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Artículo publicado originalmente en el 2008

El debate Chomsky: Represión y fabricación del consentimiento

Fuentes: http://axisoflogic.com

Noam Chomsky es un infatigable y eficaz crítico de la política exterior imperialista de EEUU y el imperio global de las corporaciones (CGE), y quizás sea la voz en solitario más influyente contra esas dos torres gemelas (1). Su prodigiosa y prolífica vida como analista-comentador y como lingüista renovado ha servido de inspiración a incontables […]

Noam Chomsky es un infatigable y eficaz crítico de la política exterior imperialista de EEUU y el imperio global de las corporaciones (CGE), y quizás sea la voz en solitario más influyente contra esas dos torres gemelas (1). Su prodigiosa y prolífica vida como analista-comentador y como lingüista renovado ha servido de inspiración a incontables miles de personas en muchos países. Además, sus diálogos con jóvenes estudiantes han animado a muchos a organizarse contra el CGE.

Chomsky ha liderado una fructífera vida, llena de un progresivo beneficio para aquellos que desean un mundo en paz y para aquellos billones que sufren el yugo del CGE y sus lacayos nacionales que se venden al mejor postor (2). Y le considero un amigo, a pesar de que solo hemos coincidido una vez, a mitad de los años 80, cuando cada uno apoyaba a su manera al gobierno sandinista mientras éste se trataba de mantener su soberanía al ser invadido por el CGE (3).

Escribo esto después de considerar detenidamente el propósito y su impacto potencial. Mi corazón me ha postergado a la hora de hacer algunas críticas sobre las ideas de Chomsky. En la izquierda estamos repletos de críticas destructivas y falta de cooperación -para regocijo de nuestro enemigo común, el CGE. Cuando Chomsky y yo éramos activistas contra la agresiva guerra de los EEUU en el Sudeste Asiático, existían dos coaliciones de organizaciones de carácter anti-bélico, que apenas podían llevar a cabo una acción conjunta. Hoy, hay cuatro de esas coaliciones discrepantes en EEUU que se oponen a «la guerra contra el terror», que no cooperan entre sí. Así que no quiero contribuir a más divisiones.

El que suscribe este exabrupto es un fan de Chomsky y crítico de izquierdas. Lo que busco es clarificar lo que para mí son incongruencias, e incluso contradicciones, en algunos enfoques chomskianos que tienen que ver con leyes nacionales, y con la política y práctica del gobierno de los EEUU. También tengo ciertas discrepancias en cuanto a su postura anti-imperialista en algunos casos (como por ejemplo, lo que él quiere decir cuando se refiere a la revolución cubana como a un sistema político-económico vital, o a los luchadores por la liberación/resistencia), pero en este artículo ceñiré mis críticas al monstruo interno.

Cuando se me ha confrontado amigablemente, y con crítica constructiva, algunas veces he cambiado mis percepciones analíticas y mis tácticas. Mi esperanza, así pues, es ofrecer este tipo de crítica, que pueda llevar a Chomsky a que cambie algunas de sus opiniones.

Las ideas que cuestiono son: que EEUU sea una «sociedad abierta», «más civilizada», y «más democrática» como nunca antes en el pasado e incluso más que el resto del mundo; que EEUU, desde el gobierno de Woodrow Wilson en adelante (incluyendo la tesis de Chomsky de que el macartismo «no fue tan represivo») ha sustituido el uso de la fuerza por la «fabricación del consentimiento».

1. LAS POSICIONES DE CHOMSKY

Para preparar este ensayo he visto ocho documentales, la mayoría de Youtube, hechos con varios discursos de Chomsky (4), he leído muchos de sus libros, artículos, discursos y entrevistas, así como artículos sobre sus puntos de vista.

Estos son extractos de afirmaciones suyas sobre temas importantes:

«La prensa de mitad del siglo XIX era la más libre en EEUU y Reino Unido, una prensa popular muy viva, muy leída y diversa a la hora de reflejar las preocupaciones públicas. La forma de eliminar la prensa fue empezar a introducir anuncios y concentrar el capital. Con el tiempo, se pudo marginar el disentimiento rechazando la publicidad…»

«La publicidad es parte, de la que ahora es, la gran industria de las relaciones públicas que creció durante la Primera Guerra Mundial. Esto sustituye la represión, el uso de la fuerza para controlar…»

«De hecho, hay una razón por la que los intelectuales wilsonianos [Woodrow Wilson, 28º Presidente de los EEUU, 1913-21] tuvieron que recurrir a la propaganda como técnica de manipulación y control, porque la fuerza ya no se usaba… La gente estaba ganándose el derecho al voto, así que no podías machacarlos con la fuerza». (5)

«No creo que hubiera tanta represión en los años 50. Creo que estaba internalizada [presumiblemente dentro de los individuos]. La represión asociada con el Macartismo no era tanta. La gente que no quiso someterse, simplemente se reía de todo eso.»

«Podías hacer lo que quisieras; nada te ocurría. No había represión. [El Macartismo] era poderoso porque la gente lo aceptaba. En los años 60, lo intentaron de nuevo. La gente se rió de ellos, y se vino abajo.» (g)

«EEUU es una sociedad muy abierta…» «El país se ha civilizado más gracias a los movimientos populares» […] «El país se ha civilizado un montón – una mejora constante desde la Guerra de Vietnam…» (a) (b) (g).

«El gobierno no tiene influencia sobre los medios». (b)

«Tenemos una enorme cantidad de libertad… más oportunidades que la mayoría de la gente del resto del mundo…; no hay problemas en llevar a cabo ciertas actividades [supongo que se refiere a protestas, disidencia]. (g)

Por último cito una entrevista que tuvo lugar en La Habana con motivo de su única visita a Cuba (27-31 de octubre de 2003), publicada en Counterpunch el 3 de noviembre de 2003. Le dijo a Bernie Dwyer que en EEUU «apenas hay represión; es un país inusualmente libre en términos comparativos.»

2. DISCREPANCIAS DE CHOMSKY

Ahora cito afirmaciones de Chomsky que muestran inconsistencias con su discurso de que EEUU es «una sociedad muy abierta», «más civilizada, más democrática que antes en el pasado». Algunas veces se contradice en el mismo discurso.

«La fabricación del consentimiento [supuso] controlar la opinión y la actitud de la gente, dentro del trabajo y fuera del mismo. Hacían de la gente consumidores pasivos y obedientes… atrapándolos, aislándolos los unos de los otros… haciendo que las personas se vuelvan criaturas cuyas únicas preocupaciones sean cómo llegar al límite de sus 5 tarjetas de crédito y que no presten atención a lo que está pasando en el mundo.» (g)

El gobierno quiere silenciar a los críticos… Ese es el trabajo de los intelectuales… Los objetores son encerrados en la cárcel… como el caso de Eugene Debs que fue encarcelado por protestar tímidamente contra la I Guerra Mundial… Otros fueron reprimidos porque no la aceptaban… A los críticos no se les permite existir. Tienen que unirse al desfile. En occidente hemos ido más allá del encarcelamiento; se usan vilipendios y mentiras… No se puede informar de lo que dicen los que disienten.» (a)

«El público no puede reaccionar si no sabe.»[…] «La Estrategia de Seguridad Nacional ha lanzado desde septiembre de 2002 una enorme campaña que se ha reflejado en los medios. La mayoría de la gente entendió lo que EEUU deseaba, que Hussein e Irak eran una amenaza para EEUU y el mundo [creando así] malinterpretaciones. (e)

«En EEUU no se matan [disidentes, traficantes de drogas], solo se les encierra en la cárcel.» El gobierno usa «campañas internas de contra-inteligencia contra negros y pobres». (e)

«La democracia, los derechos humanos, los seres humanos son una especie amenazada por culpa de los EEUU y su manera de tratar el 11-S.» […] «EEUU es uno de los peores países terroristas del mundo» (b).

«EEUU protege a terroristas» dentro de EEUU, como a varias organizaciones de terroristas exiliados cubanos, Orlando Bosh y Luís Posadas Carriles entre otros. (e)

«La democracia requiere libertad de acceso a la información y de opinión. Con la fabricación del consentimiento, se aparta al público del camino de las élites…» Cerca del 80% de la población «obedece ordenes» y «no piensa». Los medios son propiedad de grandes corporaciones- cuya misión es embotar los cerebros de la gente… evitar que la gente esté atenta y preocupada por lo que las corporaciones y los gobiernos estén haciendo.» El papel de «los deportes consiste en lo mismo», fabricar «actitudes irracionales de sumisión a la autoridad» (f).

Para ir a la guerra, el gobierno de EEUU «usa los medios para que nos vayamos preparando». «Reagan atemorizó a la gente haciéndoles creer que los sandinistas entrarían en Texas, que Gadafi nos invadiría, que Hussein nos invadiría» (g).

En el libro de Chomsky, ahora famoso gracias a Hugo Chávez, «Hegemonía o supervivencia», y su otro libro más reciente «Estados Fallidos», encuentro otra discrepancia en relación a lo de «sociedad abierta». Parte del análisis del éxito de EEUU en su esfuerzo por dominar el mundo está en el éxito de sus gobiernos y sus aliados corporativos en fabricar «ignorancia intencionada», creando un sentido de desesperanza, especialmente entre la masa de los estadounidenses.

En un artículo del periódico alternativo «Georgia Straight» (05-10-2006), el escritor Brian Lynch citó a Chomsky cuando afirmaba que «éste es un país muy atemorizado,… en realidad lo ha sido durante toda su historia, porque ha sido muy fácil movilizar a la gente usando el miedo. Esto es cierto para muchos países, pero especialmente en éste.»

Una diferencia significativa entre los regímenes de Bush tras el 11-S y otros anteriores, es que suponen «una vuelta más de tuerca». Ha conseguido imponer «una sensación de desesperanza. Es decir, tenemos todo tipo de oportunidades, y un legado incomparable de libertad, de privilegios y de oportunidades, y una cantidad de gente que nunca antes había visto involucrarse, comprometerse y concienciada. Pero piensan que no pueden hacer nada. Están desesperanzados.»

La explicación de Chomsky para esta obvia contradicción es «la deliberada erosión de claves institucionales y organizaciones estructurales, como los sindicatos, en torno a los cuales la gente solía juntarse para formarse sus opiniones y planificaban sus acciones conjuntas.» Y a esta creciente marea de materialismo, él añade «la fabricación de los consumidores».

Pero si el gobierno y su jefe, el CGE, está haciendo todo esto, si los medios no son libres y manipulan, (ya sea porque así se les anima a hacerlo desde el gobierno y/o porque así responden a sus intereses financieros en tanto que son corporaciones mediáticas capitalistas), entonces, ¿Cómo puede la sociedad ser «abierta y democrática»?

Si la gente está «atrapada», «adormecida, pasiva», si se encierra a los disidentes, entonces no son libres y no son capaces de beneficiarse de «una sociedad abierta, democrática y civilizada.»

El Diccionario Random House de lengua inglesa define represión así: «(1) mantener bajo control, comprobar o suprimir deseos, sentimientos, acciones, lágrimas, etc… (3) limitar, acallar, (sedición, desorden, etc) ; sinónimos: frenar, controlar, someter, sofocar, aplastar.»

Me parece obvio que eso es exactamente lo que Chomsky quiere decir cuando habla del gobierno de EEUU y su cuarto estado. Por un lado la sociedad es abierta, por otro lado somete. Por un lado el gobierno no se entromete en los asuntos de los medios, pero por otro lado sí que lo hace. Es confuso.

3. LOS HECHOS DE LOS GOBIERNOS REPRESIVOS Y LA SOCIEDAD

Todas las ramas del gobierno, desde el nacimiento de la nación, han usado la represión cuando han estimado necesario controlar cualquier sector de la sociedad.

La segunda administración del gobierno de EEUU aprobó las primeras leyes de extranjeros y sedición en 1798, con el propósito de encarcelar a los enemigos demócratas del Presidente John Adams, que pertenecía al partido republicano de la época, incluyendo a muchos editores de periódico que criticaban su política. Durante la I Guerra Mundial, el Presidente Woodrow Wilson usó leyes similares para encarcelar a los críticos de izquierdas.

Preocupado por la revolución socialista en Rusia, Wilson nombró a Mitchell Palmer como Fiscal General del Estado con instrucciones para detener huelgas e impedir que los sindicatos y las fuerzas de izquierda creciesen. Palmer reclutó a J. Edgard Hoover como asistente especial en esta campaña. En un solo día de 1919, cuatro mil izquierdistas fueron acorralados en todo el país. En muy poco tiempo, diez mil fueron arrestados en estas redadas de Palmer. La mayoría de ellos eran miembros del sindicato de Trabajadores Industriales del Mundo (IWW). Podían ser detenidos indefinidamente sin las garantías de un debido proceso establecido en la decimocuarta enmienda de la constitución. Muchos dijeron haber sido torturados. Quinientos extranjeros legales fueron deportados, entre ellos Emma Goldman.

Hoover usó las renovadas leyes de subversión (la Ley de Espionaje de 1917 y la de Sedición de 1918) para fichar a 150.000 ciudadanos estadounidenses en un registro especial de izquierdistas. Estas personas fueron puestas bajo vigilancia y acosadas donde quiera que fuese posible. Los productivos esfuerzos de Hoover por salvar la democracia lo llevaron a convertirse en el primer director de la Oficina Federal de Investigación (FBI), en 1924, y continuó siendo la cabeza de «la ley y el orden» hasta su muerte en 1972.

Esta «Amenaza Roja» ocurrió a mitad del periodo wilsoniano, que es cuando Chomsky dice que la represión, el uso de la fuerza para controlar a los ciudadanos, fue desechada – ya no era útil- y fue sustituida por «la fabricación del consentimiento».

Durante la siguiente década, la Gran Depresión provocó que a la clase capitalista y a sus políticos les preocupara que las ideas radicales, incluso las revolucionarias, pudiesen calar en la clase trabajadora y la animase a derrocar ese sistema de beneficios para sustituirlo por otro más igualitario.

Sindicalistas, y otros que podían llegar a serlo, fueron despedidos, puestos en listas negras, golpeados y encarcelados por policías, y algunos fueron asesinados. Hay muchos registros de esta realidad, incluyendo novelas y películas. Quizás la más famosa sería «Las uvas de la ira» de John Steinbeck.

Está claro que la fabricación del consentimiento no fue la única herramienta que usó la clase dirigente para acallar a la población.

Durante la Segunda Guerra Mundial la clase trabajadora y la izquierda estaban ocupadas luchando contra el fascismo, no contra la democracia burguesa, y hubo pocas protestas cuando 110.000 americanos japoneses fueron acosados y encarcelados en campos de concentración. Franklin Delano Roosevelt, considerado uno de los presidentes más «progresistas» en la historia de EEUU, aprobó la Orden Ejecutiva nº 9066 con ese propósito. Para estos ciudadanos, esto supuso la pérdida de sus casas, trabajos y negocios.

Ya incluso antes de que EEUU entrara en la guerra, la Ley de Registro de Extranjeros [Alien Registration Act] o Ley Smith, en 1940, criminalizaba el «defender, inducir, aconsejar o enseñar […] la idoneidad de derrocar al gobierno de EEUU.» Dicha ley viola la libertad de expresión y de prensa garantizada en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

Esta ley represiva fue usada primeramente contra los troskistas en Minnesota. Incluso antes de que EEUU entrase en guerra, el 27 de junio de 1941, miembros del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP), activo en el Sindicato de Camioneros y otros activistas sindicales, fueron arrestados por provocar huelgas, lo que se interpretó como conspiración para derrocar al gobierno de EEUU. Veintitrés fueron condenados y sentenciados de 12 a 16 meses de prisión.

El Partido Comunista apoyó al gobierno burgués y su ley anti-democrática. Por lo visto el SWP era un enemigo mayor. Quizás pensaron que su colaboración de clase les salvaría de la ley Smith. Pero en 1949, once líderes del Partido Comunista fueron acusados bajo la Ley Smith. La acusación fue que «ellos conspiraron… para organizar un partido comunista, e intencionadamente, defender y enseñar los principios del marxismo-leninismo», lo que equivalía a «derrocar y destruir el gobierno de EEUU por la fuerza y la violencia». También se les acusó de conspirar para publicar y hacer circular… libros, artículos, revistas y periódicos que defienden los principios del marxismo-leninismo». Libros de Marx y Engels, Lenin y Stalin fueron presentados como pruebas contra ellos.

Los comunistas fueron condenados y sentenciados a varios años de prisión. Muchos pasaron cinco años más con multas de 10.000 Dólares. Cientos de comunistas y socialistas fueron perseguidos con esta ley hasta 1957, cuando el Tribunal Supremo anuló algunas condenas alegando que violaban el derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, esta ley junto con otras, todavía está vigente, y de hecho se prohíbe apoyar y/o actuar para establecer una economía y un gobierno socialista.

Justo después de la II Guerra Mundial, EEUU comenzó la Guerra Fría. En 1950, el Congreso aprobó la Ley de Seguridad Interna (ISA, también conocida como Ley McCarran), que exigía a los comunistas (en un sentido amplio) que se registrasen en la Fiscalía General del Estado, donde se creó el Comité de Control de Actividades Subversivas (SACB) para investigar actividades «antiamericanas». Los miembros extranjeros de grupos que eran señalados por el SACB no podían adquirir la nacionalidad. Si alguien no se registraba, podía ser encarcelado por «deslealtad», como de hecho algunos lo fueron.

Aunque Truman decretó la Orden de la Lealtad [Loyalty Order] en 1947, vetó la ISA por ser «el mayor peligro a la libertad de expresión, de prensa y de asamblea desde las leyes de extranjeros y sedición de 1798». Sin embargo, el Congreso rechazó su veto. El Senado creó entonces el Subcomité de Seguridad Interna del Senado (SISS), que se usó para investigar la aplicación de la ISA. Fue el equivalente en el Senado del todavía más infame y ampliamente usado Comité de Actividades Anti-estadounidenses (HUAC), creado en 1938 y abolido en 1975.

El término Macartismo englobaba toda esa histeria anti-comunista y métodos anti-democráticos para reprimir la opinión y la ideología que se pudiera oponer al capitalismo y su forma política, conocida como democracia parlamentaria o democracia burguesa. El Macartismo ya comenzó con la aplicación de la Ley Smith en 1940. El mismo año que el HUAC trató de intimidar a la estrella de Hollywood Humphrey Bogart y al escritor John Howard Lawson citándolos a declarar por sus presuntas opiniones comunistas.

Al principio el HUAC se fijó en la subversión nazi, pero pronto adquirió carácter permanente centrándose en la izquierda. En 1947 llegó la caza de brujas de Hollywood, citando a diez escritores y directores. A los pocos años había interrogado a cientos de trabajadores de Hollywood. Los estudios boicotearon a 300 estrellas, escritores y directores de Hollywood. Algunos no fueron capaces de encontrar trabajo; unos pocos se suicidaron. Después de que el Macartismo perdiera su poder intimidatorio, tan solo un 10% de aquellos trabajadores que fueron boicoteados lograron restablecer sus carreras.

Una de las dianas del Macartismo fue la escritora Lillian Hellman. En 1976, escribió en el «Scoundrel Times»:

«Se arruinaron muchas vidas y casi nadie nos echó una mano». McCarthy también arremetió contra los homosexuales, a pesar de que su ayudante en jefe, Roy Cohn, era homosexual y judío. También persiguió a Ethel Rosenberg, tal y como se reflejó en la película «Ciudadano Cohn». El anti-comunismo/Macartismo condenó a duras feministas con cargos políticos. Las purgas de rojos castigaban el comportamiento desviado, reforzaban la necesidad de «emblemas patriarcales de masculinidad» en la «lucha contra el comunismo» (6).

El Macartismo mató a los Rosenberg. También castigo a fuertes organizadores y líderes sindicales, como Harry Bridges y el sindicato de la costa oeste [International Longshoremen & Warehouse], y otros militantes sindicales, que la AFL o CIO expulsaron de sus coaliciones sindicales.

También algunos educadores progresistas fueron su objetivo. Cientos de profesores, especialmente en el área de la Bahía de California, fueron despedidos. Al menos uno de los citados como testigos de la Universidad de Stanford, William K. Sherwood, se suicidó en 1957 antes que testificar ante el HUAC.

El Macartismo también gozaba de una «amplia y duradera influencia en política social y en el desarrollo de la profesión de trabajador social […] provocó que las organizaciones de trabajadores sociales se retirasen de la orientación progresista y reformista que se había adoptado durante el New Deal y la Segunda Guerra Mundial», según dijo la nieta de Sigmund Freud, Sophie Freud (6).

No he podido encontrar estadísticas definitivas, pero la «segunda amenaza roja» arruinó el medio de vida de miles de personas y cientos fueron encarcelados por desacato, perjurio o por defender otras formas de economía o gobierno consideradas ilegítimas por los políticos capitalistas. El Macartismo también supuso la deportación de varios comunistas nac idos en el extranjero, y tuvo el efecto de reducir el número de miembros del Partido Comunista de EEUU de 50.000 que tenía al final de la guerra hasta 20.000 hacia mitad de los años 50.

Y de manera paralela al Macartismo, el gobierno federal apoyaba a la clase capitalista haciendo difícil organizarse en los lugares de trabajo y luchar por la negociación colectiva en la contratación. La Ley de Taft-Hartley de 1947 era (y es) un instrumento principal para los empleadores que les permite expresar puntos de vista anti-sindicales, que incluso llega a permitirles que exijan de sus trabajadores que asistan a reuniones anti-sindicatos con el mismo tiempo que las que se dedican a las que son pro-sindicatos. Si los empleadores violan algún punto de la Ley Nacional de Relaciones Laborales de 1935, que regula las relaciones laborales para la mayoría del sector privado, no hay ninguna indemnización por daños y perjuicios.

Según el abogado sindicalista Andrew Storm, estas leyes han ayudado a la clase capitalista a reducir el número de trabajadores organizados en 1947, desde un 40% a un 10%. EEUU es el país con el número más bajo de trabajadores sindicados de entre todos los países del primer mundo (7).

3.1. La represión en el post-macartismo.

Durante los años 60 se probó de nuevo el Macartismo. Chomsky dice que desapareció entre burlas. El ridículo fue una medida efectiva pero el Macartismo fue sustituido por el programa COINTELPRO del FBI (1956) que fue ampliamente usado durante la década de los 60 y los 70.

El programa de contrainteligencia del FBI «se convirtió en el vehículo extra-constitucional por el que organizaciones de activistas sociales como la del Dr. Martin Luther King, la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano, los Panteras Negras, el movimiento liberación gay/lésbico y la amplia y organizada oposición a la Guerra de Vietnam, fueron objeto de espionaje, i nfiltración y boicoteo por parte del gobierno de EEUU» (8).

Me tomo a mí mismo como un ejemplo concreto de cómo la represión se usó por el gobierno federal y el Escuadrón Rojo del Departamento de Policía de Los Ángeles, junto con empresas capitalistas.

Mi primer encontronazo con la interferencia del gobierno en mi vida económica fue el verano de 1962 cuando trabajaba temporalmente como empleado de correo en la Industria Aeroespacial, en El Segundo, California. Tuve que rellenar un «cuestionario de seguridad» que incluía seis preguntas sobre lealtad y una lista de 47 organizaciones consideradas como subversivas. Cualquier relación con alguna de ellas impediría mi contratación. Escribí un «no» a todas sus preguntas y afirmé no ser miembro de nada «subversivo». Se me contrató el 25 de julio, quedando pendiente de una autorización final. El 31 de agosto fui despedido sumariamente. En 1977, cuando recibí alrededor de 1000 páginas de expedientes de agencias de seguridad nacional sobre mí, me enteré por primera vez de la razón de mi despido. Un informe interno del FBI decía que «había falseado sobre mi persona» en el cuestionario. No decía en qué aspecto en concreto lo había «falseado».

Alguien podría decir que ser despedido de un trabajo no es represión y que es algo que le sucede a millones de personas. Es posible, aunque necesitamos el salario para sobrevivir. El FBI me incluyó dentro de sus listas de «demagogos» y «agitadores», y un 15 de febrero de 1963, un informe del FBI me ubicó en su Índice de Seguridad con prioridad uno. Fue más tarde cuando se supo que Nixon había preparado las redadas de miles de nosotros, radicales revolucionarios, e incluso algún que otro académico y crítico mediático, para encerrarnos en campos de concentración al estilo americano-japonés. Pero el Watergate estalló y el escándalo le llegó antes de poder usar esa represión.

Cuando volví de la cárcel durante una semana en Costa Rica, por haber participado en una manifestación en contra de la subida de las tarifas eléctricas por parte de la compañía eléctrica de UK-EEUU, mi pasaporte fue confiscado por agentes federales. No pude viajar durante cinco años, hasta 1968.

Más tarde el FBI consiguió que me despidieran de mi cargo como editor del periódico de California, el Riverside Press-Enterprise. Acababa de ser elogiado y promocionado por el dueño. Sin embargo cuando dos agentes del FBI le visitaron y le hicieron saber que yo era un subversivo, que apoyé al Partido de los Panteras Negras y que también estaba intentando organizar el periódico, fui despedido inmediatamente. Se me vetó para trabajar en la asociación de empleadores de la prensa.

Yo fui uno de los diez mil que fueron apaleados y encerrados por oponerse a la Guerra de Vietnam y luchar por los derechos civiles. Algunas veces los agentes federales asistían a la policía local; otras veces se usó a la Guardia Nacional. Al menos siete estudiantes fueron asesinados y 21 resultaron heridos por los guardias nacionales y la policía en las universidades estatales de Ohio y Mississippi y en el People’s Park of Berkeley.

Al igual que otros miles de personas, fui objeto de detención ilegal. La primera vez fue en Mississippi durante la campaña por el derecho de los negros a votar, conocida como el «largo y caluroso verano» de 1964, y las marchas organizadas por el Comité Organizado de Estudiantes por la No-violencia, que forzaron al estado a reconocer a los negros simplemente el derecho a votar. La policía local me arrastró por el césped de mi anfitrión y me golpearon en la cárcel. Esto fue al mismo tiempo que otros policías de Mississippi, miembros del KKK, asesinaban a tres de nuestros colaboradores: James Chaney, Andrew Goodman y Michael Schwerner.

Durante los movimientos por los derechos civiles de los años 50 y 60, la policía y sus aliados civiles golpearon, encerraron y asesinaron a un sinfín de negros y a algunos blancos. El FBI solía ayudar, especialmente bajo las órdenes de su director J. Edgard Hoover. Narraré una experiencia horrible.

Tomo el informe de la United Press International del 15 de septiembre de 1963, en Birmingham, Alabama donde 4 chicas fueron asesinadas: Denise McNair (de 11 años); Carol Robertson, Cynthia Wesley y Addie Mae Collins (todas de 14 años).

«Una bomba lanzada desde un auto en movimiento estalló contra una atestada iglesia de negros, causando la muerte de cuatro niñas que asistían a sus clases de catecismo y desatando brotes de violencia que han resultado en dos muertes más en plena calle.»

Cuatrocientas personas, incluyendo 80 niños, estaban dentro de la iglesia cuando estalló la bomba. Ésta fue la cuarta bomba en cuatro semanas con motivaciones racistas que estalló en Birmingham, y la número 21 en ocho años. Varios miembros del KKK, incluyendo su líder Robert Chambliss, fueron arrestados e interrogados por la policía y agentes del FBI, pero fueron dejados en libertad. Uno de los miembros del FBI relacionado con los sucesos de ataques racistas era un informador del FBI, Gary Rowe. Hoover describió entonces a Rowe como «el mejor agente encubierto que jamás hayamos visto.»

 

Rowe escribió una autobiografía en la que afirma que en 1963, le propusieron ser un informante dentro del KKK. Él accedió. En Birmingham mató a un hombre negro sin identificar en 1963. Sus enlaces le dijeron que guardara silencio sobre el asunto. Rowe también transportó armas que serían usadas para impedir la integración en las escuelas. Su superior en el KKK era Robert Chambliss. Los registros del FBI, y la investigación del Departamento de Justicia de 1980 revelan que el FBI estaba al tanto de todo y que encubrió los actos criminales de Rowe y los ataques mortales contra negros. Concretamente Hoover, escondió las pruebas sobre la ejecución de estos niños. Pensó que era más importante preservar la identidad de su informante.

Solo tras la muerte de Hoover, pudieron las autoridades de Alabama acceder a los registros del FBI que les permitieron llevar a Chambliss ante los tribunales por aquellos asesinatos, pero este desenlace fue un caso aislado. La mayoría de los asesinatos de personas negras apenas fueron investigados y casi nunca hubo acusaciones o castigos sustanciales por estos crímenes racistas. Desde 1882 hasta 1954, cuando el Tribunal Supremo puso fin a la segregación en las escuelas con la Decisión Brown, a la que Hoover se opuso, 4500 asesinatos por linchamiento fueron registrados por las autoridades. Muchos más no se llegaron a registrar. Mientras que Hoover estuvo en el cargo como el director de la principal agencia encargada de hacer cumplir la ley en el país se llegaron a contabilizar 2000 asesinatos por linchamiento. Apenas hubo cargos o condenas.

Pero este tipo de crímenes racistas no se limitaron al Sur o a la policía local y sus aliados racistas. Cuando el movimiento del Poder Negro crecía dentro del movimiento por los derechos civiles de mediados de los años 60, Hoover declaró la guerra al Partido de los Panteras Negras (BPP) y lo convirtió en «enemigo número uno». El BPP, y otros negros reclamaban el derecho a la autodefensa, el derecho a portar armas, ese mismo derecho que cientos de millones hombres blancos exigen y mantienen, iba a ser eliminado.

Yo apoyaba al BPP y estaba al tanto de su programa y la represión ejercida contra ellos. Muchas de sus actividades eran de carácter social, educativas o programas alimentarios en los guetos. Esta amenaza al sistema era tal que la policía y el FBI mataron a muchos y ayudaron a crear un ambiente de desconfianza para que surgieran las luchas internas. Durante un periodo de dos años (1969-71), más de 30 Panteras Negras murieron a manos de la policía o en luchas internas.

El FBI y la CIA usaban los términos: «falsos topos» o «falsos infiltrados» [«bad-jacketing» o «snitch-jacketing»] para referirse a su práctica de levantar sospechas diseminando desinformación y fabricando pruebas para que sus enemigos pareciesen los perpetradores del terrorismo y otros crímenes cuyos responsables en realidad eran la propia CIA o el FBI. La CIA (Operación Caos) y el FBI (COINTELPRO) hicieron eso precisamente contra el Partido de los Panteras Negras, el Comité Coordinado de Estudiantes Nacionales, la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano del Dr. Martin Luther King, el Movimiento de Indios Americanos y otras liberaciones étnicas. También cometieron este tipo de crímenes políticos contra disidentes de la Guerra de Vietnam y algunos sindicatos, como los Trabajadores Unidos de las Granjas.

A mí también se me intentó presentar como un «falso topo» cuando trabajé para LA Free Press. Alguna agencia del gobierno, quizás algún escuadrón rojo de la policía, hizo circular cierta información proveniente de «un amigo», según la cual yo era una agente militar infiltrado en la izquierda. Enviaron un informe tributario falsificado, que yo supuestamente había rellenado, y que indicaba que había recibido dinero de varias fuentes, desde la inteligencia militar hasta un periódico alternativo de la competencia e incluso de grupos anti-guerra. Afortunadamente fui capaz de convencer al periódico de que las pruebas eran falsas e impedir la publicación de un artículo en el que me «desenmascaraban».

A este tipo de actividades yo lo llamo represión.

El Departamento de Policía de Los Ángeles tenía varios departamentos dedicados a reprimir diferentes grupos políticos: la tradicional izquierda comunista, la nueva izquierda (blancos en su mayoría), grupos de derechos civiles y el poder negro, los boinas cafés y otros grupos chicanos. A muchos de nosotros se nos llevó a prisión, otros resultaron asesinados. En el periodo de 1966-70 se conocieron 55 asesinatos de personas negras a manos de la policía, principalmente en el gueto de Watts, «y ni un solo oficial de policía ha sido perseguido por ello», según Marge Buckley, candidato a Ministro de Justicia por el Partido Paz y Libertad [Peace and Freedom Party], en una entrevista de L.A. Free Press el 30 de octubre de 1970.

Lo mismo se puede decir para muchas de las grandes ciudades de EEUU. Cuando la policía se carga a algunos negros no pasa nada, y el FBI lo respalda. Eso es complicidad federal con la represión de las autoridades locales. Muchos de los negros asesinados son delincuentes de poca monta, algunos eran transeúntes inocentes y otros eran activistas políticos. Los activistas políticos que no resultan muertos, son detenidos ilegalmente o condenados erróneamente por culpa de pruebas fabricadas, persecuciones racistas, y jurados y jueces racistas.

Algunas veces la policía política también arresta a activistas blancos con cargos falsos y consigue condenas con pruebas falsas. Arremeter contra acusados inocentes es algo endémico al trabajo de «hacer cumplir la ley». Estos son un par de ejemplos personales.

Durante un piquete a un empleador de una «fábrica de explotación» en Los Ángeles, la compañía Chic Lingerie, que contrató a esquiroles para sustituir a trabajadores que trataban de organizar un sindicato, me asaltaron 4 policías vestidos de paisano. Yo estaba informando en español a unos «espaldas mojadas» de que la compañía los iba a usar como esquiroles, porque en esos momentos había una huelga. El uso de la libertad de expresión me costó 6 meses en la cárcel.

En 1972 fui arrestado por fotografiar a dos policías de paisano, Joe Robinson y Mike Moran, que habían fingido ser manifestantes, y aporrearon al parapléjico Ron Kovic cuando protestaba sentado en su silla contra la reelección de Richard Nixon en Los Ángeles (9). No importó que yo fuera reportero para el semanario «Los Angeles Free Press» y estuviese ahí para cubrir la manifestación en frente de la oficina para la campaña de Nixon. Un policía encubierto de Los Ángeles, Stanley Frugard, alias Bob Burns, estaba entre la multitud y ordenó mi arresto. Mi carrete fue también confiscado. Fui condenado en base a la típica falsa acusación de resistencia a un arresto, la misma que se usó contra mí en la protesta de Chic Lingerie.

«Me pegaban porque representaba la innegable verdad de la guerra. Representaba la guerra, los crímenes de esta guerra. No podían entender que una persona que hubiese perdido tres cuartas partes de su cuerpo todavía se mostrase tan abiertamente en contra la guerra. Es absurdo que tú [yo] debieras pasar un año en la cárcel por sacarme fotos mientras me apaleaban», dijo Ron Kovic.

Mi sentencia fue revocada en apelación. El testimonio de la ex mujer de Frugard ayudó bastante.

Así que la represión todavía es primordial como política y práctica. La fabricación del consentimiento es todavía una herramienta principal para la clase capitalista, pero el gobierno sí que interviene para ayudar a sus colegas capitalistas en el imperio mediático, contrariamente a lo que Chomsky afirma. Doy un ejemplo personal.

Durante el periodo de gobierno de Salvador Allende que fue elegido democráticamente, Ariel Dorfman y Armand Mattelart escribieron el libro, «Para leer al Pato Donald: la ideología imperialista en los cómics de Disney.»

Ellos demostraron cómo se usaba ideológicamente el mundo de Disney en contra de la socialdemocracia y a favor de los intereses imperialistas de EEUU. En diciembre de 1971, un cómic de Disneilandia era un arma dentro de todo un arsenal de guerra psicológica. Su publicación coincidió con las primeras concentraciones de fascismo autóctono, las «caceroladas de amas de casa». El objetivo era «conquistar las mentes», según las palabras del General Pinochet. Y así, el afable Pato Donald defendía la necesidad de «restaurar al rey».

Después de que triunfara el golpe militar fascista, apoyado por EEUU, el libro se tradujo al inglés y se distribuyeron 4.000 copias para su distribución en New York. Pero el gobierno de EEUU intervino en contra de la libertad de expresión y de prensa de la Primera Enmienda para favorecer a la empresa privada. Tal y como Dorfman escribió más tarde:

«La edición inglesa de este libro fue prohibida en la frontera de EEUU. Casi 4.000 copias del libro fueron confiscadas por el gobierno de EEUU (1976). Es de suponer [que el gobierno] actuó en favor de los intereses de la empresa Walt Disney, la cual no aprobaba la crítica académica de los personajes de sus comics.»

En aquellos tiempos yo era editor del semanario «Los Angeles Vanguard». Conseguimos una copia pirata del libro subversivo e imprimimos un total de cuatro páginas con extractos de algunos capítulos. Nuestro titular de portada del 21 y 28 de mayo de 1976 fue:

«Para leer al Pato Donald: el libro denunciado por Disney, censurado en la frontera y publicado en exclusiva por el Vanguard.»

De hecho recibimos una carta amenazadora de parte de Aduanas de EEUU, pero al final no se tomó ninguna medida contra este pequeño semanario. De haber tenido que ir a los tribunales, el coste de la defensa en esta «sociedad abierta» nos habría supuesto la bancarrota.

 

Termino esta sección sobre la represión citando un libro sobre los crímenes de las agencias norteamericanas de inteligencia. Uno de los cuatro autores de «El Estado sin ley» es Morton Halperin, el ex-ayudante de seguridad nacional de Henry Kissinger (10).

 

«Para 1952, el FBI había investigado a cerca de 6.6 millones de ciudadanos por posible «deslealtad», comprobado «la lealtad» y ver si mantenían su trabajo y podían seguir en su cargo. A los sujetos no se les permitió [en las audiencias de deslealtad] confrontarse con sus acusadores, violando así la Carta de Derechos.

Los autores demuestran que la autoridad del FBI para vigilar las «actividades subversivas» no fue recortada, en consonancia con la censura de Joseph McCarthy de 1954.

«El programa COINTELPRO del FBI […] transformó el Macartismo en una operación encubierta. Con el COINTELPRO, sin embargo, el FBI había tenido incluso más libertad de acción para desbaratar la actividad política de ciudadanos y organizaciones, y llevar a cabo su guerra en secreto sin que le estorbase la ley.»

El Índice de Seguridad «tenía prioridad en casos de crisis nacional» con 11.982 nombres para ser detenidos preventivamente. Yo era uno de esos.

«Los agentes del FBI llevaron a cabo operaciones de envío anónimo de cartas para que ‘los subversivos’ fueran despedidos de sus trabajos.»

«El FBI infiltró a los denominados ‘falsos topos’ […] para que pareciese que eran informadores de la policía […] El FBI invadió la privacidad de asociaciones políticas para provocar la paranoia dentro de los grupos […] Mientras que esto es lo que cabría esperar de agencias de inteligencia de países extranjeros, el FBI acosaba así a ciudadanos americanos.»

«En 1970 el Presidente Nixon autorizó el Plan Huston, un programa conjunto del FBI, la CIA, la NSA y el ejército para obtener información de inteligencia sobre el movimiento anti-guerra y el movimiento negro usando informantes, allanamiento de morada para robar, apertura de correo… Cientos de agentes usaron todas las técnicas disponibles… Cada día [la CIA] se abrían alrededor de 10.000 cartas. La mayoría de la información era enviada al FBI. El FBI y la CIA abrían cartas sin orden judicial ni causa probable, en clara violación de las leyes de EEUU.»

Los autores afirman que muchas de las pruebas de aquellos crímenes se han destruido pero se sabe que «el FBI llevó a cabo al menos 239 operaciones de entradas ilegales contra ‘quince grupos del país’ y cerca de 90 robos en el Partido Socialista de los Trabajadores en un periodo de tiempo relativamente corto.

«Los agentes incluso ‘atizaron’ a los activistas radicales anti-guerra para atemorizarlos o para desbaratar las protestas.»

«La CIA se llegó a involucrar en desbaratar las manifestaciones en Washington DC. El ejército que también compartía información con el FBI, realizó vigilancia fotográfica de los manifestantes para que supieran que estaban siendo vigilados […] América estaba al borde de adquirir una policía secreta a gran escala con el FBI en su centro.»

Incluso después de los intensos años de protesta y audiencias en el Congreso sobre «discrepancias» en las agencias de seguridad nacional, «el FBI todavía seguía vigilando a americanos con actividades políticas totalmente legales.»

El anticomunismo/Macartismo estableció las bases ideológicas y propagandísticas para la política exterior de agresión imperial durante los años de Reagan -los oscuros años 80 y 90. Reagan es considerado el presidente de los EEUU más popular porque «derrotó al comunismo». La caída del estado socialista en la URSS y en el este de Europa, fue celebrado no solo por la clase capitalista y sus gobiernos sino por la vasta mayoría de ciudadanos del «Primer Mundo». Esta realidad marcó el comienzo de los años de Bush y sus abiertas bravuconadas con las guerras contra el terror para conseguir recursos energéticos y dominar al mundo entero.

3.2. 2000 + la Ley Patriota

Una vez que los «neo-cons» consiguieron lo que deseaban -una catástrofe tan grande como la de Pearl Harbor- su programa imperial («Project for a New American Century») estaba garantizado. El primer paso fue la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF, en septiembre de 2001). El ataque a Afganistán ya estaba en marcha. El objetivo principal era el uso de su territorio para un oleoducto, cuya contratación correspondería a Unocal, empresa petrolífera de Texas. Esto supondría reducir el coste del transporte de petróleo desde Turkmenistán hasta Pakistán, una dictadura militar y aliada clave de EEUU. Hay suficiente petróleo para cubrir las necesidades de EEUU durante 30 años. El régimen talibán, instalado previamente gracias a EEUU, no había aceptado las condiciones de Unocal para el oleoducto.

Con su guerra en curso, los «neo-cons» arremetieron con su Ley Patriota (Patriot Act, PA) contra un Congreso complaciente. La mayoría de los legisladores admitieron que ni siquiera la habían leído. Con el país atravesado por el miedo, Bush se declaró a sí mismo Protector contra el Terrorismo, y su PA le confirió unas potestades nunca vistas antes en ningún presidente.

Ésta es la diferencia entre esta ley y las demás leyes anti-terroristas o anti-subversivas que han estado vigentes.

«En pocas palabras, las leyes penales, normas de investigación y procedimientos judiciales que salvaguardaban nuestras libertades civiles garantizadas constitucionalmente en previas legislaciones anti-terroristas fueran apartadas por la Ley Patriota. Han sido sustituidas por un sistema de órdenes ejecutivas autorizadas unilateralmente, institucionalizado en el Departamento de Seguridad Nacional» (8).

Estoy seguro de Chomsky y la mayoría de los lectores de este ensayo se dan cuenta de cómo la Ley Patriota limita las libertades civiles de los estadounidenses, incluso la abolición por decreto presidencial de derechos básicos constitucionales que salieron de la propia creación de los Estados Unidos de América, y como se usa para encerrar a residentes y visitantes extranjeros sin el más mínimo debido proceso. Lo que no logro entender es porque Chomsky no ve los ataques posteriores al 11-S contra derechos democráticos básicos como el uso de la fuerza, como una represión.

Bajo la rúbrica de «unir y reforzar América proveyéndola de herramientas necesarias para obstruir el terrorismo», los EEUU han creado una cámara de tortura en el territorio ocupado ilegalmente a Cuba, en Guantánamo. Se encarcela en lugares secretos dentro o fuera de EEUU, a miles de ciudadanos no americanos sospechosos de tener alguna conexión terrorista, conculcando así la garantía básica del Habeas Corpus, artículo 4 de la Constitución de EEUU.

El principio del Habeas Corpus de «presentar el cuerpo», que permite a un prisionero ser llevado ante un juez o requerir su intervención inmediata, ya no puede ser usado por los no nacionales. Se les puede coger en la oscuridad y torturarlos de múltiples maneras durante el resto de sus vidas.

Con el miedo al terrorismo, se ha conseguido instalar 30 millones de cámaras de vigilancia en territorio estadounidense. La web http://www.look-themovie.com/ concluye que una persona normal es vigilada unas 200 veces al día.

El coautor de «El caso de la impugnación», David Lindorff, escribió recientemente que las múltiples agencias de espionaje han llegado a producir una lista de 325.000 «sospechosos de terrorismo» (11). Según él, algunos de estos sospechosos son en realidad ciudadanos estadounidenses que están detenidos sin derecho a abogado o a ser visitados.

Se están planeando de nuevo detenciones indefinidas en nuevos campos de concentración. La corporación del CGE favorita del Vice-Presidente Richard Cheney, Halliburton, fue compensada con 385 millones de dólares para construir campos de concentración secretos en territorio estadounidense que pudiesen albergar a 400.000 personas.

Lindorff también escribió que según un documento del Pentágono, fechado el 11 de junio de 2007, se considera que hay una creciente «insurgencia» dentro de EEUU. Esta valoración lleva al Pentágono a trazar «toda una campaña de contrainsurgencia de ley marcial contra el disidente legal».

Al respecto, Lindorff concluye que «tenemos todos los ingredientes para un golpe militar en los Estados Unidos».

La disposición de la Ley Patriota conocida como «las Cartas de la Seguridad Nacional (NSL)» permite investigar teléfonos, emails, acceso a registros empresariales, incluyendo registros bibliotecarios y financieros. Y las personas que son objeto de esta disposición son forzadas, bajo pena de ser encarceladas, a no revelar que están siendo investigadas. Recientemente, tribunales federales han dictaminado que la NSL es inconstitucional. Pero eso no ha detenido a este anti-terrorismo de este gobierno terrorista.

El propio inspector general del Departamento de Justicia estableció que el número de NSL que se han usado entre 2003 y 2005 asciende a 143.000 (12).

Las definiciones de terrorismo y apoyo al terrorismo son tan amplias que cualquier ciudadano de EEUU puede ser encerrado durante diez años por el hecho de realizar trabajos solidarios con supuestas organizaciones terroristas. Organizaciones de liberación -tales como las FARC en Colombia, la PFLP en Palestina, o cualquiera de cualquier parte del mundo que se haya levantado en armas contra los brutales gobiernos respaldados por EEUU- ya no son consideradas legítimas sino terroristas. Esto significa que apoyar al entonces Congreso Nacional Africano habría supuesto actualmente ir a la cárcel. Por supuesto, Israel no es considerado un estado terrorista por lo que apoyarlo resulta ser algo bastante admirable.

Por lo menos 1.000 ciudadanos estadounidenses han sido incluidos en una lista negra para volar. Varios activistas anti-guerra han sido «marcados» y se les ha denegado el derecho a viajar fuera de EEUU. Incluso el último de los hermanos Kennedy, Ted Kennedy, ha sido marcado cinco veces en Marzo de 2004. A este poderoso miembro del Congreso y a su personal le llevo tres semanas convencer al Departamento de Seguridad Nacional de que a él se le debería permitir volar sin necesidad de ser parado, cacheado o interrogado (13).

Bajo la Ley de la Comisión Militar de 2006, el Congreso extendió la mayoría de las provisiones citadas anteriormente. Unas pocas fueron alteradas. E independientemente de lo positivo de algunos casos judiciales que han rechazado partes de algunas leyes, lo esencial de estas leyes de estado policial y su puesta en práctica, continua, al igual que el desacato de Bush a la decisión del Tribunal Supremo de que los presos de Guantánamo tienen derecho al debido proceso.

Pete Seeger afirma que la represión actual es mucho peor que la del Macartismo, y ha servido para prevenir las protestas por la guerra en Afganistán. Al presidente de la AFL-CIO, John Sweeney, le preocupa que estas leyes supriman derechos sindicales, frenen la negociación colectiva y supongan un obstáculo para hacer huelga. Bush ha impedido algunas huelgas haciendo uso de la PA.

Tom Engelhardt captó la esencia represiva de la Ley Patriota en su artículo «The Bush Legacy (Take One»)». Estos son algunos extractos (14):

«Esto es lo que ‘Seguridad Nacional’ significa hoy en día en EEUU. Significa poner a todo el país bajo confinamiento. Significa gruñir en la frontera, hacer comentarios soeces en la sala de espera, esposar e incluso encadenar. Significa ser humillados. Significa una falta total de corrección o moderación.»

«Un nuevo término del Pentágono se puso en práctica durante la era Bush. Con la invasión de Irak se decía que los reporteros iban «incorporados» en unidades militares de EEUU. Este término -que suena parecido a «encamados»*- debería tener usos más amplios. Podríamos decir, por ejemplo, que desde septiembre de 2001 los americanos han sido incorporados, en su mayor parte voluntariamente, en un nuevo universo de confinamiento caracterizado por la aceptación general de actos de tortura y abusos que son públicos, así como por el derecho de secuestrar (conocido como «entregas extraordinarias»), y la creación y expansión de un triangulo de las bermudas de injusticia basado en el principio de que todo el mundo es culpable a menos que se demuestre la inocencia (a veces incluso demostrándola). Lo que originalmente podía parecer que eran medidas de emergencia en un momento de crisis es ahora una forma de vida totalmente institucionalizada. Nos gusten o no, estos métodos definen cada vez más lo que significa ser americano.»

«Pero no piense ni por un segundo que algo ha cambiado. Parte del legado de Bush reside en un nuevo espíritu de este país. En mi niñez durante los años 50, por ejemplo, sabíamos quienes eran los torturadores. Los veíamos en las películas. Eran los sádicos japoneses con sus campos de concentración, la Gestapo en sus prisiones, y la policía secreta soviética, el KGB, en sus gulags (aún cuando ese término no había entrado en nuestras vidas). Tal y como ahora dice el presidente cada vez que tiene ocasión, y tal y como nosotros lo sabíamos entonces, los americanos no torturan.»

«Hoy en día, una medida de nuestro cambiante mundo americano, sería un chico que pone la serie ’24’ o que busca emociones fuertes en películas de acción en los cines multi-salas de su ciudad, y que sabe que los americanos torturan y que esa tortura, que una vez fue parte de la cultura de nuestros más malvados enemigos, es ahora una práctica 100% americana y perfectamente justificable (normalmente por la premura del tic-tac de una bomba a punto de estallar). Y tan solo unos pocos pestañean. En la América carcelaria, se acepta. El gruñido en la frontera encaja bastante bien con la expresión «es de cajón» que nuestro Vice-Presidente ha usado para referirse a la necesidad de torturar asfixiando bajo el agua. Ya no queda nadie que rechace la tortura en las películas -y muy pocos que lo hagan en la realidad.» (14)

Chomsky tiene razón cuando dice que todo esto no ha conseguido detener las protestas. Pero discuto que eso signifique que no se esté usando represión real. Es bien posible que las protestas contra las guerras de los gobiernos, contra cada una de sus represiones, no hayan sido tan fuertes y compaginadas como podrían haberlo sido de no haberse adoptado estas leyes y estas prácticas. Por ejemplo, es difícil oír a alguien incluso dentro de la izquierda y los grupos anti-guerra, que apoye a los luchadores por la liberación, especialmente el movimiento de resistencia que lucha por los derechos de soberanía en Irak y Afganistán. Manifestaciones de ese tipo podrían llevarle a uno fácilmente a la cárcel, o por lo menos traerían repercusiones laborales y sociales. Y sobre las detenciones, los pasivos americanos no son proclives a protestar, con lo que nuestro número e importancia es todavía menor con la PAT y la PA.

«Chomsky escribió en su libro «9/11» que «semejantes acciones terroristas son un regalo para los elementos más severos y represivos en todos los bandos […] (y conseguirá) acelerar los planes para la militarización, para controlar, para trastocar programas social-democráticos, para transferir la riqueza a sectores minoritarios y minar la democracia en cualesquiera de sus formas.»

Así que ¿por qué él no reconoce que el estado está usando todavía la represión, sobre la cual afirma que «ya no se usaba desde los tiempos wilsonianos»?

En la página 35 parece darnos una respuesta:

«No creo que vaya a suponer una prolongada restricción interna de derechos de manera seria.»

Yo sostengo que estas restricciones que he citado -y muchas otras no incluidas aquí- demuestran lo contrario.

Incluso el poder legislativo de Vermont parece coincidir conmigo en su declaración de que la Ley Patriota es «el reto más grande a las libertades civiles desde que se aprobó la ley de extranjeros y sedición» de 1978.

3.3. La Ley Patriota y la guerra son buenas para los negocios.

¿Qué puede resultar mejor para los grandes negocios que lanzar una guerra? Los beneficios se incrementan para la industria aeronáutica y armamentística, para la siderúrgica y para la encargada de la reconstrucción en la postguerra. Y hay una recompensa especial para la clase capitalista que es la división de la clase trabajadora. Varios millones de trabajadores en esas industrias son distinguidos con buenos salarios por producir los instrumentos para matar a sus hermanos ideológicos. Estos trabajadores se identifican con el imperialismo. No ven interés material en actuar en solidaridad con trabajadores que han sido invadidos militarmente y se hayan oprimidos.

Hay muchos más intereses económicos e ideológicos que se han conseguido con esta «guerra contra el terror», que yo denomino «la Era de la Guerra Permanente».

En los primeros meses siguientes a la guerra contra el terror, la tasa de beneficios de los EEUU fue la mayor del mundo. Desde entonces ha descendido pero la guerra todavía es rentable para sectores de la clase capitalista. Las bases y los soldados yanquis se han asentado ahora alrededor de Rusia, en la antigua URSS. EEUU consiguió destituir al irritante e independiente director de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW). La OPCW que se compone de 188 estados miembros, el 98% de los países del mundo, aspira a eliminar la categoría de armas de destrucción masiva tal y como está definida en la Convención sobre Armas Químicas. Como líder responsable de la OPCW, José Bustani había propuesto que se debería inspeccionar a todos los países, incluyendo a EEUU, que es quien tiene la mayor cantidad de este armamento en el mundo entero. Un responsable así no respondía a los intereses del gobierno de EEUU y fue destituido en 2002. Esta superpotencia también consiguió destituir a Mary Robinson de su cargo como Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU. Ella criticó la violación del derecho internacional en relación a los prisioneros de EEUU en la base de Guantánamo y criticó a Israel por racismo. La lista de ventajas es larga. Nada en esta lista me indica que los EEUU sean «más civilizados», «más democráticos» que antes. Creo que este enfoque puede llevar a engaño a muchos de sus admiradores y puede frenar su desarrollo como pensadores revolucionarios y activistas.

El diccionario establece que «civilizar» significa: «ilustrar», «refinar»; «el mundo civilizado debe luchar contra la ignorancia».

No es civilizado que tantos estadounidenses sean tan pasivos y no piensen. No es civilizado torturar a la gente y hacerlo tan abiertamente, incluso con orgullo, por parte de muchos estadounidenses de hoy en día. Una sociedad civilizada no encarcela a una gran cantidad de gente en comparación con el resto de países del mundo, ni ejecuta a más prisioneros que cualquier otro país del mundo -muchos de ellos declarados inocentes tras su muerte. No es civilizado que una sociedad que encarcele a la gente durante muchos años por haber fumado un cigarrillo de marihuana. No es civilizada una sociedad en la que los guardias de las prisiones y la policía torturan a la gente sin reproches, no siendo raro que los lleguen a matar aunque no exista peligro para sus propias vidas.

¿Cómo puede Chomsky, por una parte, decir que Estados Unidos es el mayor estado terrorista del mundo, y después considerar que es el más «civilizado»? ¿Quiere decir que es incivilizado fuera de sus fronteras pero civilizado dentro de las mismas? ¿Es civilizado en algún caso? Uno no puede matar a gente o hacer que mueran de hambre sistemáticamente y de manera diaria y ser «civilizado».

Según mis cálculos -basados en lecturas de documentos gubernamentales de EEUU, muchos libros y páginas web (un ejemplo es http://www.krysstal.com/democracy ) los EEUU han intervenido con toneladas de dinero, sanciones perjudiciales, bombas y otras armas convencionales, y/o con armamento química biológico o radiactivo, con tropas militares y mercenarios asesinos, o directamente invadiendo 66 países un total de 159 veces desde 1947.

Eso incluye amañar 35 golpes de estado en 28 países. Seis de los gobiernos de esos países fueron derrocados dos o tres veces desde la II Guerra Mundial: Grecia en 1949, 1967; Guatemala en 1954, 1963; Vietnam del Sur en 1955, 1963; Laos en 1958, 1959, 1960; Corea del Sur en 1960, 1979; Bolivia en 1964, 1970. Falló en Venezuela en 2002.

Invasiones de carácter militar han sido justificadas en interés de la seguridad nacional», que es como decir que se hace por «la civilización y la democracia», contra 15 países desde la II Guerra Mundial: Corea 1950-53; Cuba 1961; Vietnam desde 1962 hasta 195; República Dominicana 1965; Laos entre 1965 y 1972; Camboya 1969-73; Líbano 1982-3; Nicaragua 1982-88; Panamá 1989; Irak 1991, seguida de duros bombardeos y sanciones hasta la nueva invasión en 2003; Somalia en 1992 y 2007; Sudán 1998; Afganistán 2001.

Y antes de la II Guerra Mundial, EEUU actuó de la misma manera pero se centró en su «patio trasero», América Latina, y en cientos de guerras contra los nativos americanos.

Y cuando la máquina de guerra es tan gigantesca y horripilante, muchos soldados de la sociedad «civilizada» y sus mercenarios privados bien pagados son lógicamente reducidos a asesinos. Algunos de ellos se convierten en fascistas paramilitares racistas, asesinos comunes o en serie, y violadores. Esta es la mentalidad que lleva a cientos de asesinatos de pobres trabajadores mejicanos en la frontera cada año, simplemente porque buscan un trabajo más allá de la frontera impuesta por los EEUU. Esta mentalidad «patriota» engendra un racismo tan extremo que legitima asesinar y torturar a la gente por su color de piel, cultura o religión, incluso por los fetos que abortan. Esta sociedad «civilizada» crea ciudadanos subhumanos, anestesiados, violentos.

Me avergüenza resaltar todo esto, porque Chomsky lo sabe perfectamente. Lo que no entiendo es cómo puede él concluir que a pesar de estas conductas EEUU es todavía una sociedad «abierta», «democrática», «civilizada». No ha diferencias significativas entre un hombre blanco rico que sea presidente y una mujer negra de clase media-alta, o un americano de origen mejicano que sea elegido o propuesto para ser parte del gobierno de la clase capitalista. ¿De qué sirve si las mujeres, o «Tíos Tom» de las minorías, usan sus derechos de igualdad para llegar a ser directores de banco con calculados beneficios, ministros o presidentes de guerra o boxeadores que ensalzan la violencia?

La única forma de que la gente pueda alcanzar el poder y ejercitarlo es tomando y demoliendo las estructuras de la economía y gobierno capitalista. Y no pueden hacerlo a menos que sean decenas de millones preparados para luchar hasta la muerte. Y eso no puede suceder a menos que sean conscientes de la necesidad de hacerlo. Y no pueden ser conscientes de ello ya que están «atrapados, adormecidos por un sentimiento de desesperanza».

Así pues, la represión -y no solo la fabricación del consentimiento- se usa para limitar el apoyo y las acciones orientadas a reformar el sistema o dirigidas a crear un sistema de economía y gobierno distinto del capitalismo y la democracia burguesa, que en realidad es una forma de parlamentarismo dirigido por una minoría: la clase capitalista.


NOTAS

1. Chomsky se refiere al sistema de monopolio capitalista de los EEUU como el imperio global de las corporaciones. Como columnista de axisoflogic.com, usaré las iniciales CGE para el término que sus editores acuñaron: Corporate Global Empire. Ambos términos significan la misma cosa: la hegemonía transnacional del sistema económico capitalista y sus estados aliados imperialistas bajo la tutela del gobierno de EEUU, lo cual incluye la mayoría de los partidos políticos del mundo.

2. Los intermediarios en los países del «Tercer Mundo» sirven a los intereses de negocios y/o gobiernos extranjeros. Ellos son intermediarios de negocios o líderes políticos, ya sean locales o nacionales, con frecuencia dictadores o militaristas, pero también gobiernos «democráticos» que traicionan a su cultura tradicional nativa y sus economías igualitarias por un poco de dinero suministrado por el CGE y sus líderes políticos del «Primer Mundo». La historia está repleta de lacayos de este tipo, desde el siglo XVIII con sus criados chinos hasta el actual gobierno impuesto por el CGE en Afganistán e Irak, incluyendo el así llamado Partido Comunista de Irak.

3. Chomsky escribió un comentario a mi libro «Yankee Sandinistas: interviews with North Americans living & working in the new Nicaragua» [«Sandinistas Yanquis: entrevistas con norteamericanos viviendo y trabajando en la nueva Nicaragua»], y otro comentario a mi otro libro «Backfire: The CIA’s Biggest Burn» [«El tiro por la culata: El fiasco más grande de la CIA»], sobre agentes dobles cubanos luchando contra la subversión de la CIA.

4. Pepe Crespo de Almería, España, me animó en este ensayo. Él hace DVDs de temas políticos. Transcribe y traduce del inglés al español. Su DVD número 12 es una recopilación de siete documentales con entrevistas y discursos de Chomsky. He tomado las propias palabras de Chomsky de los siguientes: (a) Poder, Disidencia y Racismo; (b) Poder y Terror; (c) Chomsky sobre Irak; (d) Moralidad Tergiversada; (e) La Gran Estrategia Imperial y Latino América; (f) La Fabricación del Consentimiento; y (g) Rebelde sin Pausa. El título del DVD de Crespo es: «Historia, Mentiras y Guerras 12: Noam Chomsky». Ver: Producciones Porcinas Crespo.

5. Estas citas están sacadas de (g) «Rebelde sin Pausa» y de (f) «La Fabricación del Consentimiento». He podido cometer algún error de puntuación o en alguna palabra, ya que transcribo conforme veo los documentales y no dispongo de los textos originales. Este será el caso para la mayoría de mis citas de Chomsky. Lamento cualquier error pero estoy seguro de que no afectará al contenido o el significado.

6. De «An Absent Presence» de Caroline Chung Simpson, que cita a Wendy Kozol, una profesora de estudios de género y mujeres.

7. «U.S. Labor Law», revista Dollar & Sense, septiembre/octubre de 2003.

8. «What is the USA Patriot Act?» de Kellie Gasnik y William Pleasant del Partido Verde en Savannah, Georgia.

9. Ron Kovic llegó a ser un activista en contra de la Guerra muy conocido. Había sido seriamente herido cuando era soldado en Vietnam. Escribió el libro «Born on the Fourth of July» [«Nacido el cuatro de julio»] del que se hizo una película.

10. «The Bureau (FBI) in War and Peace» tomado del libro «The Lawless State«, Penguin, 1976.

Algunas veces no me queda claro si cito directamente las palabras de los autores del libro o de sus citas. Ya sean mis citas las palabras de los autores o las de sus citados, confío en que los hechos sean precisos. Ver también: «Agents of Repression» de Ward Churchill y Jim Vander Wall, South End Press, 1988.

11. Tomado de su artículo «Martial law threat is real» [«La Amenaza de la Ley Marcial es Real»], 31 de Julio de 2007. Dave a un antiguo colega mío en «Los Angeles Vanguard», premiado periodista y coautor de «The Case for Impeachment: Legal Arguments for Removing President George W. Bush from Office» [«El Caso de la Impugnación: Argumentos Legales para apartar al Presidente George W. Bush del Cargo»].

12. Según American Civil Liberties Union.

13. El 20 de agosto de 2004, el Washington Post sacó una historia sobre el senador Kennedy que había sido «parado y preguntado» cinco veces en marzo de aquel año, porque estaba en la lista negra para volar.

14. Journey to the Dark Side: The Bush Legacy [Viaje al Lado Oscuro: El Legado de Bush].

* Se trata de un juego de palabras que pierde su sentido en español. El término original en inglés es «embedded», que suena algo parecido a estar en la cama con alguien («to be in bed with»), lo cual permite cierto sarcasmo de connotación sexual sobre estos reporteros cuya objetividad estaba contaminada por su proximidad con las tropas sobre las que debían informar.

(Artículo publicado originalmente el 16/01/2008, en inglés en www.axisoflogic.com y editado con algunas modificiaciones en la propia página de Ron Ridenour.)

Traducción: Pepe Crespo

Fuente: http://elchiroilustrado.blogspot.com/2010/07/el-debate-chomsky.html