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Adiós al catolicismo

Fuentes: IPS

Para la jerarquía católica en el Vaticano, América Latina está pasando de ser el «continente de la esperanza» al de las preocupaciones, pues cientos de sus fieles abandonan sus parroquias a un ritmo tal que puede llevar al colapso en una década y media. Diversos estudios indican que la cantidad de católicos cae en toda […]

Para la jerarquía católica en el Vaticano, América Latina está pasando de ser el «continente de la esperanza» al de las preocupaciones, pues cientos de sus fieles abandonan sus parroquias a un ritmo tal que puede llevar al colapso en una década y media. Diversos estudios indican que la cantidad de católicos cae en toda la región, donde radican cerca de la mitad de los 1.071 de millones de seguidores de esa religión existentes hoy en el mundo.

La pérdida de fieles «se trata de una dolorosa constatación que,en cuanto pastores de las Iglesias latinoamericanas, nos interpela de una forma dramática», sentenció Cipriano Calderón, miembro de la Congregación vaticana para los Obispos y ex presidente del Consejo Pontificio para América Latina.

En Brasil, el país con más católicos en el mundo, unos 100 millones de sus 182 millones de habitantes, alrededor de medio millón abandona cada año esa religión.

Algo similar pasa en México, el segundo país con mayor cantidad de católicos del planeta. Los creyentes católicos representan hoy 88 por ciento de los 102 millones que viven en este país, casi 10 por ciento menos que lo estimado a mediados del siglo XX.

Hay otros casos como Colombia, donde sólo dos de cada tres habitantes se declaran católicos en la actualidad, mientras que en la década del 50 casi la totalidad era de esa religión.

En Guatemala, cerca de un tercio de su población de 12 millones de personas dejaron ya el catolicismo para sumarse muchas de ellas a iglesias evangélicas.

Mientras, 71,3 por ciento de los 4,2 millones de costarricenses se asume hoy católica, cuando tan sólo el año pasado 77 por ciento decía profesar ese credo, según datos de una encuesta realizada por la Escuela de Matemática de la estatal Universidad de Costa Rica.

Pero otra consulta, realizada por la firma privada Unimer Research International, señala que 52 por ciento de los costarricenses entrevistados «ya no creen» en la Iglesia Católica, mientras que 44 por ciento dice que sí cree.

Según la Vicaría Episcopal de ese país centroamericano, el ritmo de disminución de fieles es de 658 personas por día en promedio.

«Dios está pasando a segundo plano», declaró el presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, José Francisco Ulloa, tras lamentar la diáspora de fieles.

Elio Masferrer, presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, no cree que Dios esté pasando a segundo plano. «Es la Iglesia Católica la que está dejando los primeros lugares en el mercado de las religiones», dijo a IPS.

«Si la Iglesia (Católica) no hace cambios en sus estructuras centralizadas y en sus mensajes autoritarios, en unos 15 años más sufrirá un verdadero colapso en América Latina», vaticinó el experto.

Para Israel Batista, secretario general del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), «el catolicismo vaticano está en retroceso», pues «no ha sabido responder a la demanda de los fieles» y ha mantenido «estructuras jerárquicas alejadas de las personas».

«La Iglesia Católica deberá cambiar si quiere mantenerse vigorosa», señaló a IPS el directivo del CLAI, organismo que reúne a más de 150 iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses en 21 países de América Latina.

Masferrer y Batista coincidieron con la tesis de que el Vaticano se alejó de la vida cotidiana de las personas, de sus necesidades de compasión y amor y de sus inquietudes terrenales, temas donde los evangélicos se van posicionando con rapidez.

El secretario del CLAI, que tiene su sede en Ecuador, afirma que más de 15 por ciento de la población latinoamericana está hoy en iglesias evangélicas, lo que representa «un salto espectacular de las últimas décadas».

«Cuando usted va a una iglesia evangélica es arropado por la comunidad sin demasiadas jerarquías, mientras que en las católicas los fieles se dispersan y reciben consejos y hasta órdenes desde lugares lejanos como el Vaticano, que muchas veces ni siquiera tienen relación con la realidad de la gente», expuso.

Durante la gestión del Papa Juan Pablo II, iniciada en 1978, el número de católicos en el mundo, medidos por la cantidad de bautizos, pasó de 758 millones a 1.071 millones de personas, incremento que no implicó avances reales porque acompasó el crecimiento de la humanidad.

Es que en 1978 los católicos representaban 17,9 por ciento de la población mundial, y hoy bajó a 17,2 por ciento. Además, muchos de los bautizados, a los que Roma considera fieles activos, están en los hechos ya fuera de la religión católica.

Datos del llamado Anuario Pontificio, indican que el número de sacerdotes cayó 3,7 por ciento y el de monjas 20,9 por ciento durante los últimos 26 años.

«Por donde le vea, los datos demuestran que la Iglesia Católica retrocede en el mundo y que América Latina tiene una importante cuota en ello», declaró el presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones.

El experto citó algunas estadísticas para enfatizar su opinión. En México hay un sacerdote por cada 7.200 feligreses, mientras que en las iglesias evangélicas esa relación es de un pastor por cada 230 creyentes.

Además, la edad promedio de los pastores en México es de 32 años, mientras la de los sacerdotes es de 65.

«En poco tiempo más la Iglesia (Católica) hará crisis, a menos que cambien muchas de las estructuras del Vaticano, que durante la gestión de Juan Pablo II se volvieron mucho más centralizadas y autoritarias», sostuvo.

Para el secretario del CLAI, una de las fallas visibles de la Iglesia Católica es haberse alejado de los sectores pobres de América Latina, «que luego fueron acogidos por los evangélicos».

En los últimos 26 años, las llamadas comunidades eclesiales de base de la región sufrieron un amplio retroceso, igual que sus impulsores, los obispos y sacerdotes que se identificaron con la llamada Teología de la Liberación. Esas comunidades intentaban crear una comunión de vida entre el clero y los habitantes de zonas urbanas marginales o rurales.

En Brasil y México, a los que el Juan Pablo II ha visitado cuatro y cinco veces, respectivamente, salieron de escena prácticamente todos los obispos de corte progresista en el último cuarto de siglo.

Consciente de la pérdida de fieles, pero sin alejarse de la línea vaticana, el ex presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, viene llamando en diferentes foros a obispos y sacerdotes de esta región a redoblar esfuerzos para evitar que el problema se agrave.

«¿Se podrá decir dentro de unos años que la mitad de los católicos de todo el mundo está en América Latina? ¿No vemos cómo se desangra nuestro catolicismo con la cantidad de fieles que continuamente pierde la Iglesia porque se van a las sectas o dejan sin más la religión cristiana?», expresó Calderón en uno de sus discursos ante sus compañeros de fe.

«¿Qué está pasando a este propósito en Puerto Rico, Guatemala, México y Brasil, por citar sólo algunos casos? Pensemos que en Brasil, según una reciente encuesta, 25 millones de fieles no se reconocen ya católicos», se lamentó en marzo de 2003.

«Se trata, pues, de un fenómeno muy grave que requiere una respuesta urgente y responsable», dijo el prelado.

Los evangélicos son ya la segunda religión en Brasil, según los datos censales de 2000. Pasaron de representar nueve por ciento de la población en 1991 a 15,1 por ciento, mientras los católicos descendieron de 83,7 por ciento a 73,7 por ciento.

El Papa ha llamado a sus fieles a emprender una»nueva evangelización en América Latina», afrontando a los movimientos religiosos que llama sectas, «revisando los métodos pastorales empleados, fortaleciendo las estructuras de comunión y misión y aprovechando las posibilidades evangelizadoras que ofrece una religiosidad popular purificada».

«Entre las iniciativas eficaces podrían citarse la multiplicación de los lugares de culto, la misión domiciliaria que pueden realizar nuestros jóvenes y el establecimiento de una cadena católica latinoamericana de televisión, con un noticiero eclesial en orden a contrarrestar las cadenas sectarias», aconsejó.

Pero, para el secretario general del CLAI, si la iglesia liderada por el Vaticano no aprende a ver con tolerancia a otras religiones, y trabaja cerca de las personas y de sus necesidades individuales, seguirá perdiendo terreno por más propaganda que intente hacer.

«La gente se siente ajena a una iglesia que censura el divorcio y no está dispuesta a escuchar, a una iglesia autoritaria que habla contra el uso del preservativo y que no se adapta a los tiempos y a las necesidades reales de las personas», manifestó Masferrer.

«Pero esperar cambios en todos esos puntos parece poco menos que imposible con el actual papado. Por eso, el futuro del catolicismo está amenazado», añadió el experto.