Recomiendo:
0

Entrevista a Andrés Piqueras sobre "La opción reformista" (I)

«Estamos en una crisis de larga duración que es a buen seguro la antesala de una crisis civilizatoria»

Fuentes: Rebelión

Profesor titular de Sociología en la Universidad Jaume I de Castellón, Andrés Piqueras es autor y/o director de numerosos estudios sobre migraciones, mundialización, identidades e intervención de los sujetos colectivos en el ámbito social y político. Entre sus libros más recientes cabe destacar Capital, migraciones e identidades (2007) y la obra colectiva del Observatori Permanent […]

Profesor titular de Sociología en la Universidad Jaume I de Castellón, Andrés Piqueras es autor y/o director de numerosos estudios sobre migraciones, mundialización, identidades e intervención de los sujetos colectivos en el ámbito social y político. Entre sus libros más recientes cabe destacar Capital, migraciones e identidades (2007) y la obra colectiva del Observatori Permanent de la Inmigració (OIC), del que fue creador y director, El colapso de la globalización (2011). Nuestra conversación se centra en su último libro publicado por Anthropos en su colección Cuadernos A.

***

-El libro, señalas en el prefacio, pretende una síntesis explicativa del capitalismo histórico a través de sus crisis y a partir de las propuestas de carácter teórico que le fundamentan y atraviesan. Es decir, añades, intenta mostrar como «aquél se explica mejor mediante el entrelazamiento coherente de esas propuestas». Esas crisis de las que hablas, ¿qué crisis son, cuáles serían las más importantes?

-La automatización o, en general, la tendencia al desarrollo de las fuerzas productivas, que es inherente a la acumulación capitalista, hace que la utilización de fuerza de trabajo por unidad de capital invertido tienda a ser cada vez menor, provocando una tendencia estructural hacia la eliminación de empleos y una sobreacumulación de capital invertido por unidad de valor que se es capaz de generar (al disminuir la plusvalía ligada a la explotación del trabajo humano). Estos procesos conllevan crisis de valorización.

Hay, pues, históricamente, una tendencia a la sobreacumulación de capital en relación a su capacidad de generar plusvalía. Sin embargo, esa tendencia, que está siempre ahí larvada, no tiene porqué manifestarse necesariamente en forma de cataclismos capitalistas. De hecho, históricamente ha sido contrarrestada a través de numerosos factores y procesos. Hay, sin embargo, otro tipo de crisis estructurales subyacentes. Tienen que ver con las inadecuaciones entre la forma dominante de mediación social que adquiere históricamente la explotación capitalista (más o menos despótica, más o menos reformista o democrática, que se traduce en la naturaleza que adquiere el Estado en cada momento, en función de la correlación de fuerzas entre Capital y Trabajo) y las maneras de expresar la relación de clase que permiten la obtención del valor como plusvalía por mediación del trabajo de los seres humanos. Estas inadecuaciones se traducen en crisis de regulación.

Cuando las crisis de regulación coinciden con las crisis de valorización provocan grandes conmociones internas del capitalismo, que le hacen mutar y, al fin, pueden poner en peligro su propia continuidad. Estamos en presencia, entonces, de las Grandes Crisis o Crisis de Larga Duración, que «empantanan» al Sistema.

Tengamos en cuenta, además, que cuando un Sistema se instala por largo tiempo en una situación de rendimientos decrecientes o estancamiento, tiene, como dice la ecología política, tres posibilidades: o el salto hacia adelante, para emprender un nuevo modelo de crecimiento; o la crisis (que «limpia» parte de lo «disfuncional» y permite continuar sin cambios estructurales); o el colapso (cuando todo su orden civilizatorio se desmorona y surge una estructura distinta a la previa). En situaciones de prolongado estancamiento, si un Sistema no es capaz de dar un salto adelante se ve más claramente abocado al colapso.

Nosotros estamos de momento en una Crisis de Larga Duración que es a buen seguro la antesala de una Crisis Civilizatoria, que a su vez es casi siempre compañera del Colapso.

-Permíteme algunas precisiones sobre lo que acabas de señalar. Históricamente, has señalado, esa tendencia a la sobreacumulación ha sido contrarrestada a través de numerosos factores y procesos. Por ejemplo…

-Por ejemplo, en orden a contrarrestar los obstáculos en la valorización, el Capital aumentó significativamente la tasa de explotación de la fuerza de trabajo; abarató el coste de las materias primas (y en general, redujo el valor de las mercancías que determinan el valor de la fuerza de trabajo, rebajando también el valor de ésta); ha desvalorizado capitales obsoletos, a través de bancarrotas, anexiones y fusiones; ha abaratado también el empleo de capital constante: a) aumentando el volumen de producción (p.e. a través de la prolongación del tiempo de trabajo, con turnos ininterrumpidos, horas extras…); b) utilizando más racionalmente materias primas y energía, o ahorrando en medidas de protección laboral (seguridad social, condiciones de seguridad laboral…); ha venido reduciendo en sus sectores más avanzados el tiempo de rotación del capital y de su renovación, acortando eficazmente el tiempo entre la producción y la venta. Además, los capitales excedentes han buscado crecientemente su valorización en localizaciones (por lo general periféricas) donde la composición orgánica del capital es todavía menor (incorporando mayor trabajo humano); o bien a través de la penetración final de sectores que todavía no estaban organizados plenamente de forma capitalista. A todo ello se ha sumado el intento de «inmaterialización» de la economía. Proceso perseguido sobre todo a través de la «revolución informática».

-Por lo demás, estos pronósticos que señalas, ¿no pueden ser predicciones falsadas por la experiencia o por un futuro que está abierto a luchas, a incertidumbres, a cambios o innovaciones inesperados?

-Las condiciones infraestructurales y estructurales que hacen tender hacia el colapso a un Sistema pueden ser paliadas o redirigidas, pero casi nunca suprimidas por, digamos, «el factor humano». Lo que sí puede ese factor es condicionar e incluso a veces anticipar cómo se producirá el cambio de Sistema o la desintegración del mismo. Si ese paso podrá ser más o menos brusco, si el Sistema colapsará en diferentes formas de producción desconectadas o bien se puede preparar la «transición» hacia ciertos modelos sociales, o incluso hacia otro modo de producción. El final de algo y las posibilidades de que surjan después unas u otras formaciones sociales dependerá en gran medida de las luchas de las poblaciones. Más cuanto más conscientes son de los procesos infraestructurales (ecológicos) y estructurales (económicos) que tienen lugar bajo sus pies, a veces profundamente por debajo de sus pies.

Nuestra experiencia nos dice que el capitalismo siempre se recupera de sus crisis y que éstas son cíclicas. Pero esta vez eso no nos sirve. Hemos agotado los límites de la energía que es capaz de alimentar a este modo de producción y, en general, la capacidad de expansión global del mismo (a falta de milagro energético). Esta no es una fase más de un ciclo, sino el principio del fin de un modo de producción histórico y de una civilización entera que le acompañó.

Si bien, su trayectoria degenerativa puede alargarse durante bastante tiempo.

-Has hablado de crisis civilizatorias. ¿Qué es una crisis de civilización, cómo podríamos definirla? En la misma línea: ¿qué colapsa en un colapso? ¿Todo? ¿Y qué es todo?

-Un Sistema social es el resultado de la interconexión mutuamente vinculante, orgánica, de diferentes esferas, campos u órdenes estructurales: sociales, culturales, económicos, políticos, ideológicos y también psicológicos y ecológicos. Es decir, un Sistema lleva emparejado un orden civilizatorio, que implica una «cosmovisión», una manera de entender las relaciones humanas, de relacionarse con el hábitat y con la Naturaleza en general, de organizar la producción, de determinar para qué y cómo se produce, de establecer cómo se distribuye lo producido, cómo «se consume» la biosfera y la ecosfera. Está basado en un tipo u otro de energía, depende de flujos de materiales, energía e información y hace prevalecer unas u otras formas de comunicación, etc., etc… Todos estos campos están fuertemente «interconectados» entre sí. El desmoronamiento de algunos de ellos tiende a afectar rápidamente a los restantes.

Cuando el entramado civilizacional comienza a dar síntomas evidentes de crisis, si el Sistema no se es capaz de renovarse dando un salto cualitativo hacia adelante, no le queda mucho tiempo antes de iniciar el camino hacia el colapso. El colapso, efectivamente, de todo aquel entramado. Otra cosa es que no se preserven aspectos o elementos del mismo para la fase «post». Siempre pueden sobrevivir algunos elementos del pasado orden civilizatorio.

-¿No te has referido antes, aunque fuera de manera no explícita, a la ley tendencial de la caída de ganancia? Esta ley marxista no estaba muy desprestigiada en el mundo académico. ¿Qué es, de hecho, una ley tendencial?

-Sí, estaba desprestigiada porque el «establishment» académico se había creído y había querido hacernos creer que el capitalismo había superado esa tendencia a las Grandes Crisis. Por eso, entre otras cosas, fue absolutamente incapaz de prever la Crisis actual.

La Ciencia está basada en formulaciones tendenciales, que apuntan que siempre que concurran determinados factores y en ausencia de nuevas variables o elementos externos las probabilidades de que se produzcan ciertos resultados o también procesos son más o menos grandes. Como la Ciencia Social trata con las entidades más complejas de todas, los seres humanos, sus formulaciones han de ser más modestas y parciales, dado que los seres humanos son más susceptibles de desbaratar cualquier previsión.

-El punto es central en tu libro, en tu aproximación al tema. ¿Qué debemos entender por luchas de clase? ¿Cómo defines ese concepto? ¿Qué es eso de que las clases sólo existen en tanto que luchas de clase?

-La relación de clase hace referencia al hecho de que unos seres humanos se apropien de parte o de la totalidad del hacer y de lo hecho por otros (quienes son expropiados de su hacer y de lo hecho, ya sea mediante la fuerza explícita y directa, la servidumbre aceptada o mediante un salario, por ejemplo; también mediante el trabajo no reconocido o impagado). Es decir, que hablar de relación de clase es lo mismo que hablar de explotación entre los seres humanos.

Los seres humanos realizan luchas de clase, a menudo sin conciencia explícita de ello, enfrentando esa explotación, cuando se resisten a que les aumenten la jornada laboral, la intensidad del tiempo de trabajo, las horas extras, o cuando pugnan por tener mejores condiciones de trabajo, más vacaciones, más días «libres», entre otros muchos factores. Otras veces, sin embargo, lo hacen de forma explícita, por una mejor retención de la plusvalía que ellos mismos generan (lo que se traduce en mejor salario). Estas son luchas de clase cuantitativas, que no ponen en cuestión la propia extracción de plusvalía a costa del trabajo ajeno (la explotación). El salto cualitativo en este proceso consiste precisamente en enfrentar la propia explotación: estamos hablando entonces de luchas de clase cualitativas.

Las clases no luchan como sujetos coordinados, pero sí sectores más conscientes de las mismas pueden devenir sujetos colectivos susceptibles de otorgar niveles de agencialidad más consciente al conjunto de la clase social o al menos a una parte más o menos importante de ella.

Aunque en el capitalismo las clases en sentido ‘macro’ se establecen en función del antagonismo básico que entraña la explotación de unos seres humanos por otros (quiénes quedan a un lado u otro de la explotación que genera plusvalor), en realidad si no hubiera luchas en torno a la relación de clase, que existieran o no las clases dejaría de ser significativo, porque las clases sólo adquieren verdadera materialidad a través de las luchas.

-Cuando hablas de opción reformista, ¿de qué opción hablas? ¿De la socialdemócrata? ¿Siempre esta opción ha sido útil para la propia marcha del capitalismo? ¿No puede hablarse de conquista para hacer referencia a ella en tu opinión?

-La opción reformista tiene que ver con un tipo de regulación de la relación entre el Trabajo y el Capital en el capitalismo histórico que fue proclive a la negociación y al reformismo (a dar cabida y a ampliar formas más o menos «democráticas» de regulación social). Implica alguna mejora en la distribución del poder social, una relativa mayor participación del conjunto de la sociedad en las decisiones que la afectan y una también más aceptable distribución o redistribución de la riqueza social. En ese sentido, es sinónima de la opción socialdemócrata del capitalismo, la cual dejó de estar ligada estrictamente a partidos con ese nombre para incorporarse durante un lapsus histórico determinado a la «dotación genética» del sistema capitalista por lo que toca a sus núcleos centrales. Esto es lo mismo que decir que el capitalismo se hizo socialdemócrata.

Este conjunto de circunstancias, como es evidente, no «brotaron» de manera espontánea de este sistema, no resultaron de ningún plan estratégico, sino que fueron forzadas por las luchas históricas del Trabajo. Ahora bien, una vez que se consiguieron, lograron también ser «absorbidas» por el organismo capitalista y, paradójicamente, se han convertido en su más poderoso y eficaz factor a gran escala y largo plazo para esquivar su crónica tendencia a la crisis, al menos y sobre todo por lo que respecta a la vertiente de la realización de la plusvalía o venta de las mercancías producidas. Esto es debido precisamente a la propia mejora en la distribución de la riqueza social y, en general, a los mecanismos de fidelización e integración del Trabajo que le son anejos. La opción reformista ha logrado durante décadas una importante explotación cualitativa o colaboración del Trabajo en su propia explotación, a cambio del conjunto de dispositivos que garantizaban la «seguridad social» de éste.

-¿Pero existen condiciones para la realización de la opción reformista en el capitalismo actual? El pensamiento de Keynes, ¿puede ser aprovechado por la izquierda en tu opinión?

-Me temo que tengo que contestar con sendas negaciones a las dos preguntas. Explico cada una.

-Adelante, adelante.

-Primera, la opción reformista fue tomada, digamos que forzadamente, debido a las luchas y a la creciente organización y fortaleza del Trabajo, como dije, pero también porque estaba pensada para un capitalismo de Estado (de acumulación «nacional»), relativamente centrado en sí mismo si lo comparamos con el actual. También fue posible porque el capitalismo estaba en una onda expansiva con una gran disposición de recursos fósiles muy accesibles y con altísimo rendimiento energético. Todo lo cual es ya imposible de repetir. En el capitalismo global de hoy y en su momento degenerativo, las claves reformistas ligadas a aquella opción no son reproducibles o lo son sólo en muy baja intensidad y por muy corto tiempo, para muy limitados sectores sociales.

-Te pregunto ahora por la segunda.

-De acuerdo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.