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El discreto encanto de la burguesía

Fuentes: Rebelión

La sociedad occidental ha sido moldeada de acuerdo con los parámetros del consumo. Se ha construido una estructura física y mental basada en la posesión del dinero llegando a la realización de una cultura burguesa dominante, no solamente entre las clases privilegiadas, sino que también, sobre los trabajadores.

La aspiración de los hombres de trabajo es el alcanzar el estatus de la burguesía, llenando su imaginario con las bondades de una vida ligada a la adquisición de objetos. La vida se transforma en una cosificación del deseo. El deseo es alentado hacia el sacrificio por el esfuerzo de lograr la promesa de una vida en mejores condiciones, renunciando al tiempo libre, al ocio, la educación (como comprensión de la política, lo social o cultural) o la vida familiar. El trabajo no es realización, sino que imposición para obtener la fortuna.

El ideal societario es lograr el estatus burgués, creando enormes sentimientos de insatisfacción entre quiénes no logran acceder a las altas cotas del consumo. El sistema financiero se convierte en centro neurálgico al ensanchar los sectores de la población que están disponibles para acceder a un crédito, transformando al grueso de la población en mansos receptáculos del aparato político que actúa en consenso a la esfera de las finanzas.

Estos factores son centrales a la hora de analizar los movimientos geopolíticos como la construcción de una estructura mundial de poder.

En el actual ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el estado de las cosas permite una tesis sobre el control total que tiene la prensa corporativa. Primero, una carencia de información (especialmente de lo que ocurre en Israel), paradójica en la sociedad digital donde cada buque, avión o soldado tiene una cámara. En la invasión de Irak de 2003 – en pleno auge del mundo unipolar hegemónico estadounidense-, los medios estaban repletos de vídeos de destrucción.

Segundo, la priorización de la información. Los medios generalistas – después de los días iniciales del ataque-, colocan las informaciones en lugares secundarios, no dando el real valor a las noticias sobre la guerra, como si éstas no fueran la principal temática que dibuja la realidad de las personas.

No solamente es la propaganda o la neblina de guerra, se trata de mantener la imaginación del público alejada del conflicto, en un intento por lograr que todo se mantenga igual, como si los hechos no estuviesen determinando el presente y el futuro de todos los ciudadanos.

El lograr el control de los medios corporativos a nivel global es una base esencial para el sistema imperial, lo que explica por qué la información transmitida en los diferentes países occidentales llega a un alto nivel de homogeneización. El consumo de información mediática propicia el estereotipo de la respuesta: la mansedumbre. Mientras, el consumo de redes sociales tiende siempre a la desinformación o la desconfianza en su veracidad. La verdad instalada es una mentira repetida un millón de veces, aplaudida por la tribuna canalla como algo ingenioso.

El uso de la inteligencia artificial para crear imágenes de fácil ingestión para el público terminó por destruir la capacidad informativa de las redes sociales. Se produce un estado mental donde las personas que se informan por las redes tienden a reforzar sus creencias. Quiénes no tienen creencias o concepciones ideológicas preestablecidas, están a merced de la manipulación total de sus emociones.

El periodismo al servicio absoluto del poder es la forma básica para evitar la organización de sectores considerados subversivos, ya sean movimientos de izquierda o nacionalistas que velan por que la riqueza esté enfocada en llegar al grueso de la población local.

El cierre del estrecho de Ormuz tiene un impacto directo en todo el planeta por la subida de los precios de los combustibles, si las poblaciones comprendieran la importancia crucial de los acontecimientos, sería difícil de mantenerlos a raya, produciéndose manifestaciones en todo el orbe.

El imperialismo se fundamenta entonces en una solución psicológica a la par que económica. El controlar los mercados y los gobiernos es una elemental forma de mantener en sumisión a los pueblos. Sin embargo, el control psicológico del deseo es tan crucial como el control político/económico.

Los EE.UU. deben garantizar -no solamente en su país-, si no que en todas las naciones que controla, la seguridad de que sus acciones, aunque vesánicas, no implicarán destruir el sueño de alcanzar el estatus burgués.

Las manifestaciones tienden a multiplicarse como ejemplos peligrosos. Lo que ocurre en un país se traslada a otros. Este fenómeno es especialmente relevante ante la cruzada ultraderechista internacional. Los países controlados por el imperialismo se alinean estrechamente con éste, la derrota de Trump en Irán o en otro cualquier campo de batalla militar o económico, será inevitablemente una derrota de los proyectos ultraderechistas nacionales.

La oposición a la ultraderecha debe entonces centrarse en poner en el debate el estado de genuflexión de los gobiernos con el régimen de Donald Trump. El poder que emana del presidente de los EE.UU. con su permanente estado eufórico, su vulgaridad, su desprecio absoluto por la verdad, será su peor enemigo cuando sufra un traspié. En este sentido, la resistencia que hace Irán contra el poder imperial/sionista es una lucha que nos beneficia a todos, aunque no existan afinidades ideológicas o religiosas con el régimen islámico.

El control a través del discreto encanto de la burguesía será usado por Trump para declararse vencedor en la contienda con Irán en el momento que crea conveniente, anunciando el haber conseguido todos sus objetivos.

Importa poco que se hubiese hecho explícito que se buscaba un cambio de gobierno, dirán que la eliminación de la dirigencia política y del desarrollo nuclear son la condición para la victoria. Sin embargo, para Irán que ha sufrido el martirio de su dirigencia y de la población civil, no se puede llegar a una negociación sin hipotecar su credibilidad como Estado religioso.

La posibilidad que EE.UU. se dé por satisfecho, dejaría al Estado sionista solo por primera vez desde su fundación, aumentando el peligro del uso de armas nucleares como forma de mantener su estatus regional y su existencia. Israel se convirtió en paria, en un peligro no solamente para el Medio Oriente, sino que, para toda la humanidad.

El encanto de la burguesía que se convierte en modelo societario es una condición totalizadora que mantiene a los ciudadanos atados a la mansedumbre, destruyendo la esencia humana de la rebelión contra la injusticia.

La película surrealista de Luis Buñel, nos presenta las contradicciones en la burguesía, su mundo de apariencias que encanta por su supuesto refinamiento, pero que está lleno de incongruencias que son ocultadas tras el disfraz de la respetabilidad.

* El título de este artículo es el de una película de Luis Buñel, 1972

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.