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El drama de los transportes

Fuentes: Carta Maior

Traducción Susana Merino

Es imposible negar la sensible mejoría del nivel de vida que, por primera vez, han experimentado, las masas brasileñas. Esto se debe a que la mayoría de la población está ubicada en estratos intermedios de la pirámide en que se refleja distribución de la renta.

No obstante los niveles de miseria, de pobreza, de carencias acumuladas no permiten aún superar las pésimas condiciones de vida de las grandes mayorías. La condiciones de las viviendas son muy lamentables, las del saneamiento básico pésimas, el transporte horrible y la educación se halla aún en niveles muy bajos.

Los programas «Mi casa», «Mi vida» tratan de mejorar gradualmente las condiciones habitacionales. Hay otros de financiación de saneamiento básico que tienden a posibilitar avances en ese aspecto. Dilma* señala que la educación es uno de los temas centrales en los que Brasil debe acelerar sus avances – comenzando por definir como meta el final del analfabetismo en los próximos cuatro años.

Los daños causados por las políticas privatizadoras del transporte han provocado gravísimos daños a las grandes mayorías populares sin que no aparezcan todavía programas que permitan por lo menos reducir esos problemas. Un trabajador – y la abrumadora mayoría de la población lo es – que depende del transporte público – e igualmente la gran mayoría – pierde dos horas y media de ida y otras tantas de vuelta entre esperar el transporte, tomarlo – en pésimas condiciones – llegar y regresar haciendo otra vez el recorrido.inverso.

Un trabajador que llega ya cansado a su trabajo – de modo que la mayoría de los accidentes de trabajo se producen en la primera media hora, cuando el trabajador se halla somnoliento y cansado – vuelve aún más cansado a su casa. Come, duerme apenas para recomponer mínimamente las energías y retomar la misma jornada repetitiva y cansadora al día siguiente.

Sin mencionar las condiciones en que se desarrolla el trabajo. Los salarios insuficientes, los preconceptos existentes en los ámbitos laborales, bastaría con el drama del transporte para definirlo como un tema central de un gobierno popular. En las grandes ciudades de los centros capitalistas el transporte urbano es totalmente público. Como se trata de una actividad deficitaria es mejor que el estado sea el responsable directo antes subsidiar a las empresas privadas en las que el control de la prestación del servicio público es muy difícil y precario. Además como la gran mayoría de los desplazamientos de la población están relacionados con la ida y vuelta al y del trabajo, se cobra impuestos a las empresas privadas, para la mejora y la ampliación de los servicios, porque la tarifa permite apenas cubrir los gastos y el mantenimiento de la flota existente.

En las grandes ciudades – y también en las pequeñas y medianas – de la periferia, como aquí en Brasil todo el transporte urbano, amén del suburbano fue privatizado. Está ampliamente subsidiado, presta servicios muy deficientes a una población que permanece indiferente, incapaz de controlar el servicio y accionar para mejorarlo. Gran parte de esas privatizaciones fueron hechas para favorecer a empresas monopólicas, en muchos casos en condiciones poco claras y nunca investigadas por las cámaras. La llegada de las «combies» aumentó aún más la presencia del transporte privado y la formación de verdaderas pandillas que controlan extensos recorridos, casi sin ingerencia del sector público.

En esas condiciones, a las políticas democráticas les resulta difícil revertir esa situación. Lo mínimo que habría que exigir sería la revisión de todas las concesiones, mediante procedimientos públicos y la participación de los usuarios, conviniendo nuevas concesiones sobre criterios claros que en caso de no cumplirse implicarían la no renovación de la concesión y de acuerdo con decisiones mayoritarias de la población, su recuperación por parte del sector público.

Es indispensable que las condiciones de vida, del transporte, del trabajo, del esparcimiento de las masas populares, se conviertan en una preocupación básica de los gobernantes y de los representantes parlamentarios, para que la democracia social penetre en todos los rincones de nuestra sociedad y no se limite a instancias formales, vacías de contenidos democráticos y populares.

*Dilma Roussef, actual candidata a Presidente del Brasil

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