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El fotón y la democracia económica

Fuentes: Rebelión

El interior del Sol, y de las estrellas en general, es un lugar extremadamente denso, en el que se crea la luz que llega constantemente a nuestro planeta. Desde hace tiempo se sabe que esa luz está formada por pequeños «paquetes» (cuantos) de energía conocidos como fotones. En el caso de nuestro astro rey, el […]

El interior del Sol, y de las estrellas en general, es un lugar extremadamente denso, en el que se crea la luz que llega constantemente a nuestro planeta. Desde hace tiempo se sabe que esa luz está formada por pequeños «paquetes» (cuantos) de energía conocidos como fotones. En el caso de nuestro astro rey, el origen de esos fotones hay que hallarlos en la liberación de energía provocada por las reacciones de fusión de átomos de hidrógeno en átomos de helio. Desde que son emitidos en el núcleo solar los fotones sufren millones y millones de interacciones con núcleos atómicos, haciendo que el ascenso a las capas externas sea casi una misión imposible, de tal manera que pueden tardar miles o incluso decenas de millones de años en salir al exterior… sí, ha leído bien, ¡decenas de millones de años!.

Sin estos fotones, la Vida en nuestro planeta no sería posible. Gracias a su aporte energético se producen ciertas reacciones químicas en el organismo que posibilitan el crecimiento y desarrollo en los animales y plantas que viven en la Tierra. Uno de estos procesos primordiales es la fotosíntesis en las plantas, que permite no solo la existencia de alimentos para otras especies, sino también de oxígeno en la atmósfera terrestre.

Uno de los grandes motores de la civilización ha sido el dominio de las fuerzas de la Naturaleza. Hasta tal punto, que el surgimiento del capitalismo como sistema económico dominante se encuentra fuertemente ligado a la explotación de nuevas fuentes de energía hasta ese momento desconocidas. Antes de la era industrial la mayor parte de la energía provenía de la madera y de otras fuentes naturales, como los molinos de agua. A partir del siglo XVIII, con la revolución industrial se comienza a utilizar el carbón, el combustible que alimentaba a la máquina de vapor. Pero a mediados y finales del siglo XIX, surgieron el petróleo y el gas como principales fuentes energéticas. Éstas serán las que sustenten los nuevos inventos, como el motor de combustión interna, que propulsará al automóvil y, más adelante, a los aviones. La aparición de la electricidad es decisiva, ya que constituye una forma de almacenar y transportar la energía de forma refinada y estandarizada, facilitando en gran medida el consumo.

Pero como todos sabemos, los combustibles fósiles son finitos y el ritmo depredador que sostiene nuestro modelo de consumo hace que estemos próximos a su fin, razón por la cual las energías renovables y su dominio se han convertido en el paradigma tecno-científico dominante de nuestro tiempo. Y en estas, el ser humano tornó de nuevo su mirada hacia el Sol y se dio cuenta que igual que sus fotones posibilitaban la Vida, podían también nutrir nuestras necesidades energéticas.

En la actualidad, Extremadura, con 12 parques fotovoltaicos en construcción y 61 proyectos más en tramitación, bulle con el negocio de la energía solar fotovoltaica. Entre ellos, se encuentra uno de los más grandes de Europa: la planta fotovoltaica «Núñez de Balboa», que Iberdrola desarrolla en Usagre (Badajoz), y que según afirman sus voceros, sus más de 1.400.000 paneles solares repartidos por un territorio de aproximadamente 1.000 hectáreas permitirán generar energía competitiva, sostenible y limpia. Además de todo esto, Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, de la mano del señor Vara, declaró en su inauguración, que todos los proyectos de renovables comprometidos por su compañía en nuestra región permitirán generar, al menos, unos 20.000 empleos.

Como ocurre tantas veces en el mundo de los negocios, la realidad predicada no coincide con la realidad experimentada. Recientemente, un juez ha imputado a Iberdrola por expropiación irregular de la finca en la que se encuentra su planta de Usagre, que además afecta a una zona de acuíferos y yacimientos arqueológicos protegidos. Mientras, los beneficios para el territorio han sido mínimos. En la etapa de promoción, el Ayuntamiento de Usagre llegó a publicar en sus redes sociales un bando en el que informaba de la creación de 1.800 puestos de trabajo. Sin embargo, en la construcción de la central han intervenido no más de 150 personas del municipio y alrededores, y el mantenimiento de la planta fotovoltaica Núñez de Balboa no creará más de diez empleos. Como ocurre con todas las empresas generadoras, el valor de la instalación será evacuado por una línea de alta tensión sin que redunde ni un solo euro en beneficio del territorio, y, además, el municipio también pierde por el lado tributario porque, para incentivar el uso de renovables, las administraciones locales exoneran un 95% del Impuesto de Construcciones que va unido a la licencia de obras.

Es ahora ya evidente que estos parques solares no traerán la riqueza y el desarrollo prometido a nuestra región. Del caso de Usagre, podemos extraer varias conclusiones. Primera, este tipo de instalaciones pueden dañar nuestro patrimonio natural (afectación de acuíferos, tala de árboles…) e incluso el arqueológico. Segunda, son escasamente intensivas en mano de obra, y una vez finalizada su instalación funcionarán de manera totalmente automatizada como ya ocurre desde hace años con las centrales hidroeléctricas. Tercera, las exenciones fiscales, en el plano local, regional y nacional, de las que gozan estos proyectos hacen que su contribución a las arcas públicas sea mínima. Por último, y no menos preocupante, perpetúan el modelo oligopólico energético dominante en nuestro país al centralizar la producción, permitiendo a un pequeño grupo de multinacionales controlar el mercado haciendo que tengamos una de las energías más caras de Europa.

Volviendo al inicio, ¿qué lección podemos extraer de ese viaje homérico y azaroso que realiza el fotón desde el núcleo solar hasta nuestro planeta? Pues que no existe bien más público y universal (de Universo) que la energía. Su emisión solar es espontánea, sin intervención humana y se expande «democráticamente», a todos por igual, desde hace miles de millones de años. Por lo tanto, es el momento, como ocurre en otros países europeos, de apostar por una generación distribuida, es decir, llevar esos paneles solares a los tejados de las viviendas, fomentando el autoconsumo fotovoltaico y minimizando las pérdidas de energía en su transporte (algo muy habitual en la producción centralizada) al estar muy próximos la generación y el consumo. Además, sería enormemente beneficioso para el empleo, favoreciendo la creación de pequeñas y medianas empresas dedicadas a la fabricación de los paneles o mantenimiento de los mismos. Y se reduciría significativamente nuestra dependencia energética de los combustibles fósiles, contribuyendo así a la lucha contra el cambio climático.

Desgraciadamente no es este el modelo que están fomentando nuestras administraciones, siempre celosas de que nuestras élites económicas no pierdan sus privilegios. Así, podrá darse el absurdo de que un vecino o vecina de Usagre, Torrecilla de la Tiesa o Talayuela esté pagando una de las energías más caras de Europa, procedente de un parque fotovoltaico situado a escasos metros de su vivienda, y cuyos paneles podrían estar en el tejado de su vivienda, absorbiendo la energía de esos fotones que el Sol esparce de manera democrática.

Valentín Tomé, coordinador de IU Navalmoral de la Mata (Cáceres) y concejal de este ayuntamiento por «Unidas por Navalmoral»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.