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A 50 años del Tratado del Saber vivir para uso de la nuevas generaciones (1967)

El situacionista Raoul Vanegeim

Fuentes: Rebelión

Raoul Vanegeim (1934- ) es un filólogo, escritor, filósofo y activista situacionista belga, ingresó a la Internacional Situacionista (I.S.) después de conocer a Henri Lefebvre quien había trabajado el tema de la crítica de la vida cotidiana desde finales de los cuarenta, quien lo recomendó con Guy Debord. Éste a su vez lo invitó a […]

Raoul Vanegeim (1934- ) es un filólogo, escritor, filósofo y activista situacionista belga, ingresó a la Internacional Situacionista (I.S.) después de conocer a Henri Lefebvre quien había trabajado el tema de la crítica de la vida cotidiana desde finales de los cuarenta, quien lo recomendó con Guy Debord. Éste a su vez lo invitó a integrarse plenamente a la I. S. en 1961 y desde este año hasta 1972 en que presenta su renuncia formal mediante un texto de crítica y autocrítica, Vanegeim participa activamente en la I. S., tanto en la comisión central, en la hechura de su revista, como en sus acciones.

Así, en agosto de 1971 Raoul Vanegeim asiste a la conferencia «Perspectivas de modificaciones conscientes en la vida cotidiana» que Guy Debord ofreció ante el Grupo de Investigación sobre la vida cotidiana convocado por Henri Lefebvre en el Centro de Estudios Sociológicos perteneciente al CNRS francés; igualmente asiste al Quinto Congreso de la I.S. en Goteburgo, Suecia. Así, vemos que en el No. 6 de ese mismo año de 1971 de la Revista de la I.S. aparece su primer artículo: «Comentarios contra el urbanismo»; y en los números 7 y 8 (1962 y 1963 respectivamente) le publican sus célebres artículos «Trivialidades de Base I y II».

En éstos aborda -desde un rescate de Karl Marx- el asunto de las banalizaciones y las alienaciones que han hecho las relaciones capitalistas burocráticas y de la propiedad privada en el mundo moderno del siglo XX de la segunda posguerra, que mitologizan y crean miserias capitalistas en las relaciones sociales y culturales, aún en las sociedades «de la abundancia consumible».

En estos textos de Vanegeim se perfila también la potencia que los situacionistas van a dar a la categoría de «espectáculo» y de «vida cotidiana» (entre otros). Veamos enseguida algunos breves párrafos de esos textos (1963) compuestos de 30 Tesis (2010: 1-13).

En la Tesis 1 dice R. Vanegeim: «Los análisis más profundos de Marx sobre la alienación se han vulgarizado en hechos de una banalidad extrema, que despojados de su caparazón mágico y materializados en cada gesto forman día tras día la vida de un número creciente de personas. En suma, el capitalismo burocrático contiene la verdad evidente de la alienación, la ha puesto al alcance de todos mejor de lo que Marx podía esperar, la ha banalizado a medida que, al atenuarse la miseria, la mediocridad de la existencia se extendía cual mancha de aceite. El pauperismo gana en profundidad sobre el modo de vida lo que pierde en extensión sobre la estricta supervivencia, he aquí al menos un sentimiento unánimemente compartido que exime a Marx de todas las interpretaciones que extrajo de él un bolchevismo degenerado».

En la Tesis 16: «El espectáculo ya no absorbe la totalidad si no es reduciéndola a fragmento y a sucesión de fragmentos (los Weltanschauung psicológico, sociológico, biológico, filológico, mitológico); por otro lado se sitúa en la confluencia del movimiento de desacralización y de los intentos de resacralización».

En la Tesis 20: «Estamos intoxicados por el espectáculo […]. Pero que lo comprendan y que comprendan por encima de todo que, en lo sucesivo, la revuelta de los actores no dirigentes está ligada a la revuelta contra el espectáculo».

En la Tesis 29: «La vida cotidiana siempre ha sido vaciada en beneficio de la vida aparente, pero la apariencia, en su cohesión mítica, tenía suficiente fuerza para que jamás se hablase de vida cotidiana. La pobreza, el vacío del espectáculo que se transparenta a través de todas las variedades de capitalismo y de todas las variedades burguesas, ha revelado a la vez la existencia de una vida cotidiana (una vida-refugio, pero refugio ¿de qué y contra qué?) y la pobreza de esa vida cotidiana. A medida que la reificación y la burocratización se fortalecen, la debilidad del espectáculo y de la vida cotidiana se hacen más evidentes».

En el mismo año de 1967 y en el mismo mes de octubre en que se publicó en Francia el libro de Guy Debord se publicó también el ensayo más importante y conocido de Raoul Vanegeim, desde mi opinión ambos complementarios, en dicho ensayo Vanegeim tejió sobre la revolución subjetiva de la vida cotidiana, y lo tituló: El tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones (también conocido como La revolución de la vida cotidiana); ambos textos y autores fueron pilares de la contracultura libertaria que tuvo su cúspide en las movilizaciones pro revolucionarias del 68, especialmente el mayo francés.

Concretamente ambos textos La sociedad del espectáculo y El tratado del saber vivir se convirtieron en articuladores de las experiencias y concepciones de finales de los 60 y entre ambos se construyó un entramado (y no tanto un «Corpus» y menos una «Doctrina») teórico-interpretativo-político singular y convergente: «tanto por su capacidad explicativa como por su distancia respecto de otras corrientes del izquierdismo teórico y práctico del momento. [Así] la manera de mirar, de entender, de posicionarse y de dar cuenta del conglomerado espectacular convertido en última expresión del dominio capitalista, pone de manifiesto [pues] una mirada común: el proyecto de una socialidad libremente articulada sobre el modelo de la autonomía» (García del Campo, 2010: 35).

En efecto, con la publicación del Tratado del saber vivir, Raoul Vanegeim:

[…] pasó a ser uno de los principales inspiradores de una corriente que, rompiendo con los moldes escleróticos del pensamiento y acción de los partidos y grupos de la izquierda proletaria, ponía en primer término la necesidad de componer una nueva forma de vida, alejada de la espectacular primacía de lo económico, que poniendo la atención prioritaria en las necesidades de una vida no sometida a las constricciones sistémicas, permitiera el desarrollo libre de la individualidad y, con él, la organización de una forma de cooperación social sustentada en la autonomía y en la autogestión generalizada: priorizar la vida y acabar con las formas en que se articula la supervivencia, pues, como revolución auténtica y, además, como única revolución en sentido pleno, como afirmación de la autonomía y la libertad contra todas las formas de la mediación (García del Campo, 2010: 34).

A partir de la escritura de este Tratado del saber vivir que había estado elaborando desde principios de la década de los sesenta bajo las influencias de Spinoza, Fourier, Marx, Nietzche y Lefebvre (entre otros) y de la radicalización de los movimientos sociales y culturales de entonces, Vanegeim va a dedicarse a reflexionar sobre las experiencias y alternativas subjetivas-intersubjetivas que ofrece la vida cotidiana ante las miserias que generan las múltiples alienaciones capitalistas. Esto se va a reflejar, entre otros, principalmente en sus siguientes textos: El libro de los placeres (1979), Aviso a los vivos sobre la muerte que los gobierna y la oportunidad de deshacerse de ella (1990), Por una internacional del género humano (1990), Declaración de los derechos del ser humano (2001), Del amor (2010) y Carta a mis hijos y a los hijos del mundo por venir (2012), etc. Podemos decir que el hilo conductor de estas obras -sin perder nunca su politicidad crítica y revolucionaria contra la opresión mercantil- es desarrollar desde la subjetividad vital y desde el despertar de lo viviente (y de su conciencia práctica) una confrontación contra la muerte (que también está en uno mismo); o sea el principio de vida en oposición al principio de muerte, desde lo que Pol Charles llama la efectivización de la «alquimia de la felicidad» y, añadiríamos nosotros, de la «vida festiva».

Para el filósofo y situacionista belga, siguiendo al Marx de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 (y a Lefebvre), la vida cotidiana, sus actos y gestos, en la modernidad capitalista (del Este y de Occidente), está empobrecida y banalizada; se trata de un «nuevo» tipo de pobreza, miseria y vaciamiento existencial y subjetivo que se extiende a los ámbitos del ocio, del descanso y del placer, complementando la miseria objetiva y material. Por lo que el capitalismo monta integralmente una dictadura del espectáculo haciendo que los sujetos y sus relaciones, actividades y actitudes, aparte de sufrir la fragmentación y la mutilación de sus vidas, queden alienadas y miserabilizadas. Su subjetividad (emociones, pasiones, deseos, goces, etcétera) y su creatividad, es decir su vida y lo vivido, quedan carentes de riqueza cualitativa, de abundancia de ser humano; por ello plantea la consigna que creando y generando dicha abundancia en los actos y gestos cotidianos se tiene que producir la abundancia subjetiva social y socializada. Esta parte fundamental de la revolución tiene que ser radicalizada, tanto en la conciencia como en la práctica proletaria, por ello es que se tiene que aprender y experimentar vivir de manera alternativa desde la cotidianidad, se tiene que generar autogestivamente ese saber vivir, la autogestión tiene que ser, entonces, generalizada en todos los ámbitos (espacios) de la producción y del consumo.

El arte, la poesía, el juego, la diversión, la amistad, lo erótico, tienen que desplegarse en la espontaneidad y en la pasión creadora, allí radica uno de los núcleos centrales de lo revolucionario social; el arte de ser humano contra la eficacia mercantil, la creación de lo vivo contra la simulación y el totalitarismo espectacular mercantil. En este sentido liberador, el eje fundamental es la revolución de la vida cotidiana (no sólo su crítica como planteaba Henri Lefebvre), sólo así -dice R. Vanegeim- podemos liberarnos de ser gobernados por el miedo a la muerte y por la violencia de la muerte misma y vivir con generosidad, plenitud y autonomía la creatividad social y la protección/cuidado tierno de la naturaleza. En todo esto radicaría la «alquimia del amor y la felicidad» creada en la cotidianidad. Dice Pol Charles que Raoul Vanegeim: «Habla de una vida cotidiana sublevada por la pasión de la libertad. Habla de una vida cotidiana en la que nos desearíamos y nos ofreceríamos toda la felicidad posible, compartiendo todo el bienestar posible con la humanidad entera (Charles, 2010: 97).

Unas de las primeras tácticas lúdicas básicas que expone y explora Venegeim contra el poder mercantil y para ir logrando toda esta «revolución de la vida cotidiana» y «revolución total», es lo que llama «la inversión de perspectiva», se trata de una «desviación» ( ). Respecto de ésta nos dice, en su Tratado del saber vivir para uso de las nuevas generaciones, lo siguiente:

La inversión de perspectiva sustituye el conocimiento por la praxis, la esperanza por la libertad, la mediación por la voluntad de lo inmediato. Consagra el triunfo de un conjunto de relaciones humanas basadas en tres polos inseparables: la participación, la comunicación y la realización. Invertir la perspectiva es dejar de ver con los ojos de la comunidad alienada, de la ideología, de la familia, de los demás. Es entenderse a sí mismo sólidamente, elegirse como punto de partida y como centro. Fundarlo todo sobre la subjetividad de ser todo. En el punto de mira de mi insaciable deseo de vivir, la totalidad del poder…no me obstruye la visión, yo lo localizo, aprecio el peligro, estudio la jugada. Por muy pobre que sea, mi creatividad es un guía más seguro que todos los conocimientos adquiridos por obligación…El juego en el que entramos es el juego de nuestra creatividad. Sus reglas se oponen radicalmente a las reglas y a las leyes que rigen nuestra sociedad…Si no invertimos la perspectiva, la perspectiva del poder acabará por encaminarnos definitivamente contra nosotros mismos (Vanegeim, 1988: 198 y 199).

En su libro de 1999 Por una internacional del género humano, Vanegeim, ante el avance del modo de producción capitalista financiero y de la vida capitalista que se producen y reproducen como neocapitalismo, esboza una reconstrucción de lo viviente y plantea que la tarea más urgente de los revolucionarios es la afirmación de la vida contra la economía y el dinero; esto lo conecta con la reivindicación del proyecto de una evolución humana que descubre su fuerza en la alianza del cuerpo y la tierra, en la creatividad de los niños, las mujeres y los hombres. De esta manera, afirma que «sólo la violencia de lo viviente es revolucionaria». El desarrollo del argumento al respecto va como sigue a continuación:

La vida es la única violencia capaz de acabar con todas las violencias. Abriremos al mundo las puertas de lo viviente… La única guerra que merece ser conducida con valentía y tesón es la guerra de la vida, que dondequiera que asiente sus reales pone fin a la guerra milenaria que la muerte ha llevado siempre en nombre de la supervivencia y en beneficio de la muerte… Sólo el amor de lo viviente es capaz de alejar la guerra y desterrar a los ejércitos, la policía, la fuerza del sacrificio que el hombre ha instaurado para protegerse de sí mismo…Hoy queremos descubrir nuestra propia humanidad, explorar el terreno de sus posibilidades insospechadas, fortalecer nuestra voluntad de vivir mediante una vida enriquecida sin cesar por nuestros deseos; la radicalidad no es otra cosa que eso…La realidad de una internacional del género humano reside en la voluntad unánime de privilegiar lo que haya de más vivo en nosotros. No tiene necesidad de estatutos ni de comité central, ni de representantes ni de mandatarios. Esa realidad emana de la simple reivindicación de los individuos que se reconocen en una voluntad unánime de afinar [como decía Fourier] sin cesar su propia humanidad [sus placeres individuales y la armonía de sus pasiones]; de labrar (pues) la armonía de sus deseos de vida, sin la cual no puede haber armonía universal (Vanegeim, 2000: 20, 217 y 218).

Por último veamos las reflexiones que nos regala en el Prólogo a su texto Cartas a mis hijos y a los hijos del mundo por venir (2012), antes de la cita cabe recordar que R. Vanegeim siempre ha tenido en cuenta a los niños y jóvenes en su filosofía crítica social, como los depositarios del mundo porvenir, precisamente el libro de Hacia una Internacional del género humano está dedicado. «A los niños, que recrearán el mundo en lo que tiene de viviente y maravilloso». Pasemos pues, para finalizar este breve esbozo de algunos aspectos de su obra, a lo que dice textualmente en dicho Prólogo:

No podría dirigirme a mis hijas, a mis hijos, a mis nietos y bisnietos sin dirigirme al mismo tiempo a los que, precipitados en el universo sórdido del dinero y del poder, corren el riesgo, aun mañana, de ser despojados de las promesas de una vida innegablemente ofrecida al nacimiento como un don, sin contrapartida alguna…Estoy de acuerdo que es más fácil avalar la aberración dominante que la vida auténtica, pero me niego a ceder a esta cobarde facilidad, como niego a las emociones pútridas y odiosas el derecho de apagar la conciencia humana de una vida por construir […]. El mejor remedio contra la ausencia de vida, que es el mal de sobrevivir consiste en descubrir la propia riqueza, la del goce, la creación, el amor, el sediento deseo de liberarse de la opresión mercantil […]. ¿Queréis saber lo que más me importa? Es el canto de la tierra en el que, siguiendo el modelo de las variaciones musicales que antes he evocado, el tema inicial es idéntico al tema final, es poner las bases de una sociedad en la que mi felicidad, la felicidad de mis hijos, de mi amante, de mis amores de antaño, de mis amigos, de los seres que quiero esté íntimamente ligada a la felicidad de las criaturas abatidas en cualquier rincón del mundo por la tiranía del dinero, del poder y la mercancía (Vanegeim, 2013: 9, 11 y 13).

Referencias Bibliográficas

Charles, Pol (2010). «La alquimia de la felicidad», Revista Anthropos, La Internacional Situacionista, un proyecto de autonomía y trasmutación social No. 229, Barcelona, España, pp. 93-98.

Debord, Guy (2009). Panegírico I y II, Ediciones Acuarela y A. Machado, Madrid, España.

De Vicente, César (2010). «Roul Vanegeim, la subjetividad según Spinoza», Revista Anthropos, La Internacional Situacionista, un proyecto de autonomía y trasmutación social No. 229, Barcelona, España, pp.114-119.

García del Campo, Pedro (2010). «Pensamiento vivo para la vida: una lectura de Vanegeim», Revista Anthropos, La Internacional Situacionista, un proyecto de autonomía y trasmutación social No. 229, Barcelona, España, pp. 33-42.

Vaneigem Raoul (1988). Tratado del saber vivir para uso de las nuevas generaciones, Editorial Anagrama, Barcelona, España.

Vaneigem Raoul (2000). Hacia una Internacional del género humano, Ediciones Octaedro, Barcelona, España.

Vaneigem Raoul (2000). Banalidades de base, Publicado en Internationale Situationiste # 7-8 (1963). Traducción extraída de Internacional Situacionista vol. II: La supresión de la política, Madrid, Literatura Gris, 2000. Publicación en línea por Política Carabanchel. Véase http://charlaspoliticarabanchel.blogspot.mx/2012/12/banalidades-de-base-raoul-vaneigem-1963.html. Consultado 29 de noviembre de 2017. 

Vaneigem Raoul (2013). Carta a mis hijos y a los hijos del mundo por venir, Ediciones Octaedro, Barcelona, España.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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