Recomiendo:
0

La necesidad de llegar a un nuevo pacto social

A un olmo viejo

Fuentes: Rebelión

Las hojas verdes de nuestro olmo viejo se están marchitando. Aprovechando este momento de debilidad las hachas de los leñadores se vuelven a dejar ver, así como los torbellinos que pretenden arrasar con todo. El olmo seco machadiano ha perdido su fortaleza. Uno de los factores fundamentales para que los países occidentales europeos pudiesen convivir […]

Las hojas verdes de nuestro olmo viejo se están marchitando. Aprovechando este momento de debilidad las hachas de los leñadores se vuelven a dejar ver, así como los torbellinos que pretenden arrasar con todo. El olmo seco machadiano ha perdido su fortaleza.

Uno de los factores fundamentales para que los países occidentales europeos pudiesen convivir y progresar de forma pacífica desde el fin de la segunda guerra mundial hasta nuestros días, fue el establecimiento de un pacto social que atendiese a la cuestión de la distribución de la riqueza. España se incorporó a este pacto tiempo después con la entrada de la democracia, aunque unos años más tarde, afortunadamente para la vida de millones de ciudadanos de este país, no se dejó escapar esta oportunidad histórica.

Este pacto social no consistió en acabar con todo y empezar a construir desde las ruinas, pero lo que se tenía claro, es que tampoco iba a resultar de la imposición intolerante de un grupo reducido sobre el resto de la población. No se buscaba con esto la implantación de una utopía por decreto ni el gobierno de una élite en minoría, sino, afrontar la necesidad en estos países de limitar el conflicto social e ir a grandes formas de pacto social estratégicas de las que participasen la mayoría de los distintos agentes políticos, para dar así estabilidad política, social y económica.

Este fue un pacto entre capital y trabajo. Atendiendo con éxito la cuestión de la justicia social, sin la cual no podría haber sido posible. Creándose todo un mecanismo social de distribución de la riqueza dentro del modo de producción capitalista, lo que se traduciría en el establecimiento de los estados del bienestar.

Sin embargo, este pacto. Que dotó de progreso inclusivo y estabilidad a nuestras sociedades, tuvo su límite en el tiempo. A partir de los años setenta con la crisis del petróleo, y en los años ochenta con el triunfo de las políticas neoliberales, este entra en crisis. Una crisis que dura desde entonces, hasta nuestros días, y que está llevando a la quiebra a este modelo político, social y económico.

Las consecuencias no tardaron en llegar: perdida de derechos laborales, reducción del gasto público en protección social, estancamiento del poder adquisitivo de los trabajadores… Factores que se agravaron a raíz de la crisis económica de 2008. Con la consecuente desconfianza de los ciudadanos en el régimen político establecido y la aparición de fuerzas políticas que pretenden dar soluciones sencillas a problemas complejos. Cargando sus discursos con elementos xenófobos, racistas e intolerantes con amplias capas de la población, que nada tienen que ver con la voluntad de llegar a acuerdos que doten de estabilidad inclusiva, que creen un consenso político.

Los partidos de extrema derecha, populismos como el 5 stelle italiano, el brexit o el contagio extremista que está produciéndose en los partidos de centro derecha en nuestro país con la irrupción de Vox. Son ejemplos claros de fuerzas políticas que no se proponen participar de un acuerdo consensuado, que actúan alentando la polarización ideológica y el conflicto social. Todos estos movimientos políticos surgen como consecuencia de la quiebra del pacto social. Debemos reaccionar cuanto antes, fijarnos en las experiencias pasadas, y tomarlas de referente para encarar los retos del presente.

En definitiva, necesitamos dotarnos de un nuevo pacto social, que traiga de nuevo estabilidad política y social. Lo cuál solo podrá llevarse a cabo con éxito si, como demuestran las experiencias pasadas, se ocupa de la cuestión de la justicia social, que asegure con ello al conjunto de la población la igualdad de oportunidades. Además de así, que garantice la igualdad entre hombres y mujeres, atienda a los derechos de orientación sexual, el cambio climático y las migraciones. Cuestiones que junto a la justa distribución de los recursos son imprescindibles para dar estabilidad y progreso igualitario.

A nuestro olmo viejo: a Europa, a España, le salieron hojas verdes después de venir del mayor conflicto bélico de la historia. El pacto social que posibilitó este florecer se encuentra hoy herido y atacado, haciendo que nuestras hojas se vuelvan a secar y que aquellos que solo quieren usar su madera para prender hogueras saquen de nuevo sus hachas. Sin embargo, al igual que hizo el poeta Antonio Machado, debemos esperar y buscar otro milagro de la primavera.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.