En el tratamiento de la cuestión nacional, José Stalin hace a un lado procesos políticos de singular importancia en la formación y consolidación nacional: los relacionados con las diversas formas de expresión del sentimiento nacional de clase y su articulación con el aparato jurídico estatal. A partir de la definición de Stalin no podemos inferir el papel que el Estado juega en la construcción de la nación, siendo éste un factor siempre presente en los procesos nacionalitarios, la estructura totalizante y dinamizante que determina territorialidad, política de lenguaje, formación del mercado interno y uso de la violencia sistémica y extralegal.
Stalin, en su definición, no toma en cuenta la realidad y el peso que juegan los grupos nacionales y étnicos en la formación de naciones. Aunque se refiere en su obra a las naciones multinacionales, no especifica con claridad la existencia en su interior de importantes conglomerados étnicos y nacionales. El modelo de nación en el que se basa Stalin es el capitalista europeo en su forma clásica, y no aparecen en su esquema las naciones formadas a partir de la expansión capitalista mundial.
Por otra parte, la mayoría de los planteamientos sobre la cuestión nacional en el marxismo han incurrido frecuentemente en el reduccionismo; esto es, explicar una parte por el todo. Uno de estos reduccionismos es considerar que la cuestión nacional refiere al problema de nacionalidades y grupos étnicos heterogéneos en sus características y sujetos al dominio de un determinado Estado. En segundo término, acotar la cuestión nacional a partir de las clases sociales y los procesos económicos; se enfatiza en el análisis las determinaciones clasistas. En la realidad, cuando este tipo de reduccionismo es la base de un programa partidario o de gobierno se cometen graves errores políticos.
Hay otro tipo de reduccionismo: aquel que se presenta en algunas corrientes antropológicas cuando se discuten problemas relacionados con la cuestión nacional, a partir de conceptos como el de raza, otorgándoles importancia a las diferencias fenotípicas y al fenómeno del racismo, como derivado ideológico de esta conceptualización de la cuestión nacional. Así, la cuestión nacional se reduce a los problemas entre razas o grupos con distintas composiciones raciales.
También en el campo antropológico, y como una variante ideológica de los grupos dominantes, se ha pretendido limitar la cuestión nacional con la heterogeneidad cultural y lingüística dentro de un Estado-nación. Para esta perspectiva, las diferencias en los componentes culturales son la explicación “lógica” del porqué de la problemática de los grupos étnicos del país, en lo que podrían ser las expresiones del reduccionismo cultural dentro de las interpretaciones del problema nacional.
A partir de estas críticas pretendemos, a manera de hipótesis, hacer algunas consideraciones definitorias en torno de la nación. La nación es una comunidad humana estable, surgida históricamente como la forma de establecer la hegemonía burguesa; esto es, su predominio económico, social y cultural sobre un territorio que reclama como el ámbito de su producción y como su mercado interior de mercancías y fuerza de trabajo, estableciendo asimismo una imposición lingüística y cultural sobre poblaciones generalmente heterogéneas en su composición étnico-nacional.
La nación en su desarrollo histórico se constituye de diversas maneras: por autogénesis, a partir de un desarrollo producto de sus propias contradicciones, como es el caso de las naciones capitalistas metropolitanas, o por imposición externa del colonialismo, resultando de estos procesos diversos tipos de naciones: las naciones “clásicas” o naciones metropolitanas; las naciones que derivan de las luchas anticoloniales; y, por último, las naciones formadas en el contexto histórico abierto por el socialismo, las cuales pueden devenir en naciones de nuevo tipo: la nación pueblo, con el establecimiento y consolidación de un sistema de hegemonía nacional de las clases oprimidas y explotadas que conforman genéricamente al pueblo.
A partir de esto, la forja de una nueva unidad nacional garantizada por un nuevo ordenamiento político-jurídico, un nuevo pacto constitucional. A partir de éste se establece una nueva relación del pueblo con el territorio, con sus recursos naturales, conquistándose de hecho y de derecho, la soberanía popular. La nación-pueblo impone, asimismo, una nueva relación entre los componentes étniconacionales a partir de reconocer de manera efectiva el carácter multiétnico y plurilingüe de la nación.
Todo lo anterior se fundamenta en un nuevo arreglo económico que subordina el capital de los intereses populares. Además, la naciónpueblo implica una nueva relación con el imperialismo a partir del ejercicio efectivo del derecho a la autodeterminación. Por último, la nación-pueblo rescata, construye, crea y recrea una nueva cultura, la cultura nacional-popular.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/10/opinion/cuestion-nacional-y-nacion-44702
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