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El primer mundo está en quiebra

Fuentes: Adital

Muera el neoliberalismo. Viva la solidaridad La inmoral desigualdad en el mundo hace mucho tiempo fue denunciada, no por ello deja de ser una cruel actualidad que acrecienta día a día en forma geométrica, aunque obviada y disimulada por el pacato primer mundo, que hasta hace pocas semanas dibujaba en las marquesinas de Davos, más […]

Muera el neoliberalismo. Viva la solidaridad

La inmoral desigualdad en el mundo hace mucho tiempo fue denunciada, no por ello deja de ser una cruel actualidad que acrecienta día a día en forma geométrica, aunque obviada y disimulada por el pacato primer mundo, que hasta hace pocas semanas dibujaba en las marquesinas de Davos, más y mejores formas de acumulación, a costa incluso, de planificar un siglo XXI para un tercio de la población mundial.

Incluso ¿Qué hacer con el resto? Con aquellos que sobran. Tal vez fomentar crisis, guerras civiles, enfrentamientos mortales, guerras de religión, guerras de conquista, guerras del petróleo, del agua, de los alimentos, hambrunas, pandemias, que pudieran ayudar en forma «natural» para que el espíritu competitivo de la especie seleccione, ordene y elimine de la faz de la tierra a los malhechos, quedando sólo los más fuertes, los más hábiles, los más rápidos, los más inmorales, que esperan en el mismo Davos, ser ellos mismos, los más ricos… hasta ahora.

A los dueños reales y formales les cuesta y duele reconocer que su propio sistema en realidad los ha colocado en posición de descartables, y por tanto en la ruina financiera. Como en estado de shock, aún no reconocen la quiebra, pues significa también y en forma simultánea la quiebra de toda la superestructura neoliberal de pensamiento, de libre frontera para las mercaderías, divisas y todo tipo de valores por ellos instalado, por la razón y por la fuerza, incluso a través de la aplicación del terrorismo de estado en la mayoría de los países latinoamericanos en un comienzo cuando les fue necesario doblegar pueblos. Hoy incluso esta práctica está globalizada. Y esta es una realidad.

Las crisis son ciclicas y funcionales al sistema de expoliacion

Estamos a 30 años de que estos malos administradores de la humanidad, que nos han puesto en riesgo de existencia como especie, hayan decretado a través de una doctrina homogeneizante por demás de baja calidad, el fin de la historia, la coronación del unilateralismo, la defunción de la solidaridad y la cooperación entre las naciones, enterrado, incluso en vida, toda forma de economía planificada, centralizada, y cualquier vía alternativa que no respetara la simple tablita o recetario impuesto por las armas, primero, y por los tecnócratas del BM, del FMI, de la OMC, después, como brazos ejecutores de la política exterior de los Estados Unidos de América, al frente del gran rapiñaje del último cuarto del siglo XX que se extendió a por lo menos los primeros años del siglo XXI en nuestro continente y luego el mundo.

Estamos asistiendo al fin de un proceso de por lo menos 30 años de destrucción y subordinación de los estados nacionales desde los más pequeños, hasta los más grandes, llamados emergentes, que fueron empujados a asumir el humillante rol de asistencialistas frente a los desmanes y crisis macrosociales por éstas políticas producidas, con la única concesión de premiar con la sobrevivencia en el gobierno de pequeñas camarillas funcionales que podrían a su vez alimentar a también pequeños nucleos clintelares burocráticos que podrían también subsistir a la sombra del estado entregador y como muestra de que no habría desaparecido del todo, siempre y cuando sean custodios del «new order», que significaba no tocar las reglas de oro del entreguismo, dictadas periódicamente por estos organismos, y a veces, por la propia embajada norteamericana como el humillante caso del Paraguay reducido a un status de cuasi protectorado.

Si no hay pobreza en un extremo, no puede haber prosperidad en el otro

Más tarde algunos de sus discípulos hablaban, ante el advenimiento de la catástrofe, «moralizar el capitalismo», algo así como limar las uñas de un ave rapaz, y darle de comer lechuga a un carnívoro depredador. Ilusión. Pérdida de tiempo. O distraccionismo avieso. Cualquiera de las tres, pero cuando la estantería se viene a bajo, también se vienen abajo sus patrañas.

La realidad de la quiebra, desde julio del 2008 no tiene forma de esconderse, y no hay edulcorante para hacerlo más digerible.

Y con este primer mundo que hablaba de libre mercado, crecimiento continuo eterno, y daba lecciones de moral y buenas costumbres a la periferia tercer mundista, mientras por manual hacía absolutamente lo contrario, como corresponde en el capitalismo, que en su afán lineal de generar más y más riqueza a toda costa, genera en su seno, los elementos de su propia destrucción, hasta se animaba a decretar la defunción de naciones y estados bajo la inscripción de «fallidos», o decretar la muerte violenta de otros estados y naciones enteras bajo el amenazante certificado, casi de defunción, de «canallas». En los primeros, Etiopía, Somalia, Sudán, en los segundos, Irak, Irán, Corea del Norte, etc.

Todo esta clasificación y planificación de la reducción de la población planetaria ha muerto con la asimilación plena por parte de los jefes del mundo, de que sus economías rentistas y burbujeantes, están en la «calle de la amargura», en la «puta calle, y sin un cobre», quebrados de cabo a rabo, y los salvatajes sólo provocan la ilusión de la sobrevida, mientras surge sí un nuevo capitalismo de estado, con nuevas reglas y que cambiará la geografía y la forma de ver el mundo, tal vez por todo el siglo XXI e incluso el XXII.

El primer mundo creo los estados «atorrantes»

Crearon los paraísos fiscales, cerca de los grandes centros financieros «formales», para drenar las ganancias hacia los centros financieros «reales» fuera del control de los estados, con la absoluta anuencia y guiño de estos estados, especialmente porque eran lugares para captación de fondos, encubrimiento de los mismos, relanzamiento a la conquista de otros mercados, combinar ganancias de actividades productivas con especulativas, y de paso del crimen organizado, drogas, armas, y todo tipo de negocios que dentro de los espacios jurisdiccionales de los estados «morales y éticos» les sería incómodo realizarlos. Hoy como a través de los mismos comenzaron a «fabricar dinero» como si el valor creciera por generación espontánea, sin dejar a alguien tumbado, y la propia avaricia hizo que la timba en algún momento saltara, y como le dicen en la jerga bursátil, «la burbuja se pinchara», pretenden descargar toda la responsabilidad que los estados del primer mundo tuvieron en este estado de cosas, en estas pequeñas islas o desguardos de impunidad, que en realidad de paraísos no tienen nada, más que la más absoluta discrecionalidad y falta de control, como las honorables San Marino, Mónaco, Caimán, Vírgenes, y otros cientos, al costadito de cada país del primer mundo, los que deberían ser denominados, cuasi estados «atorrantes» que han permitido ser usados como vía de escape de los grandes capitales buitres, con la anuencia de los máximos jefes de estado de la mayor conducción del mundo.

La salida a la crisis ya no sera mas de los mismo. los pueblos del mundo pueden cambiar y crear otros sistemas

Sus economías se desinflan día a día, no hay sálvese quien pueda, simplemente porque no hay hacia dónde escapar, y con sus economías se van al tacho, sus líderes, sus ínfulas, y de paso, sus concepciones del mundo, sus construcciones ideológicas, sus formas de pensar e imaginarse al mundo.

Tal vez por el bien de la humanidad, y especialmente de más de mitad de ella, que por culpa de este sistema de atroz desigualdad, de frivolidad, de gula, de avaricia, hace décadas se viene muriendo de hambre por los rincones del planeta con una velocidad espantosa, en nuestras narices, y sin que a nadie tan siquiera se le vaya el apetito.

Abundan interpretaciones y análisis, pero sólo para tomar algunos, comparto estas versiones que intentan esbozar algo sobre qué pasó?, por qué pasó?, y quien tiene la culpa? Leyendo y releyendo a quienes «deberían» haberlo previsto, aunque en ese momento estaban «mirando para otro lado», como corresponde a su esquema mental y político. No tenían la más peregrina idea, y eso que habían tirado al fuego los mejores esfuerzos intelectuales de la humanidad para entender el capitalismo y la forma de superarlo, allá desde la segunda mitad del siglo XIX. Por suerte algunos dejaron copias, y no será raro que en los «think tank» de la debacle, comenzarán a leerlos y releerlos. Los pueblos también.