«Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible» (Émile Zola)
«El control social desarma políticamente al pueblo. Nos quieren atrapados en la disputa cotidiana, tristes, amargados y desesperanzados. La cooperación organizada, en cambio, nos arma de coraje y nos hace capaces de derrotar a los infieles y profanos” (J. Y.)
Frente a una realidad que muchas veces nos abruma, surge una pregunta ineludible: ¿Qué es el control social y cuáles son sus efectos sobre la sociedad? Y, más aún, ¿Qué tiene que decir el cooperativismo frente a este fenómeno y qué alternativa propone?
Para comprender dónde estamos parados, es necesario quitarle la máscara al sistema actual. El control social-según nuestra opinión- constituye un mecanismo muchas veces invisible que busca moldear nuestros deseos, pensamientos y conductas para que aceptemos como naturales las reglas impuestas por el poder.
Uno de sus efectos más dañinos es la promoción de un individualismo enajenante. Nos encierra en las pantallas, nos absorbe en los teléfonos celulares, nos empuja a competir ferozmente con nuestros semejantes y nos vacía de contenido humano y comunitario.
El resultado está a la vista: una sociedad fragmentada, dócil y fatigada, donde incluso instituciones fundamentales como la escuela terminan premiando el papeleo, la burocracia y la superficialidad en lugar del pensamiento crítico y la reflexión transformadora. Se busca mantenernos aislados y políticamente desarmados, porque una sociedad dividida carece de la fuerza necesaria para cuestionar las estructuras de dominación. No existe masa crítica allí donde reina la dispersión.
Es precisamente en este punto donde el cooperativismo tiene una palabra firme que pronunciar y una alternativa concreta que ofrecer. El cooperativismo, despojado de las burocracias y deformaciones que muchas veces lo empañan, no es simplemente un modelo económico sin patrones ni una herramienta destinada a maquillar las heridas del mercado. Es, en esencia, una propuesta filosófica, ética e ideo-política para reorganizar la vida humana desde sus fundamentos.
Desarmar el control social y recuperar la humanidad
¿Qué propone el cooperativismo frente a este escenario?
Propone desarticular los mecanismos del control social mediante la práctica de sus principios fundamentales y recuperar la humanidad de las relaciones sociales.
Frente al aislamiento,
el encuentro.
Invita a las personas a salir de la burbuja individualista para encontrarse,
debatir y resolver colectivamente los problemas comunes.
Frente a la
competencia, la ayuda mutua.
Demuestra que el progreso auténtico no se alcanza aplastando al otro, sino
avanzando juntos mediante la cooperación organizada.
Frente al
autoritarismo, la gestión democrática.
Cuestiona las prácticas verticalistas y los «currículums ocultos» que
reproducen relaciones de subordinación. Aquí rige el principio de un miembro,
un voto, donde la transparencia y la participación son normas esenciales.
Frente a la
superficialidad, la educación crítica.
Promueve el estudio, la reflexión, la argumentación y la comprensión de la
realidad como condiciones indispensables para decidir colectivamente y actuar
conscientemente.
El cooperativismo propone, además, desenmascarar los mecanismos políticos que sostienen el control social, entre ellos aquellos procesos que generan y administran situaciones de pauperización social para consolidar relaciones de dependencia y subordinación.
¿Y cómo logra semejante cometido?
Lo hace demostrando, en la práctica, que los seres humanos podemos producir, educarnos, organizarnos y vivir bajo la lógica de la solidaridad, la responsabilidad compartida y la propiedad colectiva. Cuando las personas descubren que existen alternativas viables a la competencia permanente y al individualismo impuesto, el mecanismo del miedo pierde gran parte de su eficacia.
Levantar hoy las banderas de la cooperación organizada políticamente no constituye una utopía romántica. Es, por el contrario, uno de los actos de rebeldía democrática más urgentes de nuestro tiempo. Es romper el círculo de la soledad, recuperar la capacidad de actuar colectivamente y comenzar, finalmente, a construir otra sociedad.
¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!
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