Recomiendo:
0

Alfonso Sastre: cien años del teatro comprometido

Fuentes: Rebelión

El centenario de Alfonso Sastre obliga a volver sobre la figura más decisiva e importante del teatro español del siglo XX. Dramaturgo, ensayista y militante político, Sastre convirtió el escenario en un espacio de debate ideológico y de denuncia social en los años más duros del franquismo. Su obra no puede separarse de su compromiso político ni de la represión que sufrió durante décadas.

Considerado el mayor representante del teatro español comprometido y antifranquista, Alfonso Sastre revolucionó el arte teatral español desde una posición de combate intelectual y político. Frente a un teatro acomodado o evasivo, defendió una dramaturgia capaz de intervenir en la realidad social y de cuestionar las estructuras de poder. Su concepción del teatro como herramienta crítica marcó a varias generaciones de autores y espectadores.

Militó en el Partido Comunista de España hasta comienzos de los años setenta, momento en el que abandonó la organización por considerar que había derivado hacia posiciones reformistas. Esa radicalidad política atravesó toda su trayectoria y explica la represión a la que le sometió la censura franquista.

Sastre comenzó a escribir en la década de 1940 y muy pronto chocó con los límites impuestos por la dictadura. En 1950 redactó y firmó, junto con José María de Quinto, el Manifiesto del Teatro de Agitación Social (TAS), una propuesta que defendía la idea de que el teatro debía dejar de ser un entretenimiento burgués o una simple experiencia estética para convertirse en una herramienta de transformación social y política. Desde entonces, muchas de sus obras fueron prohibidas o sufrieron graves dificultades para representarse.

El gran punto de inflexión llegó en 1953 con el estreno de “Escuadra hacia la muerte”, una de las obras fundamentales del teatro español contemporáneo. La pieza, que reflexionaba sobre la guerra, la obediencia y la autoridad, obtuvo un enorme éxito de público y crítica. Sin embargo, el régimen franquista la prohibió tras la tercera representación, mostrando el temor de las autoridades al impacto social de su dramaturgia.

Durante los años sesenta, Alfonso Sastre protagonizó uno de los debates intelectuales más importantes del teatro español del siglo XX al polemizar con Antonio Buero Vallejo sobre el llamado “posibilismo”. Mientras Buero defendía la necesidad de introducir críticas indirectas que pudieran superar la censura, Sastre sostenía que el teatro debía asumir una confrontación más abierta con el régimen. No se trataba de una rivalidad personal, sino de una discusión profunda sobre cuál debía ser la función del teatro bajo la dictadura franquista y cómo podía intervenir un autor crítico en un sistema dominado por la censura. Ambos compartían elementos esenciales: eran antifranquistas, defendían un teatro serio y comprometido y rechazaban el teatro comercial vacío que dominaba gran parte de la escena española. Sin embargo, diferían radicalmente en la estrategia. Femando Arrabal, escribiría años después, en 1975, en Estreno: “Por cierto que la polémica sobre el posibilismo mantenida entre Alfonso Sastre y Buero Vallejo toma todo su valor en estos momentos en que el primero está encerrado en la cárcel de Carabanchel y el segundo, académico de la Real Academia de Madrid, acepta los premios más famosos de la España de Franco”.

En 1960 redactó el Manifiesto del Grupo de Teatro Realista como una continuación y una profundización de las ideas que ya había planteado años antes en el Teatro de Agitación Social (TAS). El texto defendía un teatro comprometido con la realidad histórica y social de España, enfrentado tanto al teatro comercial como a las limitaciones impuestas por la censura franquista.



Entre 1965 y 1972 escribió siete nuevas obras en las que evolucionó hacia formas dramáticas más complejas y renovadoras. Entre ellas destaca “La taberna fantástica” (1966), considerada una de sus creaciones más importantes. La obra retrata con dureza y humanidad los márgenes sociales de la España franquista, pero no pudo estrenarse hasta 1985, ya pasada la Transición, como consecuencia del largo veto político y cultural que pesó sobre su autor.

La represión acompañó constantemente su vida personal y profesional. Fue encarcelado en 1956, nuevamente en 1966 y otra vez en 1974, tras la detención de su esposa, Eva Forest, acusada de terrorismo. Forest pasó tres años en prisión hasta que la causa fue sobreseída. Ambos volverían a ser detenidos sin fundamento en 1980. Estas persecuciones consolidaron la imagen de Sastre como uno de los intelectuales más hostigados por el aparato del Estado.

Entre las obras más importantes de Alfonso Sastre destacan la ya mencionada “Escuadra hacia la muerte” (1953), considerada una de las grandes piezas del teatro español contemporáneo por su ya mencionada reflexión sobre la guerra, la disciplina militar y la rebelión contra la autoridad; “La mordaza” (1954), una dura denuncia de la violencia y el miedo impuestos por el poder; “Muerte en el barrio” (1955), centrada en la marginación y las tensiones sociales de la posguerra; “Guillermo Tell tiene los ojos tristes” (1955), reinterpretación crítica del mito heroico; y especialmente “La taberna fantástica” (1966), probablemente su obra más influyente, donde retrata con enorme fuerza dramática el mundo de la exclusión social, la delincuencia y la desesperanza en los márgenes urbanos de la España franquista. Tras 1966, Alfonso Sastre desarrolló una etapa de gran experimentación formal en la que amplió los límites de su teatro realista hacia formas más simbólicas y expresionistas. Entre sus obras más destacadas de este período figuran “Crónicas romanas” (1968), una reflexión histórica sobre el poder y la decadencia política; “La sangre y la ceniza” (1976), centrada en la figura de Miguel Servet y en la persecución ideológica; “El camarada oscuro” (1972), donde profundiza en los conflictos de la militancia revolucionaria; “Askatasuna!” (1971), claramente vinculada al conflicto vasco y la represión franquista; “El viaje infinito de Sancho Panza” (1984), una reinterpretación crítica y filosófica del universo cervantino; y “Los últimos días de Emmanuel Kant contados por Ernesto Teodoro Amadeo Hoffmann” (1989), una de sus piezas más ambiciosas intelectualmente.

Durante la Transición, los autores del teatro antifranquista se enfrentaron al hecho de que los empresarios teatrales, así como los periodistas del “Régimen del 78” relegaron el teatro comprometido que había desempeñado un papel fundamental en la lucha contra la dictadura, sustituyéndolo con el fenómeno del “destape”. Una de las voces más críticas contra el teatro de denuncia social fue la de Eduardo Haro Tecglen, director de la revista de izquierdas Triunfo y columnista de El País, quien defendió públicamente la muerte del teatro antifranquista. Frente a ello, un grupo de dramaturgos y profesionales de la escena impulsó en 1979 un manifiesto en defensa del teatro crítico y de su vigencia en la nueva etapa política. La respuesta de Haro Tecglen provocó una intensa polémica, contestada por los firmantes con el conocido lema “No pasaremos por el Haro”. En este manifiesto no figuraba la firma de Alfonso Sastre pero la polémica afectaba directamente a ideas y posiciones que Sastre había defendido durante décadas. Haro Tecglen venía sosteniendo que el teatro antifranquista había quedado históricamente superado con la llegada de la democracia, mientras que muchos dramaturgos consideraban que seguían existiendo formas de marginación cultural y política hacia el teatro crítico. En ese sentido, aunque Sastre no aparezca entre los protagonistas directos del manifiesto de 1979, sí era una referencia central del teatro comprometido cuya vigencia estaba implícitamente en discusión.

Tras la Transición, Alfonso Sastre mantuvo intacto su compromiso político y su defensa de las causas vinculadas a la libertad de expresión, a los derechos democráticos y a la pluralidad política. En 1989 fue candidato de Herri Batasuna y participó activamente en la plataforma Hitz Egin en apoyo del diario Egin. Sastre destacó siempre por la coherencia entre su pensamiento y su trayectoria vital, manteniendo hasta el final una actitud crítica e independiente frente al poder.

A cien años de su nacimiento, Alfonso Sastre sigue siendo un autor imprescindible para comprender la relación entre cultura, poder y resistencia en la España contemporánea. Su teatro es una forma de intervención política y una denuncia constante de la injusticia, la censura y la violencia. Pero junto a su dimensión intelectual y artística destacó también por su profundo compromiso político y social. Su legado permanece como ejemplo de un arte comprometido con la transformación de la realidad y la defensa de la dignidad y la justicia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.