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Entrevista al economista Alberto Acosta

«En Ecuador se está viviendo un retorno a la derecha»

Fuentes: La Marea

Al llegar a la presidencia de Ecuador, el 15 de enero de 2007, Rafael Correa confió al economista Alberto Acosta (Quito, Ecuador, 1948) las riendas del Ministerio de Energía y Minas y, diez meses después, la presidencia de la Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, la buena relación que mantenían desde 1991 se fue truncando con […]

Al llegar a la presidencia de Ecuador, el 15 de enero de 2007, Rafael Correa confió al economista Alberto Acosta (Quito, Ecuador, 1948) las riendas del Ministerio de Energía y Minas y, diez meses después, la presidencia de la Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, la buena relación que mantenían desde 1991 se fue truncando con el tiempo. Hoy, Acosta es uno de los economistas de izquierdas ecuatorianos críticos con el Gobierno y, echando la vista atrás, asegura que Correa «no estuvo nunca convencido de los principios con los que levantamos la tesis de la revolución ciudadana» y recuerda que el presidente ha bloqueado propuestas relativas a la regulación del aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Además, esta semana se han hecho públicos nueve cables diplomáticos a través de la plataforma Filtrala (junto con EcuadorTransparente.org y AWP) que reflejan las negociaciones (y presiones) de la UE con Ecuador sobre un tema muy espinoso: el Tratado de Libre Comercio.

¿Cómo fue su experiencia con Rafael Correa?

Le conocí en 1991. Soy 15 años mayor y llegamos a establecer una amistad muy estrecha, casi como hermanos. Con el tiempo, fuimos comprometiéndonos en una serie de luchas, de acciones para enfrentar los TLC. Dimos batalla e, incluso, publicamos algunos textos y escribimos un libro sobre ello, El rostro oculto del TLC.

¿Y la posición respecto a los TLC?

Los TLC tuvieron una primera intención, en los años 1990, cuando se trató de impulsar el acuerdo de inversiones, especialmente desde Francia. Pero fue bloqueado por los sindicatos europeos, especialmente el francés. La lucha de 2005 y 2006 que llevó a la victoria electoral del presidente Correa se sustentó en la resistencia de amplios segmentos de la población ecuatoriana contra los TLC.

Luego se trató de impulsar otro tipo de acuerdo multilateral, con el acuerdo de libre comercio para las Américas, pero EEUU no lo pudo impulsar por la oposición de los movimientos sociales. Cuando se pasó del acuerdo multilateral al bilateral con los EEUU, se enfrentó con mucho éxito y logramos pararlo 2005.

Uno de los elementos que se plantearon en el Plan de Gobierno del movimiento Alianza País, en 2006, era no dar paso a los TLC. Alguna vez escuché a Correa que él se cortaría la mano, pero que no firmaría un TLC. Desde esa perspectiva, comenzó su gobierno con la tesis de «No al TLC».

Cuando la UE plantea un acuerdo en septiembre de 2007, Ecuador comienza a discutir y luego se retira, junto a Bolivia. Ahora, sorprende que el presidente haya vuelto a la lógica del TLC con la UE.

¿Cómo arrancaron las conversaciones con la UE?

El septiembre de 2007, la Comunidad Andina de Naciones y la UE empezaron sus negociaciones. La UE nos planteó un arreglo para la integración andina. Era un acuerdo de asociación para revitalizar la comunidad andina, que estaba muy debilitada, aletargada. Pero, en abril de 2008, los bolivianos se retiraron porque no aceptaron la lógica del TLC que estaba planteado. En 2009, Ecuador también se retira. Sólo siguen negociando los vecinos Colombia y Perú, que tienen una lógica neoliberal muy clara y también han apostado por TLC con EEUU.

¿Realmente se retiró Ecuador?

Ecuador hizo una contrapropuesta para el desarrollo. Pero lo que recibieron los países andinos fue una propuesta multiparte, un TLC. Ecuador intentó incorporar otros criterios. Pero hay que dejar claro dos puntos básicos: los Tratados de Libre Comercio no son sólo de comercio… y no son libres.

No son sólo de comercio: tienen aspectos adicionales como compras públicas, las patentes, los derechos de propiedad intelectual, de las comunidades, los derechos ancestrales… hay cerca de 14 puntos, pero sólo 2 o 3 son comerciales. El resto se conocen como los puntos de Singapur, porque se negociaron allí.

Ecuador trata de añadir el punto de la cooperación, otros políticos y, el más importante, la cuestión migratoria. Fue el punto de partida, con el que creíamos que podría prosperar. Pero con la salida del canciller, el señor Falconi, en enero de 2010, comienzan a alzar voces en sintonía con la propuesta del no al TLC. En 2010, el Gobierno vuelve a abrir la puerta a la negociación, pero no fue aceptada por la UE. Dijeron que, o se aceptaba el acuerdo sellado con Perú y Colombia, o no se firmaba nada. Un dato importante: la embajadora de Reino Unido llegó a plantear en 2011 que, si se firmaba el TLC, habría problemas con la Constitución de Ecuador. Ahora vemos que el presidente está introduciendo cambios en la Constitución para adecuarla al TLC. Por ejemplo: todo lo que tiene que ver con la propiedad intelectual de los conocimientos ancestrales, que la Constitución prohíbe que sean mercantilizados. También se prohíbe la importación y plantación de semillas transgénicas. Se puede importar para la alimentación de animales, pero la producción de bienes transgénicos está prohibida.

¿En qué quedó la cuestión migratoria?

Ecuador querría que nuestros compatriotas no tengan tantas presiones y no se les someta a una marginación permanente. Y que se les garantice su derecho a permanecer en la UE y que tengan todos los beneficios posibles.

Correa niega que vaya a suscribir el TLC de Colombia y Perú.

Dos años antes de las últimas elecciones, el presidente Correa ya dio señales de que quería un Tratado comercial multipartes: se aceptaba la hoja de ruta y se abría la puerta a un tratado de adhesión, con las condiciones que habían pactado Colombia y Perú. A continuación, se trataban los límites. El contenido no difiere nada entre lo que negoció la UE con Colombia y Perú.

¿Qué supone el TLC para Ecuador? ¿Qué lo diferencia de otros acuerdos?

En las últimas décadas, se firman acuerdos del tipo TLC, aunque se les llame de otra forma. No cambian su contenido, su esencia. Incluyen los términos de Singapur, no sólo los comerciales: propiedad intelectual, el acceso a los servicios públicos, la protección inversiones extranjeras, acceso a los mercados de bienes agrícolas, medidas sanitarias, políticas de competencia, la solución de diferencias… una cantidad de cuestiones enorme. Prácticamente todos los acuerdos que se están suscribiendo están dentro de esta lógica. Está relacionado también con el acuerdo transatlántico que están negociando EEUU y Europa, el TTIP. Es la madre de todos los acuerdos. Si se ponen de acuerdo, eso va a imponer reglas de juego a gran parte del planeta. Y sabemos las razones de esto, enfrentar a China e India.

Los acuerdos de comercio no son sólo de comercio y no abren la libertad comercial. Por ejemplo, los europeos no van a desarmar sus subsidios a la agricultura. Y nuestros campesinos van a enfrentar una competencia desleal porque no van a poder acceder a ayudas similares, vía subsidio.

¿Qué diferencia los TLC de los acuerdos anteriores?

Los Sistema General de Preferencias (SGP) con Europa son meramente comerciales temporales, como los que hay con EEUU, que daban concesiones a aquellos países andinos que colaboraban con la lucha antidroga. Dentro de este esquema, Ecuador tiene durante los próximos meses todavía algunos beneficios. Pero se utilizó como una suerte de espada de Damocles, después de que firmasen Colombia y Perú. Si no aceptaba, se quedaba fuera de las ayudas.

¿Era un todo o nada? ¿No había alternativa al TLC?

Es un chantaje: firmar el TLC o asumir el incremento arancelario. Pero la pregunta es: ¿Cuánto supondría eso en términos reales? No pasaría de 400 millones de dólares. Para una economía como la de Ecuador con un PIB cercano a los 100.000 millones de dólares no es una cantidad mayor. Podría haberse encontrado una solución. No tenemos que ver qué se tendría que hacer ahora, sino qué se podría haber hecho hace siete años. Correa dijo no al TLC, pero no puso una estrategia para evitar esto, para los productos ecuatorianos. Ahora, cuando se ve obligado, tiene que agachar la cabeza y aceptar el TLC.

Este gobierno comenzó con unos planteamientos muy interesantes: sin estar del lado del Banco Mundial y el FMI, oponiéndose al TLC y la política neoliberal. Lo preocupante es que hasta antes de que comenzase el gobierno de Correa, apenas el 35% de la población apoyaba el TLC, en 2006. Ahora, el 80%. Es consecuencia de que el Gobierno no desarrolló estrategia clara y precisa. Y era posible.

¿Qué se puede hacer ahora?

Habría que minimizar los impactos, en el caso de que se firme, para apoyar a los productores nacionales. El sector del banano sería el más beneficiado por el TLC porque se reduciría el arancel que tiene que pagar para acceder al mercado europeo. Se puede pensar en mecanismos de financiación, transporte, productividad… ¿Por qué se ha cerrado la puerta? Los productos que podrían costar más en Europa sólo son una parte del problema. El problema surge por otro lado: las empresas europeas van a tener acceso a la contratación pública, una de las armas de política fiscal más poderosas. Ecuador lo está entregando, rebajando los umbrales. Es una herramienta que ha sido poderosísima para el desarrollo.

¿Qué perfil tienen estas contrataciones?

Podemos hablar de constructoras, de contratación de servicios, de privatizaciones que se habían logrado frenar en Ecuador… Van a ir limitando las posibilidades de respuesta autónoma del gobierno de Ecuador en un contexto de economía globalizada que exige la mayor flexibilidad y creatividad política.

¿Quiénes son los interesados en el TLC en Ecuador?

Hay un grupo al que podríamos llamar los poetas del libre comercio. El presidente Correa decía que raya más con una religión que con la política económica. Son economistas ortodoxos interesados en impulsarlo simplemente porque es su ideología. También están los grupos que conocen los potenciales beneficios que podrían tener. Los bananeros, en el caso ecuatoriano. Un TLC profundiza las dependencia de una economía como la nuestra. Vamos a poder competir en los sectores donde tengamos ventajas comparativas, donde la naturaleza es generosa y nos permite competir: cacao, banano, café, frutas tropicales… aquellos que no se van a encontrar en Europa. Pero en vino, cerveza, leche, carne… ahí no podemos competir con Europa.

Y no sólo se benefician quienes colocan productos en el mercado europeo, sino también los intermediarios que ofrecerán negocios a las empresas europeas: transportes, intermediarios… Y estas personas ven en un TLC un mecanismo para fortalecer su seguridad jurídica, para que el gobierno no pueda tomar decisiones arbitrarias. Y, con él, se debilitan y archivan todas las propuestas revolucionarias que levantamos hace siete años y que están siendo olvidadas.

¿Qué explicación da al viraje de Correa?

Algunas cosas no las entiendo. Se requeriría un análisis psicológico, pero yo soy economista. El presidente Correa no estuvo nunca convencido de los principios con los que levantamos la tesis de la revolución ciudadana. Y ha quedado claro con varias medidas. La primera: suscribir un TLC. La segunda: desarmar la Constitución de Montecristi, que Correa decía que iba a durar 300 años, que era un canto a la vida. Tercero: decía que ir con el Banco Mundial era caminar hacia el subdesarrollo, pero ha ingresado de nuevo para poder colocar bonos en el mercado internacional. También ha negociado con una de las empresas de más dudosa reputación en el mundo, como es Goldman Sachs, más de la mitad de la reserva monetaria en oro, para conseguir un crédito.

Estamos viendo como la gran parte de los planteamientos básicos de la revolución ciudadana que están en la Constitución no se cumplen. El presidente no quiere dar paso a la reforma agraria porque no cree en la redistribución de la tierra. No quiere una discusión nacional que no permita la privatización del agua, y que ordene la redistribución del agua. En lo laboral, el presidente está ahora en poder de comprar las renuncias obligatorias de los servidores públicos: ha logrado sacar a muchos de ellos y sustituirlos por miembros del gobierno y del partido oficialista. Y al resto de servidores, los ha tenido subordinados, disciplinados.

El decreto 16 va en contra de la Constitución, de la democracia radical. También ha prohibido la discusión del aborto en la Asamblea Nacional… ¡La simple discusión! Es un católico conservador que está en contra del aborto y del matrimonio homosexual. Lo ha dicho categóricamente. Cuando dos asambleístas lo plantearon, lo bloqueó y les sancionó un mes fuera de la asamblea, con el compromiso de que no volverían a retomar el tema. Va quedando atrás todo lo que propusimos.

En la página 10 de nuestro programa decíamos que estábamos en contra de gobiernos personalistas, autoritarios, caudillescos. Pero en la práctica, lo que hemos permitido que se construya es el caudillo del siglo XXI. Es lo que tenemos en Ecuador.

Volvamos al TLC. El de EEUU se logró bloquear.

No me sorprendería que dentro de poco firmase también con EEUU.

¿Es posible parar todavía el de la UE?

Yo nunca creo esas posiciones de que no hay marcha atrás. Una importante movilización en Ecuador podría pararlo. Luego habría que ver la posición en los Parlamentos. Pero en Europa es más difícil. Seamos honestos: el TLC con Ecuador es de mínima importancia para la sociedad europea. Ni siquiera el TTIP ha sido suficientemente tratado. Se sigue negociando de una manera poco transparente. Tenemos que confiar en que el pueblo ecuatoriano vuelva a tener la conciencia y que protagonice movilizaciones como las que tuvimos a principios de los años 2000.

¿Por qué el apoyo popular al TLC ha pasado en ocho años del 35% a 80%?

El principal es la falta de una estrategia concreta. Y los grandes grupos económicos presionaron con campañas de chantaje: el país podría quedar aislado, decían, si no se firmaba el TLC. Pero si todos se lanzan al precipicio y nosotros nos quedamos al margen… es la salvación.

Se logró que hacer un ministerio conjunto de relaciones exteriores y de comercio, una propuesta muy interesante de vincular diplomacia con la economía internacional. Pero se volvió a separar y quedó en nada. Los contrarios al TLC y del antiimperialismo quedaron en relaciones exteriores. Y los llamados pragmáticos, en el de Comercio, que son los que impulsaron el TLC.

¡Y los medios de comunicación! En Ecuador no hay medios públicos: son gubernamentales, privados y comunitarios. Y los gubernamentales se sintonizaron con los privados hacia la «indispensable» firma de un TLC.

¿Por qué apenas aparecen críticas en los medios de comunicación de Ecuador? ¿Qué relación tienen sus dueños con el TLC?

Sus dueños tienen relaciones comerciales o ideológicas con quienes se beneficiarían de los TLC. No son los propietarios de las bananeras los dueños de los medios de comunicación, pero sintonizan. En Ecuador se está viviendo un retorno a la derecha.

¿Qué presiones ha realizado la UE a Ecuador para firmar? ¿Influye la necesidad de aumentar las exportaciones en la UE para salir de la crisis?

La UE señaló desde el principio los puntos básicos para la negociación. Cuando se planteó el acuerdo del bloque europeo y el andino, se hablaba de cooperación, de integración andina… pero cuando Perú y Colombia se retiran de la negociación, la UE olvida la parte de integración andina. Era parte sólo de un discurso. La UE quería el TLC y lo está acelerando. Necesita acuerdos que le faciliten acceso para sus empresas, tecnologías… es una Europa neoliberal, gobernada por la Troika. En Europa no es tiempo de concesiones. Quieren obtener la máxima cantidad de beneficios para superar la crisis.

Fuente: http://www.lamarea.com/2014/10/10/alberto-acosta/