Al aceptar que Delcy era el remplazo legal de Maduro, Trump, que rara vez se preocupó por la legalidad de algo, aceptó la realidad del mito de que María Corina Machado y su adormilado candidato Edmundo González eran populares y que habían ganado legalmente las últimas elecciones.
La realidad es que en Venezuela, a pesar de las ineficiencia de su Gobierno, Maduro era un candidato popular, aunque fuese solo por la masa de empleados públicos alimentada desde el PSUV. Toda esa gente que saca su pan de un carguito público vota por Maduro. Si Trump hubiera querido imponer a María Corina en Venezuela, María Corina es detestada con pasión por las grandes mayorías venezolanas y por haber manifiestamente traicionado a su patria cuando siendo diputada del Congreso venezolano renunció a su curul para hacerse nombrar embajadora de Costa Rica ante la OEA.
Eso denota una abismal ignorancia del derecho internacional y del derecho venezolano. Porque es bien conocido que todo aquel que acepta ser representante de un país extranjero pierde su nacionalidad original. Como si eso no bastara, María Corina abogó abiertamente porque Estados Unidos invadiera a Venezuela. Una persona que aboga para que una potencia extranjera invada su país es un traidor como se quiera mirar. Si a eso le añades que la potencia escogida para invadir el país es Estados Unidos, un país cuya crueldad genocida cuando invade bombardeando primero a los civiles, es solo superada por Israel.
En un momento de lucidez, por una vez, Trump se decidió por la legalidad y si bien secuestró a Maduro aceptó dejar a Delcy, que era su legitima sucesora. Delcy, a diferencia de los demás funcionarios escogidos por Maduro, es una mujer inteligente con estudios en universidades europeas, que habla varios idiomas, cuando se conoce la reiterada preferencia de Maduro por viejos compañeros de su pasado sindical y mejor si lucían el taparrabo de haber iniciado estudios universitarios, aunque nunca hubiesen terminado su carrera (college drop-outs) los llaman despectivamente en inglés y haber abandonado estudios más parecía haber sido un mérito en el Gobierno de Maduro.
No todos los venezolanos estamos descontentos con la desaparición de Maduro del panorama político venezolano, aunque obviamente desaprobemos el método utilizado. Es cuestión de realpolitik. Estoy contento con el cambio, porque Delcy está, por sus estudios y cultura general, llamada a ejercer un mejor Gobierno. Basta que trate de seguir en lo que pueda la línea nacionalista y siga siendo consciente de que Venezuela pertenece al Sur Global y no se deje meter goles por el imperio, como que se lleve gratuitamente nuestro petróleo con el pretexta de que lo está vendiendo pero deposita las ganancias de Venezuela en una cuenta controlada por el Gobierno de Estados Unidos.
Eso no solo perjudica su imagen, porque para que Delcy desarrolle una imagen propia que la haga triunfar en las próximas elecciones solo necesita devolver al país la eficiencia que antes tuvo. Hacer que Venezuela vuelva a ser eficiente en el suministro de servicios públicos como agua limpia, electricidad y gasolina para todos. Para poder llegar a esa meta, el Gobierno de Venezuela necesita que los ingresos petroleros ingresen directamente en las arcas del Gobierno nacional de Venezuela. Sugiero que se siga insistiendo en la política hacia obtener una soberanía alimentaria, porque nuestra querida Cuba está sufriendo, ahora que está bajo asedio, el error de no tener una soberanía alimentaria.
Desde que fueron descubiertas unos siglos atrás en el imperio de los incas, las patatas han sido el tubérculo preferido para combatir el hambre. Fomente usted el cultivo de las patatas. Si alguien desea consultarme, en mi paso por la Dirección General de Mercadeo agrícola me convertí en experto sobre la distorsión de precios y monopolios que afectaron ese cultivo en Venezuela.
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