Homar Garcés

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Teniendo como fondo los combates entre tropas rusas y ucranianas (lo que sería igual decir entre Rusia y Estados Unidos junto con la OTAN), definir el estado de situación del imperialismo resulta, en este tiempo de confusiones creadas a propósito, un asunto de primer orden para la acción revolucionaria.

Sea como se quiera observar, la retirada de las tropas estadounidenses del territorio afgano ha hecho que muchas personas vaticinen un acelerado declive de su hegemonía a nivel mundial, especialmente cuando en el horizonte se yergue China como potencia económica global.

El informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre el cambio climático no podría emitir una conclusión más clara: “No hay duda alguna de que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra”.

El impacto causado por la evolución de la sociedad humana en los últimos dos siglos sobre la naturaleza en toda su complejidad ha sido profundo, irresponsable e irreversible.

Formados en la sumisión a un poder exterior, las personas (como sujetos) la internalizan y aceptan, algo que termina por darle sentido, de algún modo, a su propia existencia.

La construcción de un nuevo mundo posible implica más que discursos. Así suene cursi, se requiere esfuerzo, unión, amor y buena voluntad de todas y todos para lograr, de una forma simultánea, la emancipación integral de cada ser humano y la transformación estructural del modelo civilizatorio vigente.

Como cualquier otro recurso natural explotado por las grandes corporaciones transnacionales, ahora el agua comenzó a ser cotizada también en el mercado de futuros de materias primas en Estados Unidos, con lo cual, según la percepción general de muchos economistas, se convertirá en sector clave en la recuperación económica de la era post-Covid 19 que le tocará vivir al mundo.

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