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Dilemas tácticos

Dilemas revolucionarios (II)

Fuentes: Rebelión

En la primera entrega de estas reflexiones sobre los dilemas que las personas y organizaciones que aspiran a superar el sistema capitalista deben afrontar, nos hemos centrado en el modelo de sociedad que queremos construir, en sus aspectos económico, político e internacional, a los que se ha denominado dilemas estratégicos.

A continuación nos adentramos en otro tipo de dilemas, los que se refieren a CÓMO podemos afrontar un proceso revolucionario para que sea triunfante, y al mismo tiempo responda a los criterios y valores con los que se pretende construir la nueva sociedad que consiga la liberación de la humanidad y su pleno desarrollo.

Aunque en orden temporal, primero sería hacer la revolución y luego construir el modelo de sociedad que queremos, se exponen en orden inverso ya que, en una concepción clásica, la estrategia (el QUÉ) condiciona la táctica (el CÓMO). Por ello, y una vez planteados los dilemas estratégicos que permitan alcanzar un consenso en torno hacia dónde queremos ir, se exponen a continuación los considerados dilemas tácticos sobre los que también es necesario un amplio consenso para aglutinar las fuerzas suficientes para que el proceso de transformación de un modelo a otro sea exitoso. 

A) Cómo alcanzar el poder:

Los procesos de superación del capitalismo hacia el socialismo han tenido básicamente dos modelos para lograr el poder.

a. Toma violenta e insurreccional del poder.

Siendo el método que ha logrado triunfar en varias ocasiones, al menos formalmente y de una manera duradera, generalmente ha estado ligado a contextos muy determinantes, como una Guerra Mundial, una invasión, dictaduras feroces (casos de las revoluciones rusa, china o cubana). Sin estos contextos no creo que sea fácil, ni posible, crear una guerrilla potente cuyo respaldo popular consiga vencer al ejército y fuerzas represivas del estado.

En los países que impera la democracia liberal, está muy arraigado el concepto de que el estado goza del monopolio de la violencia (por parte de sus fuerzas armadas o policiales), siendo por ello muy difícil, por no decir imposible, el desarrollo de guerrillas (véase los casos de Irlanda, Italia, Alemania o Euskal Herria), en los que la justeza de sus reivindicaciones no bastaba para conseguir el suficiente apoyo popular a sus organizaciones armadas.

b. Vía parlamentaria y pacífica

El caso histórico más paradigmático ha sido el de Chile, con el triunfo de la Unidad Popular encabezada por Salvador Allende, que llevaba un programa de transformaciones de carácter socialista. El proceso fue intachable, utilizando el mecanismo establecido constitucionalmente, y se empezaron a implementar medidas de carácter socialista, como la nacionalización de sectores productivos básicos de la economía del país.

A pesar del final por todas y todos conocido, no percibo que se hayan sacado las conclusiones pertinentes y suficientemente consensuadas que permitan poder afrontar con éxito un proceso similar en futuras ocasiones. Los dilemas e interrogantes que esta y otras experiencias similares plantean, serían los siguientes:  

B) Cómo afrontar el sabotaje de la reacción, económico, mediático, violento

Ya sabemos que los poderes económicos no aceptan que les recorten sus beneficios, y menos que se los suprima, y por ello movilizan todos los recursos que tienen en sus manos, que son muchos: Mediáticos (en manos de potentes corporaciones y grupos financieros); económicos (sabotajes de todo tipo, y bloqueos a nivel internacional); y en última instancia el golpe militar, aunque en los últimos años se ensaye con éxito otro tipo de golpe de estado, desde los poderes judiciales.

Leyendo la biografía de Gladys Marín, secretaria general del PC chileno, resulta estremecedor comprobar cómo, a pesar de que muchos meses antes del golpe de Pinochet, esta posibilidad estaba muy presente en las preocupaciones de las fuerzas que apoyaban a la Unidad Popular, y que era denunciado en los discursos públicos, sin embargo no había ningún plan preparado que lo pudiera evitar o combatir, como así se comprobó el fatídico 11 de septiembre de 1973. Más de medio siglo después, ¿tenemos concebido un plan, al menos en teoría, que pudiera ser eficaz para evitar  o derrotar el golpe?

Esta perspectiva plantearía, sin duda, otros interrogantes o dilemas, como el siguiente:

a. ¿Límites a las libertades formales?

La historia nos muestra que antes de realizar el golpe, se genera una situación de inestabilidad que favorezca la “necesidad” de dicho golpe para restablecer la paz social. Actos de provocación, vandalismo y violencia; generación de noticias incendiarias y falsedades; organizaciones de todo tipo que encubren acciones ilegales. 

En estas circunstancias, ¿qué coste político tendría un recorte de las libertades formales, de expresión o asociación, para un gobierno que está haciendo la revolución en nombre de la libertad? La táctica de la derecha está clara, no tiene que dar explicaciones a nadie, pues su proyecto es autoritario, y sus recortes son coherentes. ¿Y la izquierda transformadora? Sin duda que estas tensiones, que ya se conoce de sobra que se producirán, y las posibles medidas de recortes, reducirían la base democrática que las fuerzas revolucionarias hubieran podido aglutinar para su causa, pero que interpretarían como una desviación “estalinista” estos posibles recortes.

C) ¿Apoyaría la población un descenso del nivel de consumo ocasionado por estos bloqueos? 

Además de los aspectos políticos que pudieran verse afectados para intentar poner freno a la oleada golpista, conviene tener también presente las consecuencias que dicha confrontación tendría para el funcionamiento normal de la economía. 

Una revolución que se pone en marcha para mejorar las condiciones de vida de la gente, en lo que se refiere a derechos y bienestar económico ¿resistiría mucho tiempo un descenso de estos niveles provocados por estos sabotajes y huelgas patronales? Me temo que las capas de población menos concienciadas, pero que en un momento determinado han visto la necesidad de apoyar los avances revolucionarios, seguramente no aguantarían por mucho tiempo esta contradicción, y serían presa fácil para las fuerzas reaccionarias en su campaña de descrédito y paralización.

No sólo hay que contemplar las escaramuzas en el proceso revolucionario; incluso años después de consolidarse, se mantendrían bloqueos internacionales que ahogarían, en buena medida, el desarrollo productivo, haciendo descender, con mucha probabilidad, los niveles de bienestar, incluso previos a la revolución. El caso de Cuba es paradigmático, que a pesar de grandes avances en servicios como la sanidad y la educación, muy por encima de otros países, incluso de mayor nivel económico, en otros aspectos sufre las consecuencias de un bloqueo criminal que dura varias décadas y que ahoga lo que podría ser un desarrollo económico basado en sus propios recursos y el comercio mundial. 

D) ¿Cómo defenderse de la destrucción mediática de los líderes revolucionarios?

Otro de los aspectos que conviene tener presente en una perspectiva revolucionaria, incluso antes de que se pusiera en marcha de manera concreta, se refiere a la protección que los líderes populares contra los ataques de la derecha. En unos casos se trata de ataques violentos, asesinatos, más propios de países de otras regiones mundiales, a los que estamos acostumbrados. Pero hay otro tipo de ataques, más sutiles, que producen un efecto demoledor, sobre todo en zonas donde la proyección mediática tiene un gran valor. No hay que ir muy lejos, ni en el espacio ni en el tiempo, para recordar cómo han tratado de quitarse de en medio a líderes que molestaban. Bueno, han tratado y han conseguido, porque del desprestigio mediático, no se sale indemne, aunque luego judicialmente se archiven las causas. Calumnia, que algo queda, decía un conocido dirigente, y así es. La duda generada, tiene difícil cura, debilitando, en ocasiones de manera irreversible, la unidad creada en torno a un proyecto y una figura que lo encabeza. 

El descabezamiento permanente de las fuerzas emergentes es un hecho bien conocido, pero del que no parece que lleguemos a aprender, y se sigue depositando la confianza en personas vulnerables, en lugar de buscar alternativas que sean más difíciles de atacar, o con más posibilidades de defenderse.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.