Recomiendo:
1

Las luchas del Sur global por el socialismo y el lado obrero del marxismo

Fuentes: Monthly Review

Toda teoría debe ajustarse cuando entra en conflicto o diverge de aspectos relevantes de la realidad, y el marxismo no es una excepción. Entre los problemas más conocidos de este tipo para la tradición marxista se encuentra el hecho de que la teoría (al menos en su formulación inicial) parecía indicar que las revoluciones socialistas debían ocurrir principalmente en los países centrales del sistema capitalista, pero durante el último siglo y medio se han producido casi exclusivamente en la periferia. En el primer lugar —llamémoslo el Norte Global— se encuentra un proletariado industrial considerable y fuerzas productivas altamente desarrolladas. Estas son las condiciones materiales claves que la teoría considera propicias para la revolución socialista. Sin embargo, la lucha de clases ha tendido a ser menos encarnizada allí, y los horizontes de los trabajadores generalmente no han incluido la abolición del orden capitalista existente y el avance hacia el socialismo. De hecho, la teoría y la práctica de la socialdemocracia han sido, con frecuencia, el límite de la conciencia obrera en el contexto del Norte. Por el contrario, en la periferia del sistema, o el Sur Global, donde aparentemente no existían las condiciones para el socialismo —ni un proletariado industrial considerable ni fuerzas productivas altamente desarrolladas— las ideas socialistas a menudo han sido adoptadas por las masas. Además, la lucha de clases ha estallado repetidamente en revoluciones y rebeliones dramáticas que, incluso si su objetivo inicial es el derrocamiento de la dominación imperial-colonial, también adquieren un carácter socialista y, en la mayoría de los casos, tienen el comunismo como objetivo estratégico. Entre ellas se incluyen las revoluciones de China, Corea, Cuba, Vietnam, Nicaragua, Burkina Faso y Venezuela, por mencionar solo las más conocidas. Incluso la Revolución Rusa de octubre de 1917 tuvo lugar lejos de los centros capitalistas del mundo en aquel entonces y fue contemporánea con un proceso de liberación nacional.

Este hecho ha generado una situación paradójica que debería llevarnos a reexaminar nuestro aparato teórico en busca de mediaciones faltantes que expliquen tanto la naturaleza como la posibilidad de los proyectos de orientación socialista que han surgido con tanta frecuencia en el contexto de las luchas de liberación nacional del Sur Global y que, además, representan los principales proyectos socialistas existentes en nuestro tiempo. Una cosa es que los pueblos del Sur Global se hayan rebelado continuamente contra el orden imperialista y colonial, que sistemáticamente les niega soberanía y dignidad. Sin embargo, otra cuestión —que también requiere explicación— es que con frecuencia hayan dado pasos hacia el socialismo, es decir, la emancipación colectiva e integral de la explotación capitalista. Indudablemente, el plazo para construir el socialismo en tales contextos suele ser prolongado, y se han aprendido duras lecciones sobre la importancia de mantener un amplio frente popular, evitar errores tanto de derecha como de izquierda, realizar compromisos y alianzas creativas, y dedicar tiempo y esfuerzo a la defensa nacional y al desarrollo tecnológico como baluartes contra las guerras híbridas del imperialismo. Aun así, uno tras otro, países que van desde Rusia (periférico en el momento de la revolución) hasta Vietnam y Venezuela en la actualidad han sido testigos de esfuerzos impresionantes y duraderos de construcción socialista que han acompañado el proceso de liberación nacional. 1 ¿Cómo explicamos esto? ¿Cómo damos cuenta de estos proyectos socialistas adoptados y desarrollados por las masas trabajadoras del Sur Global que van más allá del problema inmediato de la dominación imperial-colonial e inician la marcha hacia un futuro de emancipación integral, a pesar de la aparente falta de condiciones sociales y materiales?

Este artículo busca extender la teoría marxista para explicar la existencia y viabilidad de estas luchas por el socialismo en los procesos de liberación nacional del imperialismo en el Sur Global. El proyecto de extender el marxismo para dar cuenta de las realidades y procesos cambiantes que acompañan la expansión mundial del capitalismo tiene una larga y gloriosa historia, que incluye las obras de V. I. Lenin, Mao Zedong, Ho Chi Minh, Frantz Fanon, José Carlos Mariátegui, Kwame Nkrumah y muchos otros. Este proyecto se ha nutrido de las fuentes más diversas: Lenin se basó en J. A. Hobson y Rudolf Hilferding, y Mariátegui en Georges Sorel. Aquí, con un espíritu similar, nos basamos en las tesis desarrolladas por Michael A. Lebowitz sobre el marxismo que otorgan mayor capacidad de acción a los trabajadores y señalan un ámbito poco reconocido de autoactividad obrera. La razón para hacerlo es que estas tesis pueden ayudar a explicar por qué los trabajadores del Sur Global dan pasos estratégicos (y a menudo muy firmes) hacia el socialismo en contextos donde las condiciones materiales parecen inadecuadas para ese proyecto: es decir, donde las fuerzas productivas están poco desarrolladas y la existencia de un proletariado clásico está en duda.

En libros y artículos, Lebowitz argumentó que existía un lado del marxismo, parte de la visión original de Karl Marx, que había sido descuidado en el desarrollo posterior de la corriente. La reconstrucción de ese otro lado, que Lebowitz denominó el “lado obrero”, fue un proyecto de toda su vida.² Lebowitz llevó a cabo esta reconstrucción con la idea de que tenía validez universal para los trabajadores y los movimientos obreros de todo el mundo. Sin embargo, a continuación, mostraré cómo sus tesis sobre “el lado obrero” son relevantes para el presente global, pero deben despojarse de su universalidad abstracta y reinterpretarse específicamente en el contexto de las luchas del Sur Global. Esta reformulación de su obra es un esfuerzo valioso, ya que puede explicar por qué su poderosa interpretación de Marx —que tiende a inspirar únicamente proyectos cooperativistas insulsos en el Norte Global— adquiere un significado diferente en el Sur Global. Allí, sus tesis conectan y coinciden con los movimientos de masas hacia el socialismo en los procesos de liberación nacional de la dominación imperialista.

Reconstruyendo la otra mitad de la visión de Marx

¿Cuáles son las tesis relevantes desarrolladas por Lebowitz y cómo se aplican a las luchas del Sur Global? Lebowitz dedicó décadas a desarrollar lo que él consideraba “el lado obrero” del marxismo. 3  Argumentó que Marx originalmente planeó desarrollar dos lados de su crítica del capitalismo: una que abordaría la totalidad social desde la perspectiva del capital, mientras que la otra lo haría desde la perspectiva de los trabajadores. El problema fue que Marx solo completó la primera parte de su crítica. Esta era la parte que analizaba el capitalismo desde el punto de vista del capital, y es la que se encuentra en los tres volúmenes de su obra científica principal, El Capital: Crítica de la Economía Política. Por el contrario, Marx solo logró ofrecer indicios escasos y dispersos de la crítica del capitalismo desde el punto de vista de los trabajadores. Lebowitz señaló que Marx había planeado originalmente una serie de seis libros que habría incluido un volumen sobre el trabajo asalariado como el tercero de la secuencia, donde Marx podría haber presentado la «perspectiva obrera» de forma más completa. 4 Sin embargo, ese texto —al igual que todos los demás libros proyectados, excepto El Capital— permaneció sin escribir. 5 En consecuencia, la recepción de Marx ha estado marcada en gran medida por El Capital, dando lugar a lo que Lebowitz denominó “marxismo unilateral” (one-sided Marxism). Esta corriente de pensamiento permanece excesivamente confinada a los parámetros de una obra que, por razones metodológicas, adoptó en gran medida la perspectiva de la economía política clásica y su visión relativamente reduccionista de los trabajadores como meros instrumentos de producción. Este desequilibrio histórico hizo imperativo, según Lebowitz, reconstruir y recuperar el lado obrero subdesarrollado del marxismo, que otorga a los trabajadores mayor capacidad de acción, los trata como seres multidimensionales y reconoce cómo se resisten al capital de diversas maneras.

Lebowitz creía que su recuperación del lado obrero del marxismo era igualmente aplicable en todas partes, manteniendo una perspectiva esencialmente «plana» del mundo a lo largo de sus escritos. Sin embargo, la expansión espacialmente diferenciada del capitalismo a nivel mundial —y su entrada en la etapa imperialista— ha dado lugar a una polarización Norte-Sur que es prácticamente isomorfa a las dos lados del marxismo tal como él las describió. Por una parte, los trabajadores del Norte Global tienden a una mayor subordinación al capital y a ser instrumentalizados por él en mayor medida: esto se acerca a la encarnación de las expectativas del «marxismo unilateral» que adopta la perspectiva del capital. Por otra parte, los trabajadores del Sur Global suelen estar menos integrados en la lógica del capital, mientras se enfrentan a las contradicciones más flagrantes y violentas del sistema capitalista-imperialista. Esto lleva a la clase trabajadora del Sur Global a buscar alternativas radicales y a ejercer su capacidad de acción con mayor plenitud. Dado que estas son precisamente las dinámicas descritas y explicadas por el lado obrero del marxismo, la reconstrucción propuesta por Lebowitz resulta especialmente pertinente para ese contexto periférico, tanto en su historia como en su presente. 6

Reubicar el lado obrero del marxismo de Lebowitz en el Sur Global es análogo a la operación mediante la cual Marx extrajo el núcleo racional de la filosofía de G. W. F. Hegel y lo asentó sobre bases materiales. Tal transposición ratifica la concepción del lado obrero, pero la traslada del mundo de las abstracciones a la realidad concreta. Sin embargo, al hacerlo, nos obliga a extraer conclusiones sobre la organización, los proyectos y las prioridades revolucionarias que difieren significativamente de las del propio Lebowitz. En concreto, exige corregir su tendencia a privilegiar la autoorganización obrera a expensas de otros elementos constitutivos de una revolución, así como su minimización del papel del desarrollo material en favor del desarrollo humano entre los objetivos socialistas. La necesidad de estos ajustes radica en la falta de atención de Lebowitz a cómo el imperialismo sobredetermina la realidad material global en nuestra época. Sin embargo, una vez que sus innovaciones teóricas se relacionan de forma sostenida con la contradicción entre imperialismo y naciones oprimidas —la principal contradicción de nuestro tiempo—, pueden ayudar a explicar cómo se abren horizontes de construcción socialista dentro de los procesos de liberación nacional del Sur Global. Estos son esfuerzos de construcción socialista generalmente dirigidos por el Estado, pero de base popular, que resultan difíciles de explicar sin recurrir a las ideas de Lebowitz. A continuación, analizaremos qué nos pueden decir sus tesis sobre los procesos revolucionarios del Sur Global, centrándonos primero en lo que la interpretación que Lebowitz hace de Marx revela sobre el sujeto revolucionario en esos contextos. Luego, abordaremos lo que nos enseña sobre los niveles de desarrollo necesarios para iniciar procesos de construcción socialista en un país periférico o dependiente.

El sujeto revolucionario para el socialismo en el Sur global

Una de las principales áreas que la reconstrucción que Lebowitz hace del lado obrero del marxismo ayuda a dilucidar es la naturaleza del sujeto revolucionario, que es, posiblemente, la cuestión teórica más importante de nuestro tiempo. 7 Aplicada a los contextos del Sur Global, su teoría muestra por qué, a pesar de la relativa escasez de un proletariado clásico en muchos procesos de liberación nacional del imperialismo, dichos procesos aún pueden adoptar el proyecto socialista de manera estratégica e incluso dar pasos concretos hacia la materialización del socialismo. El enigma sobre el proletariado en los países del Sur Global surge en gran medida —argumento, apelando a Lebowitz— porque el enfoque que Marx desarrolló en El Capital respecto al proletariado está condicionado por los propósitos de esa obra, que era exponer la lógica interna y las leyes internas del capitalismo. 8 En consecuencia, trata a los trabajadores de manera unilateral y abstracta, dejando de lado aspectos importantes de sus vidas, su capacidad de acción y sus aspiraciones. Por ejemplo, en El Capital, las necesidades de los trabajadores se presentan como fijas en cada momento histórico, y se deja de lado todo el ámbito del trabajo social reproductivo. 9 Esta abstracción sirvió a los objetivos de El Capital, pero habría sido necesaria la finalización de la obra teórica proyectada de Marx para superar las limitaciones de este enfoque unilateral.

Naturalmente, si queremos identificar al sujeto revolucionario del socialismo, es fundamental reconstruir el lado obrero de forma más rica y multidimensional para evitar tratar al proletariado en los términos abstractos que tan a menudo aparecen en los textos de economía política; es decir, como un sujeto casi exclusivamente determinado por la relación salarial y reducido a un mero instrumento de producción. Esto solo se puede lograr prestando atención a otros aspectos de la vida de los trabajadores, como su trabajo reproductivo social, sus relaciones sociales “no productivas”, sus vínculos con el medio ambiente y las diversas estrategias que emplean para resistir al capital en la búsqueda de su propio desarrollo. 10 Todo esto pertenece a lo que Lebowitz denominó “el lado obrero” del marxismo, y solo atendiéndola podemos pasar de lo que él llamó el “Proletariado Abstracto” —la concepción unilateral derivada sin mediaciones de la presentación de Marx en El Capital— al proletariado concreto de las luchas reales. 11

La necesidad de incorporar una concepción concreta y multifacética del proletariado se vuelve especialmente evidente cuando nos dirigimos a los países del Sur Global. De no hacerlo, y al aferrarse al corsé conceptual del Proletariado Abstracto, se llega a conclusiones erróneas sobre la supuesta irrelevancia de los ideales y estrategias socialistas en dichos contextos. Existe una larga historia de negación de la posibilidad de proyectos de orientación socialista en países periféricos o dependientes, debido a que los teóricos no han logrado ubicar allí al Proletariado Abstracto: es decir, un cuerpo significativo de trabajadores sin determinaciones importantes más allá de la relación salarial. Desde esta perspectiva, la entelequia del “verdadero proletariado” se contrapone —y, por lo tanto, se utiliza para descalificar— una realidad más compleja que podría incluir una mezcla de trabajadores informales o semi-empleados, junto con personas que se manifiestan más como migrantes, indígenas o sujetos comunitarios y campesinos que como trabajadores propiamente dichos. Sin embargo, el trabajo de Lebowitz sirve como correctivo a esta búsqueda quimérica de un Proletariado Abstracto. Señala cómo los “marxistas unilaterales” (one-sided Marxists) que se embarcan en esta búsqueda a menudo invierten la relación teoría-realidad, ya que buscan un proletariado que derive enteramente del concepto y no de la realidad. Así, Lebowitz escribe que, desde el punto de vista “unilateral” (one-sided), “el proletariado real parece haberse quedado rezagado con respecto a su contraparte abstracta y no se ajusta a su concepto. Sin embargo, en lugar de considerar a los trabajadores reales con sus necesidades y aspiraciones expresadas, el marxismo unilateral declara de manera doctrinaria: ‘¡Aquí están las verdaderas luchas, arrodíllense aquí!’” 12

Para cualquiera familiarizado con los debates sobre el sujeto revolucionario en el Sur Global, este terreno se vuelve familiar una vez que se identifica este marxismo «unilateral» como el de los teóricos eurocéntricos que se autoproclaman seguidores de Marx. Entonces nos encontramos ante una historia antigua y recurrente: en una nación periférica, surge un movimiento de masas, lucha y toma el poder político, derrocando el orden colonial-imperial y enarbolando de facto las banderas del socialismo. Los ojos del mundo se dirigen hacia este nuevo faro de esperanza; el pueblo se compromete con un proyecto de emancipación integral. Sin embargo, a pesar de la magnitud histórica de estos movimientos y de los ideales esencialmente socialistas que abrazan, sus líderes y seguidores son amonestados por un marxismo eurocéntrico unilateral, que los obliga a “arrodillarse aquí” ante la imagen abstracta del proletariado que este mismo enarbola. El socialismo, se les dice, es imposible porque no existe un verdadero sujeto socialista en su contexto. De este modo, el “Proletariado Abstracto” se ha convertido en un arma teórica recurrente contra los movimientos revolucionarios del Sur Global, como el Movimiento 26 de Julio en Cuba, la Unión Nacional Africana de Tanganyika (TANU) en Tanzania, el chavismo en Venezuela y la heroica resistencia palestina. A estos movimientos se les ha reprochado, una y otra vez, que no se ajustan al ideal abstracto del sujeto revolucionario: que son sustitucionistas, pequeñoburgueses, retrógrados o que están contaminados por alguna supuesta desviación “tribal” o religiosa.

Esta es una historia trillada que alterna entre distorsionar y demonizar (como lumpen, autoritario o terrorista) o simplemente subestimar tales movimientos, con consecuencias que van de lo trágico a lo ridículo. Sin embargo, desde el punto de vista del lado obrero del marxismo, la supuesta falta de un Proletariado Abstracto en las sociedades del Sur Global, e incluso la nomenclatura a menudo repetida de “semiproletarización”, debería adquirir un nuevo significado. 13 En lugar de interpretar el carácter multifacético de los pueblos trabajadores del Sur Global como una carencia o una ausencia, deberíamos reconocer la presencia de otros aspectos de los proletarios concretos y reales que van más allá de la relación salarial, incluyendo vínculos y relaciones extralaborales, sistemas de trabajo reproductivo y de subsistencia, una mayor integración de los trabajadores en sus entornos naturales y sociales, y formas de organización y producción de valor de uso que a veces apuntan al socialismo. Estos contextos sociales “menos subsumidos” del Sur Global, más ricos en dimensiones de la vida de la clase trabajadora que no son necesariamente funcionales al capitalismo, proporcionan un terreno fértil para diversas formas de poder popular, especialmente el de las mujeres, a la vez que presentan numerosos elementos de contestación al orden existente, incluyendo en ocasiones la resistencia armada y la autodefensa. En general, el reconocimiento de estos aspectos de la vida cuotidiana del proletario de la periferia solo puede resultar de un marxismo bidireccional que reconozca cómo los trabajadores reales existen en el “conjunto de sus relaciones sociales”, para citar a Lebowitz. 14 Una vez que lo hagamos, veremos por qué a menudo existen sujetos revolucionarios en tales contextos —proletarios en un sentido concreto— que pueden al menos iniciar la marcha hacia el socialismo.

Intermezzo: El propio Marx identifica a los sujetos revolucionarios periféricos.

La propia obra de Marx proporciona claros ejemplos de su reconocimiento de sujetos revolucionarios en contextos periféricos. Aunque El Capital tiende a la unilateralidad y el proyectado libro sobre el trabajo asalariado nunca se escribió, el “lado obrero” se asoma, no obstante, en otras obras de Marx y en su correspondencia, así como en la obra de Friedrich Engels (lo que explica en parte por qué esta última es un complemento necesario a la de Marx). 15 A partir de la correspondencia tardía de Marx, se abre una ventana a cómo el gran teórico respondió al desafío que tantos revolucionarios del Sur Global han enfrentado desde el siglo XIX hasta la actualidad: el de aquellos que niegan la existencia de un sujeto para la revolución socialista en países fuera del centro capitalista, al seguir atrapados en la búsqueda de un Proletariado Abstracto. En un conocido intercambio epistolar, la revolucionaria rusa Vera Zasulich escribió a Marx en 1881, relatando las afirmaciones de algunos de sus colegas más doctrinarios, como Georgi Plejánov, de que una revolución socialista era imposible en su contexto periférico. El problema que veían era que, en lugar de un proletariado clásico, Rusia tenía una enorme masa de trabajadores rurales, todavía organizados en comunas “arcaicas”. En nombre de su grupo, Zasulich preguntó a Marx si las comunas rurales tendrían que desaparecer, empujando a los comuneros rusos desplazados a «las calles de las grandes ciudades en busca de un salario» para que se convirtieran en un verdadero proletariado. ¿Tendría, por lo tanto, que estar precedida la revolución socialista por un largo período de desarrollo capitalista para que surgiera el sujeto proletario? 16

Las respuestas que Marx redactó a Zasulich, que evidencian la riqueza de un enfoque que incluye “el lado obrero”, resaltan repetidamente la necesidad de “descender de la teoría pura a la realidad rusa” y considerar “la singular combinación de circunstancias en Rusia”. .¹⁷ Con ese espíritu, animó a Zasulich y a sus colegas a examinar la situación concreta y a considerar la configuración global de las relaciones sociales, incluyendo las poderosas fuerzas e intereses explotadores. De este modo, se revelaría que lo que para ellos parecía simplemente la “falta de un proletariado clásico” entre los trabajadores rurales rusos, debía considerarse en realidad como la presencia de un tipo específico de trabajador: campesinos sumamente oprimidos y sobrecargados que, sin embargo, mantienen la propiedad comunal de la tierra y las prácticas cooperativas del artel. Esta perspectiva abre la posibilidad de que la asediada comuna rural rusa se convierta en un base de regeneración social (“point d’appui”», es el término que él utilizaba) y en un núcleo potencial del socialismo. Sin embargo, Marx dejó claro que activar ese potencial socialista requería una revolución política liderada por una vanguardia intelectual que debía “concentrar todas las fuerzas vivas de la sociedad”. 18  Esta debía derrotar al zarismo mediante un proceso de liberación nacional, liberar a los trabajadores rurales de los usureros parásitos y de la onerosa carga impositiva, promover la coordinación de las comunas e incorporar los avances tecnológicos modernos provenientes de Occidente.

En la correspondencia de Marx con Zasulich, destacan dos temas importantes para nuestros propósitos. Primero, respecto a la cuestión del sujeto revolucionario para el socialismo, Marx insistió en abandonar el mundo de las abstracciones y descender a la realidad para observar a los trabajadores rusos concretos y multifacéticos en el conjunto de sus relaciones sociales. Esto es lo que nos insta el lado obrero del marxismo, en la medida en que rechaza la búsqueda de un proletariado abstracto en favor de un proletariado concreto. Segundo, al seguir el razonamiento de Marx en las cartas a Zasulich, podemos ver cómo su lectura concreta de la realidad rusa no conduce a la imposibilidad de la revolución socialista en este contexto periférico (que era la perspectiva de Plejánov y sus colegas), sino más bien a un complejo campo de posibilidades que, en este caso, abre la posibilidad de un desarrollo socialista. Debido a esta complejidad —el carácter multidimensional de la vida de los trabajadores en el campo ruso y las poderosas opresiones que sufren—, activar su potencial revolucionario requiere el vigoroso trabajo político de una vanguardia. De una manera que ha sido sumamente relevante para los contextos del Sur Global desde entonces, Marx centró la cuestión nacional y enfatizó que el movimiento revolucionario necesita emprender, para citar nuevamente sus palabras a Zasulich, “la concentración de todas las fuerzas vivas del país” para hacer realidad la toma revolucionaria del poder estatal.

Huelga decir que eso es precisamente lo que los movimientos y líderes revolucionarios más exitosos del Sur Global han hecho a lo largo de la historia. Ejemplos paradigmáticos incluyen a Fidel Castro, quien insistió en que la política revolucionaria era esencialmente el arte de sumar fuerzas; Ho Chi Minh, con su paciente labor en la construcción de una coalición de los sectores patrióticos y progresistas en Vietnam; y Amílcar Cabral, cuyo movimiento se basaba en una concepción dinámica de unidad y lucha19 A través de partidos de vanguardia y/o fuertes centros de mando revolucionarios dentro del Estado, los líderes del Sur Global han trabajado para forjar y mantener bloques revolucionarios capaces de liberación nacional y socialismo. 20 Para ello, han apelado a aspectos unificadores de la experiencia de los trabajadores, como el nacionalismo de base y la aspiración a la autodeterminación, la cultura popular (incluidas las religiones de los oprimidos), la memoria histórica (por ejemplo, el bolivarianismoel katarismo o el martianismo) y la mística y los mitos de la revolución socialista (como propuso Mariátegui). 21  Estos son, huelga decirlo, aspectos de las clases sociales reales concretas que quedan relegados en las visiones simplificadoras del marxismo unilateral sobre la clase trabajadora. Dado que este último concibe al proletariado abstracto como derivado del modo de producción según una lógica automática e inexorable, no requiere tales “desviaciones” de carácter cultural, “nacionalista” o “vanguardista”.

Una referencia histórica clave para construir la unidad entre los trabajadores heterogéneos del Sur Global —que demuestra la conciencia del lado obrero del marxismo avant la lettre— es la alianza obrero-campesina tal como se desarrolló en el contexto periférico de Rusia hace aproximadamente cien años. 22 En un rechazo abierto al espontaneismo, la concepción leninista del sujeto revolucionario reconocía que el partido debía establecer y mantener cuidadosamente el bloque revolucionario, teniendo en cuenta las expectativas de la parte menos avanzada de la alianza. 23 En diálogo con M. N. Roy, Lenin reconoció la diversidad de grupos oprimidos y estratos populares dentro del movimiento nacional revolucionario. Hoy, ese modelo puede aplicarse y extenderse a los proyectos políticos de articulación de lo que Walter Rodney denominó el pueblo trabajador en el contexto de los países del Sur Global, a quienes se debe organizar tanto en sus lugares de trabajo como en sus territorios y comunidades. 24 La educación popular, así como las prácticas de tipo línea de masas —es decir, la consulta reiterada a las bases sobre sus necesidades y aspiraciones—, desempeñan necesariamente un papel importante en el mantenimiento de los vínculos entre los sectores de clase y entre las masas y la dirigencia. 25

Condiciones económicas para el socialismo: Las fuerzas productivas del Sur global

Una segunda área importante que la interpretación de Marx que ofrece Lebowitz ayuda a esclarecer se refiere al nivel de desarrollo económico necesario para iniciar la construcción socialista en los países periféricos. A menudo se afirma que los países dependientes carecen de fuerzas productivas suficientemente desarrolladas para emprender un proyecto socialista. Sin embargo, las tesis de Lebowitz revelan que tales afirmaciones suelen abstraerse demasiado de la lucha de clases y, por lo tanto, se convierten en expresiones características de un marxismo unilateral. Por el contrario, el “lado obrero” del marxismo, tal como él la reconstruye, conduce a una comprensión más matizada, que abre la posibilidad de que la construcción socialista comience en condiciones donde el capitalismo aún se encuentra notablemente subdesarrollado.

La visión unilateral que alimenta el escepticismo respecto de las condiciones económicas para la revolución socialista en el Sur Global parte de una concepción errónea de los límites del capitalismo entendidos como puramente objetivos y cuantitativos. Esta visión suele recurrir al argumento de Marx sobre los límites en el Prefacio de 1859 a Contribución a la crítica de la economía política, donde afirma que un modo de producción nunca es “destruido antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas para las que es suficiente”, y que “las nuevas relaciones de producción superiores nunca reemplazan a las antiguas antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro del marco de la antigua sociedad”. 27 La idea central es que el antiguo sistema debe desarrollarse hasta su límite —y por lo tanto agotarse— antes de que pueda surgir uno nuevo, de modo que el socialismo no surgirá antes de que el capitalismo haya seguido su curso histórico. Sin embargo, se puede aceptar la validez de la afirmación de Marx en este texto sin conceder que el punto límite relevante —el momento en que las relaciones sociales existentes se convierten en trabas para el desarrollo posterior— pueda determinarse independientemente de la lucha de clases y, por lo tanto, sin referencia a las acciones, percepciones y capacidades de los sujetos históricamente situados.

Una indicación de que Marx no concibe este proceso sin la intervención del sujeto es que, en la siguiente línea del Prefacio, caracteriza la transición a un nuevo modo de producción como una cuestión de que “la humanidad se propone… objetivos.” Además, incluso un examen superficial de la trayectoria del capitalismo durante el último siglo socava la noción de que el capitalismo posea un límite objetivo que pueda identificarse de antemano sobre la base de criterios puramente económicos. Dicha trayectoria demuestra cómo lo que a menudo han parecido ser límites objetivos al desarrollo capitalista en el Norte Global se han transformado repetidamente en barreras temporales, que se superan mediante diversos “arreglos”. 28 Un mecanismo central en este proceso es la transferencia imperialista y colonial de los excedentes de los países periféricos a los centrales. Estos excedentes contribuyen, entre otras cosas, a la continua expansión de las necesidades socialmente condicionadas de una gran parte de la clase trabajadora del Norte, generando lo que Marx denominó «cadenas de oro» que los atan al sistema. Si ese es el caso, ¿cómo y dónde se determinará que las fuerzas productivas se han agotado por completo bajo las relaciones sociales capitalistas, de tal manera que esas relaciones se transforman en trabas insuperables?

La reconstrucción que hace Lebowitz de la perspectiva obrera del marxismo nos enseña que esta nunca es una cuestión puramente objetiva, sino que requiere que los trabajadores reconozcan “la insuficiencia de las relaciones capitalistas y procedan a eliminarlas” .²⁹ Es en este momento cuando se plantean lo que Marx denominó “el objetivo alcanzable” de superar el capitalismo. Rechazando cualquier noción de una determinación automática o puramente objetiva de los límites del capitalismo, Lebowitz escribe:

¿Por qué la restricción de las fuerzas productivas mediante las relaciones de producción capitalistas conduce a la sustitución de estas últimas? No porque las relaciones de producción capitalistas se aparten dócilmente para dar paso a la nueva era. El argumento implícito es que las personas reconocen la insuficiencia de las relaciones capitalistas y proceden a eliminarlas. Sin embargo, ¿insuficientes en qué sentido? Presumiblemente, insuficientes con respecto a sus necesidades como seres humanos socialmente desarrollados. 30

Al poner en primer plano el “lado obrero” del asunto, Lebowitz resuelve una de las viejas aporías sobre las condiciones materiales para la revolución socialista. El límite al desarrollo de las fuerzas productivas bajo las relaciones sociales capitalistas no es un umbral puramente objetivo que pueda calcularse únicamente desde el punto de vista del capital, sino que depende de la perspectiva de los trabajadores concretos y sus necesidades, quienes, por lo tanto, constituyen el verdadero límite del capitalismo, al convertirse en sus sepultureros conscientes. 31

A pesar de su perspicacia aquí, Lebowitz resulta demasiado abstracto, pues ignora la cuestión de dónde es probable que se produzca tal reconocimiento. Es decir, no sitúa plenamente a los trabajadores concretos, a los verdaderos sepultureros del capitalismo, en su contexto geográfico e histórico. En realidad, los trabajadores más propensos a determinar que el capitalismo ha alcanzado sus límites y debe ser superado se encuentran en las naciones del Sur Global. La razón es que, bajo condiciones de dominación colonial o neocolonial, el desarrollo capitalista en las sociedades periféricas adopta sistemáticamente la forma de subdesarrollo, como argumentó célebremente André Gunder Frank. 32 Al mismo tiempo, los trabajadores de los países dependientes están atados por cadenas mucho más brutales y materialmente reales que las “cadenas de oro” que atan a los trabajadores del Norte Global al modo de vida imperial. Los pueblos trabajadores del Sur experimentan la barbarie capitalista e imperialista en su máxima expresión, a través de múltiples ataques contra su existencia y dignidad como seres humanos. En este sentido, el reconocimiento por parte de los trabajadores de los límites del capitalismo —clave para determinar su opción por el socialismo— siempre está condicionado por la contradicción entre nación e imperialismo.

De hecho, la contradicción con el imperialismo genera una dinámica compleja en los procesos de liberación nacional de los países dependientes. Por un lado, el tipo de subdesarrollo inducido por el capitalismo —lo que Samir Amin denominó “desarrollo lumpen”— desempeñará un papel decisivo en la decisión de los trabajadores de liberarse de las ataduras del capitalismo en tales contextos y buscar la liberación nacional bajo un modelo económico alternativo, lo que significa que el proceso de construcción socialista puede comenzar en niveles bajos de desarrollo. 33  Por otro lado, esas mismas masas trabajadoras en un país dependiente responderán a sus actuales y precarias condiciones de escasez material esforzándose por elevar lo más rápidamente posible los niveles de productividad y bienestar material. Aquí, el trabajo de Lebowitz muestra tanto su utilidad como sus limitaciones. Si bien su análisis del lado obrero del marxismo resulta útil para revelar la posibilidad de que la construcción socialista se puede iniciar en entornos de bajo desarrollo, su posicionamiento del “desarrollo del potencial humano” como el objetivo prácticamente único del socialismo equivale a una universalización de la condición de las clases trabajadoras del Norte y menoscaba las legítimas aspiraciones de los trabajadores del Sur Global de priorizar la obtención de niveles adecuados de desarrollo material. 34 Además, la disposición del sistema imperialista liderado por Estados Unidos a atacar, invadir, sancionar y bloquear a los países que buscan la liberación nacional bajo un modelo socioeconómico alternativo proporcionará un motivo adicional —esencialmente militar— para alcanzar altos niveles de desarrollo material y tecnológico. Por el mero hecho de querer sobrevivir a tales agresiones imperialistas, evitar la recolonización y lograr una sociedad al menos moderadamente próspera, estos procesos de liberación son acusados ​​sistemáticamente de desarrollismo, militarismo y autoritarismo por la izquierda derrotista.

La trayectoria histórica de las revoluciones socialistas reales es un vector que apunta hacia el sur, desde la Unión Soviética hasta China, Corea, Vietnam, Cuba y Venezuela, y es evidencia contundente del papel de los trabajadores en la determinación de los límites del capitalismo y la necesidad de la alternativa socialista, todo en consonancia con la teoría del “lado obrero” de Lebowitz. Lo que tenemos que añadir, sin embargo, para que sus innovaciones teóricas se aterricen en el mundo real, es que si bien tuvo razón en señalar que el grado de desarrollo de las fuerzas productivas necesarias para superar el capitalismo está inevitablemente condicionado por la lucha de clases, esta debe incluir no solo la dimensión capitalista, sino también la imperialista. De hecho, la opción real del socialismo no surge en cualquier lugar del planeta, sino en los países del capitalismo dependiente —el capitalismo en su condición colonial y neocolonial—, pues es en estos contextos nacionales donde se hace evidente por primera vez la incapacidad fundamental del capitalismo para satisfacer las necesidades de los trabajadores. Son los trabajadores del Sur Global, dentro de los marcos de sus respectivas naciones, quienes reconocerán que ninguna trayectoria orientada al capitalismo dará como resultado «alcanzar los países avanzadas”, sino que, por el contrario, conducirá a sus sociedades a la ruina social y al subdesarrollo, junto con la destrucción del medio ambiente.

Este reconocimiento está muy extendido, aunque a menudo de forma difusa, en la vida cotidiana de las sociedades del Sur Global, donde el capitalismo se percibe generalmente como una imposición extranjera, mientras que el anticapitalismo se manifiesta en el apego a diversas formas de economía moral que se oponen a los precios puramente determinados por el mercado y a la monetización total de los valores de uso. Si bien estas actitudes suelen estar presentes, tienden a permanecer latentes y solo volver decisivas en momentos de crisis, y su perdurabilidad solo se consolida mediante la organización. Esto significa que, al igual que con la cuestión de la formación del bloque subjetivo revolucionario mencionada anteriormente, también aquí nos encontramos ante la necesidad de una determinación y una decisión manifiestamente políticas que no pueden dejarse al curso espontáneo del desarrollo capitalista. Más bien, requieren la actividad y el liderazgo formativo de un partido de vanguardia revolucionario o de un centro de mando estatal encargado de gestionar el proyecto de construcción socialista, a la vez que defiende la independencia y la soberanía nacional. En última instancia, el nivel y el carácter del desarrollo que se persiga estarán determinados menos por el proyecto socialista considerado de manera aislada que por su confrontación permanente con el imperialismo.

Conclusión

En lo anterior, hemos demostrado cómo la obra de Lebowitz, específicamente su reconstrucción del lado obrero del marxismo, abre un espacio dentro del campo del marxismo actual que nos permite comprender mejor los proyectos de orientación socialista que se desarrollan en el Sur Global. El lado obrero del marxismo de Lebowitz, una recuperación de una parte de la visión original de Marx que generalmente se ha pasado por alto, arroja luz sobre dos cuestiones clave. Primero, demuestra cómo la diversa masa de trabajadores en los países del Sur Global constituye potencialmente un sujeto proletario revolucionario para el socialismo. Segundo, muestra cómo el nivel de desarrollo económico necesario para iniciar un proceso de construcción socialista depende en gran medida de la conciencia de los trabajadores sobre la necesidad de que el socialismo reemplace al capitalismo, al menos como objetivo estratégico. El lugar donde surge dicha conciencia está condicionado por el desarrollo histórico desigual del capitalismo en el mundo. No surge primero en los países del Norte, sino en los del Sur Global, donde siempre está condicionado por los imperativos del antiimperialismo y la necesidad de soberanía, lo que a su vez implica que la alternativa socialista realmente existente siempre se configura dentro del marco de un proceso de liberación nacional. Las innovaciones teóricas de Lebowitz, que en realidad son recuperaciones del marxismo original, ayudan a aterrizar los estudios marxistas en el mundo actual, donde el socialismo no es “imposible” por falta de condiciones, como suelen afirmar los opinólogos del Norte, sino que se persigue activamente en países cuyas poblaciones combinadas superan los 1.500 millones.

Los argumentos aquí expuestos serían menos convincentes si no existieran numerosas conexiones entre la obra de Lebowitz y la de pensadores y líderes clave del Sur Global. Sin embargo, hemos visto cómo la concepción de Lebowitz sobre el lado obrero, tanto en lo que nos enseña sobre la naturaleza del sujeto revolucionario como las condiciones económicas para el socialismo, coincide o se relaciona con muchas de las teorizaciones y prácticas desarrolladas por los revolucionarios y teóricos más destacados del Sur Global. Más allá de las conexiones ya mencionadas, cabe destacar cómo la ampliación de la actividad de los trabajadores en Lebowitz resuena con las ideas de Fanon y Che Guevara sobre la lucha armada como una praxis formativa mediante la cual se forjan nuevos sujetos políticos, así como con la confianza de Hugo Chávez en el protagonismo obrero para construir un sistema nacional de comunas socialistas. En general, las tesis de Lebowitz se integran perfectamente en las extensas prácticas y elaboraciones teóricas del poder popular en América Latina. Además, la importancia del liderazgo de vanguardia, ejemplificado por Mao, Ho, Fidel, Cabral, Chávez, Xi Jinping y Nicolás Maduro, también se valida cuando reconocemos (en un paso que Lebowitz no dio pero que debería haber dado) cómo el carácter multifacético, diverso y a veces segmentado de los pueblos trabajadores —los proletarios reales y no los abstractos— requiere un liderazgo de vanguardia, generalmente dentro de procesos dirigidos por el Estado, para mantener la unidad y la dirección. Finalmente, su enfoque en el papel de los criterios subjetivos, y no puramente económicos, para determinar cuándo emprender el camino hacia el socialismo se hace eco de las tesis planteadas por figuras como Mariátegui y el Che. 35 En general, tales convergencias subrayan cómo la recuperación que Lebowitz hace del lado obrero del marxismo encuentra su confirmación más convincente en las experiencias históricas del Sur Global revolucionario.

Junto con su pareja Marta Harnecker, Lebowitz viajó tarde en su vida a Venezuela, donde residió durante siete años (de 2003 a 2011). Incluso trabajó como asesor de Chávez y se inspiró en el Proceso Bolivariano para sus escritos. 36  Sin embargo, Lebowitz siempre consideró su obra como universalmente aplicable a la construcción socialista y no estableció conexiones específicas entre sus principales tesis y las condiciones de los países del Sur Global. En consecuencia, nunca abordó cómo ni por qué el lado obrero del marxismo se manifiesta plenamente en ese contexto. Esta omisión puede deberse a diversas razones. Sin embargo, entre ellas se encuentra sin duda la tendencia de Lebowitz, al igual que la de muchos marxistas en su entorno académico, a subestimar los proyectos socialistas realmente existentes del siglo XX, los cuales, en general, evaluaron sin prestar suficiente atención al papel del imperialismo como obstáculo para sus logros arduamente conquistados y que resultaron históricos y trascendentes a nivel mundial. 37 Al subestimar el socialismo real, Lebowitz se inclinó hacia un enfoque utópico y esquemático, en gran medida desvinculado de las realidades geopolíticas que estructuran la experimentación socialista. 38 Esta abstracción de las determinaciones geopolíticas e históricas es probablemente la razón principal por la que Lebowitz nunca teorizó explícitamente por qué el lado obrero del marxismo se conecta más plenamente con el Sur Global y sus proyectos de construcción socialista que surgen dentro de los procesos de liberación nacional del imperialismo. Esta omisión fue lamentable, pues, aunque su pensamiento ganó en alcance y fuerza retórica —e inspiró sin duda a lectores de todo el mundo—, perdió en contextualización concreta y plausibilidad histórica. Por el contrario, me he esforzado aquí, prestando especial atención a las luchas históricas y contemporáneas, por reubicar características del “lado obrero” del marxismo en las luchas del Sur Global, donde resultan más relevantes y fructíferas, aunque de forma modificada.

Notas

  1. En este artículo, el concepto de liberación nacional se utiliza en un sentido amplio para referirse al proceso de superación no solo de la condición colonial, sino también de la neocolonial.
  2. Lebowitz se refería con frecuencia tanto al “lado del trabajo asalariado” como al “lado de los obreros”. Sin embargo, prefiero las expresiones “el lado de los obreros” o “el lado obrero”, ya que, como el propio Lebowitz argumentaba, es problematico reducir a los obreros únicamente al trabajo asalariado.
  3. Lebowitz expuso por primera vez su interpretación de Marx en Beyond Capital: The Political Economy of the Working Class in Marx (New York: St. Martin’s Press, 1992). Sin embargo, fue un proyecto de toda una vida, y desarrolló aún más sus tesis principales en libros posteriores, incluyendo una versión revisada de Beyond Capital (Houndmills, U.K.: Palgrave McMillan, 2003), y en su último libro, Between Capitalism and Community (New York: Monthly Review Press, 2020). Todas las referencias a Beyond Capital en este texto corresponden a la edición de 2003.
  4. En una carta a Ferdinand Lassalle, Marx describió los seis libros proyectados de la siguiente manera: “1. Sobre el capital (contiene algunos capítulos introductorios). 2. Sobre la propiedad de la tierra. 3. Sobre el trabajo asalariado. 4. Sobre el Estado. 5. Comercio internacional. 6. Mercado mundial” (carta de Karl Marx a Ferdinand Lassalle, 22 de febrero de 1858). Marx también mencionó repetidamente este plan de seis libros en los Grundrisse.
  5. Cabe señalar que el argumento de Lebowitz nunca se fundamentó exclusivamente en la intención de Marx de escribir el proyectado libro sobre el trabajo asalariado. Desde el principio, insistió en que, independientemente de si Marx tenía o no la intención de escribir dicho libro, habría sido necesario hacerlo. Véase Lebowitz, Beyond Capital, 50.
  6. Mi argumento aquí no es que la clase trabajadora del Norte Global esté completa y permanentemente integrada al sistema, como sostenían erróneamente los marxistas occidentales, sino que está relativamente más instrumentalizada y sometida. Para una excelente crítica del derrotismo del marxismo occidental en este sentido, véase John Bellamy Foster, «Western Marxism and the Myth of Capitalism’s Adamantine Chains», Monthly Review 77, n.º 9 (febrero de 2026): 1-11.
  7. “Con la profundización de las bases materiales objetivas del antiimperialismo en la actualidad, la cuestión principal pasa a ser la de la base material subjetiva, es decir, el sujeto revolucionario.” Notas de los editores, Monthly Review 77, n.º 4 (septiembre de 2025): 63.
  8. “El objetivo último de esta obra es desvelar la ley económica del movimiento de la sociedad moderna”, escribió Marx en el prefacio de la primera edición de El Capital. Karl Marx, Capital: Critique of Poltical Economy (London: Penguin, 1976), 92.
  9. Lebowitz, Beyond Capital, capítulo 3.
  10. Lebowitz, Beyond Capital, 151.
  11. Lebowitz, Beyond Capital, 138.
  12. Lebowitz, Beyond Capital, 138.
  13. La tesis de la semiproletarización ha sido ampliamente utilizada por el Agrarian South Network. Véase, por ejemplo, Lynne Ossome y Shirisa Naidu, “The Agrarian Question of Gendered Labour” en Praveen Jha, Walter Chambati y Lyn Ossome (eds.), Labor Questions in the Global South (Singapur: Palgrave, 2021), 77, 79, 81–82. Un uso anterior es el de Cristobal Kay en “Latin America’s Agrarian Transformation: Peasantization and Proletarization” en Deborah Bryceson, Cristobal Kay y Jos Mooj (eds.), Disappearing Peasantries?: Rural Labor in Africa, Asia and Latin America (Rugby: Practical Action, 2000), 123–38.
  14. Lebowitz, Beyond Capital, 155.
  15. La obra de Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1844), ofrece una perspectiva fascinante e integral sobre la clase trabajadora, abordando el trabajo reproductivo y la arraigada presencia territorial y ambiental de los trabajadores; en resumen, sus vidas, no solo su trabajo.
  16. Vera Zasulich a Karl Marx, 16 de febrero de 1881, Marxist Internet Archive, Marxists.org.
  17.  Carta de Karl Marx a Vera Zasulich, febrero/marzo de 1881, primer borrador, Marxist Internet ArchiveMarxists.org.
  18. Marx a Zasulich, Primer Borrador.
  19. Durante una visita al Chile de Salvador Allende a principios de la década de 1970, Fidel dio una conferencia a miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, diciendo: “El arte de la revolución es el arte de sumar fuerzas… sumar… sumar… sumar… y sumar” (Punto Final, 22 de septiembre de 2000). Sobre Hồ Chi Minh (Nguyễn Ái Quốc), véase Simin Fadaee, Global Marxism: Decolonisation and Revolutionary Politics (Manchester: Manchester University Press, 2024), 60. Cabral abogó por “un amplio frente de unidad y lucha que es vital para el éxito del movimiento de liberación nacional”, señalando que su construcción requiere “un análisis riguroso de la estructura social endógena y las tendencias de su evolución” (Amílcar Cabral, Unity and Struggle: Speeches and Writings [Nueva York: Monthly Review Press, 1979], pág. 132).
  20. La configuración del bloque revolucionario no es fija, sino que cambia con el tiempo. Parte del genio tanto de Lenin como de Mao residía en su capacidad para trazar los límites del bloque revolucionario y reconfigurarlos en respuesta a las circunstancias cambiantes y a los avances o retrocesos de la lucha. De manera similar, Cabral distinguió entre la población (una categoría demográfica) y el pueblo (una categoría propia de la lucha), enfatizando que la composición de este último es históricamente variable. Como lo expresó Cabral: “Debemos comprender claramente, por lo tanto, que en cada fase de la historia de una nación, de un país, de una población, de una sociedad, el pueblo se define en función de la corriente principal de la historia de esa sociedad, en función de los intereses supremos de la mayoría de esa sociedad” (Cabral, Unity and Struggle, 89-90).
  21. Utsa Patnaik y Prabhat Patnaik observan que el nacionalismo antiimperialista del Tercer Mundo ha sido históricamente inclusivo, sin buscar enemigos internos, a diferencia del nacionalismo chovinista de derecha. Además, no se ha situado por encima del pueblo, sino a su servicio, ni ha sido autoexaltador, sino que busca establecer “vínculos fraternos con luchas antiimperialistas en otros lugares”(Utsa Patnaik y Prabhat Patnaik, Capital and Imperialism: Theory, History and the Present [New York: Monthly Review Press, 2021], 335-36). En cuanto a la cuestión de los mitos revolucionarios, Mariátegui es el teórico más destacado. Entendía el mito como una fuerza revolucionaria, tanto en la capacidad de los ideales socialistas —por ejemplo, el concepto de “la Lucha Final”— para movilizar a las masas en los países dependientes, como en la forma en que los imaginarios milenaristas, incluido el renacimiento incaico del Tawantinsuyu (las Cuatro Regiones) en el Perú contemporáneo, podían articularse con el socialismo moderno. José Carlos Mariátegui, El Alma Matinal y Otras Estaciones del Hombre de Hoy y El Artista y la Época (Caracas: El Perro y la Rana, 2011), 51, 53–56.
  22. Podría objetarse que muchos campesinos son propietarios y algunos viven de la explotación del trabajo ajeno. Sin embargo, la mayoría de los campesinos en el tiempo de Lenin, al igual que en el mundo actual, subsisten principalmente gracias a su propio trabajo, aunque son explotados indirectamente por los acreedores y los monopolios que compran sus productos y les venden insumos agrícolas. A diferencia de Plejánov, quien desestimaba al campesinado por no ser trabador industrial, Lenin veía en él un potencial revolucionario e incluyó a los campesinos pobres y medianos en la categoría general de las masas trabajadoras.
  23. Al considerar cómo mantener la alianza obrero-campesina, “Lenin recalcó constantemente que el poder de los trabajadores estaba, por así decirlo, ‘a prueba’ ante los campesinos. Los dirigentes proletarios tomarían la iniciativa para guiar la transición hacia la agricultura socialista, pero no podrían funcionar correctamente si intentaban imponer medidas que los campesinos más pobres aún no comprendían ni deseaban, incluso si tales medidas parecían expresar la esperanza y los propósitos subyacentes de estos campesinos” (Anna Rochester, Lenin on the Argrarian Question [New York: International Publishers, 1942], pág. 109).
  24. El término “pueblo trabajador” de Rodney tiene antecedentes en el lenguaje de la Comintern, como “población trabajadora” y “gente trabajadora”. Para un análisis del término de Rodney y su relevancia actual, véase Issa G. Shivji, “The Concept of ‘Working People’”, Agrarian South: Journal of Political Economy 6 n.º 1 (2017): 1-13.
  25. Cabral escribe: “Tanto en Cabo Verde como en cualquier otro lugar del mundo, la educación es la base fundamental que sustenta la labor de emancipación de todo ser humano y la concientización de la humanidad”. Cabral citado en The PAIGC’s Political Education for Liberation in Guinea-Bissau, 1963–74, Studies on National Liberation, n.º 1 (Tricontinental: Institute of Social Investigation).
  26. Karl Kautsky, primero en una larga lista de detractores eurocéntricos, desestimó las ambiciones socialistas de los bolcheviques, argumentando la “impotencia de todos los intentos revolucionarios realizados sin tener en cuenta las condiciones sociales y económicas objetivas”. Cuarenta años después, muchos intelectuales con posiciones similares adoptaron una postura análoga en su debate con el Che Guevara sobre la transición al socialismo en Cuba. Karl Kautsky citado en Domenico Losurdo, Stalin: History and Critique of a Black Legend (Madison: Iskra Books, 2023), 104; Ernesto Che Guevara, El gran debate: sobre la economía en Cuba 1963–1964 (Melbourne/Nueva York: Ocean Press, 2006).
  27. Karl Marx, “Prologue to the Contribution to the Critique of Political Economy”, en Karl Marx y Friedrich Engels, Complete Work (London: Penguin, 1975), vol. 29, 26.
  28. Utilizando la terminología hegeliana, Marx distinguió entre límites insuperables y barreras superables. Para Marx, el capitalismo constantemente desafía y supera numerosas barreras, pero finalmente encuentra su verdadero límite en la propia clase trabajadora. Véase Lebowitz, Beyond Capital, 13-15.
  29. Lebowitz, Beyond Capital, 163.
  30. Lebowitz, Beyond Capital, 163.
  31. Lebowitz, Beyond Capital, 14-15.
  32. Andre Gunder Frank, “The Development of Underdevelopment”, Monthly Review 18, n.º 4 (1966).
  33. Véase Samir Amin, “Contemporary Imperialism”, Monthly Review 67, n.º 3 (julio de 2015).
  34. Es cierto que el desarrollo humano es el objetivo esencial y a largo plazo del socialismo, y la abundancia material debe estar, en última instancia, subordinada a dicho objetivo, con el que mantiene una profunda relación dialéctica. Sin embargo, distinguir entre ambos objetivos resulta útil desde el punto de vista analítico, dada la tendencia, expresada en la obra de Lebowitz y en la de muchos otros, a minimizar la acuciante problemática de la escasez material en los contextos del Sur Global. Aquí defiendo la importancia del desarrollo material en los proyectos socialistas del Sur Global (si bien reconozco que una planificación racional que trasciende la contradicción crecimiento-decrecimiento, pero que probablemente se manifiesta como “decrecimiento” en los países del Norte Global, constituye el marco general del proyecto socialista). Esto no debe confundirse con una defensa de la teoría de las etapas, puesto que ya he señalado tanto la necesidad como la posibilidad de construir nuevas relaciones sociales en los contextos del Sur Global. Es importante destacar que la distinción entre desarrollo material y humano no es la misma que la distinción entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción. Por consiguiente, priorizar el desarrollo material no implica descuidar las transformaciones en las relaciones sociales.
  35. En un espíritu similar, Utsa y Prabhat Patnaik argumentan que no son las tasas de crecimiento del PIB sino la barbarie capitalista lo que establece la “obsolescencia histórica del sistema… de la cual solo el socialismo puede rescatarlo” (Patnaik y Patnaik, Capitalism and Imperialism, 338).
  36. Los libros de Lebowitz, Build It Now!: Socialism for the Twenty-First Century (New York: Monthly Review Press, 2006) y The Socialist Alternative: Real Human Development (New York: Monthly Review Press, 2012), hacen referencia con frecuencia al Proceso Bolivariano en Venezuela.
  37. El análisis principal de Lebowitz sobre el socialismo realmente existente se encuentra en The Contradictions of Real Socialism: The Conductor and the Conducted (New York: Monthly Review Press, 2012). En el prefacio, explica que, si bien inicialmente pretendía trazar la historia del surgimiento y desarrollo de la Unión Soviética, finalmente abandonó ese enfoque. Este relato histórico, de haberse mantenido, probablemente lo habría obligado a considerar las condiciones materiales concretas del desarrollo socialista, conduciéndolo así a adoptar una postura más favorable hacia el socialismo real y sus logros.
  38. El carácter ahistórico y abstracto-universal de la obra de Lebowitz, que trataba el socialismo más como un imperativo categórico que como un proceso histórico, se evidencia en los títulos de sus libros, como Build it Now! The Socialist Imperative.

Fuente: https://monthlyreview.org/articles/global-south-struggles-for-socialism-and-the-workers-side-of-marxism/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.