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El Banco de España se equivoca

Fuentes: Sistema digital

El Banco de España acaba de reprender al Gobierno porque dice que no hace frente convenientemente a la crisis y es lógico que eso llame la atención de los ciudadanos, e incluso que cause preocupación. Desgraciadamente, sobre las opiniones de los bancos centrales no hay apenas debate y lo que argumentan sus responsables suele ser […]

El Banco de España acaba de reprender al Gobierno porque dice que no hace frente convenientemente a la crisis y es lógico que eso llame la atención de los ciudadanos, e incluso que cause preocupación.

Desgraciadamente, sobre las opiniones de los bancos centrales no hay apenas debate y lo que argumentan sus responsables suele ser aceptado sin rechistar por casi todo el mundo.

Es una pena, porque los ciudadanos deberían saber que las opiniones del Banco de España, y más concretamente estas últimas criticando al Gobierno, no tienen rigor científico alguno y que solamente responden a postulados ideológicos muy respetables pero infundados y que en absoluto tienen que ser compartidos por toda la sociedad como si fueran un dogma de fe.

Como siempre, el eje de las recomendaciones al ejecutivo se centra en la necesidad de moderar los salarios para hacer frente a la crisis. Algo realmente sorprendente si se tiene en cuenta que los salarios españoles se han moderado tanto en los últimos años que nuestro país ha sido el único de la OCDE en donde han disminuido en términos reales en los últimos años.

En contra de lo que ahora dice el Banco de España y de lo que viene diciendo en su discurso de piñón fijo, más bien se podría pensar que si no hubiera sido así, si las rentas salariales hubieran dispuesto de mayor poder adquisitivo, la economía española no hubiera sufrido un endeudamiento tan grande como el que tiene ahora, disfrutaría de mercados internos más potentes y hubiera estado más incentivada a competir por la vía de la innovación o la calidad. Sensu contrario, puede pensarse, pues, con fundamento que lo que hace el Banco de España recomendando más moderación salarial es condenar a la economía española a desempeñar un papel subordinado y de segunda fila en los mercados internacionales. Aunque, eso sí, favoreciendo de esa manera que los bancos sigan haciendo más negocio con el endeudamiento privado y que las empresas aumenten sus beneficios.

Pero como ni siquiera el Banco de España puede ya disimular el enorme privilegio que han tenido éstos últimos (que en España son unas siete veces más altos que la media europea), ahora se ha atrevido a proponer que no solo se moderen las rentas salarias sino también los márgenes empresariales.

Con ese criterio, el Banco de España hace una pirueta discursiva verdaderamente increíble.

Vemos: el total de la producción de la economía es justamente el total de las rentas. No puede ser de otra manera: la producción alcanza un valor determinado porque han de retribuirse por ese determinado valor al conjunto de los agentes que participan de un modo u otro en la producción. Y las rentas posibles solo pueden ser las del capital (los beneficios), las del trabajo (los salarios) y las del Estado. Si el Banco de España pide moderación de los márgenes empresariales y de los salarios, o está pidiendo que disminuya la producción o está pidiendo que aumenten las rentas del Estado.

¿Estará entonces solicitando el Banco de España que haya menos actividad en la economía española? ¿O es que se ha hecho ahora milagrosamente keynesiano y está reivindicando un papel más activo del Estado? Pero si es esto último, ¿no resulta contradictorio con sus llamadas a la reducción de impuestos y al «ajuste» del gasto público?

¿A qué juega el Banco de España con este discurso? ¿Es sincero o es que habla con la boca chica? ¿Cómo entender un análisis tan pobre y contradictorio en una institución que se reclama como la expresión del máximo rigor económico?

Otra de las indicaciones del banco al gobierno es que debe reformar el sistema de pensiones, lo que igualmente resulta un argumento penoso en la actual coyuntura.

Ningún estudio «científico» de los que ha financiado generalmente la banca ha conseguido demostrar que la crisis que vaticinan es inevitable. Por el contrario, absolutamente todos sin excepción se han equivocado a la hora de anticipar los escenarios de futuro y cuando decían que se iba a manifestar un gran deficit se ha logrado un superavit histórico.

Una vez más hay que señalar que el Banco de España no tiene razones científicas de ningún tipo para decirle al gobierno y a la sociedad española que lo que conviene es una mayor presencia del sector privado en el sistema de pensiones.

Lo que está haciendo es aprovechar la crisis y el temor que lógicamente genera para volver a hacer ruido una vez más sobre lo mismo y tratar así de conseguir lo que interesa a los bancos privados: rentabilizar los recursos financieros que ahora están en manos del sector público. Eso es lo único que hay detrás de la reforma de las prensiones que reclaman.

Y lo que resulta especialmente lamentable en todo este discurso sobre la crisis es que mientras el Banco de España se dedica a proponerle al gobierno medidas que solo benefician a los bancos y a las grandes empresas y patrimonios, pasa por alto factores reales que han provocado la crisis y la subida de precios y soslaya remedios que reputados economistas están proponiendo para salir de ella con mayor eficacia y equidad.

Así, no habla de la especulación que está produciendo la inestabilidad y que los reguladores han permitido e incluso estimulado. Ni tampoco del crecimiento de la masa monetaria generado por los grandes bancos centrales para salvar a los bancos privados y que no puede sino generar la inflación que ahora dicen que quieren combatir ¡aunque bajando salarios!. Ni, por supuesto, del poder de mercado de las grandes empresas para manejar los precios a su antojo, ni de las inversiones arriesgadas en un modelo de crecimiento insostenible de los bancos y cajas españolas. Ni de los privilegios de la banca que para aumentar su negocio ha incentivado y provocado un endeudamiento de las familias y empresas desorbitado y que en realidad tiene los mismos o peores efectos que el endeudamiento público que tanto combaten los bancos centrales.

Como tampoco se hace eco de medidas mucho más razonables y efectivas para afrontar la crisis como las que señalaba hace unos días Joseph Stiglitz cuando decía que «si se quiere basar el crecimiento económico en los avances científicos y tecnológicos, y no en la especulación inmobiliaria o financiera, habrá que reajustar los sistemas fiscales», algo de lo que ni por asomo quiere oir hablar el Banco de España… si no es para bajar los impuestos de los ricos.

Realmente, lo que ocurre es que el Banco de España está en otra onda, en la de los adinerados y los poderosos. Es lógico que hable como habla pero los ciudadanos y nuestros representantes políticos deben saberlo. Y criticarlo.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (España). Su web: www.juantorreslopez.com