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Decálogo de la buena víctima de un atentado «suicida»

Fuentes: Rebelión

Normas y consejos para los ciudadanos europeos y estadounidenses que se enfrentan a los cada vez más probables atentados -mal llamados- suicidas en sus ciudades.Primero. Sonría si apoyó conscientemente las políticas de agresión contra árabes y musulmanes. El atentado le ofrece una ocasión inmejorable para mostrar arrepentimiento por su actitud racista y de desprecio hacia […]

Normas y consejos para los ciudadanos europeos y estadounidenses que se enfrentan a los cada vez más probables atentados -mal llamados- suicidas en sus ciudades.

Primero. Sonría si apoyó conscientemente las políticas de agresión contra árabes y musulmanes. El atentado le ofrece una ocasión inmejorable para mostrar arrepentimiento por su actitud racista y de desprecio hacia aquellos. De no ser por el castigo esa actitud seguiría produciendo víctimas entre niños, mujeres y ancianos indefinidamente.

Segundo. Siga sonriendo si, engañado, votó a los presidentes que hicieron o apoyaron la guerra contra los árabes y musulmanes que no le habían hecho nada a usted ni a su familia: ya nunca más podrán volver a engañarle.

Tercero. No deje de sonreír si está convencido de la superioridad cultural y moral de la sociedad cristiana occidental. Es casi seguro que hay cámaras de vigilancia puestas por su gobierno para su seguridad. Muestre a esos fanáticos islámicos que sabe morir como miembro de una civilización mejor que la de ellos. Si vive en España diga: como un caballero español.

Cuarto. Esboce una sonrisa si es de los que va a lo suyo y no se mete en política. Si hace un cálculo de probabilidades, comprobará que a pesar de todo ha vivido mucho más y mucho mejor que la inmensa mayoría de iraquíes, afganos y palestinos.

Quinto. No pare de sonreír si es de los que creen que las cosas van a peor. Llega el tiempo en que las noticias solamente harán mención del número de víctimas en Europa y Estados Unidos, como sucede ahora en Oriente Medio, en lugar de ocuparse detenidamente de cada atentado. Su familia será de las últimas que cobre alguna indemnización.

Sexto. Sonría suavemente si es de los que condena el terrorismo islámico y también el cristiano. Con su ejemplo puede que los que siguen vivos hagan algo más que condenar el terrorismo: puede que lleven a los responsables del desastre, los jefes de Estado y de gobierno cristianos, ante un juicio por crímenes contra la humanidad.

Séptimo. Sonría serenamente si en su interior se ha dolido del dolor de las víctimas en países musulmanes: su sacrificio le redimirá de ese dolor.

Octavo. También sonría si cree en el ser humano. Su sacrificio y el de algunos más es hoy día la única manera de que cambie la mayoría, que de no ser por miedo no lo harían nunca debido a su falta de humanidad hacia los que sufren en otros lugares del mundo.