En un libro de flamante aparición en torno a una revolución no tan recordada ni estudiada, se proporcionan elementos para la indagación fecunda a propósito de las grandes irrupciones de la rebelión popular organizada y consciente en grandes procesos históricos. Enriquece el enfoque la conjunción de dos autores que aúnan la sólida formación teórica e histórica con la experiencia de participación militante en el devenir que estudian.
Aldo Casas-António Louca.
La revolución portuguesa y sus antecedentes: Comuna de París, Soviets Rusos, Consejos Alemanes.
1ª edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Huella del Sur-Herramienta-La Montaña, 2025.
220 páginas.
Vale la pena la reproducción de un pasaje del prólogo a este trabajo:
“En tiempos de revolución, el movimiento se acelera y las erupciones se hacen inevitables. La experiencia vivida por las clases dominadas se intensifica, y el aprendizaje que antes se hacía en décadas pasa a hacerse en días. Hay en las revoluciones un tempo y ritmo propios: el reloj -y el calendario- de la revolución no es simple registro de «tiempo abstracto», de horas, días y meses siempre iguales. “
“Es un complejo mecanismo con tiempos y contra-tiempos plenos, vividos. Y es sobre este mecanismo -complejo, desacompasado, incluso azaroso, irreductible a cualquier explicación monocausal- sobre el que se detiene el presente libro, con la convicción de que se trata de un terreno en que aún mucho resta por hacer y aprender.”
Centrado en una revolución en la periferia europea en la década de 1970, este libro toma también sus precedentes más célebres para la reflexión en torno a tiempos, aprendizajes, ritmos y mecanismos de los procesos revolucionarios. Y consigue la hazaña, en una extensión más bien breve, de poner a consideración de los lectores más de un siglo de conmociones del orden existente suscitadas por la irrupción de las masas.
Selecciona de allí los aspectos más ricos para la reflexión y la acción en torno a la transformación social radical, sus condiciones de posibilidad y las luchas que se desatan en su torno. Estas últimas contra sus enemigos o también entre quienes manifiestan apoyo a la iniciativa de construir lo nuevo.
Revolución en Portugal. Su momento y sus peculiaridades.
Quien suscribe estas líneas recuerda la profunda impresión que le causaba a él, adolescente de 15 años, politizado pero aún no militante, la eclosión de un proceso como el portugués en Europa Occidental.
No me refiero al momento inicial sino a partir de que Antonio Ribeiro de Spinola queda desplazado junto con su propuesta de reciclado de las relaciones de poder existentes. Un franco proceso de radicalización que hizo temer a los poderosos que una revolución socialista tuviera lugar en medio del territorio de la OTAN.
Las particularidades eran varias: Su inicio con el derrocamiento de una gravosa dictadura de medio siglo de duración que apostaba al exterminio de la vida política de los de abajo; la imbricación con el fracaso de una guerra anticolonial en África y el descontento resultante entre soldados, oficiales y la sociedad en general.
Se sumaba el imperativo de la demorada independencia del imperio portugués, enarbolado por movimientos con conducciones radicales.
También la presencia protagónica de militares de carrera a los que se suponía también imbuidos de ideas de izquierda radical, configuradas sobre todo en las colonias en contacto con el “enemigo” de los movimientos de liberación.
Todo sobre un escenario de huelgas continuadas, tomas de fábricas y tierras, intentos de represión que terminaban en confraternización de las tropas con quienes protestaban. Asambleas y otros espacios de debate público que se diseminaban por todo el país, mientras se cuestionaban las relaciones de propiedad y los poderes tradicionales.
Las manifestaciones de poder popular en Portugal fueron muy variadas, más de multiplicidad que de dualidad de poderes, tal como sostienen los autores. Las fábricas; los campos, el hábitat urbano, los ámbitos estudiantiles, dieron lugar a diferentes comisiones y asambleas que tomaron poderes en sus manos, mientras predominaba la voluntad movilizada de cambiarlo todo.
En las propias fuerzas armadas hubo un desarrollo multiforme, con múltiples órganos deliberativos, en la metrópoli y en las colonias. Con suboficiales y soldados en puja por tomar posiciones de poder al lado de los oficiales. Todo enmarcado en una disputa activa, que incluyó reiteradas tentativas golpistas por parte de los sectores más conservadores, que pudieron ser conjuradas.
Perdura hasta hoy el estímulo para adentrarrse en esos días febriles de 1974-1975 en el que el “mundo libre” se estremecía ante la perspectiva de que el “comunismo” se instalara en la puerta oeste de entrada al continente europeo. Eran los mismos días de la derrota yanqui en Vietnam. El curso de la “guerra fría” no se presentaba favorable a EE.UU.
Pensar la historia de la revolución de cara al futuro.
En el libro se desenvuelve una exploración presidida por la problemática del poder popular y la autoorganización y autoactividad de las masas, seguida a lo largo de un siglo y medio de historia del continente europeo.
La obra pone en relación al proceso portugués con tres recorridos revolucionarios de los siglos XIX y XX. Jalones fundamentales del itinerario en el continente europeo y en el mundo.
Todas esas revoluciones fueron escenario de la confrontación de tendencias entre la institucionalidad burguesa y la proletaria y popular. Incluidas las asambleas constituyentes, una y otra vez volcadas a la neutralización del proceso revolucionario. Lo que sólo en Rusia fue coronado con el triunfo revolucionario, con la rápida clausura de ese órgano.
No es por azar que al definir los “antecedentes” en el subtítulo del libro, no aparezcan éstos como revolución rusa o alemana sino a través de los “soviets” y los consejos, las expresiones de poder popular que los caracterizaron.
Si bien el recorrido por las diferentes revoluciones no está estructurado desde una exposición analítica sino como narración de su transcurso, el despliegue de los temas deja claro cuáles son las principales inquietudes teórico-políticas de los autores.
Los avances del doble poder son enfocados junto con las tentativas de sofocamiento provenientes de las fuerzas de la contrarrevolución. Así como las del interior del campo revolucionario que buscan, sea o no a plena conciencia, la domesticación y la burocratización. La que usurpa a los trabajadores y al pueblo el poder adquirido en el transcurso inicial de los respectivos movimientos.
También se toman en cuenta las vacilaciones, retrocesos y extravíos del propio movimiento de masas. Y por supuesto también las de la dirigencia, más allá de su vuelo teórico o sus buenos propósitos.
El recorrido por puntos decisivos de más de un siglo de historia de luchas obreras y populares marca un serio intento de comprensión, de señalamiento de puntos en común, de construcciones que se han reiterado en algunos rasgos fundamentales. Más allá de las diferencias de espacio, tiempo, grado de conciencia, niveles de organización.
El párrafo con el que cierra el libro es de pertinencia indudable para la caracterización de los desafíos actuales, en Portugal y en el mundo: “…cuando vientos o tempestades de extrema derecha constituyen una amenaza cierta e ineludible quien quiera salvar la democracia tendrá que luchar por una nueva revolución. Y de lograr salvarla, no habrá salvado esta democracia, sino otra muy distinta.”
Se delinea así una cuestión clave con miras al porvenir: La reactualización de la perspectiva socialista lleva aparejada más que nunca el pensar de nuevo el cauce de la iniciativa popular desde abajo. Y de las rupturas democráticas que superen de modo definitivo el descalabro agonizante del sistema representativo.
Este trabajo deja abierta la pregunta sobre las revoluciones futuras, las del siglo XXI. Una centuria en la que las transformaciones radicales aparecen como más indispensables que antes, a la luz de la degradación creciente del capitalismo y su giro cada vez más autoritario.
Frente a esa necesidad, las soluciones socialistas aparentan hoy ser más lejanas e improbables que hace 50, 100 o 150 años. Hay grandes problemas que siguen planteados en cuanto a conciencia colectiva, autoorganización y autogobierno, y reemplazo radical de la representación política. Son interrogantes abiertos con miras a los nuevos procesos de transformación.
Adquieren otro significado a la luz de la deriva autoritaria a la que asistimos, de intromisión tecnocrática generalizada y desplazamiento de cualquier atisbo de voluntad ciudadana por la decisión empresarial. Todos rasgos que atraviesan cada vez en mayor proporción las “democracias” realmente existentes.
En un momento en que salta a la evidencia con luz refulgente que lo que enfrentamos es la perspectiva de nueva conjunción entre capitalismo y autocracia, libros como éste nos llevan a la reflexión acerca del indispensable planteo articulador de socialismo y auténtica democracia popular.
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