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Entrevista a Silvio Schachter del Consejo de Redacción de la revista Herramienta

«Cualquier libro de Saramago daría para hacer un debate»

Fuentes: Rebelión

En oportunidad de cumplirse el 11° aniversario del fallecimiento de José Saramago para el programa “Ciudad Cultural” que se emite por FM La Boca (90.1) en Buenos Aires los jueves de 19:00 a 20:00  

M.H.: Hoy queremos homenajear a José Saramago, quien falleció el 18 de junio de 2010. Había nacido en Azinhaga cerca del rio Tajo a 120 km al noroeste de Lisboa. Sus padres fueron José de Sousa y María da Piedad una pareja campesina sin tierras y de escasos recursos económicos.  

Este estilo de vida influirá notablemente en los pensamientos del escritor, que en 1925 se mudó a Lisboa junto con su familia. Tras casarse en 1944 con Ilda Reis, Saramago comenzó a escribir su primera novela, Tierra de pecado, que se publicó en 1947, pero no tuvo éxito. Ese año nació su primera hija, Violante.  

Saramago escribió una segunda novela, Claraboya, que no fue publicada hasta 2012, dos años después de haber fallecido. Los siguientes veinte años no se dedicó a la literatura. Recién en 1966 se dedicó con exclusividad a su trabajo literario Sufrió censura y persecución durante los años de dictadura de Salazar. En 1969 se afilió al por aquel entonces clandestino, Partido Comunista portugués. Ese mismo año se divorció de Ilda y abandonó su trabajo en la editorial para dedicarse plenamente a la escritura, como articulista y novelista. En 1974 se sumó a la Revolución de los claveles y en 1975 publicó O Año de 1993

S.S.: Has hecho una apretada síntesis de la vida de Saramago. Es difícil encontrar palabras nuevas, o algunos datos que hagan a la vida o a la producción literaria de Saramago que no se hayan dicho.  

El año que viene se cumplirán cien años de su nacimiento y hay una serie de eventos a nivel internacional que se están preparando para una especie de “Año de Saramago” donde seguramente aparecerán nuevos enfoques, nuevas miradas e interpretaciones.  

Yo siempre digo que cualquier libro de Saramago daría para hacer un debate porque siempre hay una parábola, un anclaje en términos de realidad, de vigencia y que nos correspondería también dedicarle algún tiempo a esos textos. Porque como él dijo una vez “yo soy lo que fueron mis personajes”. A pesar que él no era un personaje en el sentido de la figura literaria, llena de áurea, de creador o genio; era un hombre más bien sencillo de un decir llano, directo, de una vida austera, que heredó de sus padres y, sobre todo, de sus abuelos.  

Hizo un memorable discurso cuando recibió el Premio Nobel en 1998, empezó diciendo algo así como que todo lo que aprendió lo hizo de dos personas analfabetas, que eran sus abuelos.  

M.H.: Es el primer y único escritor de lengua portuguesa en ganar el Nobel. 

Quiero recordar que el año pasado analizamos en profundidad Ensayo sobre la ceguera una novela que publicó en 1995 que fue llevada al cine en 2008. 

S.S.: Dirigida por Meirelles, que es el director de “Ciudad de Dios” y “El Jardinero fiel”. Yo hablaba de la vigencia de su obra, y esto tiene que ver con eso. En ese momento hablamos de la novela, de la película, de los puntos de conexión con La peste de Camus, y sus originalidades para describir un fenómeno de tipo físico, biológico y epidémico y las conductas que eso genera.  

La novela se emparenta con un estilo de Saramago que me comunica también con Todos los nombres o Intermitencias de la muerte donde él no le pone nombre propio a los personajes. En Ensayo sobre la ceguera es “la mujer del médico”, “el jefe de la sala 3”, no hay nombre y apellido.  

Con eso Saramago busca lograr una universalidad de los personajes y las situaciones, como diciendo que no importa cómo se llaman o quiénes eran, sino cómo se comportan, qué hacen de sus vidas. Esa es una constante, salvo en aquellos libros que por anclaje histórico no tiene otra opción que ponerles nombre y apellido a los personajes. Pero esa es una característica muy propia que me parece importante rescatar por qué lo plantea.  

Hace poco releí El evangelio según Jesucristo, es mi tercera lectura, siempre le encuentro una enorme riqueza. 

M.H.: Yo estoy leyendo Manual de pintura y caligrafía

S.S.: Todas sus obras se pueden revisitar varias veces y siempre generan cosas nuevas. En el caso de El evangelio según Jesucristo que quizás es su obra más conocida, que a la vez generó un enfrentamiento virulento del Vaticano en su contra. En ese momento estaba Juan Pablo II, el Papa de Reagan, anticomunista visceral. 

M.H.: Incluso en Portugal mismo. 

S.S.: En Portugal el gobierno vetó la presentación del libro. 

M.H.: Porque ofendía a los católicos. 

S.S.: Los comentarios del Diario del Vaticano son terribles, lo menos que le dicen que es un hereje, que humaniza a Jesucristo, que lo plantea en una situación de ruptura de su virginidad con María Magdalena. Y él toma eso. Porque Saramago otra de las características que tenía, es que a pesar de que era un hombre formalmente serio, la gente lo veía así al menos, no era un hombre de risa fácil, y a veces se decía que era muy pesimista. Una vez le escuché decir “no es que yo soy pesimista, vivimos en un mundo pésimo”. Tenía mucho de estas frases cortas, lacónicas y, al mismo tiempo, contundentes.  

M.H.: Yo a Saramago lo descubrí a través de una amiga que me regaló para mi cumpleaños El año de la muerte de Ricardo Reis

S.S.: Uno de sus primeros libros. 

M.H.: Yo estaba pasando las vacaciones en una pequeña localidad del sur, en un balneario que se llama Pehuencó, y no podía parar de leerlo. Algo increíble. 

No escribía para gustar o dejar de gustar, escribía para desasosegar 

S.S.: Yo, como millones de personas, me sentí muy afectado por su muerte, porque de un modo algo egoísta pensaba que ya no vamos a estar esperando el nuevo libro de Saramago para llegar a su universo, era algo que uno esperaba con ansiedad y algo en lo que uno se sumergía y era imposible dejar de leerlo.  

Te comentaba lo de la Iglesia porque la respuesta fue que lo acusaron de hereje, y él respondió que si la definición de hereje es quien no hace lo que todos esperan de él, entonces era un hereje. Al mismo tiempo criticaba a la Iglesia porque decía que no es muy permeable a recibir opiniones diferentes.  

Él era un ateo militante, no solo en este libro lo expresó, donde ponía en tela de juicio el plan de Dios, como un plan perverso y un Jesucristo que se quiere desprender de ese plan y responder a los hombres. Pero después, la última novela que se publica es Caín donde también arremete contra la Iglesia por intentar dividir el mundo entre el bien y el mal. Y autoreferenciarse como los detentadores del bien.  

Saramago te puede convocar a hacerte preguntas, él decía que no escribía para gustar o dejar de gustar, que escribía para desasosegar, en el sentido de inquietar, no en el sentido de una lectura para pasar el rato. A pesar de que la lectura de él no es barroca, ni es una escritura difícil, es accesible para quien se acerque a sus libros. Si tomás cada uno de ellos, recién hablábamos de Ensayo sobre la ceguera o la pregunta ¿qué pasaría si la Península Ibérica fuese una barca a la deriva? En La balsa de piedra, qué pasaría si la gente dejara de morir, como sucede en Las intermitencias de la muerte. ¿Qué pasaría si perdiéramos los nombres? cuando hace toda su crítica al mundo kafkiano de la burocracia, con el personaje de Don José.  

En La caverna retoma la figura de Platón para referirse a uno de los temas que era constante en su pensamiento, la crítica al consumismo desaforado, la vuelta a lo artesanal, terminar con la alienación de aquél que se aleja de lo que se produce. Una mirada marxista literaria, muy cuestionadora de estos tiempos.  

Por eso digo, cada libro nos deja algo, nos deja preguntas, reflexiones, nos incita a repasarlo, a releerlo. Recuerdo que una sola vez tuve la oportunidad de verlo, en la Biblioteca Nacional en el 2000 en una conferencia de prensa que fue más política que literaria, recuerdo que decía “nací en un mundo injusto, seguramente moriré igual. En mi lápida que pongan ‘aquí yace José Saramago que murió muy furioso’”.  

Esa cosa de rebeldía que tenía ante la injusticia que lo llevaba a ser un hombre profundamente crítico con la injusticia del mundo y, al mismo tiempo, comprometido con las causas políticas. 

En mi visita a México en San Cristóbal de las Casas, había una imagen donde decía que él era comunista hormonal y libertario, pero que si estuviera en México sería zapatista. Así fue solidario con el pueblo palestino, con la Revolución cubana a pesar que en un momento tuvo un choque fuerte con Fidel, cuando fueron los juicios sumarios a los hermanos Ochoa y la pena de muerte dijo que siempre había apoyado a Cuba pero que en eso no estaba de acuerdo y disentía. Generó también una respuesta ética, se podría haber silenciado, tomar distancia, pero siguió siendo amigo de la Revolución cubana, pero tenía el valor de confrontar con lo que le parecía que no correspondía. Esa actitud de compromiso caracterizó toda su vida. 

Cuando recibe el Premio Nobel dice que no tuvo que dejar de ser comunista para acceder en la mirada que tuvo del comunismo. Se afilió al partido en 1969, tuvo una militancia en la Revolución de los Claveles.  

Yo estuve en Portugal y Lisboa en 2019 y estuve en la casa de la fundación, la Casa Dos Bicos. 

M.H.: ¿Te cruzaste con Pilar del Río? 

S.S.: Lamentablemente no. No había nadie, me sorprendió. Mucha gente pasa por la puerta, se saca una foto pero no ingresa. La visita es maravillosa, hay videos, sus libros, está el escritorio sobre el que trabajaba, un recorrido por todas las relaciones y figuras con las que se vinculó a lo largo de su vida.  

La Casa Dos Bicos es del siglo XVI y pertenecía a un hacendado importante que fue destruida con un terremoto, después la reconstruyeron y se la cedieron a la Fundación de Saramago, que va a tener un papel clave en el cien aniversario de su nacimiento.  

Hay una película muy linda que se llama “Pilar y José”, un documental sobre su vida juntos. Pilar era la traductora al español de todos sus libros y después fue su mujer. Que es quien tiene a su cargo la fundación y todo su legado. Los manuscritos, los originales los donaron a la Biblioteca Nacional de Portugal, con lo cual forma parte del patrimonio del pueblo portugués. 

Cuando estábamos ahí nos comentaron que en la puerta de la Fundación hay plantado un olivo y, según nos dijeron, sus cenizas fueron depositadas ahí un año después de su muerte. Es conmovedor. 

M.H.: Sí. Es un olivo traído de su pueblo natal. 

S.S.: A pesar de que vivió pocos años allí lo idolatran. Él viajaba mucho a visitar. Hay una imagen en la fundación, cuando el fallece en Lanzarote lo trasladan a Lisboa y se hace un homenaje al que miles de lisboneses asisten, cada uno con su libro preferido y con el libro en alto le hicieron la despedida. Muy emocionante ver eso, me hubiese gustado estar ahí con mis libros de Saramago.  

Es mucho lo que se puede hablar de su trayectoria, de esa idea de alguien que es consecuente con lo que escribe, con lo que dice. Por eso ha sido tan respetado, no solo por su calidad literaria. La gente no conoce que ha escrito poemas, se lo conoce más por las novelas y también ha escrito teatro. 

M.H.: Obras teatrales que han sido llevadas a la ópera. 

S.S.: Así es. Un hombre polifacético. Y como comentabas, él publica su primera obra y después pasan veinte años hasta que vuelve a publicar. Y cuando le preguntaron por qué esperó tanto tiempo él dijo algo que después se hizo célebre “cuando uno no tiene nada que decir lo mejor es callar”. 

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