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Construyendo la nueva era revolucionaria

Fuentes: Rebelión

Es importante acotar que la embestida de Hugo Chávez contra las viejas estructuras del Estado burgués y reformista heredado del Pacto cupular de Punto Fijo, una vez ratificado como Presidente mediante los votos del pueblo venezolano el 3 de diciembre pasado, no debiera extrañarle a nadie. Hasta el presente, el proceso revolucionario bolivariano se ha […]

Es importante acotar que la embestida de Hugo Chávez contra las viejas estructuras del Estado burgués y reformista heredado del Pacto cupular de Punto Fijo, una vez ratificado como Presidente mediante los votos del pueblo venezolano el 3 de diciembre pasado, no debiera extrañarle a nadie. Hasta el presente, el proceso revolucionario bolivariano se ha mantenido cabalgando sobre tales estructuras, con todos los inconvenientes y obstáculos creados por una metodología, una cultura y una burocracia afincadas en el reformismo; todo lo cual hizo que las iniciativas revolucionarias impulsadas por Chávez, como las Misiones, tuvieran que activarse de manera paralela al Estado vigente. Por eso, los opositores aún mantienen sus esperanzas en que, agotado el entusiasmo de las masas, las cosas volverán a su punto de partida, puesto que el viejo Estado, organizado para mantener el clientelismo político y la división social, sería incapaz de darle respuesta satisfactoria a las demandas y a las expectativas populares. Sin embargo, Chávez sorprendió a propios y extraños, generando todo tipo de hipótesis y de especulaciones, cuestión que lo sigue ubicando en la cúspide de la atención nacional e internacional porque está demostrando su disposición irreductible de producir el cambio estructural que le dará personalidad propia al proceso revolucionario que lidera y es ejemplo a nivel continental y mundial.

Así, su propuesta de constituir el Partido Socialista Unido de Venezuela -en vez de mantener la treintena de siglas partidistas que lo respaldan electoralmente, pero que escasamente tienen conexión social- hizo que muchos de sus seguidores acortaran los tiempos que creían debían cumplirse para arribar al mismo, especialmente en lo atinente a que surjan caras nuevas dentro de la revolución, promovidas por las bases populares en un ejercicio de democracia participativa y protagónica o de poder constituyente popular, cosa que elimina, de antemano, la posibilidad de que se eternicen los mismos cogollos que han evitado su desarrollo, autonomía y diversificación. En este caso, el Partido Unido no cumple, simplemente, la misión de agrupar a todos los revolucionarios bolivarianos sino que estará llamado a darle contenido real al socialismo, construido desde abajo por el pueblo, así como impulsar la organización, la formación ideológica, la movilización, la contraloría social, la iniciativa legislativa y la elección de verdaderos revolucionarios en cargos de elección popular. Esta propuesta va de la mano de la construcción, a su vez, del nuevo socialismo como alternativa al capitalismo y a la reforma liberal a que estamos acostumbrados. Ello, por supuesto, produce cierto desasosiego e incertidumbre entre algunos dirigentes de las cúpulas partidistas, ya que serían las bases militantes quienes sustentarían dicho partido, en consonancia con los lineamientos estratégicos diseñados por el Presidente.
 
Esto forzará la eliminación de la estructura excluyente y explotadora del viejo Estado, concibiéndose una diversidad de espacios que serán ocupados por las organizaciones, las estructuras e instrumentos de participación popular que se dé el pueblo a sí mismo. Pero no podrá limitarse a la estructura política. Tendrá que abarcar, asimismo, las estructuras económica y social, forjándose una nueva cultura, una nueva ética y una nueva moral que configurarán a la nueva mujer revolucionaria y al nuevo hombre revolucionario que edificarán la sociedad de nuevo tipo que se encuentra insertada en el socialismo en el siglo XXI. Para ello es requisito que los revolucionarios bolivarianos sean capaces de asumir con total responsabilidad la consigna de «inventamos o erramos» de Simón Rodríguez y de concederle a las masas el derecho a desencadenar sus poderes creadores. Esto supone romper paradigmas y establecer otros, nuevos, de modo que se engendre realmente en Venezuela una revolución inédita, pero posible. De esta manera, el proceso bolivariano se afirmará sobre fundamentos sólidos, aún con sus contradicciones y algunos retrocesos inevitables, pero que harán del mismo algo singular en la historia de los pueblos, del socialismo y de la revolución mundial. No será fácil, pero tampoco imposible. La nueva era del proceso revolucionario bolivariano anunciada por Chávez exige rebasar la conciencia conformista e individualista, moldeada bajo el capitalismo, y trabajar cada día por lograr sustituirla por una conciencia social, solidaria y firmemente revolucionaria; de ahí en adelante la revolución será un hecho cotidiano, sin anclarse en el tiempo, ni en los hábitos, ni en los cogollos.