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Brasil sale mejor de las elecciones municipales

Fuentes: Rebelión [Imagen: El ex presidente Lula ejerciendo el derecho a voto en los pasados comicios del domingo (29). Créditos: Ricardo Stuckert. Fotos Públicas]

Para el autor el panorama que se abre tras las elecciones del pasado domingo abre una puerta a la reorganización de la izquierda con vistas a las elecciones presidenciales de 2022.


El resultado de la primera vuelta en las pasadas elecciones municipales fue claro: derrota estrepitosa de Bolsonaro, victorias de la oposición de derecha y victorias de la oposición de izquierda.

En la segunda vuelta, sobre un total de 55 ciudades, todas con más de 200 mil electores, ninguno de los candidatos apoyados por Bolsonaro resultó elegido. Al contrario, aquellos a los que apoyó Bolsonaro perdieron votos. No en vano el presidente de Brasil perdió popularidad en 22 de las 26 capitales de Brasil. Particularmente grave para él es pasar de tener un apoyo –entre bueno y óptimo– del 22% en São Paulo, a un 54% de mal y pésimo, dando buena prueba del nivel inédito de rechazo en la principal provincia del país.

Un caso especial fue el de Rio de Janeiro, que había elegido, hace cuatro años, el primer alcalde evangélico de Brasil, Marcelo Crivella, sufrió una derrota espectacular, obteniendo alrededor de un tercio de los votos en la segunda vuelta. En resumen, Bolsonaro no logró representación en São Paulo y perdió el gran aliado que tenía en Rio de Janeiro.

El resultado más claro de las elecciones municipales fue el rechazo a Bolsonaro, tanto entre los opositores de la derecha como de la izquierda. Los primeros fueron los que obtuvieron los mejores resultados, ya que alguno de los partidos de la derecha tradicional que concurrían ganaron en gran parte de las alcaldías del país, incluso la de Rio de Janeiro. El PSDB siguió perdiendo fuerza a nivel nacional, pero retuvo su bastión tradicional en São Paulo.

La izquierda tuvo victorias y derrotas. El eje moderado PDT-PSB obtuvo algunos éxitos en varias alcaldías; el PT recuperó parte de lo que había perdido hace cuatro anos, en pleno auge de la ofensiva de la derecha, que llevó al golpe contra Dilma Rousseff, el PSOL logró una alcaldía en Belem, en el norte de Brasil, en alianza con el PT.

La izquierda tuvo dificultades en esta campaña por su corta duración y por el hecho de que se ha desarrollado en plena cuarentena, sin posibilidades de mítines y reuniones populares. Basta con decir que el más grande líder político y comunicador de masas de Brasil, Lula, no pudo salir hacer campaña por el país adelante a favor de los candidatos que apoyaba. La campaña fue fría, corta, vía televisión e internet, medios que no suelen llegar a las masas más periféricas de los grandes centros urbanos, donde Lula y el PT tienen gran apoyo.

Brasil, a pesar de todo, sale mejor de las elecciones municipales, debido a la estrepitosa derrota de Bolsonaro, que se suma a la derrota de su líder Trump, un hecho que provocó que el gobierno esté en la situación de mayor debilidad desde que tomó posesión. Justo en el momento en que se avecina una gran crisis, por el deterioro de la situación económica y social, a lo que se suma el nuevo rebrote del conoravirus, que eleva el numero de víctimas. El gobierno, debilitado, ha perdido el prestigio de que gozaba entre los empresarios, que ya no creen en las promesas del ministro de Economía, Paulo Guedes, que ve como el propio Bolsonaro viola sus normas de ajuste fiscal para buscar apoyo popular, al mismo tempo que la desarticulación política del gobierno le impide avanzar en sus propuestas privatizadoras.

Los resultados electorales presentan un cuadro en que la gran mayoría de los brasileños rechazan a Bolsonaro; aunque una parte importante de esas fuerzas sea de derecha, está en contra de Bolsonaro, pero apoya políticas económicas neoliberales.

Para la izquierda se presenta el desafío de ganar amplios sectores que rechazan a Bolsonaro, pero que están todavía bajo la influencia de los partidos de derecha. Al final de la cuarentena, las condiciones políticas cambian muy favorablemente a la izquierda, que podrá retomar actividades de masas –en primer lugar con Lula-, convocando movilizaciones que expresen el rechazo a Bolsonaro en las plazas públicas de todo el país.

En este momento empieza la coyuntura electoral del 2022, que deberá tener a un candidato del PT –Lula o Haddad-, a uno de la alianza PDT-PSB –Ciro Gomes-, a varios candidatos de la derecha y al mismo Bolsonaro. Las fuerzas de la derecha se apoyaran en la segunda vuelta favoreciendo al más votado en la primera vuelta. El panorama de la derecha ya no está tan claro como lo estaba antes del debilitamiento de Bolsonaro, que, a pesar de todo, sigue siendo el probable candidato de la derecha contra el candidato del PT, favorito para ir a la segunda vuelta.