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Caso Khashoggi (I)

El periodista y «Jack El destripador»

Fuentes: Público

El 7 de diciembre del 1977, el escritor secular y progresista de Arabia Saudí, Nasir As-Said, es secuestrado en plena calle de Beirut y trasladado a la embajada de este país, desde donde desaparece para siempre. Había huido de Arabia en 1956 por defender el nacionalismo árabe y colocar el lema de « un parlamento […]

El 7 de diciembre del 1977, el escritor secular y progresista de Arabia Saudí, Nasir As-Said, es secuestrado en plena calle de Beirut y trasladado a la embajada de este país, desde donde desaparece para siempre. Había huido de Arabia en 1956 por defender el nacionalismo árabe y colocar el lema de « un parlamento libre y democrático para Arabia Saudí » en el centro de sus demandas. Su asesinato fue organizado por la Casa Saud y la CIA. Jamal Khashoggi ni de lejos se parecía a As-Saíd, aunque su trágico final se parece más al guion de una película hollywoodiense de gánsteres, con morbo, intriga e incluso una historia de amor.

En el asesinato del periodista árabe existen tres niveles de «intereses»: nacionales, regionales e internacionales, y justamente la presencia de demasiados actores en el escenario está dificultando la ocultación de lo sucedido y poder zanjarlo con un «Pacto entre los varones de la Mafia» involucrados, impidiendo que ruede la propia cabeza del principal autor intelectual del crimen el Príncipe heredero Mohammad Bin Salman (MBS).

Según The Washington Post , la inteligencia estadounidense había interceptado la conversación de los funcionarios saudíes que discutían el plan para atrapar al periodista, y aunque el diario no revela los detalles, levanta la sospecha sobre la inacción de la CIA y el hecho de que no le avisaran a la víctima, ni mucho menos prestarle protección.

Al contrario de Bin Laden, el agente de la CIA, cuya supuesta muerte peliculera fue anunciada por Barak Obama sin presentar pruebas de su asesinato (¡no hubo ni cuerpo!), en la muerte de Jamal Khashoggi, Donald Trump -que hace de portavoz de la Casa Saud-, se ha visto obligado a confirmar la muerte trágica del hombre, bajo las presiones de Turquía, aun sin tener su cadáver.

Se trata de un asesinato premeditado: en septiembre el periodista, residente en EEUU, acudía a la embajada de su país en Washington para arreglar sus papeles y poder contraer matrimonio con la estudiante universitaria turca Hatice Cengizel. Pero, los funcionarios le recomiendan, «incomprensiblemente», que fuera a Turquía a gestionarlo, lo cual muestra la complicidad de la embajada, que es bajo el mando de nadie menos que el príncipe Khaled el hermano de MBS. Y es lo que hace el novio. El 31 de septiembre, acude al consulado de Arabia en Estambul y aquí le citan para que regrese el día 2 de octubre a recoger sus documentos, tiempo suficiente para la llegada del Escuadrón de la Muerte desde Arabia Saudí.

¿Quién le traicionó?

Ya temía por su vida, cuando en 2017 Khashoggi rechazó la invitación de los Saud para volver al país y trabajar como asesor de los medios de comunicación de la corte real. Sin embargo, bajó la guardia, posiblemente porque, tanto sus contactos en Riad como (un sector de) los servicios de inteligencia estadounidenses y turco le habían asegurado que estaría a salvo en Turquía. Y los tres le traicionaron o le fallaron. Cabe recordar que años atrás, concretamente en 1968, la misma CIA iba a secuestrar al periodista griego Elias Demetracopoulos, refugiado en EEUU, por órdenes de Richard Nixon y Henry Kissinger ya que había descubierto unos documentos que revelaban la ayuda de 549.000 dólares de la dictadura militar griega a la campaña electoral de Nixon. El plan era conducirle hasta la embajada griega en Washington para matarlo.

¿Quién era Khashoggi?

Empezó su carrera periodística sobre 1980, cooperando con la CIA y la Casa Saud en promocionar en la prensa la «Yihad» anticomunista dirigido por su compatriota Bin Laden en Afganistán y la región, para después resaltar los crímenes de Al Qaeda con dos objetivos: justificar la farsa de EEUU en su «Guerra contra el terror» , y quitar la etiqueta de «fundamentalista y bárbaro» al régimen saudí presentándole «moderado». Así, se convirtió en el asesor de prensa del jefe de Mukhabarat, Servicios de Inteligencia de Arabia, el príncipe Turki al Faisal, primo de MBS, e hijo de Faisal quien fue rey de Arabia hasta su asesinato en 1975 por un sobrino (¡lo cual muestra las amenazas que acechan al propio MBS, desde dentro!).

Su colaboración fue premiada por el Príncipe Kalid Al Faisal, el dueño del diario de Al-Watan (La Patria), y hermano de Turki Al-Faysal. Pero, quienes le dieron el puesto del director en el rotativo. Su paso por los medios de propaganda del régimen era breve, y eso a pesar de que seguía encubriendo los crímenes de la mafia gobernante. Los Saud que siguen el lema de « O estás conmigo o contra mí «, son incapaces de soportar ni consejos amistosos de los periodistas de estas publicaciones. Khashoggi nunca dejó de ser leal a Washington y a las dictaduras de la región apoyando las agresiones militares de EEUU y sus socios europeos, turco y árabes a las repúblicas semiseculares de Irak, Libia y Siria, que han causado la muerte y dolor a decenas de millones de personas.

Khashoggi nunca escribió sobre la situación de los trabajadores, mujeres o de los presos políticos que reciben decenas de latigazos en su cuerpo hasta que su piel sea arrancada (como ha sucedido al joven Ali al-Nimr, condenado a muerte en 2014 por su participación en las protestas de la Primavera Árabe de 2012), ni mencionó nunca los gravísimos abusos, incluidos físicos y sexuales, que sufren muchos de los 9 millones de personas migrantes en el país. En 2017, al menos 146 personas fueron ejecutadas en Arabia Saudí, y la mayoría decapitadas, al puro estilo del «Estado Islámico», por acusaciones como el ateísmo, blasfemia, homosexualidad, brujería o criticar al poder.

¿Por qué MBS va a por él?

Khashoggi se hace «desertor» (que nunca opositor, si siquiera crítico) cuando el rey Salman bin Abdulaziz​ organiza un golpe de Estado para nombrar heredero a su hijo, al joven Mohammad, destituyendo al verdadero heredero, Mohamed bin Nayefel de 59 años. A pesar de que el periodista no deja de respaldar al que iba ser el futuro rey ilegitimo de Arabia y sus falsos intentos de reforma, MBS planea eliminarlo, por :

1. Cuestionar, aunque nunca de forma directa, la legitimidad del Príncipe Heredero.

2. Simpatizar con la poderosa organización rival del wahabismo la Hermandad Musulmana (HM) que gobierna en Qatar y Turquía. Lo que agrava este «pecado» es que la HM no es la enemiga apóstata chii, sino una alternativa sunnita viable a la versión más intransigente del Islam impuesta en Arabia. El periódico saudí de Okaz (nombre de un zoco en la antigua Arabia), semanas antes del asesinato, desveló su encuentro con el Emir de Qatar Tamim Bin Hamad en el Hotel Four Seasons en Nueva York

3. Poseer información privilegiada de lo que sucedía en el hermético seno del poder, además de conocer al detalle los trapos sucios de la monarquía.

4. Ser Khashoggi un saudí «patriota»: no le podían acusar de ser «agente del occidente».

5. Perjudicar a la Casa Real desde EEUU, el centro del imperio, y donde MBS había invertido miles de millones de dólares para comprarse prestigio.

6. Distanciarse de la postura proisraelí de la Casa Real sobre palestina en general y su renuncia a Jerusalén Oriental como el futuro capital de estado palestino, en particular. El asesinato del periodista también hace feliz a Israel.

Pedagogía del terror

Los detalles de su terrible muerte (filtrados en capítulo por el régimen de Erdogan, para su propio beneficio), ha sido un aleccionamiento: podrían haberle puesto una bomba en su coche y pegarle un tiro (cosas que la prensa «amiga» podría tachar de «ajuste de cuentas» por droga, amor o lo que fuese, y los gobiernos amigos se lo hubieran agradecido). Nadie se ha escandalizado con el asesinato de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, o al esloveno Jan Kuciak. Pero, descuartizar viva a una persona encima en un consulado, y para más inri en un país no amigo como Turquía, ha sido la obra de un carnicero estúpido, imposible de soportar para el mundo incluso con los acostumbrados con los estándares saudíes.

MBS, así echa a perder la ingente inversión en los medios de comunicación occidentales que hizo para que le presentaran como reformador y el hombre que iba a currar la incurable esclerosis de una teocracia que siempre es medieval: consiguió que la prensa en vez de hablar de sus crímenes en Yemen hablara del levantamiento de la prohibición de conducir a las mujeres, mientras que por la puerta atrás seguía deteniendo a las activistas feministas.

Ahora, no sólo ha asestado un duro golpe a sus aliados que pusieron la alfombra roja al «reformador MBS», sino que acaba con el espejismo de la capacidad de reformar una teocracia sanguinaria.

Matar al periodista ha sido el suicidio de un arrogante y desesperado heredero, y la consecuencia de la impunidad que le han regalado las potencias mundiales a este país y a Israel: ¡Arabia sigue siendo miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y del Comité para el Empoderamiento de las Mujeres y la Igualdad de Género! El año pasado los Saud organizaron su particular «noche de cristales rotos» , cuando el rey Salman citó a 11 príncipes y 38 ex ministros en el Hotel Ritz-Carlton de Riad, para allí encerrarlos, torturarlos, y no soltarlos antes de desvalijar sus cuentas billonarias. El Príncipe de las Tinieblas Saudí, t ambién secuestró al primer ministro libanés, Saad Hariri, y ni la ONU le reprochó. Nadie ha querido a los saudíes lo suficiente para salvarlos de sí mismos.

Sin apoyo en el interior de la Casa real, y ahora tampoco en exterior, MBS puede marcharse, sumiendo en una mayor incertidumbre a su país y a la región. Lo único seguro es que esta crisis no terminará en una república ni siquiera en una «república islámica para Arabia.

Entre las pocas alternativas que le quedan a la Casa Saud están:

  • Apartar al heredero, y cerrar la crisis. Salman ha confundido la importancia estratégica de Arabia para EEUU con la importancia de un MBS que es absolutamente prescindible. La soga ya está en el cuello del «Trump Saudí». Es más, si no se va por las buenas, la CIA tiene medios y suficiente experiencia para hacerlo por las malas.

  • Provocar algún incidente grave a nivel internacional para que los titulares de la prensa se desviasen del «caso de MBS» .

    Empieza, de todas formas, una nueva ronda de juego árabe de tronos.

    Y por último, a pesar de las afirmaciones de los dieres occidentales, Arabia Saudí carece del poder real para chantajear al mundo: es una simple y llana colonia de EEUU.

Fuente: https://blogs.publico.es/puntoyseguido/5260/caso-khashoggi-i-el-periodista-y-el-jack-el-destripador/