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De Honduras a Ecuador

Fuentes: El Periódico de Aragón

Los recientes acontecimientos en Ecuador, con el secuestro del presidente Correa y la intentona golpista, no deben, ni pueden, ser entendidos de un modo aislado y al margen de la dinámica global de la zona. El acontecimiento más inmediato con el que posee un paralelismo evidente es el golpe de estado que se produjo en […]

Los recientes acontecimientos en Ecuador, con el secuestro del presidente Correa y la intentona golpista, no deben, ni pueden, ser entendidos de un modo aislado y al margen de la dinámica global de la zona. El acontecimiento más inmediato con el que posee un paralelismo evidente es el golpe de estado que se produjo en Honduras contra el presidente constitucional y que ha tenido como efecto, con la complicidad de Estados Unidos, la consolidación en aquel país de un gobierno tutelado por los golpistas.

Cuando se produjo el golpe de estado en Honduras ya hubo numerosas voces que apuntaron que, si el golpe triunfaba, podía abrirse una nueva época de cuartelazos en América Latina. El desenlace del golpe, que llevó a que las elecciones presidenciales fueran tuteladas, en un clima de violencia y represión que se sustanció en el asesinato de numerosos líderes democráticos y periodistas, fue una señal de esperanza para los golpistas del continente americano, pues no ha habido ningún tipo de acción judicial contra quienes protagonizaron el derrocamiento de la democracia hondureña. Todo ello, insisto porque es realmente importante, con la aquiescencia de Estados Unidos y los silbidos de disimulo de la comunidad internacional. El curso político de Honduras ha sido modificado abruptamente y su democracia, aunque las urnas se volvieran a abrir, suprimida de hecho.

Cabe recordar que en 2002 ya se produjo una intentona golpista en Venezuela, en la que, como en Ecuador, se secuestró al presidente. En aquella ocasión, y dejando muy clara su posición política, tanto España como, nuevamente, Estados Unidos, se apresuraron a dar soporte político a los golpistas. El gobierno de Aznar, fiel a sus alianzas con la ultraderecha americana, del norte y del sur, protagonizó una de las más vergonzosas páginas de la política exterior española, al apoyar a la oposición golpista.

Sin llegar a producirse un golpe de estado, también en Bolivia la oposición desencadenó, hace apróximadamente un año, una ola de violencia que acabó con el asesinato de numerosos campesinos, hecho por el que fue enjuiciado y encarcelado el presidente de una de las regiones del país.

 

ESTOS TRES intentos de golpe de estado, de los que solo uno, el de Honduras, se ha saldado con éxito, tienen numerosos elementos en común. En primer lugar, son protagonizados o apoyados por una oposición que, incapaz de acceder al poder por las urnas, intenta alcanzarlo de manera violenta, como manera de no perder sus privilegios tradicionales. Son los sectores detentadores de las grandes fortunas del país los que se hallan detrás de estos intentos, como manera de frenar políticas sociales que pretenden sacar a esos países de la pobreza en que les ha sumido la rapiña de estos sectores y de las multinacionales extranjeras, así como las directrices de terrorismo social del FMI. En segundo lugar, que la respuesta popular ha servido para parar o al menos para dificultar, el proceso golpista. Tercero, que el ejército, o sus mandos, en el caso de Venezuela y Ecuador, ha sostenido el orden constitucional, lo que es una novedad en América Latina. Cuarto, que la derecha internacional, de la que el PP es ejemplo paradigmático, se coloca indefectiblemente del lado de los golpistas, lo que habla a las claras de su calidad democrática.

No cabe ninguna duda de que tras estos golpes se halla la voluntad de acabar con el proceso de democratización que se está desarrollando en América Latina en los últimos años. Ecuador es un ejemplo magnífico de un proceso de transformación democrática y de, consecuentemente, ruptura con el capitalismo que también se está produciendo en Venezuela, en Bolivia, en Paraguay. Como ha señalado el presidente de Bolivia, Evo Morales, el golpe de estado no lo es solo contra el Ecuador democrático, sino contra el proyecto de Unasur, de una comunidad democrática de naciones suramericanas. Y cabría añadir, contra el ALBA, la Alternativa Bolivariana para las Américas, que se opone al ALCA, el proyecto neoliberal auspiciado por Estados Unidos.

Es evidente que los sectores de las oligarquías latinoamericanas no toleran su pérdida de poder político, no aceptan que los sectores populares dirijan la política de la nación, no soportan que miembros de comunidades indígenas puedan acceder a la presidencia de una nación, como el caso de Bolivia. Su estómago racista, fascista y neoliberal, no está hecho para esas digestiones. A algunos no nos cabe ninguna duda de que la esperanza política democrática se halla en estas experiencias latinoamericanas de Bolivia, Venezuela y Ecuador (no menciono, conscientemente, a Cuba y Nicaragua, que, por diferentes razones, me parecen ajenas al proceso), que con sus contradicciones, problemas y errores han abierto una puerta al aire fresco de la justicia social. Frente a una Europa que languidece en una democracia vacía de contenido, un EEUU que, con Obama a la cabeza, ha frustado toda esperanza de cambio que se pudiera albergar, los procesos políticos y sociales de mayor interés se gestan en América Latina y sus avances son innegables. La inquietud de la oligarquía internacional es la que ha alzado los fusiles de la policía ecuatoriana.

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=614052

 

El autor es profesor de Filosofía de la Universidad de Zaragoza