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El ocaso del atlantismo

Fuentes: Rebelión

Desde la caída del Imperio Romano no se veía en Europa una economía organizada y próspera, productora de riqueza y crédito, que no estuviese vinculada a China, cuyo reflejo llegaba hasta los vecinos de Europa en el Cercano Oriente.

En el siglo XV ocurrieron varios hechos que  cambiaron  la  tendencia milenaria de la Europa que  encuentra  su complemento económico en Oriente.

Las que mejor vivían de esa potente relación económica internacional eran las repúblicas marineras comerciantes italianas o  las ciudades libres  del Imperio Germánico, cuyas flotas también navegaban hasta allí.

Los magistrados de esas prósperas ciudades libres eran gente educada y experimentada en los negocios que sin haber sintetizado su experiencia en principios teóricos de economía política tenían  un conocimientos empírico que aplicaban para evitar aquello que pudiera perjudicar el interés de los ciudadanos.

El descubrimiento de América coincide (1942)  con la caída de Bizancio (1453) en manos de los turcos. La caída de Bizancio dejó el comercio con Oriente como un monopolio del Imperio turco

Aquel golpe debilitó la potencia política y militar de las prósperas repúblicas europeas y favoreció el desarrollo de estados nacionales regidos por agresivos monarcas absolutos. (Luis XI de Francia, Henry VIII de Inglaterra, Fernando de Aragón) que destruyeron los estatutos y libertades de las respectivas ciudades republicanas y  menospreciaron  sus derechos gremiales y las exenciones  tributarias de las corporaciones de oficios que administraban las industrias y comercio y regían la política de aquellas ciudades-estados libres que nutrieron con su prosperidad y visión cosmopolita una  revolución  cultural, el Renacimiento.

Revolución poderosa que  desplazó después de un milenio el lúgubre   y cruel universalismo  pontificio y clerical que con el cristianismo impuso  a sangre, fuego  y destrucción en  toda Europa el tiránico emperador Constantino.

El nuevo tipo de monarca nacional y  absoluto europeo  se consideraba con derecho a disponer  de la fortuna nacional, cuya administración dejaba en manos de pequeños grupos de amigos sin ninguna experiencia industrial productiva o de comercio, por lo tanto ajenos a la  buena administración   que produce la abundancia que es sinónimo de bienestar.

Los monarcas absolutos tenían tendencia a entregar la administración del Reino confiándola a gente de  abolengo fiel al Rey pero sin experiencia en ninguna actividad económica productiva. Por lo general cortesanos aduladores de gustos dispendiosos o nobles de rancio abolengo extraños a una actividad económica más allá de la producción agrícola típica  de la sociedad feudal.

Las guerras entre España, Francia e Inglaterra duraron todo un siglo (XVI) y arruinaron y devastaron las regiones más ricas y productivas de Europa.

Algunos filósofos ante la miseria general  estudiaron  normas  para mejorar la administración  de las finanzas del Estado y regresar a la prosperidad.

Esos filósofos estudiaron la causa y origen de la riqueza de las naciones.

Los reyes europeos, arruinados por  sus guerras, comenzaron a ser más cautos en la elección de los ministros  para las finanzas públicas.

Fue asi como Sully (Enrique IV) y Colbert (Louis XIV) impusieron alguna lógica en la administración de la hacienda francesa. 

Con ellos se impuso  en Europa el sistema mercantil, según el cual el origen  de  la riqueza es la acumulación nacional de metales preciosos, para ello es necesario retener los metales importando poco y atraerlos exportando mucho.

Por aquella época y hasta el siglo XIX la mayor potencia económica del mundo era China. Imperio que bajo la dinastía Ming, que estaba en el proceso de sustituir el dinero que circulaba  en forma de papel moneda por  monedas de plata. Eso coincidió  con la doctrina mercantilista, por lo que pareció que China practicaba, de hecho, una política parecida .

 China era autosuficiente, producía y  se abastecía de todo lo que necesitaba, todo menos  las monedas de plata necesarias para agilizar su comercio interno con dinero más duradero. Por eso, en el año 1663, su emperador ordenó que  la exportación de sus productos se pagase con plata. Algo complicado para los comerciantes europeos. En Europa las minas de plata estaban agotadas. En eso se descubre  que en América  hay abundantes minas de plata sin explotar.

Súbitamente, en el siglo XVII el interés europeo se vuelca del Oriente  hacia el Oeste, hacía América, al otro lado  del Atlántico donde hay  mucha plata.

Como la técnica de navegación había mejorado mucho Holanda e Inglaterra habían suplantado a Portugal en el comercio con el Oriente con la creación de varias compañías privadas dedicadas al comercio con las Indias Orientales que necesitaban la plata proveniente de las Indias Occidentales,  al otro lado del Atlántico para su próspero comercio con China.

De allí ese vuelco de Europa hacia el Atlántico que dura desde el siglo XV, cuando los turcos cortaron el acceso por tierra hacia el comercio con el lejano Oriente.

Gran parte del interés anglosajón por la América española es porque allí circulaban monedas de plata que eran indispensables al monopolio  inglés del té chino.

Cuando Carlos III creó el Virreinato del Rio de la Plata la plata del Potosí salía  al Atlántico por Buenos Aires. Poco después por los tratados de Utrecht los inglesas tenían derecho a un barco de alzada ubicado permanentemente frente a Buenos Aires para comerciar con los porteños a cambio de plata. En 1806 los ingleses ocuparon Buenos Aires  y si no es por Linniers, que los sacó de allí enseguida, es probable  que hubiesen ido luego a capturar el Potosí.

China ya no exige plata a cambio de sus productos. El interés europeo por la endeudada riqueza  del otro lado del Atlántico  tiende a disminuir, porque Estados Unidos paga sus compras con deuda  y dinero sin fondos.

China es de nuevo la principal economía mundial y su principal mercado es Europa,  la región que es también su principal proveedor.

China se acerca a Europa por  el Oriente. Sus inmensas inversiones en crear La nueva Ruta de la Seda, una infraestructura ultramoderna de transporte para el comercio entre China y Europa. La realidad del enriquecedor acercamiento chino obliga a que en  Bruselas dejen  de pagar  con obediencia y tributos (2% del PIB) la ocupación militar atlantista.

Europa volverá a la prosperidad cuando mire hacia el Oriente y se perciba como parte de Eurasia, como lo que siempre fue, desde la remota Antigüedad hasta el siglo XV. Es la geografía la que escribe la historia.