateo y Manta. En El Salvador las leyes son muy estrictas; el proceso fue rápido y nos enviaron a migración porque necesitábamos un salvoconducto de emergencia para el viaje de regreso.

Rechazamos totalmente las declaraciones del ministro de Defensa. Si ellos tienen tanta tecnología, ¿por qué nos bombardearon? ¿Por qué no nos llamaron por radio o se acercaron? ¿Cómo puede una guardacosta gringa entregarnos a El Salvador sin ninguna evidencia, solo con la palabra ‘’náufragos’’? Si estuviéramos en algo ilegal, nos habrían llevado a la base de Galápagos, que estaba más cerca. Simplemente se lavaron las manos.

El otro muchacho, mi sobrino Jordi, aún sigue hospitalizado en el Rodríguez Zambrano. Lo peor es que no han tenido ninguna asistencia de salud pública; los familiares mismos están cubriendo todos los gastos de las medicinas porque el hospital no les ha ayudado en nada. Se le veía el hueso y todo, era algo feísimo.

CARMEN ESPINOZA

Mi nombre es Carmen Espinoza. Soy manicurista y esposa de uno de los tripulantes de la embarcación Negra Francisca Duarte que fueron atacados en alta mar. Mi esposo lleva treinta años en la pesca. Esta es la primera vez que nos sucede algo semejante.

La noche en la Capitanía

Nos enteramos de lo sucedido el martes 17 de marzo. Mi compañera se acercó a la Capitanía alrededor de las diez de la noche para pedir respuestas, porque ya circulaban videos en redes sociales. Yo no pude asistir en ese momento porque tengo una niña pequeña de un año y vivo en Jaramijó, lo que dificultaba mi salida a esa hora. Ella me informó que estuvo allí hasta las tres de la mañana y no recibió ninguna respuesta; de hecho, los funcionarios nunca abrieron la puerta y los familiares permanecieron a la intemperie toda la madrugada.

Al día siguiente me acerqué desde las diez y media de la mañana hasta las dos de la tarde, pero tampoco hubo respuesta alguna.

Las condolencias que nadie pidió

El jueves 19 de marzo, el Comandante Criollo se limitó a dar sus más sinceras condolencias en una rueda de prensa, alegando públicamente que los tripulantes estaban en aguas internacionales con sustancias ilícitas. Sin embargo, ese mismo día tuvo una reunión privada con un familiar de cada tripulante donde pidió disculpas, admitiendo que se había equivocado con la ubicación al no percatarse de que la información de su teléfono era errada. Nosotros exigimos una disculpa pública, porque detrás de cada tripulante hay familias e hijos, y no es justo que se deduzcan cosas sin fundamentos. Prometió darla en una rueda de prensa y nunca lo hizo. De hecho, se enojó cuando se le recordó su promesa.

Cabe recalcar que a las cuatro de la madrugada del 17 de marzo, ellos ya habían sido abordados por guardacostas de San Cristóbal. No tenían nada ilegal; venían de regreso a casa con su pesca. Queremos una explicación de por qué el comandante dio esa versión si en la Capitanía debe existir el registro de San Cristóbal que confirma que venían sin novedades. ¿Por qué fueron bombardeados a las dos de la tarde? ¿Cuáles fueron los motivos? Hasta el momento no tenemos respuestas.

Lo que mi marido vivió

Mi marido cuenta que cuando los capturaron los americanos, él tenía una lesión muy grave en el pie y no podía caminar. Aun así, lo maniataron con las manos hacia atrás. Cuando pidieron ayuda, los pasaron hacia adelante, pero les cubrieron el rostro con un saco, como de harina. Mi marido dice que, debido al intenso dolor en su pie, intentaba moverse, y por eso le golpearon la cabeza unas tres veces para obligarlo a no mirar hacia arriba, donde estaba la bandera de los americanos. Eso es una violación flagrante a sus derechos.

Era el primer viaje de mi esposo en esa embarcación específica; el esposo de mi amiga llevaba unos dos o tres viajes. Pero siempre han estado vinculados a las faenas de pesca; es el trabajo de toda su vida.

Ocho días en la oscuridad

Pasaron ocho días exactos desde el incidente hasta que supimos con exactitud dónde estaban. Nos enteramos por las fuerzas de El Salvador; ellos lo hicieron público y lo subieron a Facebook. Fue por ese medio que supimos, porque por parte de la Capitanía de aquí jamás recibimos información, ni siquiera tenían un número de contacto. Incluso la Capitanía salvadoreña puso un número en Facebook al que nosotros simplemente llamamos.

Cuando vimos la noticia en redes, el alma nos regresó al cuerpo al saber que, gracias a Dios, estaban vivos.

Después, el capitán de aquí salió en una rueda de prensa como si él hubiera gestionado todo, cuando en realidad no hizo nada.

Las marchas y los plantones

Creamos un grupo para coordinar acciones en la Capitanía. Hicimos carteles con fotos de nuestros esposos, marchas y un plantón. Desde San Mateo nos apoyaron con dos autobuses, pero el Comandante nunca dio la cara y se mantuvo siempre a puerta cerrada. Incluso cuando permitían entrar a los periodistas, no nos informaban nada a nosotros como familiares. De las acciones legales se encargó el abogado. Nosotros nos enfocamos en realizar las marchas, los plantones y el reclamo público directamente en la Comandancia. Fue una reclamación constante por la poca y mala respuesta que recibimos.

Lo que el Estado no hizo

La Cancillería salvadoreña no hizo nada referente a los pasajes; eso lo proporcionaron los dueños de la embarcación. Se habló de poner un vuelo humanitario para los tripulantes afectados, pero eso jamás se dio.

Como los familiares aquí queríamos el regreso inmediato de nuestros parientes, el dueño ayudó con la compra de los vuelos.

Empezaron a retornar unos cinco días después de las publicaciones en redes sociales. Regresaron primero los que estaban bien. En ese lapso de cinco días sí tuvimos comunicación con ellos gracias a la Cancillería de El Salvador; había un intermediario, un funcionario salvadoreño, que nos facilitaba el vínculo telefónico para hablar con nuestros familiares. No llegaron el mismo día: fueron llegando por grupos, primero tres, luego cinco, después otros ocho. Mi esposo llegó cinco días después de que logramos esa comunicación.

No realizan ningún tipo de ayuda; ellos son vulnerables en el mar, esa es la realidad. Se están violando sus derechos y nosotros exigimos respuestas, porque no es posible que el Capitán de la Capitanía diga que son unos delincuentes cuando no tiene bases ni fundamentos. Luego, tras dos días, hablan de un rescate cuando ellos jamás hicieron nada; ni siquiera tuvieron la delicadeza o la empatía de darnos una esperanza.

Nos preguntamos qué seguridad hay para que vuelvan a salir a sus faenas si el Estado ecuatoriano y la Capitanía no hacen nada para respaldarlos.

EMBARCACIÓN MACA

John Sebastián Palacios, tomado prisionero después del ataque estadounidense a la embarcación Don Maca, en aguas territoriales ecuatorianas.

Mi nombre es John Sebastián Palacios. Salimos a pescar el 18 de marzo del 2026 desde San Mateo, en la embarcación Don Maca. Navegamos ocho días en alta mar. Somos pescadores, no delincuentes, y lo que nos pasó no debería haberle ocurrido a nadie.

La patrulla nos seguía

A los siete u ocho días ya divisamos la patrulla. Nos siguió una noche entera mientras pescábamos, y la verdad es que sentimos preocupación porque los gringos nos andaban siguiendo. Simplemente nos dedicamos a pescar. Hicimos el primer cale y al día siguiente recogimos la pesca en la mañana. En ese primer cale sacamos 160 piezas entre picudo, albacoras y tollos; ya habíamos llenado casi un winche.

Siempre hemos usado esa ruta de pesca.

El ataque

A las cuatro de la tarde, yo estaba en la bodega acomodando el pescado cuando oímos dos detonaciones.

Una impactó en la parte de atrás, volando el tanque del combustible. Si el impacto hubiera sido una cuarta más arriba, no estaríamos aquí para contarlo porque todos los cilindros habrían explotado ahí. De ahí vino el otro tiro, más o menos por donde tenemos la comunicación.

Un compañero que estaba ahí resultó afectado; ahora tiene un daño psicológico y problemas en el ojo y en el oído, ha perdido casi toda la audición. Se llama Erick Fabricio Coello Saltos, de 27 años. Hay otro compañero más que ha quedado parcialmente sordo de un oído.

Ellos, en vez de atacarnos, ¿por qué no llamaron al barco? Tienen radio y pudieron decir: «¿Saben qué? Pasa esto, vamos a revisar el barco». Pero no, ellos nos atacaron sin previo aviso.

Esposados y encapuchados

Al ver a los gringos que daban vueltas, salimos a cubierta. Hay un video donde aparezco con una camisa blanca haciendo señas mientras la patrulla se acercaba. Era una patrulla azul, la Trans-Oceanic; tenía tres contenedores grandes atrás. Hicimos señales para que se acercara. Se acercó poco a poco y de lejos nos indicaron que saliera uno. Fuimos el capitán, mi persona y otro tripulante hacia allá. Nos preguntaron cuántos éramos y respondimos que veinte. Preguntaron si había heridos y confirmamos que uno. Dijeron: «Vengan para acá todos». Nosotros fuimos hacia ellos en la lancha.

Al ir subiendo, nos fueron esposando y encapuchando a todos. Después de que nos encapucharon, hicieron dos tiros más al barco. Tras media hora, hundieron la embarcación. Teníamos tanto miedo que no nos atrevíamos ni a buscar los teléfonos para grabar, pensando que si hacíamos un movimiento en falso nos dispararían de nuevo. Estábamos todos en la borda, listos para lanzarnos al agua con pomas si daban un tiro más.

Fueron los drones primero y luego la embarcación gringa. El barco todavía estaba a flote cuando nosotros subimos a las naves de ellos; fue en ese momento, después de que nos sacaron y nos encapucharon, cuando atacaron la embarcación y las lanchas para hundirlas. Había dos drones pequeños y uno más grande vigilando. Con su tecnología y radares, ellos tenían una visual completa de nosotros y sabían perfectamente que estábamos pescando de forma legal.

Ocho días en el Pacífico

Navegamos más o menos hasta las doce de la noche y nos pasaron a otra patrulla, una salvadoreña.

Cuando llegó esa patrulla, pensamos que nos iban a matar porque estábamos esposados y caminábamos hacia la orilla. Al sacarnos la capucha, los otros compañeros estaban asustados porque nos apuntaban. El capitán de la patrulla salvadoreña nos dijo: «Bueno muchachos, por el bien de ustedes y de mi tripulación, vamos a tener que esposarlos». Dormimos la noche esposados y así estuvimos ocho días hasta llegar a El Salvador. Dormíamos arriba en la cubierta, recibiendo sol y agua. Nos daban de comer una o dos veces al día.

Allá fuimos a dar declaraciones. Fue entonces cuando nuestras familias se enteraron de que estábamos vivos gracias a la compañera que tomó la foto, porque mientras estábamos en la patrulla preguntábamos si habían dado aviso y nos decían que sí, que ya le habían comunicado a la Marina del Ecuador, pero nunca pasaron información ni fotos.

EMBARCACIÓN FIORELLA

EDUARDO MORERA ESPINAL

Mi nombre es Eduardo Morera Espinal. Soy el dueño de la embarcación Fiorella. Mi historia con la pesca comenzó cuando tenía quince años, junto a mi padre, que fue capitán y armador. El barco Fiorella nunca había tenido un incidente en su historia.

La señal que se perdió

Hasta antes de que salieran, manteníamos contacto con ellos porque llevaban internet. Hablaba con el capitán y con el maquinista sin ningún inconveniente; ellos contestaban y me decían que no tenían ninguna falla, que iban a su faena de pesca para capturar pulpos. Navegaron unos tres o cuatro días hasta llegar a la zona donde iban a pescar, alcanzando la posición 85 y la 012 Sur. Un día antes del incidente se les había dañado el internet, pero igualmente, por el tema de los piratas, siempre llevan un teléfono satelital.

Yo monitoreaba el barco todos los días a través de la computadora. El chip de rastreo funciona como el de los carros nuevos. Ese día vi que la señal marcó hasta la una del mediodía del lunes. Me asusté porque, cuando algo así ocurre, ellos suelen llamar inmediatamente para avisar de cualquier falla. Como el capitán sabía que yo lo monitoreaba, el hecho de que no me respondiera me hizo sentir desesperado.

Fui a la casa de la esposa del maquinista y luego a la del papá del capitán para conversarles; finalmente, tomamos la decisión con mi esposa de ir a la Capitanía para dar el parte, porque un barco no desaparece así de un momento a otro. Dejamos los escritos y la denuncia en la Capitanía, pero al día siguiente, al no ver ninguna reacción, fuimos también a la Fiscalía con un abogado para poner la denuncia formal.

Los días anteriores al ataque

Unos tres días antes de que esto pasara, el capitán le avisó a su esposa que los estaba siguiendo una patrulla y un dron les daba vueltas. Era casi el mismo caso de las otras embarcaciones. El capitán también me mandó un mensaje diciendo que la patrulla lo seguía mucho, pero que iba a seguir con el rumbo, tal como hicieron los demás capitanes; pensaba que si los paraban o abordaban, no habría problema porque no tenían nada ilegal y simplemente andaban pescando. Al día siguiente la patrulla se alejó, pero el dron continuó siguiéndolos.

Las lanchas y lo que vieron

Una vez en las coordenadas de pesca, procedieron a abrir las lanchas. Abrieron dos: mientras una parte de la gente que pescaba en el barco, una lancha caló el espinel (práctica de colocación de línea de anzuelos para pesca) al lado de la nave y la otra lo hizo más lejos, hacia la parte de tierra. Quedaron en encontrarse con el capitán al día siguiente en una posición específica para entregar su pesca, pero el barco nunca llegó.

Los tripulantes de la lancha alcanzaron a visualizar a lo lejos algo que botaba humo negro y oscuro, pero pensaron que tal vez era algún barco mercante que pasaba por ahí, ya que la nave no había mostrado ninguna señal de daño previamente. Se quedaron toda esa noche esperando en la posición acordada y, al ver que el barco no llegaba, fueron a buscar el espinel de la nave.

Lo encontraron. El espinel es el arte de pesca que consiste en un carrete de piola muy largo que lleva un anzuelo encarnado cada treinta o treinta y dos brazadas. Encontraron el espinel, se amarraron a la punta de la bandera y esperaron hasta la noche del día siguiente, pero el barco jamás apareció. Se imaginaron que algo malo había pasado. No se acercaron antes hacia allá porque no tenían suficiente gasolina, así que les tocó arriesgarse y navegar hacia tierra.

En el camino encontraron un barco que les prestó los primeros auxilios y les dio comida. A través de ese capitán hablaron con el dueño, quien luego me llamó para decirme que habían encontrado una de las lanchas del barco. Yo me sorprendí mucho porque el capitán y el maquinista eran personas muy responsables; era algo muy raro que se hubiera perdido la lancha del barco.

Cuando llegaron los dos tripulantes que se salvaron, confirmaron que la patrulla y el dron los venían siguiendo, y que aunque la patrulla se separó, el dron se mantuvo allí hasta que ellos se abrieron para pescar y perdieron de vista el barco. Con mucho sacrificio y préstamos habíamos construido ese barco. Estábamos trabajando muy bien.

JOHNNY VALENCIA

Johnny Valencia, pescador y padre del capitán de la Fiorella, Juan Carlos Valencia, quien continúa desaparecido desde el hundimiento de la embarcación en enero pasado.

Mi nombre es Johnny Valencia. Soy pescador de Jaramijó, en la provincia de Manabí. Empecé en el oficio desde los ocho años y tengo cincuenta y dos años en el mar. Soy capitán encargado de barco con unos veinticinco años de experiencia. Desde el 20 de enero no sé nada de mi hijo Juan Carlos, capitán de la embarcación Fiorella. Salieron el 13 de enero del 2026 y el incidente ocurrió exactamente a la una de la tarde de ese martes 20 de enero.

La embarcación Fiorella

La Fiorella es una embarcación pequeña, de unos quince metros de largo por cinco de ancho; mucho más pequeña que el Don Maca o la Negra Francisca. Salieron con diez tripulantes. Mi hijo andaba como capitán.

Tenían dos lanchas desprendidas: una hacia el norte y la otra hacia el este, a unas quince millas. Había dos personas en cada lancha y seis se habían quedado a bordo de la Fiorella. Estaban parqueados, como se dice, porque habían calado el espinel (práctica de colocación de línea de anzuelos para pesca).

La última comunicación

Hablé con mi hijo a las ocho y media de la mañana del martes 20 de enero de 2026 por teléfono satelital y le pregunté cómo estaban las cosas. Me dijo: «Padre, las cosas están bien; lo único es que nos han andado siguiendo drones y patrullas». Pero como andaban trabajando tranquilos, nunca pensamos en lo que iba a pasar. Eso fue lo último que supe de él. Se terminó el saldo del internet satelital poco después, y el mensaje que me envió con su ubicación fue porque le andaban siguiendo los drones.

Los drones que venían siguiéndolos

Antes, la presencia de patrullas y drones era usual pero distinta. La patrulla solo daba una vuelta, los revisaba y se iba. Los drones y aviones solo pasaban. Pero esta vez fue diferente: desde los días 17, 18 y 19 de enero les estuvieron dando vueltas. Inclusive una guardacosta ecuatoriana llegó a estar a solo una milla de distancia de ellos. El día 20 de enero, a la una de la tarde, fue el ataque. A esa hora se perdió totalmente la señal del chip de rastreo. Incluso el dueño del barco me llamó para decirme que ya no tenían señal, y aunque pensamos que podía ser una falla, nunca había pasado algo así.

La lancha que se encontraba al este llamó por radio desesperado tres veces: «¡Capitán, capitán!», pero se perdió la comunicación también con la otra lancha del norte.

Aguas nacionales, no internacionales

Son puras aguas nacionales, señor. Es territorio ecuatoriano; estamos frente al puerto de Manta. Ellos se encontraban aproximadamente en las coordenadas 85 05 y 012 Sur, lo que equivale a unas 240 o 250 millas de la costa. En la Capitanía dijeron que ellos tenían otras coordenadas y que estában en aguas internacionales. Yo le dije al Capitán del Puerto que no, que las coordenadas que ellos manejaban no eran internacionales. Tal vez pensó que yo no conocía, pero yo también soy capitán y sé que estábamos en aguas nacionales.

Tengo como veinticinco años de experiencia; sé dónde está Ecuador, dónde está Perú y dónde está Colombia. Si fuera internacional, tendría que haber sido una patrulla colombiana, no una americana.

Los dos sobrevivientes

En el caso del Fiorella no tenemos una evidencia física como la de la Negra Francisca, pero sí tenemos los testigos que vieron cómo el barco humeaba. Son dos sobrevivientes que andaban en la fibra «Primer Mandamiento»; uno se llama Ignacio y del otro desconozco el nombre. Estaban calados hacia el este y, aproximadamente a la una de la tarde del 20 de enero, divisaron una humareda hacia el oeste, en la dirección donde se encontraba la Fiorella.

Se quedaron jalando el espinel hasta cerca de las siete de la noche, esperando que la Fiorella llegara a recogerlos como era rutina, pero la embarcación nunca apareció. Se mantuvieron en la zona durante el día siguiente y revisaron unas tres o cuatro millas a la redonda, pero no encontraron rastro alguno. Decidieron navegar hacia el puerto y, en el trayecto, se encontraron con otra embarcación que finalmente los trajo a tierra. Fue entonces cuando supimos de lo ocurrido y ellos procedieron a dar su testimonio tanto en la Capitanía como en la Fiscalía.

El Capitán del Puerto cuestiona de forma absurda el testimonio de uno de ellos. Al llegar al puerto, ese tripulante no recordaba el nombre exacto de la fibra en la que andaba y le preguntó a su compañero, anotándolo en un papel: «Primer Mandamiento». Cuando estaba rindiendo su versión oficial, consultó el papel para precisar el nombre, y el Capitán del Puerto alegó que el testimonio no era válido porque «estaba leyendo lo que iba a decir». Es un argumento totalmente ilógico y fuera de lugar.

Maldad que no tiene nombre

No estamos satisfechos con la respuesta de la Capitanía porque no nos ayudan. En la Capitanía no nos dicen lo que debe ser ni nos dan respuestas claras. Lo que les pasó a la Negra Francisca Duarte y al Don Maca tiene que haberle pasado a la embarcación Fiorella; de hecho, ellos fueron los primeros en ser atacados. Lo que queremos, es que estén con vida o en cualquier cárcel, pero que por favor los regresen.

Antes Manta había sido un lugar con presencia de Estados Unidos, hace unos quince años, durante el Plan Colombia. En ese entonces esa presencia también dejó casos de ataques a pescadores y hundimiento de naves. En esos años, imagínese cuántos barcos y cuántas embarcaciones se perdieron. Nosotros nos dedicamos a la pesca, somos personas pobres y ellos vienen a hacernos un mal aquí al Ecuador cuando nosotros no le hacemos daño a nadie.

Hubo una consulta popular donde dijimos que no queríamos bases militares estadounidenses, pero prácticamente el voto de los ecuatorianos no vale, porque aunque la mayoría dijo que no, igual están aquí.

Ya tienen muchos años aquí, lo que pasa es que no atacaban como están atacando ahorita.

MARIA MERO

María Mero, su esposo y su hermano son pescadores y están desaparecidos desde el ataque estadounidense a la embarcación la Fiorella en aguas territoriales ecuatorianas.

Mi nombre es María Mero. Tengo a mi esposo y a mi hermano en la embarcación Fiorella. No tenemos noticias de ellos desde el 20 de enero, cuando desaparecieron. Ya son tres meses.

Tres meses de silencio

Desde que desaparecieron no se han comunicado. No entendemos por qué se los llevan sin darnos información. Lo único que queremos es que los devuelvan. Si alguna patrulla los tiene o están presos, que nos lo hagan saber y los entreguen, porque ellos son pescadores. Son inocentes y no andaban haciendo nada malo.

Estamos sufriendo todos por esto. Pedimos que se apiaden de nosotros, porque hay niños que necesitan a sus padres. Los ocho pescadores que están retenidos necesitan a sus familias y nosotros también los necesitamos a ellos.

Esta experiencia ha sido muy dolorosa; estamos desesperadas por no saber de ellos. Queremos saber dónde los tienen. Los queremos de regreso con vida porque la incertidumbre es insoportable.

Los que quedamos esperando

Tengo una niña pequeña que llora por su papá. El padre de mi esposo está enfermo. La mamá de mi esposo acaba de fallecer. El padre sufre de diabetes. Y mi hermano también está desaparecido. Es una situación desesperante para nosotros.

Las autoridades no nos han ayudado; nos han dejado a un lado. No tenemos conocimiento de que se haya realizado ninguna búsqueda real. Cuando hemos ido a la Capitanía exigiendo información, no nos dan nada.

Ya ha pasado antes

Ya han ocurrido casos similares anteriormente aquí en Jaramijó, hace tiempo, pero se habían detenido. Sin embargo, desde el mes de enero han vuelto a hacer lo mismo con los pescadores. Creemos que la patrulla hizo lo mismo que con las otras embarcaciones: los atacaron y se los llevaron. Así como se los llevaron, exigimos que los retornen.

Si están presos o bajo custodia de una patrulla, exigimos que los regresen. Los queremos de regreso con vida. Le pedimos directamente al presidente Daniel Noboa y al presidente de los Estados Unidos que, por favor, dondequiera que los tengan, los devuelvan. Son pescadores inocentes y ya han pasado tres meses.

MARÍA CUEVA

Mi nombre es María Cueva. Mi hijo Jefferson Mera Cueva tiene veinticinco años y lleva casi diez en la pesca; empezó cuando tenía dieciséis. Salió a faenas el 13 de enero y desde el 20 de ese mes no ha regresado. Era el pilar de nuestra casa.

El pilar de la casa

Actualmente no hago nada. Mi hijo era quien trabajaba para el sustento de todos nosotros. Su papá está enfermo; padece de diabetes e hipertensión. Desde que no está, la estamos
pasando muy mal. Lo único que pido es que mi hijo regrese o que, dondequiera que lo tengan, me den una comunicación o una llamada para saber que está con vida. Eso es lo que le pido a Dios, que me ayude a encontrarlo.

Nunca antes Jefferson había tenido incidentes de este tipo. Es la primera vez. Salió a faenas de pesca y ya no regresó.

Las puertas cerradas

Hemos ido a la Capitanía, pero nos cierran la puerta y no nos atienden. El Capitán Diego Criollo se niega a recibirnos; siempre dice que está ocupado y que hay que sacar cita para que lo atienda a uno. Esto pasó por los meses de enero y febrero. Éramos varias familias las que fuimos; yo subí la última vez.

Lo que nos dijo la Capitanía es que ellos ya habían cerrado el caso. Alegaron que ya estaban muertos y que fuéramos a hablar con el dueño para que nos diera la indemnización porque ya no iban a volver. Eso fue lo que nos dijo el Capitán del Puerto. Pero nosotros mantenemos la esperanza de que ellos regresarán.

Las palabras del Capitán nos causaron mucho dolor; en lugar de ayudarnos, parece que quiere desanimarnos o entristecernos para que dejemos de buscarlos. En vez de darnos apoyo, nos dio la espalda. Estoy segura de que él no ha mandado a buscar a nadie.

El espinel y lo que encontraron

El dueño del barco fue quien envió una embarcación privada a buscarlos después de que se perdieron. Hallaron el espinel del barco en el lugar donde se encontraba la nave. El espinel es el arte de pesca, donde ellos pescan. Por eso estoy segura de que a la Fiorella le pasó lo mismo que a los otros barcos; fue la primera embarcación a la que le hicieron eso. Estoy convencida de que ellos mismos fueron.

Si se encontró el espinel en ese lugar, debieron investigar si el barco estaba hundido o enviar buzos. Pero no tenemos información de que eso se haya hecho.

Mientras no aparezcan los cuerpos

Mientras no aparezcan los cuerpos, nosotros seguiremos reclamándolos con vida.

Solamente pedimos que los devuelvan, que vuelvan ya, porque estamos desesperados. Como madre ya no como ni duermo; no sé ni qué hacer. Mi esposo está enfermo y los niños también. Siento que quiero morir por esta situación.

Trascripción y edición de textos Jennifer Torres y Samir Vargas.

Fuente: https://www.cdh.org.ec/informes/692-desaparicion-forzada-de-pescadores-por-militares-de-estados-unidos.html

Notas de prensa relacionadas:

16 abril 2026
Familias de ocho pescadores desaparecidos denuncian falta de búsqueda estatal Diario El Comercio
Ante este escenario, el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) elevó el caso al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, organismo que el pasado lunes exigió a Ecuador implementar acciones urgentes de localización.
Nota completa: https://tinyurl.com/yffb24am

16 abril 2026
Desaparición de pescadores enciende alertas y reclamos contra autoridades ecuatorianas
Diario venezolano El Nacional
Ante la falta de acciones concretas, el caso fue llevado al plano internacional. Fernando Bastias, del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), informó que se acudió al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, el cual instó al Estado ecuatoriano a actuar con urgencia para localizar “de forma inmediata” a los desaparecidos.
Nota completa: https://tinyurl.com/ye2y3d9j

16 abril 2026
Comité de Derechos Humanos exige investigar desaparición del barco Fiorella en altamar frente a Ecuador
Portal kchcomunicaciones.com
El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) solicitó investigar la desaparición de la embarcación Fiorella, sin rastros hace casi tres meses en altamar.
La organización activó una acción urgente ante el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas.
El abogado Fernando Bastidas, representante del CDH, explicó que el organismo internacional ya emitió recomendaciones. Entre ellas, pidió establecer cooperación inmediata entre Ecuador, El Salvador y Estados Unidos para ubicar a los tripulantes.
Bastidas indicó que las familias “requieren información oficial que esclarezca los hechos”, lo que hasta ahora no ocurre.
Nota completa: https://tinyurl.com/4y6une3t

16 abril 2026
CDH pide a la ONU investigar desaparición de la embarcación Fiorella en Manabí
Diario Ultima Hora
El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) elevó una acción urgente ante el Comité contra la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas por la desaparición del barco pesquero Fiorella, del cual no hay rastros desde el pasado 20 de enero de 2026. La organización exige que el Estado ecuatoriano establezca una cooperación inmediata con El Salvador y Estados Unidos para localizar a los tripulantes.
Los abogados de las familias, Fernando Bastidas y Juan Alvía, denunciaron la falta de operativos oficiales oportunos y criticaron que las autoridades marítimas hayan insinuado, sin pruebas, vínculos con actividades ilícitas. Según testimonios, antes de perder contacto, se observaron drones sobrevolando la nave y una columna de humo negro en el horizonte. La defensa sostiene que existen indicios de una posible intervención externa, por lo que solicitan que el caso sea investigado como desaparición forzada.
Nota completa: https://tinyurl.com/bdda5y7f

17 abril 2026
ONU exige a Ecuador buscar a ocho pescadores desaparecidos en Manabí
Radio Pichincha
Por su parte, Fernando Bastias, coordinador del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) de Guayaquil, señaló que existe una “incapacidad reconocida” de la Fiscalía debido a la falta de cooperación institucional.
Bastias subrayó que este no es un caso aislado, citando incidentes similares con las embarcaciones ‘Don Maca’ y ‘Negra Francisca II’, las cuales habrían sido atacadas por naves estadounidenses.
Nota completa: https://tinyurl.com/p3bpwxca

21 abril 2026
‘We were terrified they were going to kill us’: fishers who survived US boat strike speak out
Díario británico The Guardian
“Un buque estadounidense los interceptó y los obligó a subir a bordo. Una vez detenidos, su barco pesquero fue dinamitado”, declaró Fernando Bastias Robayo, abogado del Consejo de Derechos Humanos (CDH). “Les cubrieron la cara arbitrariamente y luego los abandonaron en la costa salvadoreña. Cualquier aprehensión seguida de detención incomunicada constituye una desaparición forzada.
“Fue una forma de tortura psicológica, la incertidumbre sobre el futuro y el hecho de tener el rostro cubierto”, añadió.
Bastias Robayo afirmó que no ha habido respuesta oficial ni de las autoridades ecuatorianas ni de las estadounidenses.
Nota completa en ingles: https://tinyurl.com/2fw3k27w
Descargue nota traducida por el CDH al español: https://nube.interfabu.com/s/Cr2cGWWGYKF4zpj

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