Este artículo es una reedición del artículo publicado el día 12 de agosto de 2025 en el diario Público. Una reedición que obedece al bucle climático infernal que cada año abrasa más árboles, mata más animales, destruye más hogares. Esta reedición únicamente altera algunas expresiones, y especialmente el tiempo verbal del artículo (en cursiva), para que pueda ser reeditado cada año en que el calor aumente, y con él, la impunidad tecnototalitaria.
Sigue haciendo calor, mucho calor… y con el calor seguimos perdiendo la paciencia, por eso esto va ir rápido.
El calor nos vuelve a cambiar… en el calor, parece, volvemos a ser un juguete a merced del clima: nos arrebata de nuevo el disfrute del aire libre, nos vuelve a encerrar en casa y aumenta, un verano más, el consumo energético, nos vuelve a robar el verano, su ocio y su descanso. Y esto va de menos a más. A medida que aumentan las temperaturas aumenta la ansiedad, disminuyen las horas de sueño, se reduce la productividad laboral, desciende el rendimiento académico, aumentan los accidentes laborales. Este calor, que en lugar de tenerlo, parece que nos tiene, vuelve un año más a incrementar el estrés, la irritabilidad y la impulsividad, porque nos dispara, año a año, la adrenalina y el cortisol; este calor nos sigue volviendo violentos y, en una palabra, nos sigue matando. Esto en lo que respecta a nuestra dimensión antropológica. A nivel ecológico, el aumento drástico del calor, como una ola de fuego, vuelve a arrasar bosques, a secar el mundo, a alterar ciclos biológicos, a exacerbar el blanqueamiento de los corales, y junto a los hábitats, arrasa un año más con sus pobladores animales.
El panorama sigue sin ser agradable, y el tiempo, en esta ocasión, no va a curar todo el daño antropoecológico causado por el calentamiento global. Las olas de calor son cada vez más frecuentes, cada vez son más largas, cada vez más abrasadoras… el tiempo sigue corriendo en nuestra contra, porque, con el tiempo, esto va a ir a peor. Superado el umbral climático, el mantra “aún estamos a tiempo” ya no aplica. Saber esto, personalmente hace que me aumente el cortisol, y sin duda, dispara mi ansiedad y mi rabia.
Pero no me enfado con el vecino, tampoco con mi hija, ni con mi pareja, me enfado, una y otra vez, día a día, año a año, con Google, Microsoft , Amazon, y demás empresas tecnototalitarias, porque en su insaciable e imperialista búsqueda de poder y control, siguen modificando los entornos en los que se asientan, consumiendo los recursos naturales de las comunidades autóctonas, contaminando la atmósfera al requerir un mayor consumo de combustibles fósiles… Rápidamente: el tecnototalitarismo no fabrica artefactos tecnológicos, sino que, destruyendo entornos naturales, sigue moldeando nuestro nuevo entorno tecnatural, sigue alterando la estabilidad antropoecológica típica del Holoceno, sigue fabricando el cambio climático, sigue fabricando calor. Y por eso, en el fondo, (pero no muy en el fondo, solo bajo la epidermis húmeda de transpiración), seguimos siendo un juguete a merced del tecnototalitarismo. El calor me vuelve a enfadar, pero esa rabia, canalizada a través de esta concatenación de hechos, es justa, y no arbitraria.
Las olas de calor, este calor global in crescendo, es la cara climática de esa gran ola tecnológica que sigue envolviéndonos y arrebatándonos la calma, la atención y, en el límite, la vida, prendiendo fuego a nuestros entornos naturales y vitales. Y todo porque los tecnototalitarios siguen sintiendo, pensando y actuando como si este planeta, la vida que somos y que lo habita, fuera todo suyo, todo, menos el calor…
Pero este calor, sigue sin ser nuestro calor, sigue siendo el suyo, y la verdad de esta sentencia implica la verdad de que, en el fondo, la del calentamiento global es una guerra de ellos contra todo, de la tecnología totalitaria contra la vida.
Rápidamente: esto sigue yendo de ecófobos y biocidas VS ecófilos y bioconservadores. Es su Tecnoccidentaloceno VS nuestro Holoceno; Su tec-naturaleza VS nuestra maltrecha naturaleza holocénica.
Los habitantes de México, Chile y Aragón quizás puedan dejar de enfadarse unos con otros y, dirigir su rabia, cocida a fuego lento, hacia los depositarios del poder tecno-climático: Amazon, Google, Microsoft, Meta… que, aparte de seguir vigilándonos, doblegándonos y tecno-modificándonos, continúan secando ríos, drenando terrenos, elevando las temperaturas y al final de esta gran cadena consecuencial ecológica, que empieza con la tecno-destrucción ambiental, terminan alterando el clima.
Rápidamente: Un gran acto ejemplar que podría seguir condensando la rabia climática justa sería, por ejemplo, la rabiosa destrucción de nuestros teléfonos inteligentes, pues ellos son la hipostasis del tecno-poder que continúa sometiendo la vida en todas sus manifestaciones. Lamentablemente en ese sometimiento nos sigue yendo la vida, en demasiadas ocasiones sin smartphones no hay posibilidad de hacer vida, y ese sigue siendo el gran triunfo de su sistema: convertir su poder en nuestra necesidad.
Por ahora, seguirá siendo suficiente si logramos establecer la posibilidad de que estas ideas se anclen sin fisuras en la nueva conciencia del biotariado. Nombrar y señalar el problema que compartimos, a una, la vida planetaria sigue siendo catártico, y al calor de las llamas, con una catarsis de este tipo, tendremos que seguir dándonos por satisfechos.
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