En Ecuador, parece que vivir —o sobrevivir— se convierte cada vez más en una tarea difícil. Entre tantos males que nos aquejan y tanta inoperancia que debemos enfrentar, ahora nos toca vivir un desabastecimiento generalizado de combustibles.
En estos días hemos tenido que hacer filas interminables, perder tiempo y pagar una gasolina más cara para intentar llenar el tanque de nuestros vehículos, y aun así ver cómo nos mienten en la cara.
Claro, el Gobierno y varios de sus medios insisten en imponer una narrativa que no se compadece con lo que realmente estamos viviendo. Aseveran que no hay crisis, que existe abastecimiento suficiente de gasolina extra, ecopaís, súper y diésel en Ecuador.
Nos lanzan videos o comunicados adornados con palabras bonitas, pero cuando salimos a la calle y nos enfrentamos a la cruda realidad, evidenciamos que nada de lo que nos dicen es cierto.
Pero, claro, es una historia que siempre se repite. Tampoco hubo apagones, hasta que el país quedó a oscuras. Tampoco existe una crisis de empleo, aunque millones sobrevivan entre la informalidad, el subempleo y estadísticas maquilladas. Tampoco la inseguridad está fuera de control, aunque a diario se sigan reportando sicariatos y asesinatos, en medio de interminables estados de excepción y toques de queda.
Ahora insisten en negar lo evidente, minimizarlo y esperar un nuevo escándalo para que la gente olvide lo que está pasando.
Pero el problema para ese relato es que hasta los gremios ya desmienten el discurso que viene de Carondelet. Ivo Rosero, presidente de la Cámara Nacional de Distribuidores de Derivados de Petróleo, lo declaró en nuestro noticiero y fue directo: «el Gobierno miente sobre la disponibilidad de combustibles». Lo dijo sin rodeos, desmontando la versión de abundancia que se intenta vender mientras estaciones reportan problemas de abastecimiento y ciudadanos enfrentan una nueva dosis de caos cotidiano.
Entonces, nos damos cuenta de que lo verdaderamente preocupante no es solo la escasez, sino la costumbre política de administrar la verdad como si fuera propaganda, incluso insultando nuestra inteligencia.
Si falta combustible, lo niegan. Si faltan medicinas en los hospitales, dicen que no es verdad. Si pasa algo malo, le echan la culpa a expresidentes que dejaron el mandato hace nueve años.
Y gobernar así —a punta de mentiras y maquillaje— puede ser efectivo por un tiempo, pero tarde o temprano pasará factura. No lo olviden.
Fuente: https://www.radiopichincha.com/una-nueva-mentira-oficial/


