En medio de la violencia habitual, una inusitada ola de hechos delictivos impacta al país. Esto mientras el gobierno promueve decretos que conllevan la participación militar, puesta en escena de por medio, y se acerca a nuevos momentos electorales.
La semana que concluye, Quito amaneció sacudida por explosiones, vehículos incinerados y amenazas armadas. El atentado contra las instalaciones de la Arcom, el intento de asalto en Amazonas Parc y el frustrado ataque al cuartel de La Delicia no son hechos aislados de delincuencia común: forman parte de un patrón perturbador que ya vivimos en enero de 2024 con la toma de TC Televisión.
La repetición parece demasiado precisa para ser casualidad. En ambos periodos, la escalada de terror coincide con decisiones políticas relevantes: entonces, la consulta popular sobre seguridad y el rol de las Fuerzas Armadas; ahora, el Decreto Ejecutivo No. 424 que abre la puerta a tropas extranjeras bajo la figura de “intervención por invitación”.
La violencia aparece como telón de fondo conveniente para justificar medidas excepcionales y avivar el debate público. Lo más grave no son solo los daños materiales o los guardias afectados. Lo verdaderamente alarmante es la persistente impunidad de los autores intelectuales.
En el caso de TC Televisión, más de dos años después, el presunto cerebro sigue prófugo en España y varios condenados murieron bajo custodia sin que se esclareciera la cadena de mando. Hoy, los panfletos hallados en la Arcom señalan a funcionarios y empresarios mineros, pero las investigaciones avanzan con lentitud sospechosa sobre quienes financian y ordenan estos ataques sofisticados en plena capital.
Un país que quiere recuperar la paz no
puede permitirse que los atentados funcionen como “oportunos”
catalizadores de decisiones de Estado.
Es hora de exigir algo más que
operativos mediáticos y decretos espectaculares. Se requiere
inteligencia seria, persecución implacable de financistas y cabecillas,
transparencia en las investigaciones y, sobre todo, que la seguridad
deje de ser un instrumento político para convertirse en una política de
Estado con resultados palpables.
Los ecuatorianos estamos cansados de despertar con explosiones cada vez que se acerca un momento clave en las urnas o en las agendas gubernamentales. La coincidencia es un síntoma de que algo estructural falla. Y fallar en esto pone en riesgo la democracia misma.
Fuente: https://www.radiopichincha.com/violencia-hasta-cuando/


