Recomiendo:
0

El dinero

Fuentes: Le Monde Diplomatique

En momentos en que la crisis económica mundial llevó al regreso del Estado como actor central de la economía, es necesario evaluar cómo interactúa éste con el sector privado y qué intereses defiende. La corrupción resulta a menudo más sutil de lo que parece. Cómo explicar si no que importantes dirigentes mundiales pasen de un […]

En momentos en que la crisis económica mundial llevó al regreso del Estado como actor central de la economía, es necesario evaluar cómo interactúa éste con el sector privado y qué intereses defiende. La corrupción resulta a menudo más sutil de lo que parece. Cómo explicar si no que importantes dirigentes mundiales pasen de un día para otro a representar a poderosos conglomerados mundiales, con salarios obscenos.

La corrupción política adquiere también formas que la ley no sanciona. En momentos en que la cuestión del «regreso al Estado» se plantea casi en todas partes, cómo no preguntarse a qué intereses sirve. Hace un año, en enero de 2008, el ex primer ministro británico Anthony Blair fue reclutado por el banco estadounidense JPMorgan Chase como consejero a tiempo parcial. Un tiempo parcial remunerado correctamente: un millón de libras esterlinas por año (1,06 millones de euros). ¿Acaso alguien imagina que JPMorgan habría concedido tal sinecura a Blair, si cuando éste residía en el 10 Downing Street hubiese tomado medidas repudiadas por los bancos en vista de, por ejemplo, prevenir un derrumbe financiero? ¿Es realmente una casualidad que Gerhard Schröder se haya convertido en marzo de 2006 en asesor, con 250.000 euros anuales promedio de por medio, de una empresa de pipeline, filial de Gazprom, que él mismo había bautizado en tiempos en que era canciller de Alemania? Uno de sus camaradas socialdemócratas lanzó con acidez: «No puedo impedir sentirme un poco indignado porque un hombre de Estado esté a tal punto obsesionado por el dinero».

Le toca ahora a George W. Bush preparar su próxima carrera. Ya ha dado una idea de cómo será: «Daré algunos discursos, sólo para llenar mis viejos cofres. No sé cuánto reclama mi padre -entre 50.000 y 75.000 (dólares por discurso)- y también Clinton gana mucho dinero»1. Al punto de que el ex presidente demócrata someterá a un comité de ética del Departamento de Estado la lista de aquellos que retribuyen sus discursos. Así, nadie podrá acusar a su mujer de conducir la política exterior de Estados Unidos con vistas a enriquecer disimuladamente a los clientes de su marido…

El pasado mes de julio, Le Point , una revista cuya hostilidad hacia Nicolas Sarkozy no constituye su marca de fábrica, hizo públicos algunos de sus própositos subidos de tono. El Presidente francés habría detallado sus proyectos de la siguiente forma: «Yo, en 2012 voy a tener 57 años, no me vuelvo a presentar. Y cuando veo los miles de millones que gana Clinton, yo, ¡me lleno los bolsillos! Hago esto durante cinco años y después me voy a ganar dinero como Clinton. ¡Ciento cincuenta mil euros la conferencia!»[2]. A la casilla presidencia, le sigue la casilla conferencias.

¿Vender consejos, ganar dinero con discursos? También es posible convertirse en patrón de una gran empresa. Haber sido ministro de Economía no es la peor manera de lograrlo. Y de tomar luego la teta de la «mamá estatal» cuando ésta riega dinero público a los bancos privados en quiebra. Bien lo sabe Robert Rubin, consejero económico de Barack Obama, quien pasó de la presidencia de Goldman Sachs al Ministerio de Economía, y luego del Ministerio de Economía a la dirección del conglomerado financiero Citigroup.

Ministro francés de Economía, de Finanzas y de la Industria de 2005 a 2007, Thierry Breton luchó para que la imposición sobre los altos ingresos se volviera más «atractiva». Podrá apreciar directamente esas ventajas ya que, convertido en presidente de la sociedad de servicios informáticos Atos, después de pasar un año al servicio del banco Rothschild -donde se encontró con Schröder…-, va a recibir, según él mismo admitió, «un salario anual fijo de 1,2 millones de euros, una parte variable que puede llegar a 120% del fijo por objetivos alcanzados, a la que quise poner un techo del 100%. A eso se agrega la atribución de doscientos treinta y tres mil stock options a fines de 2009, fines de 2010 y fines de 2011». Breton precisa: «Pedí no beneficiarme con un paracaídas dorado en caso de cesar en mis funciones»3. A todos, la crisis impone sus sacrificios.

Cuando el poder constituye unas veces la etapa necesaria de una carrera lucrativa en los negocios, otras el refugio de hombres adinerados en busca de un segundo respiro, ¿es razonable esperar que los intereses más poderosos cumplan el papel que les cabe en el arreglo de una crisis de la que fueron los primeros responsables?

Traducción: Pablo Stancanelli

Notas:

1 Jim Rutenberg, «Talking with author, Bush reveals his personal side», The International Herald Tribune, París, 3-9-07.

2 «Sarko off», Le Point, París, 3-7-08. Según un periodista de Le Monde, Sarkozy había anunciado tres años antes, «puedo ser abogado, puedo ganar dinero, (…). Primero hago de presidente, después hago de abogado» (Philippe Ridet, Le Président et moi, Albin Michel, París, 2008, p. 149).

3 Les Échos, París, 16-12-08.