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El proyecto civilizatorio de las élites tecnoaristocráticas: la Universidad en el capitalismo digital

Fuentes: Rebelión

La Las élites tecnoaristocráticas se asumen a sí mismas como asignadas para gobernar a las sociedades contemporáneas.

Defienden un proyecto civilizatorio con base en el control de los datos y la información; un proyecto con un Estado que les financie y les contrate sus aventuras tecnológicas, pero que a su vez logren depredarlo para eludir sus regulaciones, el cobro oneroso de impuestos, y la capacidad de dicho Estado para articular la vida social. Su apuesta es un mundo post-liberal y post-político, donde se impongan los dueños –los tecnoartistócratas y los tecnócratas–, por encima de los inquilinos -los administradores de lo público-. Una jugada maestra para la privatización del Estado y para copar sus agencias estratégicas a través de la inteligencia artificial y el Big Data, en el contexto de la denominada “república tecnológica” (https://shre.ink/77rf).

Se trata del movimiento neorreaccionario (NRx) de la llamada “IIustración Oscura” (Dark Enlightenment) –cuyo ideólogo es el ingeniero en informática Curtis Yarvin–, que hunde sus raíces en el tradicionalismo y en el neoconservadurismo; al tiempo que se opone al igualitarismo y concibe al Estado como una entidad que se convierta en una starup. Al tiempo que apuesta por el poder ilimitado de esta oligarquía digital del Sillicon Valley. Como quiera que sea entendida, para este movimiento la democracia es un experimento político fallido que, debido a su debilidad, es preciso finiquitar.

Los vínculos de estos grupos neorreaccionarios con el trumpismo son evidentes. Su tecnoideología influye en la llamada “derecha alternativa” –alt-right y apuestan por una tech-right–. A su vez, se nutren de un acendrado pensamiento libertario, de una fascinación por el poder absolutista, de un cuestionamiento de las políticas de inmigración masiva y de una aversión hacia la ideología woke.

No solo la seguridad y la defensa nacional a través de la integración y análisis de datos son la prioridad de una corporación tecnológica como Palantir (https://shre.ink/7rXW). La confección del proyecto civilizatorio atraviesa por el control del conocimiento sistemático y de las organizaciones que lo producen y lo difunden.

El mundo de la inteligencia artificial demanda habilidades técnicas especializadas. En correspondencia con ello, Palantir argumenta que las universidades estadounidenses se dedican al adoctrinamiento de los estudiantes y que hace de los campus un ámbito para la germinación del extremismo y el caos; al tiempo que sostienen procesos de admisión discrecionales y opacos, y que hacen a un lado la excelencia y la meritocracia en aras de afianzar las deudas de los estudiantes (https://shre.ink/7rv3https://shre.ink/7rvZ y https://shre.ink/7rvy). Ante ello, la corporación tecnológica anunció en noviembre del 2025 una segunda promoción de un programa de reclutamiento de personal denominada “Meritocracy Fellowship” dirigido a egresados de bachillerato (high-school) sobresalientes para que inicien su vida laboral, sin pasar por una universidad (https://shre.ink/7rKn y https://shre.ink/7rvN).

Se trata de prácticas profesionales remuneradas a lo largo de cuatro meses con un sueldo de 5.400 dólares otorgados a egresados que reúnan los méritos de excelente académica y de habilidades técnicas, más allá de los títulos y grados tradicionales y de la dependencia respecto a las universidades como formadoras de profesionistas. Se trata de que las corporaciones tecnológicas formen a sus propios empleados y a partir de ello gesten una “revolución educativa” que haga frente a lo que Palantir denomina la obsolescencia de la universidad.

Este “Anti-College Internship”, respalda las nociones de Alexander Karp esbozadas en la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos 2026 y en otros foros europeos y que versan así: asistir a una buena universidad no te servirá de nada; la inteligencia artificial destruirá los empleos relacionados con el conocimiento generalista que no cuenta con aplicación técnica específica, como el emanado de la Filosofía, la Filología, la Historia del Arte, la Comunicación y el Derecho no especializados (https://shre.ink/7rCV y https://shre.ink/7rCI). El mismo Karp argumenta que las universidades se tornan incapaces de producir conocimiento original, y se abocan a adiestrar a los individuos para repetir lugares comunes. La apuesta de una empresa como Palantir son los empleos orientados al manejo de modelos de lenguaje, la interpretación de datos y la automatización de procesos, por lo que incluso las mismas Humanidades –más que su desaparición, pero sí su control– tendrían que acompañarse de la propia inteligencia artificial.

El desafío que se plantea a la universidad tradicional estriba en reconocer que se desvanecerá su monopolio en torno a la formación profesional y a la generación de conocimientos especializados durante las próximas décadas. Ello no será un proceso neutral, sino que estará en función de la utilidad de ese conocimiento para el proceso económico, así como también en torno al control en la creación de sentido y la construcción de significaciones.

Si bien la universidad adolece de una preeminencia de ideologías posmodernas que socavan el principio moderno de la verdad y cuestionan las certezas que puede alcanzar el conocimiento sistemático de la realidad, al tiempo que ofrecen entrada a falsas ideologías como las propias de las identidades woke, el el ambientalismo y el feminismo extremo, es importante no perder de vista que pese a ese asalto perpetrado por el nihilismo y el reniego decolonial, esa organización es crucial en la generación y difusión del pensamiento crítico, la pluralidad de ideas y el ejercicio sistemático del razonamiento. A su vez, a lo largo de 150 años las universidades se erigieron en fuentes de cuestionamiento respecto a las estructuras de poder, riqueza y dominación; así como en focos para la génesis e irradiación de vanguardias científicas, tecnológicas y humanisticas.

Palantir, en tanto corporación tecnológica abocada a la defensa y la seguridad nacional, a su modo también adiestra a los becarios seleccionados con seminarios en torno a los fundamentos de la civilización occidental, la historia y cultura de los Estados Unidos, el debate en torno a temas de filosofía política, el análisis del liderazgo político de personajes como Abraham Lincoln, y la visita a campos de batalla. En el seminario se preguntan lo siguiente: ¿es valioso defender a Occidente?

Por último, pero no al último, cabe preguntarse: ¿Hasta qué grado una empresa como Palantir, con intereses creados bien definidos de antemano, puede suplantar a las universidades? ¿Estas élites tecnoaristocráticas realmente serán las defensoras y reivindicadoras de la civilización occidental, en crisis desde hace décadas? ¿Es la ideología empresarial o la tecnoideología el camino para formar a las jóvenes generaciones? ¿La universidad tradicional está a la altura de sus necesidades de resignificación para enfrentar los desafíos contemporáneos al margen de falsos debates ideológicos sin trascendencia ni sustancia? Construir colectivamente respuestas a estas preguntas es un imperativo de cara a una élite tecnoaristocrática que crea poder y riqueza a grandes cantidades y sin contrapesos que alejen su concentración desmedida.   

Isaac Enríquez Pérez, académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro “La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos”. Twitter: @isaacepunam

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.