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El gran tabú estadounidense

De lo que (no) hablamos cuando hablamos de crímenes de guerra

Fuentes: CounterPunch

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

«Cuando se firma una acreditación de seguridad y se hace un juramento hay que respetarlo. No es opcional». (Steven Bussi, de la neoconservadora Fundación Heritage, sobre Chelsea Manning [conocida anteriormente como Bradley])

¿Es verdad? ¿No importa lo que se pida a un individuo con acreditación de seguridad? ¿No importa lo que vea y sepa, tiene que ignorar su conciencia y obedecer órdenes? Pero Steven, amigo mío, debes saber que después de la Segunda Guerra Mundial muchos alemanes utilizaron, por cierto, como excusa que «obedecieron órdenes». Los victoriosos aliados ejecutaron, por cierto, a muchos de ellos.

Sus sentencias de muerte fueron determinadas por el Tribunal Militar Internacional de Núremberg, Alemania, que declaró que «los individuos tienen deberes internacionales que trascienden las obligaciones nacionales de obediencia. Por ello los ciudadanos individuales tienen el deber de violar las leyes interiores para impedir que ocurran crímenes contra la paz y la humanidad».

Además, el Principio IV de Núremberg señala: «El hecho de que una persona actúe bajo las órdenes de su Gobierno o de un superior no le exime de la responsabilidad bajo las leyes internacionales, siempre que se demuestre que tenía posibilidad de actuar de otra forma».

Manning, y también Edward Snowden, tenían alternativas morales y las escogieron.

Hay que señalar que Barack Obama se ha negado a enjuiciar a aquellos que bajo el gobierno de Bush estuvieron específicamente involucrados en la tortura -declara- porque estaban obedeciendo órdenes. ¿Nunca ha oído hablar ese hombre «educado» del Tribunal de Núremberg? ¿Por qué no le da vergüenza repetir una y otra vez ese argumento?

Imagino que en los últimos tres años que Manning ha tenido que vivir incomunicado, torturado y humillado, aumentando considerablemente sus dificultades personales ya existentes, la idea del suicidio habrá asaltado su mente en numerosas ocasiones. Ciertamente me habría pasado a mí si hubiera estado en su posición. En los futuros miles y miles de días y largas noches de encarcelamiento esos pensamientos pueden acompañar frecuentemente a Manning. Si los pensamientos se convierten en deseo, y el deseo se hace insoportable, espero que esa valerosa joven mujer encuentre un camino para realizarlo. Toda persona tiene ese derecho, incluso los héroes.

EE.UU. y sus perros falderos europeos pueden haber ido demasiado lejos para su propio bien en sus intentos de controlar toda comunicación disidente exigiendo información total de compañías involucradas en mensajería encriptada, presionando para cerrar varias de esas firmas, obligando al avión del presidente boliviano a aterrizar, destruyendo los ordenadores de un importante periódico, deteniendo al compañero de un periodista durante nueve horas en un aeropuerto, apoderándose de los registros telefónicos de periodistas de Associated Press, amenazando con enviar a la cárcel a un periodista del New York Times si no revelaba la fuente de una filtración, mintiendo desvergonzadamente a altos niveles, ocultando micrófonos en la Unión Europea y en las Naciones Unidas, realizando vigilancia sin límites conocidos… ¿Dónde terminará? ¿Será contraproducente en algún momento y permitirá que EE.UU. vuelva a su nivel normal de Estado policial? El 24 de julio, una ley que habría limitado el poder de la NSA fue derrotada solo por 217 votos contra 205 en la Cámara de Representantes.

¿Y durante cuánto tiempo seguirá manchando su imagen Amnistía Internacional al negarse a declarar lo que es obvio? Que Chelsea Manning es una Prisionera de Conciencia. Si se va al sitio en la Web de Amnistía y se busca «prisioneros de conciencia», se encontrarán destacados muchos nombres, incluidos varios cubanos. ¿Puede haber alguna conexión entre la omisión de Manning con el hecho de que la directora ejecutiva de Amnistía Internacional EE.UU., Suzanne Nossel, llegó a su posición proveniente del Departamento de Estado de EE.UU., donde fue Vicesecretaria Adjunta para Organizaciones Internacionales?

Una llamada telefónica a la oficina de Amnistía en Nueva York no consiguió suministrarme alguna explicación de la omisión de Manning. Sugiero que los lectores traten de lograrla de AI en sus países.

Mientras tanto, en la otra destacada organización internacional de derechos humanos, Human Rights Watch, Tom Malinowski, director de la oficina en Washington de HRW, ha sido nombrado por Obama Secretario Adjunto de Estado para Democracia, Derechos Humanos y Laborales. ¿Realmente es demasiado esperar que un alto funcionario de una organización de derechos humanos se niegue a trabajar para un Gobierno que ha sido el principal violador de los derechos humanos en todo el mundo durante más de medio siglo? Y si ese nombramiento le parece demasiado repelente, basta con que considere la tortura, el mayor ejemplo de la crueldad humana. ¿Qué gobierno ha estado más íntimamente involucrado con ese horror que EE.UU.? Enseñándolo, suministrando manuales y equipamiento, creando centros de tortura en gran parte del mundo, secuestrando a personas para llevarlas a esos sitios («entregas»), incomunicación, alimentación forzada, Guantánamo, Abu Ghraib, Bagram, Chile, Brasil, Argentina, Chicago…

¡Dios nos perdone!

William Blum es autor de Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Rogue State: a guide to the World’s Only Super Power . Su último libro es: America’s Deadliest Export: Democracy. Contacto: [email protected] 

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/09/06/what-we-dont-talk-about-when-we-talk-about-war-crimes/

rCR